1967. Junio, 13. Reportaje sobre Alicia Pietri de Caldera en «Páginas»

1967 Alicia Pietri de Caldera

No soy una líder

Reportaje-entrevista a Alicia Pietri de Caldera realizado por Olga Dragnic, con fotos de Elio Omar Díaz, para la revista Páginas, publicado el 13 de junio de 1967.

Esta ha sido la declaración más rotunda de la esposa de Rafael Caldera.

 

A veces, ser esposa de un político resulta mucho más difícil y complicado que ser una mujer políticamente activa. Esta verdad se revela en toda su magnitud en el caso de Alicia Pietri de Caldera, esposa del líder copeyano.

Jovial, alegre, espontánea, pero tremendamente tímida, esta mujer debe hacer un enorme esfuerzo para cumplir con las obligaciones que su posición le impone. Mientras en la intimidad de su familia despliega toda su rica y variada personalidad, apenas se enfrenta a la «cosa pública» se retrae, se cohíbe, como si temiera el juicio de los demás.

Sin embargo, Alicia de Caldera no tiene nada que temer. Casi adolescente se sumergió en la política del brazo de su esposo, y desde entonces –casi veinticuatro años– sus intereses giran alrededor de un mismo centro: la carrera de Rafael Caldera.

Durante esos años de matrimonio, Alicia ha pasado por el mismo laberinto al cual parecen estar destinadas todas las esposas de políticos venezolanos: los primeros éxitos, las luchas por imponer una idea, por crear un partido, persecuciones, visitas a las cárceles, la angustia de no saber lo que pueda ocurrir mañana. Y nuevamente, el éxito, las campañas, los fracasos y la sensación que en estos momentos domina con evidencia innegable: la de que el triunfo está próximo.

Y a pesar del tiempo transcurrido, Alicia de Caldera no se acostumbra a dar entrevistas, hablar en público o asumir actitudes de persona importante. Se retrotrae en su vida privada, se rodea de los hijos y de los amigos y explica su comportamiento con las siguientes palabras que son toda una confesión:

–No soy líder. Soy simplemente esposa de un líder. No me parece justo asumir una posición de preeminencia dentro del partido por el hecho de ser la esposa de Rafael Caldera. En nuestro partido hay muchas mujeres con grandes méritos que han trabajado y trabajan con entusiasmo y ellas son las llamadas a representar a COPEI desde un punto de vista femenino.

Pero, quiéralo o no, Alicia de Caldera es noticia, y lo es mucho más en estos momentos cuando su esposo está llevando a cabo su cuarta campaña presidencial. Esta entrevista, concedida a PÁGINAS después de muchas conversaciones y convencimientos, es la segunda que da en los 24 años de su «vida política». Y no obstante el temor a un enfrentamiento periodístico, Alicia perdió a los pocos momentos cualquier tipo de reservas que lució mantener al comienzo.

Fue una larga y divertidísima conversación, que comenzó con los tinajeros y terminó en la biblioteca del doctor Caldera con un chiste del líder político. Dijo el candidato presidencial:

«Conocí a Alicia en un almuerzo en Los Teques. Yo era entonces muy joven e inexperto y no sabía cuán “peligrosos” era los aires de aquella ciudad».

Tinajero Rafael Caldera y Alicia 1965
Bendición de Tinajero por el padre Roberto Salvat, el 6 de agosto de 1965.

Alicia y sus tinajeros

«Tinajero» se llama la quinta de la familia Caldera. Casi a la entrada de la moderna y cómoda casa se encuentra un viejo tinajero de Alicia. Es una preciosidad histórica que ella muestra con evidente orgullo. Pero tinajeros en miniatura hay por todas partes y constituyen el elemento decorativo de varios ambientes. Como sus amistades conocen la pasión «tinajera» de Alicia, todos se acuerdan de ella cuando encuentran alguno y se lo envían. Entre los obsequiados hay uno margariteño que Ismenia de Villalba le trajo especialmente.

Esta colección forma parte de la profunda afición de Alicia de Caldera por las cosas con sabor a historia. Cuando debió amueblar y decorar esta nueva casa, se esforzó para que casi todos los muebles fueran coloniales y cuando no pudo dar con ellos, entonces exigió que los nuevos fueran hechos de acuerdo a este estilo. Controló personalmente la restauración de los muebles viejos y la fabricación de los nuevos. Y así, con empeño, pudo formar un hogar donde casi todos los objetos tienen una historia y una significación determinada.

Dentro de sus dominios en el hogar, la música ocupa un lugar especial. Pocos saben que Alicia de Caldera hubiera podido ser una excelente intérprete del arpa clásica. Así lo afirmó más de una vez el maestro Nicanor Zabaleta, quien fuera su profesor durante dos años. Ella comenzó a estudiar el arpa muy joven y aún conserva el primer instrumento que le fue obsequiado por su padre, el doctor Andrés Pietri. Si bien ya abandonó, desde hace muchos años, la idea de llegar a ser una arpista famosa, Alicia sigue tocando, disciplinadamente, una o dos horas diarias. Esto, junto con la colección de los tinajeros constituye el único refugio de sus inquietudes personales. Todo lo demás se lo da a sus hijos y a su esposo.

Alicia y sus hijos

Son seis: tres varones y tres hembras. Las edades fluctúan entre los 23 y los 12 años. Seis personalidades distintas, con intereses y problemas diferentes, que Alicia debe comprender, consolar, dirigir. Afortunadamente, su increíble juventud y su espíritu abierto la ayudan en esta tarea.

–«Nuestra madre es una muchacha “yé.yé” –dice Mireya, la mayor de las hijas–. Y eso es lo grandioso. Se sabe todas las canciones modernas y baila estupendamente los ritmos juveniles. Eso es lo bueno. Sería tremendo tener una mamá “out”».

Mireya es ya una profesional. Se graduó de socióloga y ahora está tomando clases de especialización «para poder ayudar a la mamá cuando sea la Primera Dama». El parecido entre Alicia y Mireya es inmenso, a tal punto que el presidente Eduardo Frei, gran amigo de la familia Caldera, las llama «mellizas». Cuando salen juntas de compras, Mireya no se atreve a llamarla «mamá», porque «todo el mundo nos mira con expresión de sorpresa. Por eso, fuera de la casa le digo simplemente “Alicia”».

Y Alicia sonríe satisfecha. Indudablemente esa estupenda relación de amistad que supo formar con sus hijos es para ella la mejor obra que pudo realizar. Cuando habla sobre cada uno de ellos, lo hace con evidente orgullo, pero también con sentido de objetividad como pocas madres podrían hacerlo.

–Mis hijos nunca me han ocasionado problemas. Rafael Tomás, el mayor, es ya un hombre. Estudioso, tranquilo, con aspecto de filósofo, vive sólo para los estudios. Es posiblemente el más alejado de los problemas políticos que se respiran en esta casa. Mireya, como usted la ve, es más una amiga que una hija. Juan José es espiritualmente un retrato de Rafael: vehemente, impulsivo, activo, terminará siendo un político completo. Alicia Helena es la pavita de la familia. Algo tímida, tiene un extraordinario dominio sobre sí misma. Cecilia es aún una niña, pero ya participa de todas las preocupaciones hogareñas. En cuanto al más pequeño, Andrés, estoy segura que siente con inmensa fuerza los éxitos y los fracasos de su padre. Andrés es muy sensible a todo eso.

Así son los hijos de Alicia de Caldera vistos por ella misma. Los primeros diez años de matrimonio fueron exclusivamente para ellos. Ni siquiera tuvo tiempo de acompañar a Caldera durante sus jiras políticas. Un embarazo detrás de otro, la mantenía siempre atada al hogar. Y su esposo, también está orgulloso de los hijos y de la madre:

–Alicia se merece todos los elogios del mundo –dijo Caldera–. En primer lugar, por ser la madre de seis hijos…

–¿Por eso nada más?, interrumpió intrigada y divertida Alicia. Y Caldera le sonrió emocionado.

1967 Familia Caldera Pietri

Alicia y su esposo

–Rafael ha sido siempre un hombre guapo. Nos conocimos por casualidad en casa de amigos comunes. Yo tenía 15 años. Fue un encuentro maravilloso y no le cuento el resto porque esas cosas son ya muy viejas y no me acuerdo.

Por supuesto que Alicia se acuerda muy bien de la historia de su matrimonio. Pero esa parte la considera muy íntima y muy de ella como para contarla. Para el esposo, sólo tiene palabras de elogio.

–Rafael es un hombre extraordinariamente equilibrado. Para él no existen problemas, es decir, les encuentra solución en forma rápida y adecuada. Siempre habla en el mismo tono, jamás se altera. Es un ser con una capacidad de trabajo abismante. Creo que no conoce el cansancio. La vida política lo obliga a permanecer mucho tiempo fuera del hogar y sé que eso es un profundo sacrificio para él. Pasa días enteros sin que pueda hablar con los niños, pero apenas tiene un rato disponible se lo dedica a ellos. Es muy divertida la relación de Rafael con sus hijos porque, además del padre, él es una especie de mago que les soluciona sus problemas: desde explicarles una lección difícil, hasta arreglarles un proyector de cine. Mucha gente no se imagina ese rasgo de Rafael, pero es una de sus más conmovedoras características. Imagínese que a cada uno de los hijos les enseña la mecanografía según un método viejo con el cual él mismo aprendió a escribir a máquina.

Este mismo comportamiento optimista se revela en los momentos de fracaso, según lo cuenta Alicia. Caldera jamás tiene instantes de depresión, y tampoco permite que los tengan los demás miembros de la familia.

–Por ejemplo, cuando se supo el resultado de las pasadas elecciones, todos nos sentimos un poco defraudados porque esperábamos el triunfo. Pero la tristeza se acabó cuando Rafael llegó a casa. Vino feliz como si hubiera sido electo. “Es un triunfo, nos decía, la próxima vez ganamos con seguridad”».

La seriedad con que Rafael Caldera enfrenta sus actividades públicas se torna pura espontaneidad y alegría cuando está en la intimidad. Mireya, la hija mayor, asegura que sus padres forman una excelente pareja de bailarines y que su fuerte es el joropo. «En todas las fiestas ellos deben bailar y son aplaudidos con entusiasmo».

Pero si Rafael Caldera ha podido dedicarse de lleno, día y noche, a sus actividades políticas, el mérito lo tiene, sin duda, su esposa. Porque todos los problemas hogareños y de los hijos los enfrenta ella y ha creado ese ambiente de tranquilidad que es indispensable para que un hombre pueda luchar y triunfar.

Familia Caldera Pietri en 1968.

¿Y la política?

Este parece ser el punto débil de Alicia de Caldera. Toda la conversación giró siempre en torno a los asuntos domésticos y apenas se asomaba algún tópico de índole político ella comenzaba a esconderse tras respuestas generales. He aquí un ejemplo de ese diálogo:

–¿Cree en el próximo triunfo de su esposo?

–Sí, creo, pero prefiero no adelantarme a los acontecimientos.

–¿Qué opina de los problemas internos de COPEI?

–No creo que existan de verdad. Nuestro partido es unido. Todo eso creo que son invenciones.

–¿Cómo ayuda Ud. a su esposo en la campaña presidencial?

–No puedo hacer mucho. Trato de estar a su lado el mayor tiempo posible, en las jiras, en los mítines.

–¿Cuáles son sus planes de trabajo si llega a ser la Primera Dama?

–Prefiero no hablar de eso, porque no se puede adelantar cosas sin antes estudiar bien la situación y saber con qué medios se cuenta para realizar algo. Hay muchos problemas que se deben resolver, especialmente el de los niños abandonados. Creo que allí centraría mi actividad.

–¿Cree que su condición de Primera Dama alteraría su vida hogareña?

–No lo creo… o tal vez sí, porque se viviría en otro medio y con otras exigencias. Pero sólo serían cinco años y eso no es mucho tiempo.

Evidentemente, Alicia de Caldera no es una activista política. Siempre insiste en que es apenas la esposa de Rafael Caldera y que está dispuesta a cumplir con sus obligaciones, cualquiera que sea la situación que se le presente. Cree en lo que cree. Caldera sigue sus pasos con admiración, casi con devoción. Se conforma con ser una mujer de su hogar que acepta con gusto los cambios que le imponen las vicisitudes políticas de su esposo.

1973. Abril, 6. Reportaje de Alfredo Schael sobre los «Parques de bolsillo»

 

Alicia Pietri de Caldera en Maracay
Inauguración de Parque de Bolsillo en Maracay, el 3 de abril de 1973.

Todos debemos contribuir a solucionar la falta de parques de recreación para niños

Alfredo Schael. El Universal, 6 de abril de 1973

Plantea Alicia Pietri de Caldera, en reportaje realizado por el periodista Alfredo Schael de El Universal, quien la acompañó en su recorrido por diversos barrios de Maracay, en la inaguración de Parques de Bolsillo.

Maracay, abril (INNAC). Hemos recorrido varios barrios de esta ciudad. Esta vez no encontramos los rostros tristes, propios de las zonas marginales densamente pobladas, donde abundan necesidades y se esconden escalofriantes dramas humanos. Por el contrario, salió a nuestro encuentro una comunidad emocionada que recibe los «parques de bolsillo», construidos por el Gobierno del Estado o el MOP para la Fundación Festival del Niño.

La señora Alicia de Caldera vino especialmente, acompañada de algunos de sus allegados colaboradores y amigos de la Fundación Festival del Niño, para entregar estas obras que no tienen nada de ostentosas; que por sí mismas, en apariencia, dicen bien poco, pero con las que cubre uno de los objetivos más preciosos que una institución que trabaja para los niños puede cumplir: darles recreación.

Diez parques de bolsillo quedaron abiertos. Su puesta en servicio satisface aspiraciones comunales. Responde a peticiones de la colectividad, que entiende que en medio del cuadro con semblanza de drama, en el monótono barrio, cabe el lugar para el parque de recreación infantil, que a veces ni siquiera existe en la escuela de la barriada o de la parroquia, improvisada ante la necesidad de nuevas aulas en algún viejo galpón o en el «mejor» rancho del sector. Los columpios, los trapecitos, el subibaja, el tobogán ocupan ahora el lugar donde apenas hace pocas semanas había un basurero, un solar que servía de guarida a los personajes indeseables, que nunca faltan, y a mendigos y pedigüeños.

El acto formal

La escuela del vecindario se hace presente en cada barriada, casi en pleno. Los alumnos visten sus mejores galas y bajo la dirección de la hacendosa maestra, entonan los niños el himno nacional o alguna canción infantil a la llegada de la señora Caldera. Los niños que a la hora de la inauguración no están haciendo nada se acercan también al lugar de la concentración.

Así mismo, se cuenta con la asistencia de la gente adulta del barrio: del «ranchero», en el que puede haber un oscuro problema: la mujer soltera, otra vez embarazada, que con el último de los muchachos a cuestas quiere participar de la visita presidencial; de la esposa del obrero, que con sus hijos viene a curiosear, y quién quita que a pedir a nombre de la familia la «ayudita» para terminar de «parar» el rancho. Gente que brota de todas partes en sorprendentes proporciones y que converge en torno al parque. Gente depositaria de varias razas que amalgamadas crean una diversidad de tipos humanos.

Para los niños que entran al parque, los columpios resultan objetos cuyo funcionamiento es, a primera vista, incomprensible. Jamás, algunos de ellos, habían tenido la oportunidad, ni siquiera en la imaginación, de tropezar con algo que usándolo de niños puede ayudarlos a convertirse en adultos de provecho. Sigue al acto formal de bendición por parte del sacerdote, el estallido del bullicio. Las puertas del nuevo parque quedan después, totalmente abiertas y se inicia la fiesta que puede durar para cada niño el tiempo que le queda como tal.

Comunidad responsabilizada

Enfatiza la señora Caldera cuando nos habla con entusiasmo de los parques de bolsillo, que la comunidad que los pide se hace cargo de cuidarlos. Al menos ese es el compromiso que adquiere cada vez que se pone en servicio uno. Y en toda Venezuela existen casos en los que los parques están ahora mejor que cuando fueron inaugurados. El parque es sentido como cosa propia por la gente del sector, siendo su uso el derecho de la colectividad.

La modalidad de atender peticiones –comenta la señora Alicia de Caldera– sirve para que, como contrapartida, se pueda exigir. En signo de avance, de progreso, que esa exigencia mínima haya sido respondida y que se diluya en la acción individual de los que disfrutan directa o indirectamente del parque, la salvaguardia de tan importante patrimonio de la niñez de la vecindad.

En esta gira por Maracay se ve la aplicación del programa «Parques de bolsillo» para satisfacer necesidades de diez de los barrios humildes de la ciudad. En otras ciudades, además de ir a barriadas, el programa cubre requerimientos de sectores mejor asentados desde el punto de vista habitacional y de ubicación y servicios, pero que carecen de otro servicio fundamental tal como el de recreación infantil. Otras veces, el parque de bolsillo llena una función social completando el ornato público.

El país identificado con un programa

¿Qué cuesta un parque de bolsillo?, se nos ocurre preguntar.

Unos diez mil bolívares, responde la primera dama. Diez mil bolívares que la Fundación no los tiene.

¿Y entonces cómo es que han aparecido más de quinientos parques de bolsillo en un solo año y medio y espera la Fundación completar mil este año?

El gobierno, a través de sus organismos, ayuda aportando sumas variables que van a dar a un fondo que administra la Fundación y que se convierte por las gobernaciones y el MOP en parques de bolsillo.

La señora Caldera insinúa que la iniciativa privada tiene un gran papel que jugar en la construcción de parques de bolsillo en toda la nación. «Con la ayuda de todos estamos realizando este programa en el país», dice una placa que se coloca a la puerta de cada parque a cuya inauguración asistimos. A juzgar por lo que sabemos, ciertamente no son «todos» los que aportan lo necesario, al menos para construir nuevos parques, pero podríamos ser todos los venezolanos los comprometidos, con el mismo entusiasmo de la Fundación Festival del Niño con el programa «Parques de bolsillo». Podríamos ser todos o deberíamos estar todos comprometidos con este plan, porque por encima de cualquiera de las consideraciones, que ayudado por la suspicacia de alguno podría hacer, a través de él se va logrando rescatar de la infelicidad, de la marginalidad a niños que tienen derecho al desahogo de sus frustraciones, sonriendo mientras trepan y gozan de las delicias del mecerse o de encaramarse en esos juguetes maravillosos, que pueden usar los amigos del barrio y que la colectividad de la que forman parte se encarga de preservar con esmero.

Cuando la señora Caldera se reunió para almorzar con el grupo que la acompañó a la visita a Maracay, aprovechó para volver sobre la idea de que el esfuerzo del país tiene que ser solidario para ahogar las calamidades sociales que nos agobian. La participación de la prensa, de los medios de comunicación –insinuó es fundamental para que el país adquiera conciencia del deber que tiene de participar plenamente, en forma congruente, en la solución de problemas fundamentales, que sin resolverse crean malestar y tensiones. La ausencia de oportunidades recreativas para todos los niños –insistió– es un aspecto que hay que cubrir. Es una de las tantas calamidades que debemos solventar. Otro de los muchos problemas que el Estado, por sí solo, no está en posibilidades de resolver.

El llamado de la señora Caldera, impregnado de esperanza en respuestas y ratificado aquí mientras tomamos un refrigerio, está dirigido a quienes se sabe están en condiciones de aportar con suficiencia lo que se requiere para que la meta de mil parques de bolsillo se rebase, aún este mismo año. Por lo demás, el programa «Parques de bolsillo», por la naturaleza de sus construcciones, es factible ampliarse con una versatilidad extraordinaria, diríase que con tal versatilidad, que de haber los recursos para ello, podría adaptarse casi a todas las necesidades que aspira satisfacer. Todo el país –recalcó la señora Caldera debe compartir la inquietud suya y de la gente de la Fundación Festival del Niño y contribuir con el programa «Parques de bolsillo».

Espontaneidad popular

Hemos acompañado a la esposa del presidente Caldera a visitas inaugurales a diez barrios de ésta, a ratos amable ciudad, siempre cargada de historia y anécdotas. Mientras vamos con colaboradores y amigos de la Fundación Festival del Niño de uno a otro punto de la ciudad, comentamos acerca de las observaciones que el grupo escoge. Y entre las cosas que se comentan, figura el grave contraste que existe entre la manifestación provocada, fingida, y la expresión jubilosa, sincera, del pueblo contento. Asistimos mientras se cumplía el itinerario a manifestaciones populares espontáneas. Vemos demostraciones sencillas de felicidad, de complacencia por el bien adquirido por la comunidad, lo que señalamos sin etiqueta de por medio. Advertimos júbilo que brota en medio de una escena que trasluce la magnitud de las tareas de redención pendientes. En obras sencillas como son los parques de bolsillo el pueblo encuentra alicientes, porque le remedia una de sus necesidades apremiantes: la de espacio para la recreación infantil, recreación que mañana, completada por un programa educacional, podría ser recreación dirigida, tomando como base el parque de bolsillo inaugurado.

Alicia Pietri de Caldera. Inauguración Parques de Bolsillo en Maracay.

Compromiso de venezolana y obligación

El programa «Parques de bolsillo», de «bolsillo» porque son pequeños y siempre útiles como las cosas que llevamos en los bolsillos, se ha convertido –es la conclusión a la que llegamos en una de las tareas que con más ahínco y cariño se ha impuesto la señora Caldera y en lo que enroló a sus ayudantes en la Fundación Festival del Niño. En alguna parte de la conversación que sostuvimos en el curso de la visita a diez barrios de Maracay, planteó con franqueza que entiende su papel de propulsora de los programas del Festival del Niño como un compromiso de venezolana, al que las circunstancias le dan tono muy particular y, además, como una obligación a la que no puede renunciar ni evadir. Con una buena dosis de humor, uno del grupo recalcó: «Es para usted esencialmente una obligación», a lo que la señora Caldera repuso: «Es verdad, gracias por volvérmelo a recordar».

Sinceridad e integración a la cultura

Apreciamos sinceridad en el llamado insistente, en este esfuerzo por despertar conciencia, por trasmitir crudeza del problema de falta de áreas recreativas para niños. El problema lo hemos visto de cerca durante esta breve visita a Maracay, andando de barrio en barrio, topándonos con rostros risueños, vivarachos, de una inmensa población infantil y con la faz del obrero, del campesino, del desempleado que ocupa los cordones marginales de las ciudades, en quien ver que sus hijos reciben un nuevo favor le hace renovar la esperanza que lo acompaña de tarde en tarde de que ellos tienen asegurado un futuro con mejor suerte y posibilidades que la que él tuvo mientras le tocó hacerse hombre.

Por fortuna, el problema lo hemos palpado nuevamente en medio del jolgorio popular, en diez barriadas maracayeras. Y no podríamos dejar de observar que la llegada a un barrio de un parque de bolsillo representa algo similar al arribo e incorporación al acervo de las comunidades que lo gozarán de una expresión cultural, que desgraciadamente no tiene raigambre en nuestro medio, tal y como lo es la del parque público, y mucho menos, el de recreo infantil.

1974. Enero, 20. Alicia Pietri de Caldera: Ahora quiero más a mi país

Alicia Pietri de Caldera 1972
La primera dama, Alicia Pietri de Caldera, en los actos del Festival del Niño el 11 de diciembre de 1972.

Alicia Pietri de Caldera: Ahora quiero más a mi país

Entrevista realizada en La Casona por Carmen Teresa Valdés para INNAC y publicada en El Universal el domingo 20 de enero de 1974.

 

-La primera dama confiesa que lo más difícil para ella fue hablar en público, por la timidez natural de su temperamento.

-No creo que la imagen de una persona tenga validez si no se basa en su verdadero ser, indicó.

-Su más grato recuerdo: la alegría de los niños, recibir sus demostraciones de afecto, sentir que se vive con ellos las más puras emociones.

-Precisó que la decisión fundamental de su esposo como presidente de la República, fue la de mantener la paz, la libertad, las garantías y el Estado de derecho.

 

Cuando el próximo once de marzo, el presidente Rafael Caldera entregue el solio de Miraflores al presidente electo, señor Carlos Andrés Pérez, su esposa, doña Alicia Pietri, se despedirá como primera dama de la República.

En el curso de estos cinco años, doña Alicia desarrolló una intensa actividad vinculada al desarrollo social. Los niños de Venezuela la conocen bien a través de los programas de la Fundación Festival del Niño. La recuerda el indiecito de Delta Amacuro, el callado niño parameño, los escolares del Oriente y el Llano. Por ella disfrutaron de sus vacaciones en una Venezuela que para ellos era desconocida y que a partir de entonces la sintieron magnífica y a veces insólita.

Cuando hablamos con la primera dama, observamos que su conversación fluye espontánea, sin poses. Tiene una sencillez auténtica y hay en su rostro la expresión moldeada por una extraordinaria sensibilidad.

La entrevista

A través de una informal conversación doña Alicia se olvida de su innata timidez, (culpable de que mucha gente la califique de antipática, dice ella), para charlar mientras ríe, gesticula o torna a la seriedad si así lo requiere el tema tratado.

Se habló de todo un poco y de esta manera tuvimos oportunidad de conocer y admirar lo que realmente puede lograr una mujer a nivel de su realización sin poses feministas a ultranza. ¿Cómo?, ella lo dice: «Nunca una madre de familia deja de tener otras actividades y preocupaciones, ya sea esposa de un profesional, de un luchador político, de un empresario o de un obrero. Así mismo, no hay inconveniente en ser al mismo tiempo madre de familia y esposa del Presidente: el ámbito es más dilatado, la observación del público es más exigente, pero en el fondo es lo mismo que a todas las demás mujeres ocurre dentro de su propio radio de acción».

Primero en su despacho particular, luego por los corredores y hermosos jardines de la casona colonial, doña Alicia, como cualquier ama de casa habla orgullosa del cuido esmerado que ha dado a las plantas y flores durante estos cinco años.

Se acercan dos venaditas criadas en la casa presidencial, las cuales, juguetonas y dóciles se acercan a ella. Mientras vemos que las acaricia pensamos que deben ser muchas las experiencias acumuladas durante este período de su vida.

Realmente serían muchas las indicaciones que ella tendría que dar a quien la sustituirá. Doña Alicia sin embargo corta toda imaginación especulativa al señalar: «No creo que me corresponda dar consejos a la próxima primera dama. Mi mensaje debe ser de simpatía y de aliento, desearle mucho éxito y expresar mi seguridad de que tendrá el corazón abierto para todos los venezolanos, especialmente para los niños y de que llevará adelante los programas que han ido desarrollándose al servicio de éstos».

El Festival del Niño

Se emociona al hablar de la Fundación Festival del Niño, institución que ha presidido durante estos cinco años. El tema de los niños es sin duda alguna su preferido.

Refiriéndose a sus logros dentro de la Fundación indica: «Nunca está uno satisfecho de lo que ha podido hacer, pero sí creo que se dio un gran impulso a la Fundación Festival del Niño con la creación de los nuevos programas que han ido cumpliéndose con magnífica acogida nacional».

Con respecto a la posibilidad de que pueda seguir colaborando con dicha institución, al dejar su presidencia señala: En cuanto a futuras actividades que colaboren a los fines de la Fundación, siempre nos surgen ideas que pueden ser útiles y con amplia disposición a contribuir a los nobles fines de formación y de recreación de nuestros queridos niños venezolanos».

De los programas realizados bajo su presidencia: «El plan vacacional lo iniciamos –dice– en 1969 con cinco mil niños y lo llevamos en 1973 a cuarenta mil, alcanzando la cifra de ciento cinco mil en total. El plan editorial que ofreció 150 mil ejemplares por año, de la colección “Páginas para imaginar”. La puesta en servicio de más de 800 “Parques de bolsillo” en todo el ámbito nacional. El programa de “arte y cultura para los niños”, que movilizó más de 780 mil niños solamente en el área metropolitana durante los cinco años. El “Día del niño”, que además de Caracas se extendió a todo el país. El “Día del niño hospitalizado” y el programa de pre-escolar televisado “Sopotocientos”, que ha recibido numerosas manifestaciones de aceptación, ha alcanzado una audiencia de más de un millón de televidentes infantiles y le han sido otorgados los premios Meridiano de Oro y Guacaipuro de Oro».

En cuanto a planes que quedan por realizar indica: «Hay uno especialmente importante: el complemento del programa ‘Plan vacacional’, que sería un programa a nivel estadal, mensual, y consistiría en llevar a los niños de un estado a conocer su propio estado».

La Familia Venezolana

Refiriéndose a los problemas de la familia venezolana: «Son muchos los problemas de fondo que atraviesa. Algunos vienen de causas antiguas y han sido objeto de análisis por numerosos pensadores y sociólogos. Otros se han añadido por el llamado éxodo rural y la aparición de grandes núcleos marginales  alrededor de las ciudades. Yo estoy convencida de que la vivienda popular es una necesidad urgentísima y por eso he alentado el interés del Presidente Caldera en desarrollar grandes programas de construcción de viviendas para el pueblo. Ojalá que ahora, con tanto dinero como va a tener el Estado y con el apoyo del Congreso, el próximo presidente pueda llevar adelante este programa».

El papel de una mujer como Primera Dama

En los últimos tiempos ha sido criticada duramente la destacada posición que se le confiere a una mujer por el hecho de ser la esposa del presidente de la Nación, aunque ésta, anteriormente, nunca hubiese desarrollado roles de importancia.

-Considero que quienes se ocupan de este tema –dice doña Alicia sonriendo- deben ser comprensivos, ya que la función de una primera dama no es oficial ni, por lo menos en mi caso, ha sido buscada, sino la consecuencia de la elección del jefe del hogar para jefe de Estado. Creo que el rol destacado que se atribuye a las primeras damas no es sino el reconocimiento a la importancia que el matrimonio y la familia tienen en la vida de la sociedad.

-El jefe del Estado tiene una familia y se supone que su esposa sea su compañera  de responsabilidades, como lo ha sido o debe serlo la esposa de cualquier hombre que desempeñe funciones de importancia.

Con respecto al papel que debe asumir una mujer en la conducción del país y en el caso particular como primera dama, indica: «En muchas áreas la mujer tiene las mismas responsabilidades que el hombre, porque se ha capacitado para cumplirlas. En otras, es la colaboradora indispensable en el esfuerzo que aquél realiza para resolver las necesidades nacionales. Este es el caso que a mi entender ha tocado a las esposas de los presidentes. Las primeras damas han estado al lado de sus maridos para acompañarlos y estimularlos en el esfuerzo de servir a su pueblo.

¿Qué fue para usted lo más difícil de su papel?

-Para mí lo más difícil fue hablar en público, por la timidez natural de mi temperamento.

-¿Cuáles los más gratos recuerdos que le han quedado de estos cinco años?

-He tenido muchas gratas impresiones, como la acogida inolvidable que nos dieron en los países hermanos, los cuales visitamos con un mensaje de solidaridad latinoamericana. Pero, indudablemente, no puede haber satisfacción mayor que ver la alegría de los niños, recibir sus demostraciones de afecto, sentir que se viven con ellos las más puras emociones de la vida.

He sido y siempre seré la misma

De la imagen que de un personaje público se proyecta a través de los diversos medios de comunicación, por obra y gracia de la maquinaria publicitaria, muchos son los aspectos que no se ajustan a la realidad o verdadero carácter de la persona.

En esto ella se muestra categórica: «No creo que para ser primera dama haya que recibir una preparación especial, ni en mi caso se me ocurrió nunca que debiera prepararme directamente para esto. Una formación básica, una cultura general y un deseo de servir es todo lo que se necesita para cumplir este papel con naturalidad. El hecho de ser primera dama no me ha cambiado en forma alguna. La personalidad que uno tenga es siempre la misma.

No creo que la imagen de una persona tenga validez si no basa en su verdadero modo de ser. Las imágenes ficticias pueden impresionar fugazmente pero acaban por caerse al enfrentarse con la realidad».

Hablando del Presidente

-¿Cuál, a su juicio, ha sido la decisión fundamental de su esposo como Presidente?

-La de mantener a todo trance la paz, la libertad, las garantías y el Estado de derecho y la de fortalecer la soberanía nacional frente a cualquier otro poder y a cualquier riesgo.

-¿Le ha consultado su esposo durante estos cinco años sobre alguna decisión importante?

-El siempre toma sus propias decisiones, después de analizar a fondo las cosas y de oír las opiniones que cree conveniente solicitar. Yo me he sentido segura a su lado, compartiendo sus determinaciones, que una vez tomadas las mantiene con inquebrantable firmeza.

Refiriéndose a la participación de la mujer en la política  y a lo que su esposa piensa de ello, indica: «Rafael siempre ha sido partidario de la participación de la mujer en la política, en el gobierno y en la administración, pero a base de estímulo constante para que se prepare  para poder dar el rendimiento que su posición le exija».

Quizás sea prematuro, pero pensando que los años pasan rápidamente pudo más nuestra curiosidad periodística: ¿Vería con agrado la reelección de su esposo dentro de diez años?

-No hablemos de eso a estas alturas. Estamos, en este momento, terminando una labor y conscientes del deber de contribuir a que el país alcance sus mejores destinos.

Se habló de la rueda de prensa, la cual ven regularmente: «De ella comentamos en familia cualquier detalle que se nos ocurra», indica.

De los planes inmediatos, luego de que finalice el período presidencial, su respuesta da pie para una futura conversación: «De eso hablaremos más adelante», indica.

Por ahora prefiere despedirse con un mensaje a los venezolanos y en especial a las madres y niños: «En primer lugar, la gratitud por la colaboración y la comprensión que recibí a todos los niveles para el cumplimiento de los planes ejecutados. Especialmente, de parte del pueblo humilde que ha sido el más receptivo y el más dispuesto siempre a dar calor humano a todos las empresas de bien público. Y luego, de estímulo y de fe: amo a mi país más aún de lo que lo amaba antes y cada vez me siento más orgullosa de él. Confío en el porvenir y deseo fervientemente para todos felicidad y paz, bienestar y progreso».

1974. Marzo, 10. Miguel Otero Silva entrevista a Rafael Caldera al finalizar el gobierno

Miguel Otero Silva y Rafael Caldera en la residencia presidencial de La Casona. Fotografía de Luis Noguera.

«No creo prudente dar consejos al nuevo mandatario»

Entrevista realizada por Miguel Otero Silva y publicada como foro del domingo en El Nacional.

 

-Pero manifiesto mi disposición a contribuir a la paz y armonía del país.

-Me siento realmente orgulloso de la labor cumplida por Alicia en la difícil posición de primera dama.

-No me considero en pecado de soberbia.

-He recibido con humildad los ataques más violentos.

-El fenómeno más determinante del triunfo de Acción Democrática fue la magnificación de los fenómenos de carestía y escasez.

-De los catorce candidatos presidenciales, trece hablaban mal del gobierno.

-Existen y perviven disimilitudes esenciales entre AD y Copei.

-El enguerrillamiento entre Cuba y Venezuela es una situación perjudicial para ambos países.

 

Es día de visita pública en La Casona. Los corredores están colmados de gente que contempla las obras de arte, atraviesa los jardines, comenta a media voz las cosas que mira. A cinco minutos para las seis, la escudriñadora concurrencia comienza a afluir hacia el portón de salida. En la plazoleta exterior brota una música militar que anuncia la cercanía de la bandera. Son las seis en punto y aparece el Presidente.

Nací en San Felipe, el 24 de enero de 1916, día de Nuestra Señora de la Paz, dice.

Era fruto de una familia típicamente provinciana, de cepa yaracuyana pero con aportes de Falcón, Guayana y el Centro. Su abuelo materno, Plácido Daniel Rodríguez, nacido en Macarao, nieto de isleños, fue a dar como médico en San Felipe. Allí se entroncó con una dama de apellido Rivero. Los Rivero procedían de Cumarebo  y uno de ellos había sido caudillo federal en tierras yaracuyanas. En cuanto a los Caldera y otras sangres que confluían en el recién nacido –los Izaguirre, los Maya, los Zumeta-, descendían de vascos que vinieron a fundar a San Felipe. Un tatarabuelo se casó con una guayanesa. Otro antecesor, Rafael Antonio Zumeta, fue teniente coronel patriota en la guerra de Independencia.

-En honor suyo me pusieron el nombre de Rafael Antonio- dice el Presidente.

La madre de Rafael Caldera murió cuando él apenas tenía dos años. Lo adoptaron sus tíos, Tomás Liscano y María Eva Rodríguez Rivero de Liscano. Fueron en todo instante sus padres.  Ella todavía está viva y tiene 87 años.

San Felipe era un pueblo estrecho y pobre. Los hombres se sentaban al atardecer a la puerta de las casas, a contemplar hileras de burros melancólicos que venían desde Cocorote o desde Chivacoa. Adentro, las mujeres encendían lámparas y entonaban el ángelus. Era tal la indigencia de la aldea que no había liceo. Rafael Antonio concluyó su primaria y perdió un año jugando trompo, rezando rosarios y volando papagayos.

La pequeña familia viajó a Caracas cuando el niño tenía once años. Se metieron en pensiones pobretonas, los tres en un cuarto, primero de Caja de Agua a Truco, después de Cipreses a Hoyo. Rafael cursaba su bachillerato en el Colegio San Ignacio, del cual se hizo pronto alumno eminente.

-¿Cree usted, señor Presidente, que si en vez de haberse educado en un colegio de jesuitas lo hubiera hecho en una escuela laica o librepensadora, tendría las mismas ideas religiosas que hoy tiene?- pregunta el periodista.

No lo sé exactamente. Pero si sé que mis seis años de universidad que vinieron después tuvieron, para el hallazgo y consolidación de mis convicciones espirituales, tanta importancia como mi paso por el Colegio San Ignacio. Mi enfrentamiento con la universidad me sirvió para ratificar las creencias adquiridas durante mi formación escolar y liceísta. Por lo demás, el Colegio San Ignacio me ayudó a obtener un sentimiento de la responsabilidad y del deber, una aspiración permanente a la rectitud de corazón.

-¿Qué libros leía? ¿A qué maestros escuchaba con mayor devoción?

-Los maestros que tuvieron mayor influencia sobre mí fueron el padre Víctor Iriarte, desde el bachillerato, y Caracciolo Parra León, ya en la universidad. Leía con avidez las novelas de Rómulo Gallegos, atraído aún más por su contenido sociológico que por sus calidades literarias. Leía a Andrés Bello con tanto fervor que me prometí escribir algún día su biografía. Entre los españoles prefería a los ensayistas, sin hacer discriminaciones. Leía con igual interés a Unamuno y a Ortega y Gasset que a Azpiazu.

El periodista, cuya juventud adoptó como lazarillos a los libros pecadores de Maupassant y Eca de Queiroz, no leyó nunca a Azpiazu. Supone que se trata de un buen escritor jesuita y vasco que destacó en los años treinta. Prefiere preguntar sobre Andrés Bello.

-¿En qué aspectos de la obra de Bello se ha basado usted para afirmar que ese escritor no es simplemente un prestigio regional chileno-venezolano sino un valor intelectual de relieves universales?

-Lo más impresionante en la obra de Bello, y lo que justamente la hace universal, es su conjunto, tan alto en su creación y sembrado en campos tan diferentes. Haciendo una comparación un tanto arriesgada, diría que entre Bello y los demás pensadores nuestros existe una diferencia parecida a la de Bolívar con los otros próceres de la Independencia. En el siglo XX se reconoce como original y profunda la filosofía del entendimiento que Bello aportó hace más de cien años. Amado Alonso dice en este tiempo que una gramática como la de Bello no se ha escrito igual en el habla española. La poesía de Bello entraña el inicio de una nueva etapa dentro de la literatura hispanoamericana. Su Código Civil sigue siendo una obra monumental que otros países, no el nuestro, han considerado como paradigma. Indudablemente, amigo mío, tanto Bolívar como Bello son figuras universales.

Volvemos a los patios del Colegio San Ignacio. El estudiante Rafael Caldera, el primero y el más brillante en casi todas las asignaturas, era menos que mediocre en las canchas deportivas. Pifiador en tennis, lento en foot ball, torpe en boxeo. En base ball lo colocaban de último bate y lo enviaban a jugar el right fielder, que era el sitio del campo donde iban menos pelotas.

-A veces el bateador me disparaba un flaicito a las manos y yo abría los brazos para esperarlo. Entonces mis compañeros gritaban: «Atájalo, Rafael, que ese te lo mandó Dios».

-¿Y se le caía, Presidente?

-Sí, se me caía.

En consecuencia, al igual que tantos atletas frustrados, incursionó en el periodismo deportivo. Escribió crónicas de foot ball, bajo el seudónimo de «Yaracuy», bastante buenas por cierto.

-¿Cree usted realmente, señor Presidente, que después de la muerte existe un infierno con llamas, diablo y tenedor, para castigar a los pecadores, y un cielo con ángeles para premiar a los justos?

-Esa representación formal del cielo y del infierno son decorados que la imaginación y la literatura han creado y rodeado de leyendas. Yo creo en un ser superior, causa inicial de la vida, ordenador del universo, porque el universo requiere la existencia de la causa racional que lo engendró. No creo en un Dios con barbas blancas, montado en una nube, sino en un Ser que rige los destinos del cosmos. También creo en el premio y el castigo después de la muerte, sin entrar a considerar la conformación de esa justicia: el premio reside en incorporarse a la armonía de la divinidad; el castigo en quedar fuera de ella. Creo en Cristo, en su figura humana y en su proyección divina.

El periodista insiste levemente:

-Platón sostiene que Dios es el principio, el medio y el fin de todas las cosas. Dice también que Dios tiene en sus manos la justicia punitiva para los que abandonen la ley divina. Lo dice en Grecia, tres o cuatro siglos antes de Cristo. ¿No es eso lo mismo que usted acaba de decir? ¿No son esas las bases esenciales del cristianismo?

-Existe una profunda unidad en la raíz de todas las religiones. Esa unidad me entusiasma. La conciencia de la existencia de un ser supremo es un eslabón básico y común. Aún en el politeísmo, Zeus o Júpiter encarnan esa idea del ser supremo. Como florece igualmente, en todas las creencias religiosas, el concepto de la inmortalidad del alma.

El estudiante Rafael Caldera perdió otro año al concluir el bachillerato porque en aquellos tiempos la Universidad de Caracas no se abría sino cada bienio. Ingresó finalmente al Alma Mater de San Francisco en 1933 y, al poco tiempo, lo designaron Secretario del Círculo de la Juventud Católica que en esa universidad se organizó. A renglón seguido marchó como delegado a Roma, donde se planteaba la creación de una confederación universal de estudiantes católicos. Allí conoció a varios dirigentes cristianos del continente, entre ellos al chileno Eduardo Frei. El viaje le sirvió para alzar la punta de la cortina que la dictadura había corrido sobre el pensamiento de todos los venezolanos, para atisbar ideas modernas, para analizar planteamientos nuevos. A su regreso, en 1934, la policía gomecista empezó fiscalizar y a confiscar su correspondencia.

Tenía solamente veinte años cuando murió Gómez. Se convirtió rápidamente en un dirigente estudiantil de primer orden. Le tocó actuar como jefe máximo de la UNE (Unión Nacional Estudiantil), cuando los estudiantes católicos se separaron acaloradamente de la FEV y montaron tienda aparte.

-Se dijo durante mucho tiempo, señor Presidente, que usted simpatizaba con el franquismo, con el falangismo, incluso con el fascismo. No pocas personas temieron que, si usted llegaba algún día a la Presidencia de la República, se orientaría hacia un gobierno de corte autocrático. Nadie se atreve a sostener hoy que tales presunciones se cumplieron, puesto que usted las desmintió rotundamente como gobernante. Pero quisiera preguntarle, ¿simpatizó usted en su juventud con los regímenes de fuerza, concretamente con el de Francisco Franco y el de Oliveira Salazar? ¿O se trata de una conjetura falsa desde su origen?

-Esas acusaciones de franquismo tenían su explicación. Tú debes recordar muy bien cómo en el año 36 se exacerbaron las pasiones con motivo de la guerra civil española y cómo, tanto en un bando como en el otro, quiso dársele un carácter religioso a la contienda. Yo estuve contra todo ataque a un derecho fundamental de la persona humana, como lo son la creencia y la práctica religiosas. Aspiraba a una república que respetara el hecho religioso junto con todos los derechos del hombre. También en Venezuela, la traslación del problema religioso a la política universitaria, nos condujo a una división de la Federación de Estudiantes que yo jamás quise, que luché para que no se produjera, y que sólo se consumó cuando los dirigentes de la FEV lanzaron como consigna la expulsión de los jesuitas y de todas las órdenes religiosas. Pero la verdad histórica es que nunca tuvimos compromisos ni adhesiones al régimen franquista y que siempre deseamos una vida de libertad para España.

-Desgraciadamente –concluye– el calor de las pugnas políticas nos hizo víctimas de una propaganda adversa y distorsionada; y reconozco además que algunas pocas personas que simpatizaban con el fascismo se colaron en nuestras barricadas. Pero yo jamás he simpatizado con el fascismo. La mejor prueba de ello la constituyó la guerra mundial, durante la cual mi posición, y las de mis compañeros que hoy integran la dirección de Copei, fue inequívocamente antinazista, aunque en aquellos momentos en que el triunfo del eje Roma-Berlín-Tokio parecía inevitable. El problema es que la historia la escriben los hombres de acuerdo con sus intereses y sus pasiones.

El bachiller Rafael Caldera fue designado subdirector de la Oficina Nacional del Trabajo, cuando se creó ese organismo en 1936. Diógenes Escalante, que había leído algunos artículos suyos sobre temas laborales, lo mandó a llamar para ofrecerle la dirección del nuevo instituto. Al darse cuenta de que era menor de edad, lo nombró discretamente subdirector. En ese departamento trabajó bajo las jefaturas de Alonso Calatrava y luego de Tito Gutiérrez Alfaro. En abril de 1939 se graduó de abogado y en agosto de 1941 se casó con Alicia Pietri Montemayor.

-¿Qué opina usted de Alicia Pietri como Primera Dama de la República?

-Alicia lo hizo muy bien. Actuó con gran corazón y superándose cada día. Aquí y en todos los países, las primeras damas suelen iniciar empresas propias, obras que destaquen inconfundiblemente su personalidad. Alicia prefirió tomar en sus manos la obra de la señora Leoni para continuarla, renovarla y extenderla. Mantuvo el nombre Festival del Niño que doña Menca había elegido. Colocó su retrato en lugar de honor y todo lo asoció a su recuerdo. Al principio la gente del pueblo se confundía y, al verla llegar a los actos del Festival del Niño, la llamaba «doña Menca». En resumen, me siento realmente muy orgulloso de la labor cumplida por Alicia en la difícil posición de primera dama. Estoy seguro de que ha dado un gran ejemplo. Tengo conciencia de que el país ha sabido valorizarla.

Rafael Caldera ha sembrado no sé cuántos árboles, ha tenido seis hijos y ha escrito varios libros. Los hijos son: Mireya, que es socióloga y profesora de la Universidad Simón Bolívar; Rafael Tomás, que es abogado, estudia actualmente Filosofía en Friburgo y se complace en ser acucioso editor de las obras literarias de su padre; Juan José, que acaba de ser electo diputado por el Estado Yaracuy, en la misma circunscripción y a la misma edad que lo fuera su padre en 1941; Alicia Helena, que es casada y estudia Economía; Cecilia, que estudia Sociología; y Andrés, que estudia Derecho, tiene 19 años y ayuda a su padre en copiar borradores y ficheros para sus libros, por un módico sueldo de 600 bolívares mensuales.

Los libros y trabajos literarios de Rafael Caldera son: «Derecho del Trabajo»; «Hacia el renacimiento del Derecho»; «El Derecho en la vida social»; «Esbozo de una Sociología Venezolana»; «Moldes para la Fragua» (ensayos); «El Bloque Latinoamericano»; «Especificidad de la Democracia Cristiana»; y su «Biografía de Andrés Bello», que es indudablemente su obra más conocida, con diversas ediciones y traducciones en su haber. Sin contar las colecciones de discursos presidenciales, que se han publicado a razón de dos tomos por año. Y sin contar tampoco «Habla El Presidente», recopilación de sus ruedas de prensa, que ya va por el quinto tomo y que será de suma utilidad para los historiadores y cronistas de esta época. Tiene en prensa una obra más: «Justicia social internacional y Nacionalismo latinoamericano», que aparecerá simultáneamente en español y en inglés.

-¿Cuándo y cómo se convirtió la UNE en partido político, Acción Nacional si mal no recuerdo?

-Los componentes de la UNE fundamos primero una agrupación política que se llamó Movimiento de Acción Nacional (MAN), y que posteriormente se convirtió en Acción Nacional. Esta última tuvo vida desde 1939 hasta 1945. En las elecciones de 1941 yo fui electo diputado por el Estado Yaracuy y Lorenzo Fernández obtuvo la curul de concejal por La Vega, ambos postulados por Acción Nacional. Al producirse el movimiento de octubre de 1945, que derrocó al régimen del general Medina, ya Acción Nacional no existía.

El movimiento triunfante designó al doctor Rafael Caldera como Procurador General de la Nación. Quienes habían integrado la UNE y Acción Nacional fundaron entonces un Comité de Organización Pro Elecciones Independientes (COPEI) con el propósito de intervenir en el proceso electoral y también como célula inicial de un partido político. Al generalizarse las siglas, decidieron adoptarlas como nombre definitivo del partido. Celebraron convenciones y mitines. Fueron agredidos por los adecos en el Táchira. Caldera renunció a la Procuraduría y se fue con su partido a la oposición.

En 1946, Rafael Caldera fue electo diputado a la Asamblea Constituyente por el Distrito Federal, en las planchas de Copei. Volvió a ser electo por el mismo Distrito en 1952, en aquellas elecciones que organizaron Vallenilla y Pérez Jiménez. Pero, ante el impúdico fraude electoral que siguió a la derrota aplastante del dictador, los diputados copeyanos se abstuvieron de concurrir al Congreso.

El doctor Rafael Caldera ha sido candidato presidencial cuatro veces: en 1947, para perder con Rómulo Gallegos; en 1958, para perder con Rómulo Betancourt; en 1963, para perder con Raúl Leoni; y en 1968, para ganarle a Gonzalo Barrios.

-Aristóteles, señor Presidente, decía que el azar estaba determinado por una causa superior y divina. Kant, por su parte, definía el azar como un principio a priori de la naturaleza. Filósofos más modernos consideran el azar como una insuficiencia en el cálculo de las probabilidades. ¿Usted cree en el azar? ¿Considera usted que el azar influyó de alguna manera en su triunfo presidencial sobre Gonzalo Barrios? Mucha gente lo consideraba improbable…

-Yo no. Estaba absolutamente convencido, seguro de que iba a ganar las elecciones presidenciales de 1968. En cuanto a las cosas del azar, los creyentes estamos siempre tentados a referirlas a los designios de la Providencia.

-¿Cómo Aristóteles?

-Como Aristóteles, si te parece. A posteriori, los hechos que parecen fortuitos, encuentran su explicación dentro del curso lógico de los acontecimientos. Tal razonamiento puede aplicarse al caso de mi acceso a la Presidencia de la República por el voto popular.

-Sus adversarios más enconados afirman que usted no comete pecados capitales, salvo uno…

-¿La soberbia, verdad?

-Sí, señor Presidente.

-Me honra que el escritor Augusto Mijares publicara un artículo titulado «La soberbia», en el cual se refería indirectamente a esa circunstancia y asumía en cierta forma mi defensa. Debo decirte sinceramente que no me considero en pecado de soberbia. He recibido con humildad los ataques más violentos: he escuchado con atención los planteamientos críticos a mis actos negativos; le he ofrecido ministerios y otras posiciones elevadas en mi gobierno a hombres que habían sido mis adversarios. Un activista de izquierda, que estaba preso y condenado a doce años, fue libertado por mí y, al día siguiente de salir de la cárcel, declaró a los periódicos que mi política de pacificación era una farsa. Otro importante dirigente de izquierda, a quien yo había indultado con especial interés, me negó ostensiblemente el saludo cuando volví a verlo. ¿Soy yo el soberbio? Tengo firmeza en mis convicciones, eso sí, pero siempre he apelado a la opinión pública para someter a juicio mis actos.

-¿A qué razones primordiales atribuye usted el triunfo de Acción Democrática en las recientes elecciones?

La voz del Presidente se anima:

-No había querido opinar públicamente sobre ese tema mientras actuara en calidad de Presidente de todos los venezolanos. Pero como tu entrevista o foro va a aparecer cuando yo tenga ya el pie en el estribo, te daré la primicia.

-Gracias, señor Presidente.

-Creo que el fenómeno más determinante del triunfo de Acción Democrática fue la magnificación de los fenómenos de carestía y escasez, a través de una grande y costosa publicidad. Fíjate que no niego la existencia de la carestía y de la escasez, sino que la señalo como un hecho real que fue magnificado. Por otra parte, de los catorce candidatos presidenciales, trece hablaban mal del gobierno, usando todos los medios de comunicación y disfrutando del atractivo que siempre ha tenido oír hablar mal del gobierno en este país. Por lo general, la gente no le ve a los gobiernos lo que han hecho sino lo que les falta por hacer. Los barrios con acueductos nuevos, calles recién pavimentadas, viviendas acabadas de inaugurar, lejos de sentirse satisfechos, reclaman las otras cosas que les faltan. En cuanto a los medios de comunicación, le conceden mayor importancia, por ser noticia más sensacional, a la escuela en ruinas, al hospital deficiente, que a todo lo positivo que el gobierno realice en escuelas y hospitales.

Eleva las manos en un gesto característico y prosigue:

-Debo decirte, sin embargo, que a pesar del triunfo de Acción Democrática, mi gobierno ha sido el único en la Venezuela constitucional contemporánea, que ha aumentado la votación de su partido en cifras absolutas y en cifras relativas. Betancourt ganó con el 50 por ciento de los votos y, a su salida, el candidato de Acción Democrática obtuvo sólo el 32 por ciento. Leoni ganó con ese 32 por ciento y, a su salida, Barrios perdió con el 29 por ciento. En cambio, yo gané con el 31 por ciento y, a mi salida, Lorenzo Fernández perdió no obstante haber aumentado nuestra votación hasta el 36 por ciento. Lo que sucede es que nadie pensó que un candidato pudiera perder las elecciones con un millón seiscientos mil votos a su favor. ¿Tú lo pensaste?

-No, señor Presidente.

-Claro está que a esa desproporción inesperada contribuyo lo que ustedes los periodistas han denominado «polarización». Me refiero a la evidente falta de opción para ganar que aquejó a los otros candidatos ajenos a AD y COPEI. La «tercera fuerza» quedó herida de muerte con la retirada de Jóvito Villalba y desde ese instante, nadie pensó que Paz Galarraga, a pesar de sus probadas condiciones políticas, tuviera probabilidades de triunfo. Tampoco Villalba aislado, no obstante su brillante historia democrática; ni José Vicente Rangel, no obstante su indiscutible personalidad; eran vistos por el electorado como probables triunfadores. Menos aún los restantes candidatos. La lucha entre catorce candidatos a la presidencia se redujo en la práctica a un duelo entre un candidato que representaba al gobierno y otro que, tácitamente, representaba a la oposición. Un candidato de oposición respaldado por una campaña técnicamente muy bien hecha y económicamente muy bien dotada.

-Hay quienes dicen que los acontecimientos de Chile influyeron en el resultado de las elecciones venezolanas.

-A mi juicio es cierto que tuvieron alguna influencia, aunque secundaria. Parte del electorado venezolano, que simpatizaba con Allende, votó contra nosotros para cobrarnos la actitud adoptada por la Democracia Cristiana en Chile. Y otra parte de ese mismo electorado, que odiaba a Allende, votó contra nosotros porque culpaban a la Democracia Cristiana de la llegada de Allende al poder. Pero te repito que esos votos fueron secundarios y no jugaron un papel decisivo.

-¿Existe algo, dentro de su gobierno, que le cause ahora una sensación de frustración, o más bien…?

-Dejé varias cosas inconclusas –me interrumpe el Presidente. A veces me faltó el apoyo del Congreso, otras veces no conté con suficiente disponibilidad económica, o influyeron otras coyunturas. Por ejemplo, no llevé a cabo el Servicio Nacional de Salud; no cumplí en su totalidad el programa de viviendas que me había propuesto, tampoco satisfice esa necesidad que es construirle un metro a Caracas; me faltaron las autopistas de Petare y Guarenas y de Morón a Carora. Me faltaron varias cosas más.

-En sentido contrario, ¿de cuál acto político o empresa cumplida como Presidente de Venezuela se siente hoy más satisfecho?

-Entre las realizaciones de mi gobierno, una de las que mayormente me satisface, que a momentos me hace sentir feliz, es lo que hice en beneficio de la pacificación del país. Habría querido que mis gestiones de pacificación hubieran obtenido mayor receptividad en ciertos pequeños grupos intolerantes, para que así su alcance hubiese sido total. Habría querido neutralizar las maniobras de quienes juegan a la política anarcoide con los muchachos de 16 años de los liceos. Pero, de todas maneras, se hizo mucho.

-Unas cuantas personas…

-Espérate. También me siento profundamente satisfecho por la gestión petrolera de mi gobierno, que no vacilo en calificar como el inicio de la revolución venezolana más trascendente, paralela a la que se está haciendo en el mundo.  Hace unos días leí una noticia periodística bajo este título significativo: «Los países industrializados han comenzado a sentirse oprimidos  por los productores de materias primas». A partir de la Conferencia de la OPEP, realizada en Caracas en 1970, la cuestión petrolera mundial ha cambiado en forma radical.

-Unas cuantas personas, particularmente dentro de la izquierda…

-Espérate. También me causa una gran satisfacción, como universitario y como ciudadano, que bajo mi gobierno se restableciera la vida universitaria, sin dejar de marchar sobre bases autonómicas. Que la universidad viva, con dificultades, pero dentro de sus propias normas.

-Unas cuantas personas, particularmente dentro de la izquierda, sostienen que entre Copei y AD existen exclusivamente diferencias formales y acomodaticias. ¿Cree usted, por el contrario, que los separan discrepancias profundas? ¿Cuáles son?

-Claro que existen diferencias esenciales entre AD y Copei. La errónea interpretación obedece a que, cuando se integran grandes partidos políticos en un país, las exigencias de los problemas fundamentales llegan en un momento dado a atenuar sus discrepancias. Mucha gente dice que no hay diferencias entre la Democracia Cristiana alemana y el Partido Socialista alemán. Otros dicen que son lo mismo el Partido Conservador y el Partido Laborista ingleses. Pero en ambos casos se trata simplemente de grandes colectividades en ejercicio del gobierno o de la oposición, cuyos esquemas doctrinales tienen que encuadernarse dentro de la problemática general del país. Hay divergencias que son modificadas entonces por la dinámica social. De lo contrario, se correría el riesgo de enfrentar ciegamente a medio país contra el otro medio país. Pero insisto en decirte que existen y perviven disimilitudes esenciales entre AD y Copei. En mi trabajo «Especificidad de la Democracia Cristiana» me propuse precisar las características de nuestro movimiento que, por supuesto, no son en modo alguno las mismas de Acción Democrática.

-Y hablando de otra cosa, señor Presidente, ¿qué opina usted de Fidel Castro?

El Presidente sonríe antes de responder:

-Fidel Castro es, sin duda, una importante figura histórica. Demás está decir que no comparto sus métodos de gobierno, pero tampoco tengo por qué desconocer su extraordinaria habilidad política. De otra manera no se hubiera mantenido durante 15 años en el gobierno de su país, enfrentando a los poderosos adversarios que ha tenido. Por otra parte, la distensión de un estado permanente de conflicto con el gobierno cubano es, a mi juicio, un imperativo del momento. El enguerrillamiento entre Cuba y Venezuela es una situación perjudicial para ambos países.

-Entre Pío XII, Juan XXIII y Pablo VI, ¿con cuál siente usted mayor afinidad?

Vuelve a sonreír el Presidente.

-Cada uno de esos tres papas tiene su significación y su momento. Cada hombre realiza su papel en la historia. Conocí a los tres personalmente; tengo gran afecto y admiración por la figura de los tres. Pío XII estuvo rodeado de una gran majestad, pero inició una renovación de gran importancia. Juan XXIII fue un papa pleno de bonhomía y sencillez, pero fue también un hombre de grandes decisiones. Pablo VI, a quien le ha correspondido un momento muy difícil, es en cierta manera un resumen de los dos. Tiene el calor humano de Juan XXIII y defiende con firmeza los valores fundamentales frente a los que piensan que una renovación implica la renuncia a los postulados básicos de la vida de la Iglesia.

-¿Qué le aconsejaría usted a Carlos Andrés Pérez en relación con el inmenso presupuesto que le tocará administrar?

Esta vez el Presidente no sonríe.

-No creo prudente que le dé consejos al nuevo mandatario. Apenas le manifestaría mi disposición a contribuir a la paz y a la armonía del país; a contribuir a dotar al gobierno de los instrumentos precisos para gobernar. Esto significa que estoy en contra del parlamentarismo obstruccionista.

El Presidente recupera su sonrisa y dice:

-Aquí entre nos, y siempre que me prometas no publicarlo, te diré que si me pongo a darle consejos a Carlos Andrés, a lo mejor se ofende.

En este instante se abre una puerta y aparece doña Alicia. Trae con ella un perrito primoroso, de raza muy fina. El periodista detesta la raza canina pero se siente en la obligación cortesana de rendir un cumplido al primer perrito de la República. Doña Alicia, complacida y agradecida, ordena tres whiskies, uno para el Presidente, otro para mí y el tercero para Luis Noguera, que me acompaña como fotógrafo. Luego se ofrece gentilísima a mostrarnos la casa, los jardines ya en sombra, la biblioteca, los salones, las pinturas.

-Una última pregunta, señor Presidente. Entre los planes conscientes o subconscientes de Rafael Caldera ¿no estará el de volver a ser Presidente de Venezuela dentro de diez años?

Diez años es mucho tiempo. Por cierto que fui yo mismo quien propuso incluir en la Constitución ese lapso para una posible nueva aspiración presidencial de un ciudadano venezolano que ya ha ejercido la Presidencia. Y sigo creyendo que la disposición es correcta. Hay que ver los inconvenientes que acarrearía la actitud de un Presidente que entregue el poder y al día siguiente se convierta en candidato presidencial.

El periodista está de acuerdo.

1976. Enero, 12. Entrevista de Óscar Yanes a Rafael Caldera en la revista Bohemia

«Mi vocación no era ser Presidente»

Entrevista realizada por Óscar Yanes, en calidad de Director de la Revista «Bohemia», el 12 de enero de 1976.

Rafael Caldera no había cumplido treinta años cuando fundó COPEI. Sin embargo, pese a su juventud, ya tenía un largo historial político. Cuando asumió la sub dirección de la Oficina Nacional del Trabajo no tenía veinte años. El Ministro del Interior, Diógenes Escalante, apenado, trató de explicarle al joven Caldera que no podía ser Director por razones de edad. Caldera aceptó las disculpas, pero lo que quizás no supo nunca el Ministro del General López Contreras es que aquel muchacho estaba dispuesto a trabajar en la oficina hasta de escribiente, porque ya para entonces el doctor Rafael Caldera quería forjar un nuevo Derecho Social en Venezuela.

El mismo entusiasmo y la misma fuerza de voluntad que dedicó al Derecho del Trabajo se lo dedicó a la política y nació COPEI. Mantener una organización política no es fácil. Los partidos se parecen un poco a los periódicos. Editar es relativamente sencillo, pero que el diario se mantenga, haga, y forme parte de la opinión pública es muy difícil. Lo mismo ocurre con los partidos. Grandes figuras han fracasado en esta empresa. Hoy, el doctor Rafael Caldera se siente orgulloso de COPEI. Es su hijo mayor, su hermano y amigo.

Sin mucho preámbulo comenzó la conversación con el ex Presidente.

La Democracia Cristiana

Óscar Yanes (ÓY): En Venezuela van a celebrarse el 13 de enero los treinta años de la fundación de COPEI. En Europa, los socialcristianos están celebrando treinta años. ¿Cómo explica esa curiosa coincidencia?

Presidente Caldera (RC): Los treinta años de la Democracia Cristiana en Europa guardan estrecha relación con la finalización de la segunda guerra mundial. Destruida Europa Occidental, arruinada no sólo física sino socialmente, la Democracia Cristiana surgió como la fórmula capaz de realizar una labor estupenda de reconstrucción y de renovación moral y material. Países que fueron dominados por el fascismo se convirtieron en democracias, monarquías en repúblicas y centros donde había dominado la opresión se convirtieron en avanzada del progreso social. Ello fue fruto del esfuerzo de los demócratas cristianos, que lanzaron las consignas que estaba reclamando el momento y que además de realizar una gran labor en el interior de sus países tomaron a su cargo la empresa de la unificación de Europa.

En Venezuela, la fundación de COPEI siguió de inmediato a los acontecimientos del 18 de octubre de 1945, que vinieron a romper la antigua correlación de fuerzas y a plantear una nueva situación en el país. Un grupo de jóvenes universitarios que venía desde diez años atrás ensayando las formas de realizar una nueva concepción política, se dieron a la empresa. Los mayores teníamos o íbamos a cumplir treinta años. Nos acompañaba un grupo selecto de venezolanos patriotas simbolizados en el doctor Pedro del Corral, que acababa de cumplir su medio siglo. Pero la coincidencia no deja de tener cierto carácter que me atrevería a llamar providencial. Justamente en estos mismos días está cumpliendo treinta años la gran revista de pensamiento demócrata-cristiano chileno Política y Espíritu, por cierto, recientemente suspendida por el gobierno militar.

Es que la Democracia Cristiana surge como una respuesta al escepticismo que sobre la democracia misma habían despertado los totalitarismos de izquierda y de derecha a partir de la revolución rusa en 1917 y de la revolución fascista en Italia en 1923. El mensaje maritainiano había prendido en el alma de jóvenes generaciones, de maduros conductores y de grandes contingentes populares. Una democracia renovada, centrada en la filosofía cristiana y basada en la dignidad de la persona humana, fue la respuesta al desconcierto y a la crisis espiritual que entonces vivía la humanidad. En Venezuela, nuestra línea fue la de apoyar todos los aspectos positivos de la revolución iniciada el 18 de octubre, exigiendo al mismo tiempo el cumplimiento de los compromisos que sus dirigentes habían contraído con el pueblo y reclamando el respeto al pluralismo ideológico como base de la convivencia y de la estabilidad democrática. Sin que hubiera habido ningún contacto, es lo mismo que los demócrata-cristianos exigían en Europa.

Nuevas formas

(ÓY): Los nuevos planteamientos que se hace el hombre de hoy y que han afectado evidentemente al marxismo y a la socialdemocracia ¿no imponen también una revisión filosófica al socialcristianismo?

(RC): Sin duda. La humanidad avanza y, en algunos aspectos, vertiginosamente. El progreso tecnológico plantea inquietudes de una dimensión inimaginada al hombre actual. La concentración urbana hace surgir nuevas formas de vida, que no encajan dentro de las estructuras tradicionales de la ciudad, y provocan una serie de situaciones que demanda urgente respuesta. Por otra parte, los pueblos exigen con rapidez la solución de sus problemas más graves y la conciencia de solidaridad universal reclama que no existan pueblos marginados ni sectores marginados. Todo ello requiere nuevas soluciones, pero éstas deben basarse en los principios inmanentes de la dignidad del hombre, de la libertad como base para el progreso y de las instituciones como fundamento del orden social.

Hay muchas semejanzas entre los que encontró hace treinta años, en 1945. Fundamentalmente, hay una duda en grandes sectores populares acerca de la democracia. A esta duda hay que contestar con afirmación optimista, con fortalecimiento de actitudes y principios y por ello creo que el papel de la Democracia Cristiana para ganar el destino de la humanidad en este momento es comparable al que asumió y cumplió con gran éxito treinta años atrás.

Los «peces rojos»

(ÓY): A raíz de la muerte de Gómez los jóvenes socialcristianos eran muchas veces llamados fascistas o falangistas, hoy se les dice en algunas ocasiones comunistas, ¿qué es lo que ocurre con el socialcristianismo y la opinión pública, para que se le califique siempre de modo muy extremista?

(RC): La lucha de la Democracia Cristiana contra las estructuras actuales en pos de la justicia social, hace que muchas veces se le haya señalado con calificativos que tratan de ubicarlos en los cuadros de la extrema izquierda. Un conservador colombiano dijo una vez que nosotros éramos «peces rojos nadando en agua bendita». Por otra parte, nuestra defensa de la libertad, del primado del espíritu sobre los intereses materiales, nuestra afirmación filosófica ante la concepción materialista de la historia, hace que en los cuadros dialécticos de éste se nos haya confundido muchas veces con los movimientos de fuerza que bajo la denominación común de fascismo y con un signo totalitario hicieron frente a la avanzada comunista en Europa y en otros países. Yo creo que la mejor definición de la Democracia Cristiana está en ambas críticas, ya que tiene una posición propia que inevitablemente choca con el conservadurismo de unos y con el dogmatismo revolucionario de los otros.

No hay justificación para Gómez

(ÓY): ¿Qué recuerdos y reflexiones le despierta la dictadura de Juan Vicente Gómez?

(RC): Es curioso que en la actualidad, a los cuarenta años de fallecido el gobernante de más prolongado ejercicio autocrático en el país, haya ciertas tendencias por justificarlo, o por lo menos explicarlo. Yo entiendo que se le explique, en razón de una serie de circunstancias históricas, pero no estoy de acuerdo en que se justifiquen sus acciones y orientaciones. Pertenezco a una generación que nació cuando el general Gómez llevaba varios años mandando y que cuando éste falleció en el ejercicio del poder, ya se iba a constituir en una generación adulta.

He estudiado con objetividad los resultados de aquella prolongada dictadura, y sin poder negar algunos aspectos positivos que indiscutiblemente tiene, puedo asegurar que los resultados fueron dramáticamente negativos. Basta observar las cifras de analfabetismo, el bajo índice de educación a todos los niveles, el estancamiento y retroceso de la educación universitaria, para que pueda formarse un concepto de la postración en que Venezuela se encontró entonces. Como muchos otros muchachos de 20 años, saludé emocionado con el año 1936, los albores de una nueva época. Recibí con veneración a las figuras que se habían convertido casi en míticas, a través de la trasmisión oral de sus gestos de resistencia contra la tiranía; sufrí también muchas desilusiones al que ver que no todos revestían la personalidad que suponíamos en ellos. Me encontré con que, dentro de las propias generaciones jóvenes, muchos a quienes consideraba orientados por nobles ideales de renovación democrática, estaban comprometidos con posiciones sectarias que no querían tolerar siquiera ni mucho menos aceptar discrepancias. Por ello, formando parte de un grupo de estudiantes me lancé a una lucha que condujo a la formación de un movimiento y finalmente a la constitución de un partido político. Y pienso, no creo equivocarme, que la participación que me ha tocado en la construcción de este partido político es la parte más importante que podría presentar en el momento en que me exigieran cuenta de los actos de mi vida.

La política no es profesión

(ÓY): Usted, como profesional de la política, ha vivido momentos muy difíciles. ¿Qué es lo que le hace mantener la moral en alto y conservar la serenidad durante estos momentos difíciles?

(RC): Si supiera que nunca he querido admitir ser un profesional de la política. Me explico. Me he entregado a la lucha política en alma, vida y corazón, pero he querido siempre ver la política como deber y no como actividad profesionalizada. Por eso he compartido las intensas horas de trabajo político con labores de investigación o de cátedra o con el ejercicio de mi profesión de abogado. Comprendo que ello constituye un hándicap pero he preferido afrontarlo para sentir que no dependo totalmente de las contingencias de la lucha política. En cuanto a su pregunta, creo que en cierta manera está adelantada la respuesta con lo que acabo de decir. Para quienes ejercen la política como actividad profesional, para quienes ven ella solamente una ciencia o un arte, debe ser muy difícil mantenerse en la posición que se juzga como correcta en momentos en que las dificultades aumentan o en que los resultados se ve que no van a corresponder al esfuerzo. Pero cuando se ejerce la política como deber, cuando se hacen las cosas porque en conciencia se considera que se deben hacer y no se toma como norte de los actos el cálculo de los resultados, entonces se goza de una armonía entre la conciencia y la conducta que es lo que permite mantener alta la moral y conservar la serenidad ante las más delicadas situaciones.

(ÓY): Muchos dicen que usted fue educado y formado para ser Presidente de Venezuela. ¿Cuándo pensó por primera vez en ser Presidente?

(RC): Se ha dicho que todos los venezolanos desde niños, oyen de su madre y de sus parientes la afirmación de que deben ser Presidente de la República. Yo no creo que ello imprima un destino. Mi vocación no era ser Presidente, sino, más bien, ser dirigente, o si se quiere, líder de un movimiento inspirado en una fundamentación filosófica y en una voluntad de servicio. Cuando me lancé por primera vez como candidato presidencial, a la edad de 31 años, para enfrentar a una figura de la talla de Rómulo Gallegos, que me doblaba en edad y que me superaba en credenciales en una forma aplastante, lo hice porque después de ensayar otras fórmulas, llegamos a la conclusión de que una candidatura propia lanzada sin vacilaciones y trabajada sin descanso era lo que podía afianzar la fisonomía del partido ante la vida venezolana.

Tuve la fortuna de competir decorosamente con don Rómulo Gallegos: él con más de 800 mil votos, yo con cerca de 300 mil; y creo que la participación que mi candidatura representó, constituyó un hecho indudablemente favorable para la educación democrática de los venezolanos. Ya después de esta candidatura, el 58, después de que fracasaron los intentos para una candidatura unitaria, fue casi inevitable repetir y hacerlo en un brevísimo plazo porque la campaña propiamente dicha empezó el primero de noviembre y las elecciones se realizaron el 7 de diciembre. El 63, fue cuestión de afirmar el derecho del partido a aspirar a la presidencia: la circunstancia de haber superado en votos a eminentes venezolanos como el doctor Uslar Pietri, el Vicealmirante Larrazábal y el doctor Jóvito Villalba, fue lo que me convirtió en el aspirante calificado para las elecciones del 68, que me llevaron a Miraflores. De allí el que se me hubiere visto como un candidato pertinaz, cuando en realidad mi candidatura fue una necesidad de afirmación y crecimiento de un partido como COPEI que necesitaba fortalecer y clarificar su imagen de una manera diáfana ante la conciencia de Venezuela.

COPEI y la dictadura

(ÓY): ¿Cuál fue a su entender el papel de COPEI durante la dictadura?

(RC): Del 24 de noviembre de 1948 al 23 de enero de 1958 hay que señalar tres etapas diferentes: la primera corresponde a los dos años de presidencia del comandante Delgado Chalbaud. Educado en Francia y deseoso de buscarse, en medio de las dificultades, una solución política a la vida del país. Durante esta época, el papel de COPEI estuvo, por una parte, en tender lazos de comprensión a los antiguos adversarios políticos convertidos en perseguidos por obra del cambio violento en la organización del gobierno y, especialmente, en insistir en la necesidad de buscar una salida institucional, a través de un llamado a elecciones, que culminó, en los mismos días del asesinato de Delgado con la promulgación del Estatuto Electoral. La segunda etapa, correspondió al dificultoso proceso eleccionario, dentro del cual, pese a las circunstancias adversas, se logró una expresión inequívoca y abrumadora de la voluntad popular. Fue este pronunciamiento de la voluntad popular el que llevó al entonces jefe de turno a asumir el poder como lo hizo el 2 de diciembre de 1952.

Del 53 al 58, durante el quinquenio se hizo más dura la represión: se multiplicaron nuestras visitas a las cárceles y nuestra actitud de resistencia cívica, mantuvo en el ánimo público la idea de que estaba vigente el propósito de los venezolanos de reconquistar las libertades. Fuimos un factor de unidad entre las fuerzas democráticas y por ello debo sentirme complacido de que mi breve exilio en Nueva York constituyera la oportunidad para formalizar un entendimiento entre los partidos de oposición, la mayoría de los cuales estaban proscritos, para emprender juntos, de manera armónica, la tarea de restablecer las instituciones democráticas.

El 23 de enero

(ÓY): ¿Cómo definiría usted el espíritu del 23 de enero y cuál fue entonces el papel de su partido?

(RC): Creo que lo fundamental del espíritu del 23 de enero fue el consenso, casi unánime, de los venezolanos, en establecer un sistema de vida democrático. El experimento dictatorial había llevado hasta los sectores tradicionales proclives a sostener los gobiernos de fuerza, a aceptar que la democracia era el sistema de gobierno ideal para Venezuela. Hubo unidad de militares y civiles, de empresarios y trabajadores, de gente de la ciudad y del campo, y esta unidad se afirmó por encima de las diferencias ideológicas de los diversos grupos políticos. Ese consenso fundamental, que fue la base de la institucionalidad generada el 23 de enero del 58, sólo comenzó a fracturarse cuando la experiencia cubana movió a algunos sectores a un tipo de acción directa que pretendía poner al lado las fórmulas que la democracia había establecido y a realizar un proceso que pudiera ser en cierto modo imitación del que se cumplió en aquella nación hermana.

Eso, no obstante, que puede recordarse que el propio comandante Fidel Castro, en el discurso que pronunció en la Cámara de Diputados que yo presidía, cuando nos visitó en 1959, observó que las reivindicaciones populares que la revolución cubana estaba tratando de lograr por medio de las armas, podría Venezuela obtenerlas a través de las instituciones democráticas. El papel de COPEI, del 23 de enero en adelante, fue el de servir al fortalecimiento de esas instituciones que habían sido logradas con el sacrificio, con el esfuerzo y con la esperanza del pueblo venezolano.

La «Guanábana»

(ÓY): ¿Y qué me dice usted de la célebre «guanábana», es decir, de esa alianza entre Acción Democrática y COPEI que duró todo el quinquenio de Gobierno del presidente Betancourt?

(RC): No creo que se haya olvidado que el 31 de octubre de 1958, en mi casa, que entonces se denominaba Puntofijo, en Sabana Grande, se firmó un pacto entre los tres mayores partidos con el objeto de comprometerse a gobernar juntos durante el primer período constitucional de gobierno democrático, aun cuando cada partido fuera con sus candidatos propios y distintos a la lucha electoral. Ese célebre pacto de Puntofijo nos llevó a participar en el gobierno del señor Rómulo Betancourt a partir de 1959. Algunos sectores, que se presentaban entonces como visceralmente anti-adecos, consideraron que nosotros habíamos cometido una especie de traición e inventaron lo de la guanábana porque es la fruta tropical, que es verde por fuera y por dentro blanca. Lo cierto es que por única vez en Venezuela se vio a dos partidos que habían combatido entre sí duramente (y que después se siguieron combatiendo) compartir las tareas de gobierno en circunstancias muy peligrosas para el país, para la democracia y para el propio gobierno. Separada Unión Republicana Democrática de sus responsabilidades gubernamentales y pasada a las filas de una dura oposición.

COPEI consideró su deber continuar hasta el último día del período del presidente Betancourt cumpliendo su compromiso. Hubo momentos en que teníamos la impresión de que con sólo sacarle el hombro a nuestra responsabilidad, el andamiaje del gobierno se podía caer; pero ello nos hacía sentirnos más obligados a perseverar. Fuimos a elecciones con candidatos que se enfrentaron: el doctor Leoni por Acción Democrática, que ganó la elección con 900 mil votos, y yo como el principal candidato de oposición, que quedé de segundo con 600 mil. El hecho de que hubiéramos realizado esa lucha electoral y sin embargo nos hubiéramos considerado obligados a mantener nuestro apoyo al gobierno hasta el último día del período lo considero un hecho único en Venezuela y su importancia histórica creo que no se podrá desconocer. Por de pronto, debo decir que el que fuera Jefe de Estado Rómulo Betancourt, jamás niega la significación trascendental de nuestra participación en su gobierno.

Los celos adecos

(ÓY): ¿Y cuál fue el papel de COPEI durante el Gobierno del presidente Leoni?

(RC): Con el doctor Leoni no pudimos entendernos para continuar en el gobierno. Y ello es comprensible. Acción Democrática estaba celosa de nuestro crecimiento y pensaba que nuestra presencia en el gobierno debía realizarse de tal forma que no nos beneficiáramos de ella para seguir aumentando nuestros votos hasta el punto de ganar el poder. Por otra parte, nosotros nos considerábamos con derecho a reclamar una participación más sustantiva, desde luego que la voluntad del país nos había mostrado una adhesión mucho mayor que en 1958. Esto hizo que el presidente Leoni gestionara, mientras hablaba con nosotros, un entendimiento con los partidos Unión Republicana Democrática y Frente Nacional Democrático que habían estado en la oposición durante el quinquenio precedente y así surgió el gobierno de «Ancha Base».

Nosotros decidimos en nuestra Convención no formar parte del Gobierno, pero le abrimos una etapa transicional para no causar grave daño al funcionamiento democrático, con la fórmula que llamamos «Doble A»: Autonomía y Acción. Esta transición tuvo que acelerarse por la actitud del Gobierno de Ancha Base y del partido Acción Democrática y nos correspondió cumplir  una importante tarea de oposición democrática durante el quinquenio 64-69.  Recuerdo que dos periodistas norteamericanos, Knovak y Evans, dijeron que la ventaja que tenía el gobierno de Leoni ante otros gobiernos constitucionales de América Latina que se veían en situación precaria, era el tener una «leal oposición», como era la oposición democrática que hacía el partido socialcristiano COPEI y que yo encabezaba. Fue esa actitud de oposición, rabiosamente adherida a los principios democráticos y siempre pendiente de los intereses del país, lo que nos abrió el camino para el triunfo electoral del 1  de diciembre de 1968.

El interés social

(ÓY): Se ha dicho, señor Presidente, que su gobierno le puso dificultades a su sucesor, el señor Carlos Andrés Pérez, para entregarle en 1974. ¿Qué hay de cierto en ello?

(RC): Esa afirmación es absolutamente falsa. Después del 9 de diciembre de 1973, no sólo establecimos contacto con la oficina del Presidente Electo, sino que le pedimos designar comisiones para entrar en comunicación con todos los Despachos e Institutos Autónomos, a fin de enterarse de la situación de éstos y de los planes en marcha. Hay abundantes testimonios de estos contactos dirigidos a evitarle al país los traumas de la interrupción de los proyectos. Si éstos no se continuaron no fue porque no se enterara de ellos quienes iban a desempeñar los cargos, sino porque el nuevo gobierno consideró conveniente una estrategia de romper con lo que estaba realizando el gobierno anterior. Una comparación serena y objetiva con lo que ocurrió el 69 daría como resultado el que nosotros, a pesar de haber tenido muy escasa información sobre lo que se hacía por quienes nos entregaron el gobierno, nos esforzamos en continuar todos los proyectos que estaban en marcha y que juzgamos de interés nacional.

El poder

(ÓY): Usted fue un candidato permanente hasta que llegó al poder. ¿Qué pensaba cada vez que perdía, qué pensó cuando ganó y que pensó cuando estando en el poder su partido perdió las elecciones?

(RC): Lo de candidato permanente ya lo he explicado. El partido encontró en cada campaña electoral la oportunidad para hacer más claros sus planteamientos y más vigoroso su mensaje. Inicié la lucha como candidato con menos de 300 mil votos, después obtuve 400 mil, después 600 mil y después un millón de votos que me llevaron a la presidencia. Por tanto, cada vez que perdía encontraba que no habíamos en realidad perdido adherentes, sino aumentado el número de aquéllos que creían en nosotros. En un partido nuevo como el nuestro, esta proyección era algo fundamental. Cuando gané, lo que pensé es que caía sobre mis hombros una inmensa responsabilidad, y mi vivo deseo y mi constante preocupación fue tratar de no defraudarla.

Hoy me siento feliz de que mi gobierno sea para mis compañeros de partido la mejor credencial de una actitud ante Venezuela. Cuando el partido perdió las elecciones pensé que nos tocaba todavía una dura brega hasta llegar a ejercer la función ductora que aspiramos a cumplir en la vida de Venezuela. Observé también que habíamos aumentado, y considerablemente, el número de la gente que creía en nosotros y consideré que este aumento nos obligaba y nos obliga más que nunca a continuar empeñados en la lucha. Por lo demás, los resultados, aunque nos golpearon, los recibí sin amargura. Al fin y al cabo, para los demócratas sinceros, el pueblo no se equivoca. Nos hemos dedicado a analizar cuáles fueron los aspectos en que pudimos estar equivocados para no haber obtenido el triunfo final, o cuáles fueron los recursos de que se valió el adversario para superarnos, a pesar de nuestro crecimiento. Hoy pienso que mucha gente está revisando los puntos de vista que sobre la labor del gobierno anterior y las perspectivas del país tenía el 9 de diciembre de 1973.

Lo que más afecta necesariamente a un gobernante cuando, terminado su período, es el de que se queden muchos planes y programas en marcha. Para no poner sino un ejemplo, el menos político de todos los que podrían presentarse, bastaría recordar el que el Plan Vacacional de la Fundación Festival del Niño, uno de los esfuerzos más bellos que se han hecho a favor del niño venezolano, fue definitivamente arrumbado, simplemente porque era un esfuerzo de la Primera Dama correspondiente al período anterior. En dimensión nacional y en cada uno de los estados fueron muchos los programas que se truncaron también abruptamente. El proceso de regionalización, que respondía a un gran clamor nacional, ha echado definitivamente hacia atrás; y la conquista del Sur, un objetivo de alcance transgeneracional, se convirtió en un simple rótulo y se frustró el noble impulso que un grupo de jóvenes que formaban equipos interdisciplinarios le habían dado a la empresa que suscitó la admiración de los parlamentarios de todas las toldas políticas y de todos los venezolanos que llegaron a conocerlo.

(ÓY): Usted siempre se ha caracterizado por hacer una oposición gallarda y leal. ¿Cree usted que la oposición correspondió en la misma medida a su Gobierno?

(RC): Esa pregunta creo que mejor que yo la puede responder y la está respondiendo cada día la opinión nacional.

El estilo democrático

(ÓY): Usted, durante su Gobierno, hizo cosas que nunca se vieron en Venezuela. Los empleados públicos, por ejemplo, podían expresar sus preferencias políticas sin temor a represalias, y en la propia campaña electoral los empleados públicos que militaban en el partido que hoy está en el poder publicaron un aviso en los periódicos para manifestar apoyo al candidato presidencial adversario de su Gobierno. Muchos dicen que Venezuela no estaba preparada para ese estilo de gobierno. ¿Qué cree usted?

(RC): Creo que Venezuela no está acostumbrada a muchas formas del estilo democrático de gobierno, precisamente porque no se han aplicado antes. Mi Gobierno al iniciar el cumplimiento de estas viejas aspiraciones tenía que enfrentarse a la falta de hábitos en los destinatarios del mensaje democrático para recibirlo e interpretarlo a plenitud. Pero creo que algún día hay que comenzar y que los surcos abiertos deben dejar alguna huella aun cuando a veces traten de borrarla. El respeto a la decisión política autónoma de cada empleado público es inherente al estado democrático. Eso sí, ese empleado no debe confundir su simpatía por una tolda política que puede ser de oposición, con una actitud de negligencia o de entorpecimiento a las labores administrativas. Allí está el meollo y es lo que hay que lograr: que el empleado cumpla sus tareas administrativas eficazmente, sea cual fue el partido que se halle en el poder, sin perjuicio de que tenga y manifieste sus simpatías por cualquier otro partido, así sea de oposición.

El chiste de Tarzán

(ÓY): ¿Por qué se disgustaba cuando llegaba a sus oídos el comentario público en Venezuela de que «Caldera es un Presidente de lujo»?

(RC): Porque Venezuela es superior a cualquiera de nosotros y aún a todos nosotros juntos. Por mayor que sea el esfuerzo de un gobernante en superarse, nunca le quedará grande al país: siempre el país será mayor que él.

(ÓY): Pocos presidentes en Venezuela han sido tan leales al equipo de gobierno como lo fue usted. ¿Le molestaba mucho el chiste que hacían sobre su persona y Tarzán? ¿Hoy, qué piensa de aquel equipo? ¿Cuáles fueron sus virtudes y cuáles sus errores?

(RC): Me molestaba el chiste que llegó a ser repetido hasta por el candidato presidencial de oposición, hoy Jefe de Estado, porque envolvía una gran injusticia. Tuve uno de los mejores y más eficaces equipos de gobierno que ha habido en el país. Hoy se están dando cuenta quienes lo negaban.

Ese equipo se entregó con mucha devoción y lealtad a servir a su pueblo y por ello todo reconocimiento que se le haga no constituye sino una obra de justicia. Virtudes, las más importantes fueron la idoneidad, la honestidad y la lealtad al compromiso; errores, los de querer a veces realizar una serie de ideales sin suficientes concesiones a la realidad del país que es compleja y delicada. A veces, por ejemplo, jóvenes ministros se exasperaban porque tenían que dedicar mucho tiempo a las audiencias personales, cuando ese tiempo se lo exigían las labores del Despacho; pero, al reducir las referidas audiencias, no se daban cuenta de que se enfrentaban a una desagobiante tradición según la cual hay mucha gente que en el país tiene mucha importancia por una razón o por otra y que se siente personalmente afectado y hasta víctima de la peor injuria si el Ministro no dedica un tiempo suficiente a oír sus planteamientos, así sean aquéllos que había podido resolver cualquier funcionario subalterno.

Pero el mayor inconveniente que todo Ministro eficaz encuentra es no contar con un personal suficientemente capacitado y con una organización adecuada. En cuanto al personal, el propósito de mantener la estabilidad y de establecer la carrera administrativa nos obligó muchas veces a soportar la presencia en las oficinas de mucha gente que no rendía satisfactoriamente. En cuanto a la desorganización administrativa, tuvimos primero que estudiar, analizar y estructurar un plan de reforma administrativa, pero luego nos encontramos con que el Congreso se constituyó en una traba permanente y sistemática para que esa reforma administrativa se realizara.

Angustia nacional

(ÓY): En su trascendental discurso sobre la cuestión petrolera en el Senado, usted dijo algo así como que se sentía «angustiado por la angustia» en torno al futuro petrolero. ¿Tiene todavía esa angustia?

(RC): Comparto con numerosos venezolanos una viva preocupación por el sesgo que va tomando la cuestión petrolera. Los tradicionales mecanismos de presión se incrementan considerablemente sobre el país a medida que llega el momento en que ejerza a plenitud su soberanía. Nuevamente se crea la imagen de una supuesta superproducción como si el consumo de petróleo no aumentara en el mundo y las reservas de hidrocarburos no siguieran siendo limitadas.

El propio gobierno expresa que las compañías, para comprar nuestro petróleo, proponen una baja de precios y que al no aceptarse éstas reducen considerablemente sus compromisos. Las empresas transnacionales siguen dominando el mercado y los voceros de nuestro principal país comprador, los Estados Unidos, adoptan a veces un tono de abierta amenaza. Pero todo ello me obliga a recordar de nuevo la invocación que hice al «guáramo» de Simón Bolívar. Quisiera recordar que al hablar de la nacionalización del petróleo dije: «No creo, por ningún respecto, que convenga una actitud si por tal se entiende una decisión alocada y una conducta irresponsable. Pero considero indispensable una actitud optimista, convencida de la gravedad del paso que se va a dar, pero convencida también de la necesidad y de la capacidad de superar los riesgos y dispuesta a vencer con inteligencia y coraje los obstáculos».

La recuperación del poder

(ÓY): COPEI ha vivido muchas fechas aniversarias históricas, ¿cuáles han sido, a su juicio, las fechas aniversarias más históricas de COPEI y cómo enjuicia usted estos treinta años del partido socialcristiano?

(RC): Creo que entre los aniversarios de COPEI deberían destacarse el de 1958, porque significó la alborada del gran movimiento de liberación que iba a culminar diez días después; el de 1968 porque inició el año de la victoria, culminando en el triunfo electoral del primero de diciembre del mismo año; y así deberá serlo el de 1978, que nos marque el camino de la recuperación definitiva del poder. Creo que son muchos los venezolanos que así lo desean y que consideran que lograrlo depende, fundamentalmente, de nosotros.

 

COPEI no se divide

(ÓY): COPEI no se ha dividido nunca. Es el único de los grandes partidos venezolanos que no ha sido víctima del fraccionalismo, pero hoy, señor Presidente, todo el mundo habla de la división. ¿Cómo enjuicia usted la situación interna de COPEI?

(RC): No es un secreto para nadie que no me hace feliz la pugna interna por las posiciones directivas, pero de allí a aceptar que COPEI esté al borde de la división, hay una distancia kilométrica. Puedo asegurarle que la división, ese fenómeno que ha afectado a a casi todos los partidos democráticos no ocurrirá en COPEI.

Democracia interna

(ÓY): Un político venezolano se hizo famoso porque le preguntaron algo sobre el futuro político y dijo textualmente que él no aflojaba prenda. ¿Usted, señor Presidente, no me puede aflojar ninguna prenda acerca de la candidatura presidencial de COPEI?

(RC): El Partido en su Convención Extraordinaria de este año y atendiendo a una iniciativa mía, creó un organismo especial, llamado a impactar profundamente en la vida nacional: el Congreso Social-Cristiano, integrado, no sólo por los dirigentes del partido sino por los dirigentes copeyanos de los distintos sectores sociales y por numerosos independientes. Si la voluntad unánime del partido fue la de crear ese organismo y sujetar a él la escogencia del candidato presidencial, parece, por lo menos, imprudente, el que yo me lance a hacer anticipos sobre la decisión de ese Congreso.

Muchos podrían pensar que el cuerpo creado constituye una mera fórmula, una apariencia, una armadura vacía, por lo contrario, creo que darle vigencia a ese organismo es asegurar de antemano una gran respuesta nacional para el candidato que se elija. Lo que puedo asegurar de una vez es que la escogencia del candidato presidencial se hará, como es la norma de COPEI, con el más absoluto respeto a los principios de la democracia que se practica internamente como se practica en el ámbito externo.

Aguas que se van al mar

(ÓY): Mucha gente pregunta qué habría hecho usted si durante su Gobierno hubiera recibido el chorro de oro petrolero que sacudió a Venezuela al comienzo de la actual administración.

(RC): Me parece que la misma pregunta envuelve la contestación. Hay consenso en que si hubiéramos podido disponer de los recursos que nuestra política nacionalista le aseguró al país como contrapartida de su actividad petrolera, habríamos podido dar pasos trascendentales y definitivos en el proceso de desarrollo de Venezuela. Lo que más inquieta hoy a los venezolanos es que este chorro de dinero pase a nuestro lado, como las aguas que se van a la mar, sin dejar cumplida la función que en una oportunidad única habría debido cumplir para convertirnos en un país desarrollado.

El trabajo constante

(ÓY): Evidentemente que hemos abusado de su tiempo, pero al público le interesa siempre saber si los ex presidentes, como humanos que son, también son víctimas de la nostalgia del poder. ¿Cómo vive usted y cómo se siente como ex presidente?

(RC): Vivo como antes, trabajando mucho, ya que ni me siento inclinado a la holgazanería, ni los compañeros, amigos o relacionados de toda índole, me lo permitirían; dicen que la mejor fórmula de descanso es el cambio de actividad. Tengo mucho que hacer para completar algunos libros cuya publicación estoy comprometido a hacer. Se me piden con frecuencia conferencias y discursos y aunque muchas veces tengo que declinar esas invitaciones, no puedo eludir atenderlas en varias ocasiones al año. Por otra parte, son muchos los copeyanos, los independientes y la gente de otros partidos que me honran solicitándome entrevistas para hablar sobre la situación del país y sobre los problemas pendientes. Debo decir que como ex Presidente tengo una gran satisfacción: la de ser recibido en todas partes con afecto, con estimación, con una benevolencia y una simpatía que me llenan de profundo e íntimo regocijo.

Caldera-Betancourt

(ÓY): Entre el ex presidente Betancourt y usted, pese a la lucha política, siempre han existido relaciones cordiales y dicen que alguien dijo una vez, hace algunos años, que el ex presidente Betancourt era el «único copeyano adeco». ¿Qué es lo que ha fortalecido las relaciones entre ustedes, pese a las profundas divergencias políticas?

(RC): Entre el ex presidente Betancourt y yo, a pesar de las distancias ideológicas y políticas y aun de la distancia generacional, existe una amistad sincera y cordial. Creo que la sinceridad del aprecio que recíprocamente nos tenemos, constituye un hecho favorablemente estimado por todos los sectores. Pienso que la estimación de Betancourt por nosotros se debe al reconocimiento de la lealtad, diáfana y a veces ruda, con que hicimos nuestros planteamientos y mantuvimos nuestra solidaridad en la defensa de las instituciones democráticas y en la lucha por Venezuela, especialmente a partir del 23 de enero de 1958.

Por nuestra parte, reconocemos en Betancourt uno de los venezolanos más importantes de este siglo y tenemos conciencia de los grandes esfuerzos que ha tenido que hacer, a veces dolorosos y hasta traumáticos, para lograr soluciones viables que conjuraran los terribles peligros a que ha estado sometido el experimento democrático. Se trata de un político realista pero que en medio del pragmatismo de sus actitudes ha estado guiado fundamentalmente por el propósito de contribuir a la transformación democrática de Venezuela. La colaboración entre su partido y el mío y entre nosotros mismos, personalmente, durante los años transcurridos del 58 al 64, es un caso único en la historia política de Venezuela y tal vez bastante raro en cualquier país del mundo. Creo que fue esa colaboración el factor más importante y decisivo para que no se frustrara nuevamente el camino democrático que empezó a recorrer Venezuela, llena otra vez de esperanzas, pero también de confusiones, en la fecha citada del 23 de enero de 1958.

Luis Herrera

(ÓY): Presidente, hemos hablado de todo, menos de Luis Herrera.

(RC): Luis es un calificado luchador, dotado de gran talento y muy conocedor de los problemas nacionales. Tiene derecho a aspirar y muchos ven con simpatía la posibilidad de que sea escogido como fórmula electoral de COPEI. Yo no creo conveniente anticipar una decisión, como tampoco debiera retardarse. Todo a su tiempo. Algo en que he insistido e insistiré es que el candidato que se presente al país, debe aparecer nítidamente como candidato de todo el Partido y no de una fracción. Más aún, no sólo de todo el Partido, sino también de todos los sectores independientes que van hacia la democracia cristiana como la alternativa válida. Esto no es lo que quieren algunos voceros tradicionalmente adversos a nuestra organización, cuyo objetivo visible es provocar disensiones internas o, por lo menos, tensiones. El deber que nos incumbe a los dirigentes es conjurar ese objetivo.

(ÓY): ¿Volveremos al poder?

(RC): No me cabe duda, siempre que no perdamos la perspectiva y no agotemos nuestras energías en una pugna estéril.

(ÓY): Señor ex Presidente, mucha gente no ha entendido que usted no asistiera a los actos del primero de enero en el pozo Zumaque No. 1. ¿Querría usted explicarnos la causa de su inasistencia?

(RC): Nadie habría deseado más que yo compartir la significación de un acto llamado a simbolizar la ejecución de la Ley de Nacionalización del Petróleo. Pero las razones que me privaron de esa satisfacción son muy claras:

  1. Después de la promulgación de la Ley, se ha decidido toda una política que compromete el futuro del país, sin que se me hubiera pedido una opinión, ni siquiera por fórmula. El mismo día primero de enero se perfeccionaban convenios ya celebrados con las empresas que anteriormente tenían a su cargo la producción petrolera, para confiarles el mercado y la tecnología. No quería que mi presencia pudiera interpretarse como si yo conociera y compartiera decisiones tan importantes. Hay que recordar las advertencias que hice al discutir la Ley, observando que si se abría una rendija se desarrollaría una fuerte estrategia para presionarnos. Temo que esa estrategia se esté desarrollando.
  2. El montaje y el aparato de propaganda ante los actos del primero de enero no me parecieron los más cónsonos para darle a los actos una amplia significación nacional.
  3. El Partido Socialcristiano COPEI expuso públicamente estas y otras razones para que sus dirigentes no concurrieran, y aunque estoy exento de disciplina partidista, consideré procedente hacerme solidario de la posición del Partido en un asunto de tanta significación.

1996. Diciembre. Entrevista a Alicia Pietri de Caldera para Tiempos del Mundo

 

Me gustaría que me recordaran como alguien que creía que los niños tienen derecho a ser niños

Entrevista realizada por el corresponsal Carlos Coello G., del periódico semanal «Tiempos del Mundo», con sede en Buenos Aires y circulación en toda Latinoamérica, en diciembre de 1996.

 

¿Cuál debe ser el rol de la Primera Dama, tanto en su labor social, y como ejemplo moral y familiar a seguir?

La Primera Dama, ante todo, es la esposa del Presidente, que ha de acompañar y apoyar a su marido. Si los hijos son todavía pequeños, tiene además una función especialísima en mantener para ellos un ambiente propicio a su crecimiento y desarrollo personal, sin interferencias negativas de la vida pública. Como en toda familia, se ha de procurar que haya coherencia entre los principios y la conducta, para que todos sean ciudadanos responsables, de provecho y, sobre todo, buenos, en el buen sentido de la palabra bueno.

Por otra parte, una Primera Dama puede desarrollar iniciativas de carácter humano y social, que siempre contarán con apoyo en la colectividad. Pienso ahora en tantos programas que se han llevado a cabo por las primeras damas en nuestro país: desde la Fundación Bolivariana, que emprendiera María Teresa de López Contreras, hasta hoy, tenemos una larga tradición al respecto.

Actualmente, mucha de esa actividad se canaliza a través de la Fundación del Niño, que tiene seccionales en todos los estados del país, presidida en cada caso por la esposa del Gobernador, Primera Dama del Estado. Pero siempre hay espacio para nuevas iniciativas como, por ejemplo, la de «Un Cariño para mi ciudad», que he podido impulsar en esta nueva etapa.

¿En cuál de las dos presidencias del doctor Caldera se ha sentido usted más a gusto en sus funciones? ¿Por qué? ¿Usted y el Presidente hablan de sus actividades, de los problemas sociales, de la pobreza, del futuro de Venezuela?

Las situaciones son diferentes, en muchos sentidos. Gracias a Dios siempre he podido estar cerca de mi esposo, compartir su preocupación por el país y apoyarlo en sus luchas, ahora por devolverle a Venezuela la estabilidad, el rumbo firme hacia el desarrollo de toda la sociedad y lo que él ha llamado «el orgullo de ser venezolano».

¿Qué es lo que le ha producido mayor satisfacción como Primera Dama y lo que menos le ha gustado? ¿Qué la impulsó a desarrollar «Un cariño para mi ciudad»? ¿Está satisfecha?

Dentro de eso, lo que más me llena es poder trabajar por los niños. O también, para los niños, que son el destinatario principal de la recuperación del ambiente en Caracas que nos llevó a emprender «Un cariño para mi ciudad».

¿Lo que menos me gusta? Me entristece ver le negativismo sistemático de algunos medios de comunicación, que parecen querer sembrar el pesimismo en la gente o no encontrar nada bueno en el país. Afortunadamente la realidad es otra… Hay mucha sensibilidad e iniciativa en tantos campos de la actividad… ¿Conoce nuestras orquestas juveniles?

¿Cuáles son los principales problemas que confronta la mujer venezolana? ¿Cree que las mujeres deberían tener mayor participación en la conducción del país?

Todos los grandes problemas sociales pesan más fuertemente sobre la mujer, especialmente sobre las madres abandonadas, pues son víctimas del desorden o la desintegración familiar que quizá constituye el mal más grave de nuestra sociedad.

De hecho, hoy en día la generalidad de las mujeres se han capacitado al igual que los hombres y están jugando un papel relevante en todas las actividades, también en la conducción del país. Por ejemplo, actualmente una distinguida abogada preside la Corte Suprema de Justicia. En esto no veo que tenga que haber limitaciones por el hecho de ser mujer. En cambio, me parece muy importante que esa mayor participación en diversas actividades de la sociedad no vaya en detrimento de la familia: no se puede olvidar que la mujer tiene una función insustituible en el hogar y en la formación de los hijos pequeños.

¿Cómo le gustaría resolver el problema de la infancia abandonada?

El Instituto Nacional del Menor (INAM) hace lo posible pero se necesita mucho más. Hay instituciones movidas por sentimientos religiosos o por otras motivaciones generosas, que también están aportando mucho; pero la magnitud del problema es tan grande, que todo lo que se haga resulta poco. El ideal es el restablecimiento de la vida familiar sin la cual todas las demás acciones, aunque necesarias, son y serán insuficientes.

¿Cómo surgió la idea del Museo de los Niños y cuántos años lleva allí?

Hace 25 años, en el último año de la primera presidencia de mi esposo, como fruto del trabajo que venía haciendo, concebí la idea de crear el Museo de los Niños. Fue una tarea muy ardua que valió la pena emprender. Este año celebramos el XV aniversario de su inauguración. Durante todo ese tiempo me ha traído grandes satisfacciones, pues he podido observar el interés de los niños (y también de los adultos) al visitar el Museo. En los últimos años le hemos ido anexando diferentes áreas con temas de actualidad como son la Conquista del Espacio, un Planetarium, Robótica. Estamos en un proceso de constante actualización.

¿Le han solicitado desde otros países su colaboración o consejo para instalar un Museo semejante?

Ciertamente hemos recibido peticiones de asesoramiento para crear Museos semejantes en diferentes países. Los de Colombia y México, entre otros, se inspiraron en nuestro Museo.

¿Se considera sentimental o cerebral?

Siempre he sido sentimental… o tal vez debería decir sensible. Sin embargo, sin perder los sentimientos, que le dan humanidad a todo, he aprendido que hay que actuar con la razón y apoyados en la fe en Dios, que nos enseña el sentido de la vida en esta tierra y nos da fortaleza.

Inauguración de la Esfera Caracas de Jesús Soto, en el marco del programa «Un cariño para mi ciudad». 8 de diciembre de 1996.

¿Si volviera a tener 20 años, qué carrera universitaria le gustaría seguir?

Creo que me hubiera ido por la psicología.

¿Cuál es su escritor preferido, el libro que más le ha gustado?

Son muchos los libros excelentes que podría mencionar. En casa hemos sido lectores voraces, compartiendo desde obras clásicas hasta populares novelas de misterio como las de Ágatha Christie. Si tuviera que seleccionar un libro representativo de nuestro tiempo, quizá diría «El Principito», de Antoine de Saint-Exupéry que, en su sencilla belleza, encierra profundas lecciones para el ser humano.

En música, ¿cuáles son sus debilidades? ¿Y en pintura?

Me encantan los grandes paisajistas venezolanos de este siglo… ahora, tenemos tantos pintores de primera clase que habría que dar una lista completa, en la cual desde luego ocuparían un lugar destacado los maestros del cinetismo. ¿No le gusta mucho «La Esfera» de Soto que rescatamos hace poco?

En su vida privada, ¿cuáles son las cosas que más le gusta hacer: leer, ver televisión, conversar, etc.?

Oír música (gozo con la música de cuerdas, sobre todo de arpa, que era mi instrumento), conversar, ocuparme del jardín, de los pájaros, son cosas que me descansan y me llenan mucho. La Casona tiene unos jardines muy espaciosos que requieren atención constante. Aquí al caminar se puede tener la sorpresa de encontrarse con una o varias «perezas»: el otro día me emocioné viendo una que andaba con su pequeña cría aferrada al cuerpo…

¿Cuál es la mujer que más admira en la historia universal?

Isabel La Católica, siempre me ha impresionado por su visión de futuro y el rol que le tocó asumir en su época.

¿Cómo le gustaría que la recordaran las futuras generaciones?

Como alguien que creía que los niños tienen derecho a ser niños, a vivir plenamente su infancia; que soñó con que todos pudieran disfrutar ese derecho y trabajó para contribuir a hacerlo realidad.

2006. Enero, 24. Milagros Socorro entrevista a Rafael Caldera al cumplir 90 años

Rafael Caldera con sus nietos a los 90 años
Rafael Caldera con algunos de sus nietos al cumplir los 90 años. Caracas, 2006.

Quisiera ser recordado como un gobernante honesto

—«Me siento avergonzado por la forma en que estoy hablando», se excusa el ex presidente de la República. Sus respuestas no pueden alargarse como quisiera, pero la lucidez, que fue siempre su característica, no lo ha abandonado. Quizá por eso, al repasar su vida, su voz claudica y el llanto es un incordio que controla a duras penas.

Entrevista realizada por Milagros Socorro con motivo de cumplir Rafael Caldera 90 años y publicada en el diario El Nacional. La llamada en primera página fue titulada y subtitulada así: «VENDRÁN TIEMPOS MEJORES», el ex presidente se excusa por sus dificultades para hablar, aunque su lucidez no lo ha abandonado.«Se me acaba la existencia y quisiera hacer muchas cosas, pero no es legítimo que un hombre, a mi edad, se lance a una aventura que requeriría 20 años menos». «Si tuviera que gobernar con los precios que ahora tiene el crudo orientaría los petrodólares hacia el pueblo, y no al provecho de países extranjeros», dice.

Esta fue la última entrevista realizada en vida al presidente Caldera:

A pocos metros del sillón donde se encuentra el dos veces presidente de Venezuela, está un uniformado. Todo de blanco y en actitud vigilante. No es un edecán, desde luego. Es un enfermero. Su paciente, que no llega a necesitarlo en las dos horas que duró la entrevista, debe hacer grandes esfuerzos para hablar. Sus palabras salen entre jadeos, sincopadas, como el habla de un asmático. Su rostro carece casi por completo de expresividad, pero en sus ojos y la plena conciencia de lo que dice puede percibirse que en el pecho de este hombre arde un soplete.

—He vivido demasiado –dice Rafael Caldera, nacido el 24 de enero de 1916, en San Felipe, Yaracuy–. Se me está acabando la existencia. Quisiera hacer muchas cosas pero no es legítimo que un hombre de 90 años se lance a una aventura que requeriría 20 años menos.

¿De qué aventura está hablando?

—De la política. Los venezolanos son dignos de mejor causa que la actual. Vendrán tiempos mejores. Ese es un deseo, pero también una convicción que se basa en el hecho de que una situación como esta no puede sostenerse mucho tiempo.

—¿Qué haría si tuviera 20 años menos?

—Lo que hice cuando estaba a punto de cumplir 80 años, edad a la que llegué ejerciendo la Presidencia. Y cumplí con mi deber. Le serví al país correspondiendo a la impaciencia del «chiripero».

—¿Cómo vive usted el fin de la existencia?

—Esperando la voluntad de Dios. Encerrado en mi casa. Padezco un Parkinson que me limita en mis movimientos: tengo dificultad para hablar, para escribir y para moverme. Necesito ayuda para escribir mi articulito (en El Universal), pero lo hago porque es una fe de vida, la prueba de que todavía existo y de que mi principal preocupación es la vida de Venezuela. No la mía.

—¿Hay algo que no sepamos sobre usted?

—No creo. Mi vida ha estado demasiado a la vista. No he ocultado nada.

—¿Cuáles son las virtudes que usted se atribuye?

—A lo largo de mi vida he cometido muchos errores, pero la virtud que me atribuyo es la sinceridad. He sido sincero toda mi vida: lo bueno y lo malo ha estado a la vista.

—¿Qué se arrepiente de haber hecho?

—No he tenido tiempo de hacer un examen de conciencia.

—¿Y qué se arrepiente de no haber hecho?

—Yo he hecho lo que he podido y lo que me tocaba hacer. Lo que hice y lo que dejé de hacer respondió siempre a mi intento de corresponder, en la medida de lo posible, a las aspiraciones de mis conciudadanos.

Las dos pacificaciones

¿Podría hacer una comparación entre sus dos gobiernos?

—Mi primer gobierno fue el que hizo posible que la democracia se afianzara en Venezuela. Y el segundo gobierno mantuvo la democracia y dirigió sus ojos al «chiripero», esa parte de la población que estaba esperando el cambio de rumbo. De manera que ese segundo gobierno logró sostener el sistema democrático, que la democracia se asentara y que las directivas de los partidos se dieran cuenta de que no tenían el dominio absoluto del país.

—En cada uno de sus gobiernos se produjo una pacificación. En los años sesenta, de los grupos insurgentes; y en los años noventa, con el sobreseimiento de los oficiales golpistas de 1992. ¿Cómo juzga hoy esas acciones?

—Cuando llegué a la Presidencia ya estaba en camino la idea de la pacificación. El doctor Leoni no había podido lograrla por los compromisos que tenía con su partido y con Rómulo Betancourt. El presidente Leoni tenía una idea clara de que había que buscar la incorporación a la vida ciudadana de un grupo de jóvenes entre los que había jóvenes de grandes dotes personales y que se estaban perdiendo. Eso lo han demostrado ahora, cuando algunos de ellos son figuras intelectuales y políticas de la vida venezolana, y que están en una actitud crítica muy seria y responsable, como Américo Martín, que es una figura extraordinaria; y Pompeyo Márquez, que es algo excepcional.

—Con respecto a la segunda «pacificación», mucha gente le reprocha a usted que haya optado por el sobreseimiento de la causa a los golpistas de 1992.

Ninguna figura hubiera producido una inhabilitación política de esos oficiales. El sobreseimiento no fue una iniciativa mía en exclusividad: era un deseo nacional. Si usted revisa el cuaderno de vida de cualquiera de los que hoy tanto lo critican, encontrará que ya desde la campaña electoral me pedían: «Caldera, hay que sobreseer a los militares». Además, lo que Chávez es y pretende ser lo hubiera sido de todas maneras. Cuando él sale de la cárcel, se encuentra tan desprovisto de fuerzas que predica la abstención electoral y se disgusta con Arias Cárdenas porque éste se había lanzado a la candidatura por la Gobernación del Zulia. Para Chávez, eso era un delito: porque las elecciones para él eran un disparate. Ahora está en todo su vigor pero las condiciones del país no están dadas para discutir con toda amplitud lo que era Chávez, lo que es Chávez y lo que quiere ser Chávez.

—¿Qué es Chávez?

—Un fracaso tremendo para el país. Chávez es un accidente de poder, un megalómano.

—La segunda iniciativa más criticada de su segundo gobierno es la reforma de la Ley del Trabajo para modificar el Régimen de Prestaciones Sociales.

—La reforma de la Ley del Trabajo fue discutida a fondo por las tres partes: el Gobierno, los empresarios y los trabajadores. Y estos pusieron empeño en la fórmula que se logró. De manera que no fue capricho mío. Yo no goberné a lo Chávez: digo esto y dispongo de esto, sino que cada decisión era el producto de un proceso largo y responsable de negociación.

—¿Con qué precios del petróleo contó usted en sus dos gobiernos?

—Cuando empecé el primer gobierno el precio estaba a 2 dólares el barril. Procuré que amigos míos en Europa compraran el petróleo venezolano y no lo logré. Preferían comprar el petróleo del Medio Oriente. El mismo Brasil, por ejemplo, compraba petróleo del Medio Oriente, y no nos compraba el petróleo venezolano. En el segundo gobierno, los precios habían subido pero, hacia el final bajaron súbitamente hasta 7 y 8 dólares el barril.

—¿Considera que con los precios actuales del petróleo, usted hubiera hecho un gobierno diferente?

—Sin duda. Porque el flujo de petrodólares lo hubiera orientado hacia el bien del pueblo venezolano y no al provecho de países extranjeros. Aún con los precios que tenía el petróleo en mis dos gobiernos, me mantuve vigilante para controlar la corrupción y el crecimiento de la burocracia. Y siempre quise mantener la OPEP para lograr un equilibrio y una estabilidad para los precios del petróleo.

Caldera y los adecos

—Hablemos ahora de Rómulo Gallegos. ¿Fue un honor perder frente a Gallegos en 1947? ¿O nunca le ha visto algo bueno a perder unas elecciones?

—Sí, lo fue, aunque mi admiración y mi cariño por Gallegos (se emociona) no llegaron a un compromiso electoral. En 1941 (cuando las elecciones eran indirectas) no voté para presidente por él sino por Isaías Medina, porque venía luchando en las filas que él representaba. Pero eso no quita la admiración, el respeto y la simpatía que siempre tuve por Gallegos.

—¿Cuál fue el papel de Betancourt en su formación y en su carrera política?

—Rómulo Betancourt entendió que no podía lograr una democracia sin que en ella se representaran las principales corrientes del pensamiento. Y por eso tuvo un gran respeto por nosotros. Un gran respeto por mí, y me consideró una pieza indispensable en la democracia venezolana. Yo creo que quien investigue a fondo la vida de Betancourt, como ha hecho Manuel Caballero, debe reconocer que en la vida de Betancourt hay un factor fundamental que se llama Rafael Caldera. Sin Rafael Caldera, sin el papel que me tocó jugar, Betancourt no hubiera logrado el afianzamiento de la vida democrática en Venezuela. Así mismo, quien investigue mi vida topará con un factor fundamental, que fue Rómulo Betancourt.

—Esa dupla Betancourt-Caldera, ¿qué signo tuvo?

—El signo de la complementación. Betancourt y yo nos conocimos en los días de la Federación de Estudiantes. Y cuando él llegó a la Junta Revolucionaria de Gobierno (1945) se empeñó en darme participación. Me ofrecieron la consultoría jurídica de la Junta y el vice ministerio de Fomento, con Juan Pablo Pérez Alfonso; y, por fin, me nombraron procurador general de la República. Era necesaria una pieza de las características de Caldera para afianzar el sistema democrático.

—Y usted, ¿por qué aceptó el cargo?

—Tenía que aceptarlo. Era el reconocimiento de que yo no tenía ninguna complicidad con el pasado del país. Para ser procurador tenía que llegar limpio de compromisos con el pasado.

—¿Qué piensa de Carlos Andrés Pérez?

—Personalmente lo aprecio, pero al mismo tiempo me duele que haya descompuesto la vida del país. Carlos Andrés Pérez hizo mucho daño. Y la huella de ese daño todavía es visible.

Una bella aventura

—¿Cree usted que su personalidad fue objeto de una especie de endiosamiento por parte de sus compañeros de COPEI, que terminaría por desdibujar su figura?

—No lo creo. Lo que hubo fue adhesión muy fuerte por parte de mis compañeros. Me tocaba la tarea de llevar adelante el grupo y fundar el partido. Mis compañeros comprendieron que debíamos evitar las desavenencias. Por ejemplo, el compañero Luis Herrera Campíns, que es un excelente luchador y un hombre muy inteligente, era el más destacado, tuvo sus diferencias conmigo, pero siempre en un terreno de mucho respeto.

—¿Qué piensa hoy de COPEI?

—COPEI fue una bella aventura. Ojalá pudiera reconstruirse la base, porque lo merece.

¿Eso es un deseo o algo que cree que puede ocurrir?

—Un deseo.

—¿Cuál fue el mayor aporte de COPEI al país?

—La democracia, a la que contribuyó de manera fundamental.

—¿Cómo quisiera ser recordado?

—Quisiera ser recordado como un venezolano, amante (se le quiebra la voz) de Venezuela.

—¿Y como gobernante?

—Quisiera ser recordado como un gobernante honesto, que hizo todo lo que estuvo a su alcance por el bien de Venezuela.

—Usted fue el primer candidato de oposición en ganar unas elecciones en Venezuela. ¿Cree usted que esa hazaña podrá repetirse en diciembre de este año?

—Ojalá. Es difícil, porque no hay libertad. La vida del país está en el puño de un jefe que no es un hombre probo.

—¿Cuál es su testamento para Venezuela?

—Unión y paz. Paz, aunque sea la de Pozo Salado. Paz era una mujer fea y tuerta, tenía todos los defectos, que vivía en Pozo Salado. En alusión a ella, el profesor Egidio Montesinos decía: «Miren, muchachos, para Venezuela (el llanto le corta la voz) paz, aunque sea la de Pozo Salado».

—¿Usted se refiere a una paz, aunque sea imperfecta?

—Exacto (en un hilo de voz).

Los amores de Alicia

En varios de sus discursos oficiales, el presidente Caldera, en un gesto excepcional en el contexto de los mandatarios venezolanos, aludió a la primera dama, doña Alicia Pietri, para reconocer sus méritos no sólo como compañera del jefe del Estado sino también por su labor al frente de iniciativas públicas.

—Alicia lo merecía –dice Caldera, sumamente conmovido– porque mantuvo una conducta ejemplar como primera dama, haciendo gala de su sobriedad, entrega y solidaridad. Llevó a cabo grandes proyectos, como el Museo de los Niños, una obra trascendental; la remodelación de La Casona, que hizo de forma ejemplar y prácticamente sin presupuesto oficial; y el programa Un cariño para mi ciudad, que dio importantes obras a Caracas. La primera dama no tiene sino deberes y ningún privilegio. Era lo correcto reconocer la excelente labor de Alicia, que estuvo permanentemente ocupada al servicio del país.

—Al preguntarle si cree que lo hizo por amor a él o al país, dice, con palabras entrecortadas por la emoción:

—Alicia actuó siempre por amor a Venezuela y también por amor a mí. Ella compartía, profundamente, esos dos amores.