Transmisión del 30 de octubre de 1958.

La unidad no reside exclusivamente en la postulación de candidaturas

Charla de Rafael Caldera en el programa «Actualidad Política», transmitido por Radio Caracas Televisión los jueves a las 10 pm.

Al reunirme de nuevo con mis amables televidentes, después de la interrupción sufrida la semana pasada en virtud de una fuerte gripe que me tumbó en Maracaibo cuando terminaba una gira por el estado Zulia y el estado Táchira, había querido desarrollar un tema de carácter programático. Sin embargo, se ha publicado tanto en los últimos días acerca del tema de la candidatura única, se han dado tantas informaciones muchas de ellas bien orientadas pero otras con frecuencia descaminadas que pueden crear un estado de ánimo confuso, que me siento obligado a insistir en algunos aspectos tratados con anterioridad y coordinar algunas ideas para orientar suficientemente a quien nos escucha acerca del tema de la candidatura única en relación a las próximas elecciones.

En realidad puedo decir que la idea de una candidatura única para la Presidencia de la República y de planchas al Congreso la asomé yo por primera vez en Nueva York, a Rómulo Betancourt y Jóvito Villalba, en las conversaciones que tuvimos en los mismos días del derrocamiento del régimen de Pérez Jiménez. Había en ello un poco de simpatía por la solución colombiana, dentro de la cual dos partidos que han tenido tradicionales diferencias muy hondas como el Partido Liberal y el Partido Conservador habían llegado a un acuerdo de ahorrar toda la polémica electoral al país, llegando a soluciones como las que sabemos se obtuvieron merced a los esfuerzos del doctor Alberto Lleras, actual Presidente de Colombia, con la colaboración del doctor Laureano Gómez, jefe del Partido Conservador Colombiano. Aquella idea naturalmente fue asomada sin obtener una respuesta inmediata, desde luego que los jefes de los otros partidos observaron que serían las convenciones de los respectivos partidos las que habrían de pronunciarse sobre el particular.

Quiero, sin embargo, recordar también que en la primera reunión de carácter nacional que tuvo un partido después del 23 de enero, que fue el Directorio Nacional de COPEI, se expidió a la nación un manifiesto en el cual los representantes más calificados del Partido en toda la República instaban al Comité Nacional para iniciar de una vez conversaciones con los otros grupos políticos, a fin de llegar a una fórmula electoral conjunta, fue la expresión empleada, una fórmula electoral conjunta que ahorrara a la nación los problemas de un debate electoral.

Todo esto lo digo para insistir en la firmeza con que nuestro grupo ha sido partidario de la idea de una candidatura única, posición en la cual, dentro de las mesas redondas, cuando éstas se iniciaron, unos cuantos meses después de que ya habíamos sostenido conversaciones privadas con las directivas de los otros partidos, en las mesas redondas, repito, se sostuvo con bastante firmeza por el partido socialcristiano COPEI, por la agrupación Integración Republicana, y por el Partido Comunista de Venezuela, la tesis de que convendría un acuerdo sobre la candidatura presidencial única, aun cuando ya había habido pronunciamientos categóricos de algunos partidos que excluía las candidaturas unitarias para el Congreso y cuerpos deliberantes.

La candidatura única

Ahora, la cuestión de la candidatura única, desde luego, tropezaba con dificultades de diversa índole. Una de esas dificultades arranca del hecho de la unanimidad. Candidatura única supone acuerdo de todos, acuerdos desde luego espontáneos para que tengan carácter democrático. Al haber una sola disidencia, la candidatura única deja de existir, y esto lo digo porque con motivo de la elección del Papa se hicieron una serie de consideraciones al respecto y de tratar de establecer semejanzas: allí, en un electorado reducido, con intereses comunes, no se exige la unanimidad; bastan las dos terceras partes de sus votos para hacer la elección y lograr unificarla perfectamente. En la candidatura única suponía la unanimidad de todos los partidos. Quiero recordar que el doctor Martín Vegas, quien estuvo más cerca de ser el candidato único, llegó a contar con el respaldo de cuatro sobre cinco agrupaciones de la unidad, es decir más de las dos terceras partes, pero no lo fue porque le faltó el apoyo de una organización.

Por otra parte, la cuestión del candidato único no puede contemplarse como un simple acuerdo realizado en una antecámara con las directivas de los otros partidos. No podemos olvidar por un momento que quien va a elegir es el pueblo y por tanto la designación de un candidato único suponía al mismo tiempo un gran empeño nacional de buena fe, realizado en forma común por todos los grupos políticos, para llevar hasta el ánimo popular el conocimiento suficiente del candidato, de las virtudes del candidato, de sus cualidades, para que en el ánimo popular se creara una respuesta favorable, amplia y satisfactoria en relación al candidato presentado.

Ese proceso de la búsqueda del candidato único llevó hasta la presentación del nombre del doctor Vegas, que no fue oficialmente rechazada, pero fue contenida con una dilatoria de esperar la reunión de la Convención y por tanto no se siguió buscando más ningún otro candidato. Después hubo proposiciones de diversos grupos de las que está en conocimiento suficientemente la opinión pública, sin que ninguna llegara a calibrar la unanimidad de criterio.

Ahora, debemos reconocer con toda sinceridad que para muchos al hablar del candidato único, cosa perfectamente humana, había en el fondo cierta personificación del candidato, es decir, como dicen los psicólogos que sucede muchas veces con las ideas abstractas, que por ejemplo a la idea abstracta de un monte le sucede la imagen de un monte determinado que nosotros hemos visto, o a la idea abstracta de una mesa se piensa en determinada mesa con la cual hemos estado en contacto, así ha sucedido para muchos que la idea del candidato único ha estado acompañada por la imagen de determinada persona, alrededor de la cual se ha querido centrar toda la cuestión de la candidatura presidencial. Y por tanto, al asomarse otros nombres, que no eran los de esa determinada persona, para esos sectores había frialdad, poco interés, falsas respuestas, porque todo era hacer girar alrededor de una determinada persona la tesis de la candidatura. Fue, como hemos dicho en otras ocasiones, y como dijo la semana pasada el doctor Lorenzo Fernández, la unidad con nombre y apellido.

Ahora, esa unidad con nombre y apellido tropezó con el análisis frío, sereno, muy razonado y muy objetivo, cuyos argumentos no vale la pena repetir aquí, que hicieron que los grupos políticos previamente descartaran las posibilidades unitarias alrededor de ese nombre y apellido, alrededor del cual se les quiso hacer girar. Y que algunos grupos, por circunstancias o argumentos que yo respeto, cambiaron de opinión. Lo cierto es que el grupo del Partido Socialcristiano COPEI no consideró razones suficientes para que esa opinión cambiara.

Ahora, yo quiero decir esto muy claramente, para que no se tergiverse un poco la situación: si Unión Republicana Democrática, por ejemplo, y Acción Democrática, hubieran llegado o llegaren a un acuerdo para apoyar conjuntamente la candidatura, por ejemplo, del actual Presidente de la Junta de Gobierno, nosotros no nos habríamos opuesto, ni nos opondríamos, simplemente no la apoyaríamos, no los acompañaríamos en la aventura por las razones que ya suficientemente hemos estudiado para no apoyar esta candidatura; pero no queremos nosotros que se interprete en forma alguna que porque no estemos de acuerdo en respaldar a determinado candidato no vamos a querer privar a los demás del derecho de apoyarlo o de respaldarlo si así lo consideraren conveniente.

Ahora, cuando nosotros hemos adoptado una actitud al respecto y hemos dicho que estamos dispuestos a aceptar un candidato unitario, hemos dicho también que no se entienda esa posibilidad como la de aceptar fórmulas que ya fueron suficientemente estudiadas y rechazadas por nosotros, y con argumentos cuyo valor es para nosotros tan grande que no se han dado razones suficientes para destruirlos.

Ahora, en los últimos días ha ido surgiendo un movimiento muy noblemente inspirado, sin duda muy lleno de buena voluntad, pero que sería peligroso si llegara a crear en el ánimo público una situación de angustia, de zozobra, de inquietud, que sería contraria al deseado objetivo de estabilidad del sistema democrático. Esto lo hemos conversado con algunas personas amigas y muy apreciadas, representantes de la Junta Patriótica, de la Federación de Centros Universitarios, de la Federación de Cámaras de Comercio y Producción, del Comité Sindical Unificado, de los distintos grupos profesionales, que si se hace una propaganda de angustia, como dando la impresión de que la unidad se rompió en Venezuela y que hay una guerra inclemente porque los partidos no se han puesto de acuerdo en torno a un candidato único, por eso, involuntariamente, se podría estar sirviendo a la causa de los eternos pesimistas, de los que tratan de decir que en Venezuela la democracia es imposible, es decir, de aquellos que están acechando constantemente contra la democracia.

COPEI y la candidatura nacional

No creo yo que esta es precisamente la situación y por eso quisiera referirme al planteamiento hecho por nuestra Convención en relación a mi candidatura y a la situación actual. Cuando se reunió la Convención Nacional de COPEI, ya las mesas redondas habían terminado sus reuniones, y habían declarado que no se iba a                            realizar la postulación del candidato único. Por otra parte, ya el Contralmirante Larrazábal nos había hecho una serie de declaraciones personales y en reuniones de las cuales llegamos claramente a la conclusión de que él estaba dispuesto a ser candidato.

Ante esa situación, visitados como lo hemos sido, por una Comisión, por la directiva casi en pleno del Comité Sindical Unificado Nacional y por delegados de la Federación de Cámaras, que pedían con cierta angustia se definiera la situación de las candidaturas o de los candidatos para que el país supiera a qué atenerse, llegamos a la conclusión que no podíamos demorar más un pronunciamiento al respecto. Y yo tengo la impresión de que la candidatura mía ha ayudado, pues, a clarificar el panorama, porque se tomó una actitud, una actitud que es clara. Se asumió la responsabilidad de una posición, y creemos que el país tiene derecho a saber ya cuál es la situación a la que se va a enfrentar el 7 de diciembre, cuáles son los candidatos por los cuales va a ser llamado a votar, para que pueda hacer con tiempo su juicio y emitir su voto con entera conciencia.

Por otra parte, el argumento que hemos oído en algunas ocasiones de que esta situación de falta de acuerdo sobre un candidato único ha llevado escepticismo al ánimo público, de que el país pierde la fe en los partidos y en sus líderes, es un argumento que parece contradicho por los hechos. El lanzamiento de las candidaturas más bien ayudó a vencer el déficit que había en las inscripciones electorales y que tenían alarmado al Consejo Supremo Electoral. Las inscripciones electorales aumentaron vigorosamente hasta cubrirse en forma que a todos nos ha sorprendido. Además, yo puedo decir por las experiencias recientes y ya después de lanzada la candidatura, que lo mismo en el Nuevo Circo de Caracas, que en el Yaracuy, o en el Zulia, o en el Táchira, no he encontrado ninguna disminución de fervor ni de entusiasmo, sino todo lo contrario.

No quisiera hablar en términos pedantes para decirle al público: todo el país está conmigo, esto lo tengo ganado, estas no son cosas que las debo decir yo sino que las dirán la opinión y las dirán los votos, pero sí les puedo decir que yo me he encontrado más gente que nunca y más fervor que nunca y mayor interés que nunca en la colectividad por escuchar la palabra de quien está orientando. De modo que el argumento de que hayamos perdido prestigio por no habernos puesto de acuerdo sobre el candidato único, yo francamente no lo he encontrado.

Quiero aclarar también que ese argumento que se puede expresar con la mejor intención del mundo no es favorable al desarrollo del sistema democrático, porque tratar de menoscabar la fe del pueblo en los partidos, aunque se haga con buena intención, puede tener resultados perjudiciales a la larga para el país.

Los partidos son el órgano de expresión del sentimiento público, el órgano de defensa de las instituciones democráticas, el órgano de resistencia contra cualquier usurpación. De manera que se puede disentir de la línea de los partidos, criticarla, pero hay que tener mucho cuidado en tratar de no emitir, de no engrosar, una especie de campaña que, como digo, puede hacerse con la mejor intención, que nos puede llevar a la finalidad peligrosa de quitarle fe al pueblo en los partidos, que son al fin y al cabo instrumentos indispensables en la vida democrática.

La unidad no reside exclusivamente en la postulación de candidaturas

Por otra parte, yo quiero observar que los partidos en Venezuela pueden hacer alegatos poderosos en favor de su mantenimiento de la unidad. La unidad no reside exclusivamente en la postulación de las candidaturas, esto hubiera sido deseable, quizás todavía se pueda lograr y ya parece mucho más difícil. Pero la unidad tiene una serie de aspectos de gran interés que es necesario tomar en cuenta.

Por lo pronto el estilo político que los partidos han establecido es bastante elevado. Yo he visitado ya en campaña electoral como candidato de varios grupos a diversas poblaciones en el interior de la República y me han venido a saludar no solamente dirigentes máximos sino representantes de las juventudes, de grupos femeninos, de grupos obreros de los otros partidos políticos y muchos de ellos me han acompañado a la presidencia de los actos públicos que hemos realizado en medio de una alta cordialidad, de un alto espíritu democrático. Y no porque no se les haya planteado las consignas propias, y no se haya dicho a nadie sobre la situación política, sino porque los partidos estamos empeñados en Venezuela en establecer ahora un nuevo estilo de lucha política, porque estamos convencidos de que cualquiera que sea el resultado de las elecciones tendremos que entendernos para poder darle al país la paz indispensable para que sus instituciones democráticas funcionen.

Aquí cualquiera se admiraría de ver en Caracas actualmente las profusas propagandas electorales que realizan todos los partidos, cómo se ha respetado: las paredes no se pintan, no ha habido ninguna alteración, y si ha habido alguna forma de propaganda un poco inconveniente, esa propaganda viene desgraciadamente de grupos que no podemos controlar los otros grupos políticos.

Precisamente, si se llega como se va a llegar a formalizar ciertas normas para el proceso electoral, yo debo felicitarme de que se clarifique la posición del Contralmirante Larrazábal, de que se clarifique su situación de candidato, y el hecho de que lo respalde un partido serio como URD nos da a nosotros la ventaja de tener con quién discutir, con quién plantear los problemas, con quién conversar sobre la regularización de la lucha. Porque estoy seguro de que un partido serio como URD no se haría partícipe de una serie de hechos y de fórmulas de propaganda que están en cierto modo esperando el proceso electoral, pero en esto necesitamos la colaboración de todos, necesitamos que todos nos pongamos de acuerdo, pero ante todo necesitamos vigorizar el optimismo nacional.

Toda propaganda pesimista es peligrosa. El país necesita un entendimiento y para ello todos los sectores, todos los partidos políticos, grupos profesionales, corporaciones de toda índole, tenemos que levantar los ánimos, tenemos que mantener la fe.

Tenemos fe en que Venezuela va a encontrar la senda de su recuperación democrática. Ahora, esta fe es necesario alimentarla, y tenemos que superar las diferencias, las dificultades que pueda haber y por encima de ello buscar ese campo común que es indispensable para lograr lo que todos necesitamos, y lo que todos estamos obligados a darle a nuestro país: una democracia duradera y estable.