¡Escogemos la lucha! (1952)

¡Escogemos la lucha!

Discurso pronunciado por Rafael Caldera en el Nuevo Circo de Caracas, la noche del 15 de septiembre de 1952, para clausurar la VI Convención Nacional de COPEI.

Pueblo de Caracas:

Nunca pensamos los venezolanos que asistimos a la transformación iniciada en el país a la muerte del General Gómez, que a los 17 años de haber muerto en su lecho el anciano dictador íbamos a presenciar la más descarada propaganda, en la teoría y en la práctica, de la tesis del «gendarme necesario». (Gran ovación).

El momento nacional es extremadamente grave. Hemos venido los venezolanos transitando un camino lleno de dificultades y de imperfecciones. Nos hemos combatido los unos a los otros. Nos hemos iniciado en el ajetreo de la lucha política. Pero hemos pensado que había un atrás definitivamente ido en las páginas más dolorosas de nuestra historia; y es precisamente esa idea la que tenemos hoy que salvar: la de que ese atrás pasó en Venezuela; la de que hay una nueva patria que busca su destino. (Gran ovación).

La lucha no es hoy de grupos contra grupos, ni de personas contra personas. Bien quisiéramos nosotros que lo fuera, bien quisiéramos nosotros que la lucha no fuera, como lo es, la lucha del destino de un pueblo contra sus páginas más cargadas de oprobio, contra la realidad más dolorosa que la patria de hombres que nombraron la libertad vivió ante la conciencia consternada del mundo. (Muchos aplausos).

Venezuela sorprendió al mundo en los albores del siglo XIX lanzando sus hombres a conquistar la libertad en los campos de América. Venezuela sorprendió al mundo, dolorosamente, en el resto de ese siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX, soportando una ignominia que le hacía sentir a uno, para amarlo más en el dolor, la angustia del gentilicio venezolano. (Ovación). Y esa es la lucha que está planteada en el dilema que confronta hoy el pueblo venezolano: de un lado, los que dicen que este es un pueblo bárbaro, inculto, que no tiene derecho a gobernarse; que la única ley que existe en Venezuela es la ley de la fuerza; que es necesario buscar – fabricar, si fuere necesario – la figura de un hombre fuerte y rodearlo para seguir transitando la senda de los desmanes. Del otro lado: la conciencia de la patria, que no quiere venderse; la voluntad del pueblo, que aquí, esta noche, en este lleno inmenso del Nuevo Circo de Caracas, está mostrando que todas las amenazas y todos los halagos y todos los millones del Presupuesto Nacional no son capaces para sobornar ni para doblegar la voluntad de un pueblo libre. (Ovación, prolongados aplausos).

Antecedentes de la situación

La situación venezolana se ha agravado más y más en los últimos tiempos. Recuerdo la lucha de COPEI, cuando se instauró el régimen de facto, por mantener el índice de la Nación sobre la Junta de Gobierno, para recordarle su deber inmediato de convocar el pueblo a unas elecciones libres y sinceras. Al cabo de un año de esa lucha se logró algo: el nombramiento de una Comisión que redactara un Proyecto de Estatuto Electoral. Fuimos a esa Comisión a defender principios: el principio del voto de la mujer, el del voto de los jóvenes de más de 18 años. Y pregunto yo: ¿ por qué no tienen derecho a votar en Venezuela los jóvenes de más de 18 años, cuando al país lo gobiernan hombres que apenas están frisando los 40?. (Aplausos y ovación. Vivas a COPEI).

Defendemos, sí, el voto de los analfabetos; defendemos la representación proporcional; defendemos algo que se olvidó en las páginas del Estatuto Electoral: el derecho de los partidos políticos de estar presentes en todos los organismos electorales en forma capaz de cohibir abusos y maniobras; defendimos la libertad para la propaganda electoral; no una propaganda alborotosa, no una propaganda dañina, pero sí una propaganda amplia, que diera especialmente a los pueblos de Venezuela – los que no tienen Nuevo Circo – la posibilidad para que a la plaza pública salieran sus hombres y mujeres a escuchar la voz de los luchadores políticos. (Prolongados aplausos).

Ese Estatuto Electoral – lo sabe toda Venezuela -, ese Estatuto Electoral – el proyecto inicial de la Comisión Redactora – fue defendido por COPEI en publicaciones de prensa y en conferencias públicas en todo el país, conferencias a las cuales invitamos a los que quisieran replicar los principios que sustentamos. Ese Estatuto Electoral, como todo el país lo sabe, iba a ser promulgado el 24 de noviembre de 1950, de no haber ocurrido pocos días antes el asesinato del Coronel Carlos Delgado Chalbaud. (Aplausos).

A raíz de este hecho doloroso, a raíz de este hecho sin precedente alguno en la historia política de nuestro país, a raíz de ese hecho del que antes nos habíamos encontrado libres, a pesar de todos nuestros dolores y de todas nuestras miserias, continuamos reclamando, reclamando ante el pueblo, que el camino de la patria era el camino del sufragio y que era necesario abrirlo, sin temores, si es que se quería salvar para la historia la responsabilidad del régimen actual. Pero he de decir que la promulgación del Estatuto, que debió ser, señores, la apertura de un régimen de libertades y de amplitud; la promulgación del Estatuto, que debió ser ya el cierre del paréntesis en el camino de las represiones, se convirtió en el punto de partida de una ola de represiones de mayor alcance todavía. Por un lado se promulga un Estatuto Electoral maltrecho, se lo acompaña de unos Decretos restrictivos de los derechos de reunión y de asociación y por otro lado comienza la maquinaria represiva, especie de «proyecto de aplanadora nacional», para abrirle el camino a las agrupaciones gobierneras. (Estruendosa ovación. Grandes aplausos. Vivas a COPEI).

Esa ha sido, y me duele decirlo (me duele por mi patria, porque quisiera yo que gobernaran bien los que mandan, cualquiera que sea su nombre o significación), esa ha sido la campaña electoral del Gobierno. La fundación de las agrupaciones gobiernistas se ha representado por una serie de amenazas, de detenciones, de expulsiones, de arrestos, de confinamientos, de citaciones a la Seguridad Nacional, de destitución de funcionarios públicos; especie, repito, como de gran aplanadora que quiere machacar la resistencia para que pueda pasar cómodamente ese engendro que nadie sabe si es partido o si no lo es; que nadie sabe si es transitorio o si no lo es; que nadie sabe lo que quiere, como no sea sostener el Gobierno… (Gran ovación y estruendosos aplausos impiden oír la voz del orador).

Política de «mano dura»

La evolución del país ha sufrido por eso un serio y sostenido retroceso. En vez de abrirse las compuertas del sentimiento nacional, se ha tratado de cerrarlas por una política de mano dura. De mano dura ha sido el cierre de la Universidad Central. Ha sido la tesis del gobierno ilimitado, que no reconoce valla alguna, frente al máximo instituto de la vida espiritual de la Nación. Y conste que COPEI no ha querido hacer estribillo de una campaña política el cierre de la Universidad. Lo ha mencionado porque lo debe mencionar; lo ha mencionado con respeto supremo, porque hemos proclamado y lo seguimos proclamando, que la resistencia de la Universidad ante el atropello no fue un hecho de partidarismos políticos ni de combinaciones políticas: fue una emanación del espíritu universitario, que es la mejor expresión del espíritu de la nacionalidad. (Muchos aplausos).

El Gobierno ha dicho que en la Universidad hubo una componenda, porque aparecimos juntos en la defensa de su autonomía estudiantes y profesores, hombres políticos y hombres independientes, militantes de agrupaciones políticas entre las cuales existe un hondo abismo doctrinario; pero ese argumento que el gobierno esgrime es precisamente el argumento que lo condena: porque para que se hubiera logrado esa unanimidad, para que se hubiera logrado ese frente absoluto por encima de todas las diferencias, tenía que estarse ventilando algo muy por encima del deseo de plantear posturas o gestos ante la opinión de los grupos políticos. (Ovación. Aplausos).

La Universidad resistió con entereza, con sobriedad, universitariamente. Está cerrada; pero yo les digo a ustedes que nunca, ni cuando sus claustros centenarios estaban repletos de estudiantes, la Universidad Central de Venezuela le ha dictado a su pueblo una lección más hermosa. (Muchos y prolongados aplausos).

La política de mano dura se ha expresado en las destituciones. El Banco Agrícola y Pecuario, que es instituto autónomo, ha tenido que pagarles indemnización a trabajadores con más de nueve años de servicio, para darse el gusto de despedirlos, porque no quisieron llenar la ficha de la agrupación oficial. (Cerrada ovación. Prolongados aplausos).

Y cuando el Comité Nacional de COPEI le dirigió a la Junta de Gobierno una carta reclamándole, en nombre de la Patria, la clausura del centro de reclusión de detenidos políticos establecido en la Isla de Guasina, ¿cuál fue la respuesta del Gobierno? Someternos durante dos días a una detención que no tiene otra explicación sino el desahogo bárbaro de querer ofendernos ante la conciencia de Venezuela, bajo el pretexto de un ridículo y tendencioso interrogatorio. (Cerrada ovación. Nutridos aplausos. Vivas a COPEI).

Y yo les digo a ustedes: en Guasina, que nosotros sepamos, no está detenido ningún copeyano. Hemos defendido principios, no estamos defendiendo intereses de partido. Le dimos al Gobierno la oportunidad de rectificar, porque al Gobierno nos dirigimos con las firmas de los miembros del Comité Nacional del Partido, en una exigencia, en un reclamo responsable ante la opinión pública. No nos supieron contestar sino en la única forma que ellos conocen. Pero la carta del Comité Nacional exigiendo la clausura de esa Colonia, esa carta, respondida así, tuvo más amplia repercusión en la conciencia del país y en los oídos de todos los pueblos del mundo, que cualquier agitación estridente. COPEI obró con responsabilidad. Y hasta revistas extranjeras por el tipo de Time, que no pudo circular en Venezuela, señalaban como un argumento decisivo el que COPEI, cuya palabra no era sospechosa de parcialidad, se había dirigido, con los calificativos que merece, a la Junta de Gobierno, en relación a la Isla de Guasina. (Estruendosa ovación. Prolongados aplausos. Vivas a     COPEI).

En carne propia

Nosotros conocemos, pues, la gravedad de la situación de Venezuela. Esa situación la hemos sentido en carne propia. Un buen día Luis Herrera Campíns y José Luis Zapata, miembro el uno del Comité Nacional de COPEI y el otro del Directorio Nacional de la Juventud Revolucionaria Copeyana, son llevados, tras de varias escalas, a la Cárcel Modelo de Caracas; de allí, al exilio. No hay explicación al respecto. Otro día, en la casa del doctor Alberto Silva Guillén, Presidente de COPEI en el Estado Sucre, y en la casa de Víctor Lemus, miembro del Comité Regional en ese Estado, aparece un mensaje de la Seguridad Nacional: están obligados a desocupar el Estado, con prohibición de quedarse en los vecinos Estados Anzoátegui y Monagas. Pero esto es apenas una pequeña demostración de todas las cosas que están sucediendo en relación a COPEI. Raro es el Estado de Venezuela donde no tengamos una lista de detenidos a los que nunca se dio explicación de los motivos de su detención. Una vez ésta ocurre en un mitin del Partido; en otra ocasión es después de un mitin. En general, la consideración que ocurre es ésta: «Usted tiene perfecta libertad para hablar, pero nosotros tenemos perfecta libertad – dice el Gobierno – para ponerlo preso, sin dar motivo ni razón». (Gran ovación. Vivas a COPEI).

La situación del Táchira

Pero este clima de represiones que estamos padeciendo en toda Venezuela es pálido – y el hecho es significativo – ante lo que está ocurriendo en el Estado Táchira. Y esto tengo que decirlo yo esta noche, en el Nuevo Circo de Caracas, porque lo prometí a tachirenses eminentes que me pidieron allá, en el Táchira, con ruego encarecido, decir aquí en Caracas, cuando hablara en esta arena del Nuevo Circo, que el Táchira no es responsable de los desmanes que se están cometiendo en Venezuela (aplausos); que el pueblo del Táchira está sufriendo más que ninguna otra porción del Territorio nacional, su delito de querer una patria libre, una patria grande y unida, sin fronteras internas. Y yo tengo que decirlo aquí, porque todas nuestras demás listas de detenidos son pequeñas ante las listas de detenidos que se nos hacen en el Estado Táchira; porque casi la totalidad del Comité Regional del Táchira está expulsado del territorio del Estado, pues les molesta su actuación a los señores que detentan el poder; porque muchos dirigentes, desde los más altos en el rango del Partido, hasta los más humildes, han purgado con la cárcel o con la expulsión el delito de no aceptar un puesto público o un mendrugo para engrosar el partido oficial. (Gran ovación. Aplausos).

Y yo quiero decirlo también por un motivo: porque si alguna justificación histórica tuvo el hecho de una candidatura presidencial mía en las elecciones pasadas, fue el demostrar, ante la conciencia de Venezuela, que el pueblo del Táchira, como el pueblo de Mérida, como gran parte del pueblo de Trujillo, sí podía respaldar, masivamente, la candidatura de un venezolano nacido en otro lugar de la República. (Gran ovación). Y puedo y debo hablar porque aquí, ante mi conciencia y ante este pueblo, que tiene pleno sentido de responsabilidad, puedo decir, con la boca muy llena, que ningún hombre nacido en los Andes ha recibido en el territorio del Táchira las manifestaciones de adhesión y fervor popular que he recibido cuando he ido a predicar la palabra de COPEI  . (Gran ovación. Vivas a COPEI).

Esta es la situación de Venezuela. Se está queriendo echar mano de los peores principios, de las peores propagandas y de los peores sistemas para tratar de eternizar en el mando a hombres que no sólo no tienen el respaldo de la opinión pública venezolana (gran ovación, nutridos aplausos, vivas a COPEI), sino algo más grave todavía: que no buscan el respaldo de esa opinión; que no son capaces de acercarse a auscultar el corazón del pueblo, sino que quieren gobernarlo a las malas, a los «trancazos», de una manera simple, que debe desaparecer del panorama nacional. (Prolongada ovación. Vivas a COPEI).

El tema de las Fuerzas Armadas

La situación política del país, por lo tanto, es muy grave. Y no puedo agotar este tema sin referirme a uno muy delicado, pero inexcusable en la reunión de esta noche: el tema de las Fuerzas Armadas. A nosotros, en la Seguridad Nacional, con perfidia y malicia, se nos preguntó «por qué era que COPEI estaba realizando una campaña deliberada contra la dignidad de las Fuerzas Armadas Nacionales, con el propósito de crear una conciencia y un clima antimilitarista» (creo que las palabras son textuales, porque no eran de aquellas que se olvidan fácilmente). Pregunta malsana y mezquina, dirigida a nosotros, porque toda Venezuela conoce la voz de COPEI, y sabe que somos respetuosos de nuestros adversarios y somos respetuosos de todas las instituciones. Pregunta dirigida contra la institución armada del país, porque en este momento nacional se está tratando de convertir la institución armada en factor de beligerancia política. (Nutrida y prolongada ovación. Vivas a COPEI. Prolongados aplausos). Y nosotros creemos que no estamos atacando sino defendiendo al Ejército, cuando estamos diciendo y reclamando ante la conciencia de Venezuela que el Ejército, institución creada por la ley, institución amparada por privilegios que emanan de la ley, institución sostenida con el esfuerzo de los venezolanos, e institución que recibe, en depósito de responsabilidad, las armas de la patria, está obligada a mantenerse siempre por encima de la politiquería. (Estruendosa ovación. Vivas a COPEI. Nutridos y prolongados aplausos).

Ante la situación internacional

Es que se está tratando de sembrar el odio, de convertir en hecho permanente el rencor de unos venezolanos contra otros: y eso se está tratando, precisamente, ante una situación internacional cuajada de amenazas y angustias como no han existido en la historia de la humanidad. Está pendiente la humanidad del choque de dos inmensos imperios, de dos imperios que exceden en extensión y en poderío, a todos los imperios que la imaginación humana ha podido concebir; y ante esta situación, naciones pequeñas como ésta están en el deber de presentarse unidas, de presentar gobiernos que cuenten con el respaldo de sus pueblos, de presentarse en el camino de resolver sus problemas más graves a través de la justicia social en lo interior y a través de la defensa de la nacionalidad en lo exterior, para mostrar una entidad suficiente de imponerse ante la conciencia del mundo. (Gran ovación, prolongados aplausos). Para que el imperio más cercano de nosotros, que es el que se halla colocado en el Norte de este Hemisferio, deje de ser imperio y represente principios de verdadera libertad y justicia social, y represente una actitud que lejos de amparar en estos pueblos pequeños premisas de explotación, ampare premisas de entendimiento y solidaridad, es necesario que los pueblos de América nos unamos todos alrededor de nuestros principios. (Prolongados aplausos). Yo soy un fervoroso defensor del concepto de la unidad del Continente. Nuestro partido está muy decidido en sus principios y en su ubicación para que nadie pudiera abrigar alguna duda acerca de nuestra actitud; pero no queremos una América organizada bajo los viejos principios de la injusticia: queremos una América nueva, que sea capaz de presentar al mundo un ejemplo de una verdadera libertad, porque en sus pueblos hay libertad en su interior, y el ejemplo de una verdadera justicia, porque en sus pueblos se trabaja por el bienestar de las clases humildes. (Gran ovación. Vivas a COPEI. Prolongados aplausos).

Es oportuno hablar de estos temas, porque lo que está ocurriendo en otros países hispanoamericanos está poniendo hacia la flor de la tierra la existencia de viejos anhelos que no han sido justicieramente contemplados. América está atravesando para ella y para el mundo un momento feroz de peligro frente a un totalitarismo cuyos principios pugnan fundamentalmente con los principios espiritualistas que informan la civilización occidental (prolongados aplausos). Pero, precisamente, para hacerle frente a ese totalitarismo, tenemos que presentar un frente unido de libertad; y para hacer frente a los principios negadores de la armonía entre las clases sociales, debemos llevar a la verdad y sacar de los discursos esos principios de que las riquezas de los pueblos tienen que ir fundamentalmente a remediar las necesidades de los pueblos. (Gran ovación. Vivas a COPEI. Prolongados aplausos).

Pero parece que nosotros «o quienes hablan en nombre de nosotros» se olvidaran del mundo. Existe en la situación oficial de Venezuela la obsesión de lo pequeño. «Una Universidad cerrada, problemas para dentro de varios años: eso no importa! Lo inmediato es que en la Universidad no molesten al Gobierno. Un país sano y fuerte ante la cuestión internacional: eso no importa! Lo que nos interesa es sostenernos nosotros». Ese es el mezquino razonamiento que está dominando la situación política de la República y para defenderlo apenas aparecen dos clases de argumentos: el argumento, manido y tonto, de los oradores que vienen a decir lo que los mandan y que a veces dicen una cosa aquí y otra en el periódico, porque resulta que lo que se les había escrito no fue lo que dijeron ante el público, pero lo que se les había escrito es lo que sale en las columnas de la prensa. (Risas y aplausos). Ese argumento, ¿vale la pena acaso? Que nosotros atacamos al Gobierno, porque es «demócrata»… Que nosotros pedimos libertad de prensa, porque somos «fascistas»… Que pedimos que haya un régimen de armonía, que no haya cárceles, que no haya expulsados, porque somos «fascistas»… Es una manera muy cómoda y necia conque algunos individuos quieren justificar ante quienes fueron ayer sus compañeros de barricada, la actitud que hoy asumen para vender su lengua y su pluma a la situación imperante. (Ovación. Aplausos. Vivas a COPEI).

El argumento administrativo

Pero el otro conato de justificación tampoco es nuevo: es muy viejo y se repite en forma pálida y desvaída: el de que no hay libertad, pero se administra bien, es decir, el de que el pueblo debe renunciar a su libertad, el de que cada uno de nosotros debe resignarse a olvidarse de la vida pública porque el Gobierno está administrando bien. Y para eso hay unas cuantas obras que se presentan ante los turistas y que se anuncian con costosos remitidos en la prensa, y que se van a sacar en las exposiciones oficiales que van a preparar la realización de los comicios. Porque antes de las elecciones van a inundar al país con exposiciones: un retrato del viaducto de la autopista, así (señalando con la mano el enfoque); otro retrato, así (señalando con la mano otro enfoque); otro de abajo para arriba (risas); otro con los rieles ya llegando hasta el fin… (risas) y así sucesivamente, para que los venezolanos nos sintamos turistas y digamos: «verdaderamente! Pero esta gente está haciendo mucho: hay que votar por ellos!» (Prolongados aplausos y risas).

Ese argumento es un argumento fascista, típicamente fascista. El sistema fascista lo conoce todo el mundo muy bien: él parte de la base de quitar las libertades pero haciendo obras de beneficio social. Aquí ni siquiera se habla de beneficio social, sino de obras públicas. (Risas). Pero para responder a ese argumento nos bastaría decir que hay derechos tan fundamentales en la persona humana – el derecho a estar tranquilo en su casa quien no ha cometido ningún delito; el derecho a obtener el fruto de su trabajo quien ha trabajado con lealtad y con corazón; el derecho a decir cada uno lo que piensa, siempre que no ofenda a los demás – son tan fundamentales estos derechos que no pueden venderse a ningún precio, ni siquiera al precio del pan.

Pero el argumento se hace más débil porque en Venezuela no hay tampoco una administración verdaderamente eficaz. Y para decir esto no necesito criticar la autopista de Caracas a La Guaira, que considero, sí, una obra revolucionaria desde el punto de vista de la vialidad y que puede tener una gran significación en el país; ni voy a negar que existe un plan de vialidad que es una de las pocas cosas en las que Venezuela ha tenido una tradición, que a través de varios gobiernos se ha ido estudiando y se ha comenzado a ejecutar y ha recibido notorio impulso en los últimos años. Yo no voy a negar eso. Tampoco es el momento de entrar a analizar (porque no podría hacerlo sin documentos en la mano) el rumor público que señala la existencia de fortunas que nacen de la noche a la mañana (prolongados aplausos y risas); el rumor público que señala la existencia de influencias en la gestión de los contratos para que los realicen otros, quedando cantidades considerables entre uno y otro contratante. No necesito tampoco entrar allá. Pero sí me basta preguntar: ¿es que en Venezuela hay un plan administrativo orgánico, reflexivo, fundamental, que haya hecho el censo de las necesidades del pueblo venezolano, que las haya jerarquizado, que haya dicho cuál es la manera como se va a resolver cada uno de los problemas principales, dentro de un número más o menos razonable de años? Porque yo me encuentro, por ejemplo, con que en el Presupuesto actual de Venezuela, de 2.400 millones de bolívares, se dan 10 millones apenas para el Instituto Nacional de Obras Sanitarias, encargado de los acueductos y cloacas de toda Venezuela. Y me encuentro con que para el Banco Obrero en el Presupuesto actual están asignados 5 millones de bolívares, y me pregunto: ¿es que se va a resolver en esa forma el problema de la vivienda? Es muy fácil llevar visitantes a ver los bloques que se han fabricado últimamente; es muy fácil retratarlos en diversas formas para atiborrar con ellos la pupila de los espectadores; pero con todas las fotografías y con toda la propaganda no podrán borrar de cada padre de familia que sufre el angustioso problema, la idea de que vive en una casa miserable (aplausos); la idea de que está sujeta su familia a un estado de inhumano hacinamiento, y el pensamiento de decir: ¿cuándo me va a tocar a mí una de esas viviendas? ¿Acaso las colas del Banco Obrero no se hacen más largas todos los días, y acaso todas esas gentes humildes que van allá no andan de un lado a otro buscando alguna persona influyente que les dé una tarjeta de recomendación para ver si puede tocarles la solución de su problema? (Gran ovación. Prolongados aplausos). ¿Acaso no es un hecho general el que funcionarios del Banco Obrero van visitando de apartamento en apartamento a los concesionarios para decirles que llenen cierta tarjeta, cobrándoles así el precio de la lotería que les tocó con la vivienda que se les adjudicó? (Prolongados aplausos). Y yo pregunto: ¿es que el problema de la vivienda en Venezuela no es uno de los problemas fundamentales? ¿Se ha hecho siquiera un survey para saber cuántos millones de venezolanos no tienen hogar, para saber en qué forma se va a solucionar esa angustia, para ver cómo se va a atraer el concurso de todos los venezolanos – actividades públicas y privadas a fin de que en un término de años se pueda atender fundamentalmente ese reclamo y se pueda poner a vivir a los venezolanos como seres humanos que son? (Prolongados aplausos). Yo pregunto: ¿al ritmo que van las construcciones, cuántos años serían necesarios para resolver el problema? A lo mejor digo que cuatrocientos años y me quedo corto; a lo mejor al cabo de cuatrocientos años todavía no se habrán construido, a este ritmo, viviendas suficientes para los venezolanos que viven hoy, y dentro de cuatrocientos años seremos una población ocho, diez, quince veces, quién sabe cuántas veces mayor de la que existe hoy.

Y lo mismo, en relación a la vivienda rural. Allí el panorama es más grave. Yo fui una vez al Banco Obrero a gestionar un crédito para un agricultor que quería hacerles viviendas a sus campesinos, y me contestaron, con la ley en la mano, que el Banco no tenía facultad para materias en ese campo de la vivienda rural. Y yo pregunto: ¿en un Gobierno que se ufana de la administración, es posible que al cabo de cuatro años no haya surgido una iniciativa efectiva para convertir el rancho del campesino venezolano en una vivienda? (Gran ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

El problema del campo venezolano se está resolviendo con Turén. Yo no conozco a Turén. No estoy entre la legión de invitados que han ido de todos los países y de todas las regiones a pasar por allá para que canten después cánticos de loas a la administración actual. Pero voy a dar por supuesto que la obra de Turén es buena, que está bien organizada, que representa un principio útil; y busco en las informaciones del Instituto Agrario y me dicen que en Turén, para marzo de 1952, están alojadas 254 familias y 66 de las que llaman micro-parceleras, y que el proyecto supone la posibilidad de llegar a un total de 463 familias instaladas y de 237 en las micro-parcelas; total, 700 familias. Y yo pregunto: ¿cuántos años, cuánto dinero habrá costado alojar a esas 700 familias? ¿cuánto tiempo, cuánto dinero se invertiría en instalar, en convertir en unidades productoras dentro del campo venezolano a las miles de miles de familias venezolanas que integran la realidad campesina de Venezuela? (Cerrada ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

Pero la burocracia crece. Crece la burocracia y es una planta cuyas ramas será muy difícil que nadie, mañana, pueda recortar. Su crecimiento es raudo. En la Exposición de Motivos del Ministerio de Hacienda al proyecto de Presupuesto del año pasado, encuentro que en lo que llaman gastos de personal se invirtieron en ese año (o se proponían invertir, porque los créditos adicionales aumentan las cifras) 637 millones de bolívares (con una fracción de 600 y pico de mil). Sumándole a éste el 65% que la misma Exposición de Motivos calcula que del Situado Constitucional se invierte en lo que se llama gastos administrativos, se obtiene un total de 828 millones de bolívares por año en esos gastos de personal! Está creciendo la fronda burocrática, y ojalá fuera para recompensar lo sudores de los modestos empleados que sirven a la administración sin estar pensando en el juego político! Ojalá fuera para eso. Las cifras presupuestarias están llenas de testimonios para demostrar que no es cierta la pretendida capacidad administrativa del régimen. Solamente por el Capítulo de Seguridad Nacional se gastan en el Presupuesto vigente 21 millones de bolívares, mientras que todo el Presupuesto del Ministerio de Minas e Hidrocarburos, comprendiendo un millón de bolívares para el fomento de la industria minera, no llega sino a 20 millones de bolívares. Cuesta más la Seguridad Nacional que todo el Ministerio que tiene en sus manos la riqueza fundamental de Venezuela! (Estruendosa ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

No se administra, no!

No se administra, no! Hay una postura de nuevos ricos. No se buscan las raíces fundamentales de los problemas venezolanos. La política petrolera en Venezuela, desde muchos años a esta parte ha venido estando dominada por un signo preponderantemente fiscal. Nosotros pensamos que al lado de la política fiscal debe haber una política nacional que vaya haciendo de Venezuela, progresivamente, alguien que trabaja, a lo menos en parte, su propia riqueza, alguien que sabe manejar sus pozos, alguien que sabe las dificultades que cuesta vender su petróleo en los mercados extranjeros, alguien que tenga en sus manos suficientes cartas para poder debatir asuntos en los cuales – la verdad debemos decirla con franqueza – en gran parte nos sentimos todavía indefensos.

La administración venezolana es una administración de nuevo rico: la del hombre que tiene una hacienda y se encuentra de repente con una riqueza. Pongamos el caso de un agricultor que tenga un royalty sobre la explotación de un pozo de petróleo que se encuentra en sus tierras; entonces, con ese dinero comienza a construir una casa nueva: hace una pared y la derriba porque no le gustó; le pone una fachada y resulta que la fachada es de cemento o de granito y la manda a tumbar para ponerle mármol, como sucede, por ejemplo, en el Teatro «Juáres» de Barquisimeto; se encuentra ante el deseo de mostrar opulencia para llevar a sus amigos a que digan: Qué hombre tan próspero es éste!. Y el amigo, que entra por una verja de hierro rodeada de decorados de cobre, que transita hasta la casa de la hacienda por un camino regiamente asfaltado y que encuentra en la casa de la hacienda magníficos tapices y decorados de toda índole, sale diciendo: Es la mejor casa que he encontrado! Ese es el hombre más rico del mundo!. Y mientras tanto el dueño de la hacienda está labrando la tierra con los mismos arados, se le están secando las capacidades productoras porque no tiene obras para regar su finca. Ese hombre está botando la riqueza que la casualidad le dio y se está creando para el día de mañana muchas mayores necesidades y quedando más pobre que antes! (Ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

Semejante es la situación de Venezuela. Queremos hacer cosas para decir que son las más grandes del mundo. En la Avenida Bolívar hay muchas cosas buenas, pero hay muchas cosas que me parecen malas. Yo sería capaz de llevar ante la Directiva del Colegio de Ingenieros el planteamiento de una serie de cuestiones que en mi concepto no tienen justificación. Se están construyendo edificios sin que todavía estén terminadas las vías de tránsito. Todavía para pasar del Sur al Norte de Caracas los peatones tienen que ir apresurados para tratar de salvarse de los raudos vehículos que van por una pista de alta velocidad. Todavía está dividida Caracas en dos mitades, recordando el caso de Curazao, donde hay un puente para comunicar los barrios que llaman «Punda» y «Otra banda». Todavía no está resuelto el problema de la vialidad urbana y se está pensando en levantar dos «Torres» de 20 pisos. Y dice el rumor sostenido que se está tratando de vender una torre a la Creole Petroleum Corporation, para obligarla a financiar lo que una administración desorganizada va a realizar, lo que provocaría el hecho doloroso de que el mismo turista que viene y se admira de lo que se hace en Venezuela, al subir a la llamada «plaza aérea» de la Avenida Bolívar y preguntar desde allí a quién pertenecen los dos edificios más altos de la ciudad, obtendrá por respuesta la de que, uno por lo menos, es de una compañía petrolera! (Prolongados aplausos y risas).

El caso es serio y lo han comentado muchos observadores extranjeros. Uno de los juicios más recientes es el de una revista de Londres, «El Economista», que en artículo reproducido en un diario de Caracas y a pesar de hacer grandes cánticos a la situación de Venezuela, pregunta sin embargo, acerca de los «admirables proyectos», si «la henchida cornucopia» no se estará vaciando «demasiado ligero» y ello no habrá llevado a hacer esos proyectos que «no están siempre destinados a satisfacer las necesidades urgentes de Venezuela».

Una provisionalidad que dura

No tenemos, pues, ni política ni administración. Un personaje suramericano a quien no es del caso nombrar, definió la actual situación de Venezuela en una forma que me parece admirable: «Lo que hay en Venezuela es una provisionalidad que dura». Nada más. «Una provisionalidad que dura»…, no hay sistema, no hay plan; todavía a estas alturas en que se ha convocado para las elecciones, los grupos del Gobierno no nos han dicho qué van a hacer si llegan a la Constituyente; cómo se va a elegir el Presidente de la República; si va a ser elegido en conciliábulo o si va a ser su elección el resultado de la expresión libre y soberana de la voluntad popular. (Gran ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

Esa «provisionalidad que dura» no ha mostrado otra preocupación que la de durar más. Y esa es la situación electoral. En la política electoral del régimen, la única preocupación fundamental es esa: que lo provisional siga durando. Después…, después ellos pensarán que «en el camino se enderezan las cargas». Hasta ahora el camino no ha servido para enderezar nada, sino que las cargas se están yendo fatalmente hacia el suelo.

Ante esta situación política se nos plantea a nosotros el dilema de la situación electoral. Es el punto fundamental que se debía tratar en la noche de hoy. (Una voz: «por favor, dígalo, Doctor»). Sobre esta materia la Convención Nacional de COPEI elaboró un manifiesto a los venezolanos que será distribuido una vez termine mi discurso. El dilema electoral que se nos ha planteado a nosotros es verdaderamente torturante: «Ustedes van o no van a elecciones: si van a elecciones legalizan la farsa; si no van a elecciones, entonces es porque no tienen el apoyo del pueblo y porque ustedes están dispuestos a cerrar el camino cívico y abrirse al camino de la violencia». Este es el dilema que el Gobierno nos ha venido planteando. El primer camino, el camino de la llamada «legalización»: ¿legalizamos nosotros el atropello por el hecho de ser atropellados? Es una lógica muy curiosa. Yo pregunto, acaso, si los periódicos de Venezuela están legalizando la censura por el hecho de imprimirse dentro de un régimen de censura. Según esa interpretación, establecida la censura, los periódicos deberían cerrarlos y decir: «no queremos legalizar la censura, vamos a esperar que se acabe la censura para volver a salir». Pero es que el argumento puede llegar todavía más allá. El argumento puede llegar hasta esto: «Señores, el preso está legalizando las prisiones; el interrogado está legalizando las citaciones» (prolongados aplausos). Y dentro de ese camino de conjeturas podría hasta llegar a decirse que el venezolano expulsado de Venezuela está legalizando el régimen, porque lleva un pasaporte firmado por la Junta de Gobierno.

Argumentación muy pobre, tan pobre como la que se formula con el otro término: si nosotros no vamos a elecciones es porque nosotros no tenemos pueblo. Ya ustedes lo están viendo: (echando una mirada al Circo completamente lleno) «no tenemos pueblo…» (Gran ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI). También si no vamos a las elecciones nos dicen que nosotros hemos tomado el camino de la violencia. Es cosa curiosa. Un Gobierno que es fruto de una conspiración, ha procedido como otro Gobierno que fue fruto de otra conspiración. Uno y otro sabían y saben que nosotros no conspiramos, pero el desahogo de los sentimientos vuelve a ser llamarnos a nosotros conspiradores. Pero si nosotros, que luchamos más que nadie contra el régimen fenecido, nosotros, que vinimos aquí, que fuimos a la Constituyente, que recorrimos los campos de Venezuela para hacer una oposición sin tregua, sin descanso, una oposición feroz – si la quieren llamar ustedes así, pero dentro del campo de la ética política – no quisimos conspirar con ellos ni con nadie, para defender precisamente la pureza de nuestras ideas y de nuestros principios! (Gran ovación. Prolongados aplausos).

El argumento, sin embargo, tiene una intención: la intención de justificar todas las medidas de fuerza para acabar en Venezuela con la oposición organizada en caso de irse al término de la abstención. Entonces, en bandeja de plata le pondríamos al Gobierno el instrumento que quiere para quitarse esta molestia de que le vengamos a hablar mal; para quitarse esta incomodidad de que vengamos a decir sus errores; para quitarse la especie de cavilación que van a tener esta noche sobre si nos mandan a la cárcel o no nos mandan, sobre si nos dejan seguir o no seguir en nuestra propaganda! (Gran ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

Naturalmente que, para el caso de la abstención ya estaría montado el espectáculo: más de un partidito habría por ahí al que, como dijo uno de sus miembros en declaraciones muy recientes en la prensa, se le «prestarían» unos votos para que llevara unos Diputados a la Constituyente. Pero, si ya existió el juego! Si el doctor Rojas Contreras, Director del Partido Socialista Venezolano fue nombrado Ministro del Trabajo, para decir que los partidos – el Partido Socialista de Venezuela – estaban incluidos en el Gabinete de este régimen! (Prolongados aplausos y risas). Ya nosotros sabemos muy bien cómo es el sistema: para eso están preparados esos personajes, que saldrían, dado el caso, a las primeras filas de la política internacional. (Risas).

Ante el dilema, escogemos la lucha

La situación en Venezuela es tremenda. No es la misma, con ser muy grave, y en algunos aspectos quizá más grave, la situación de la hermana República. En Colombia ha habido abstención electoral. Los conservadores decretaron la abstención durante casi tres períodos: desde el primer Gobierno de Alfonso López hasta el segundo Gobierno del mismo Alfonso López. Y ahora son los liberales quienes han decretado la abstención. Ambos partidos tienen muchos años en la conciencia popular; no son hechos recientes; pueden dejar de actuar durante mucho tiempo y, después, una tarjeta de un dirigente conservador o liberal en uno de los periódicos que sirven al partido basta para reunir de nuevo toda una asamblea y seguir como si nada hubiera pasado. En Venezuela el fenómeno de la vida de nuestro Partido es nuevo; nuevo pero hermoso, porque nosotros tenemos en toda Venezuela millares y millares de hombres y mujeres manteniendo lo sagrado de sus compromisos y resistiendo todos los embates y todas las tentaciones. No hay una región de Venezuela donde este noble ejemplo no existe. (Gran ovación. Prolongados aplausos. Vivas a     COPEI).

Y debo decirlo aquí: donde más hermoso me fue el testimonio durante mi última gira de propaganda fue en el Estado Trujillo, pueblo calumniado por sus mismos hijos como el nido del personalismo. Allá, en Trujillo, como en toda Venezuela, hombres a quienes no se les agua el ojo ante la responsabilidad, han respondido a los que les llevan la palabra corruptora con el ejemplo de la lealtad a su partido, que es la lealtad al programa de una nueva Venezuela. (Estruendosa ovación. Vivas a COPEI. Grandes aplausos).

Yo quiero que los venezolanos que no sean copeyanos nos ayuden en estas reflexiones para que vean cómo la decisión adoptada por COPEI es la única que se podía adoptar. Ambos términos del dilema son viciosos, ambos términos se prestan para que una prensa censurada admita en sus columnas artículos enviados por los redactores del Gobierno, destinados a tergiversar nuestra actitud; pero ante ese dilema, ante la incertidumbre de escoger, el camino copeyano tiene que ser el camino de la lucha, el camino del combate. Vamos a continuar la lucha contra este Gobierno también! (Estruendosa ovación. Vivas a COPEI. Prolongados aplausos).

Sabemos que para esa lucha no tenemos sino un remedo de libertad: un margen estrecho que nosotros tenemos que usar para que no se olvide a los venezolanos el uso de la libertad. Sabemos que se nos va a coaccionar en toda forma. No es una simple conjetura. Es que nuestra gente ha sido encarcelada, expulsada, amenazada! Es que todavía no le encuentro otra explicación lógica que la agresión arbitraria, al atentado de que fuera objeto nuestro compañero de Comité Nacional, Edecio La Riva Araujo! (Gran ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

Pero al decidirnos a la lucha no es para legalizar situaciones de fuerza: es para denunciar esas situaciones ante todos los venezolanos que nos quieran oír. Si vamos a la lucha no es para servir de cómplices, sino para hacer escuchar la voz de la patria, admonitoria en la palabra de los Diputados que llevemos, que estarán dispuestos a jugarlo todo para recordarle a los gobernantes que ésta no es una hacienda sino un país libre y responsable. (Gran ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

Vayamos a la lucha, pueblo de Caracas! Vayamos a la lucha y devolvamos al Gobierno su dilema. Porque ahora nosotros le ponemos al Gobierno un dilema para él angustioso, pero que siempre dará qué ganar al pueblo venezolano: o le abre cauce de verdad a la expresión de la voluntad popular y rectifica – cosa que desgraciadamente no esperamos, aunque habría tiempo todavía -; o nos persigue, nos encarcela, nos atropella y, entonces, la conciencia nacional se levantará más enérgica, más unánime, para repudiar al Gobierno! (Estruendosa y prolongada ovación, acompañada de grandes aplausos y vivas a COPEI).

En esta decisión que tomamos, estamos reclamando para nosotros la parte más dura. Sabemos que sobre nosotros, por ser el grupo más compacto, más fuerte de la oposición, va a recaer toda la fuerza de las maniobras, de las artimañas y de los ataques. Pero creemos que es nuestro deber. Muy grave sería para nosotros que la historia dijera que los partidos se acabaron en Venezuela, porque COPEI no tuvo pantalones para hacer frente a los problemas en la hora de decir la verdad. (Gran ovación, acompañada de grandes aplausos y vivas a COPEI). Mientras haya partidos legalizados, esos partidos tienen el deber de la lucha abierta; mientras se nos dé un permiso para un mitin, tenemos el deber de hablarle al pueblo, aunque le queme en lo más hondo los tímpanos y los oídos a los hombres del Gobierno. (Ovación). Mientras haya en Venezuela, así sea una rendija a través de la cual se acuse que los que están arriba no representan la voluntad nacional, que los sistemas que representan caducaron definitivamente, aquí está nuestro deber y estamos dispuestos, ante Dios y ante la Patria, a cumplirlo con integridad! (Estruendosa ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

En el interrogatorio que se nos hizo en la Seguridad Nacional hubo una pregunta vejatoria, humillante, desleal, que reflejaba la deslealtad de quien la escribiera. Se nos preguntó a nosotros, a los miembros del Comité Nacional de COPEI – desde el doctor Pedro Del Corral, cuyas canas son espejo de dignidad ciudadana (aplausos) hasta el último de nosotros – se nos preguntó con cinismo desvergonzado: «¿Hasta cuándo piensa usted permanecer en COPEI?». Eso quisieran ellos! que les hubiera dicho cada uno de nosotros que hasta que ellos nos dieran permiso o hasta que ellos lo toleraran. Pero otra respuesta fue clara y categórica: Mientras Dios nos dé fuerzas, mientras no nos falten los ánimos, mientras el aguijón del deber esté espoleando nuestras conciencias, aquí estamos en la lucha, por la defensa de Venezuela, aquí estamos en el combate por la defensa de los principios! (Estruendosa ovación. Repetidos vivas a COPEI. Prolongados aplausos).

Nosotros podemos comprender las razones que puedan tener otros para irse por el camino de la abstención; pero eso no es el camino nuestro: el camino nuestro es el camino de la lucha. Estamos, pues, en esta lucha y nuestra decisión va apoyada en dos posturas complementarias e indestructibles: en la denuncia de los atropellos que se están cometiendo y que hacen que este proceso electoral sea oscuro, ventajista, alimentado por ansias de poder, impregnado de un «como sea» en el deseo de llevar una mayoría, dócil al Gobierno, a la Asamblea Constituyente; y en el reclamo de las garantías, que ratificamos aquí, que ratifico yo aquí, en el nombre de ustedes y en el nombre de todos los venezolanos, para que se rompan las cortapisas que están cerrando el pensamiento, para que desaparezcan las cadenas que están tratando en balde de sujetar las manifestaciones de la conciencia nacional. (Gran ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

Estamos, pues, en el momento de invitar nuevamente a llevar adelante esta lucha con nuestro ideario social-cristiano, que es convicción impregnada de nacionalismo, para pedir una política verdaderamente nacional frente a nuestra fuente de riqueza petrolera y minera y frente a los problemas del agro venezolano; que es invitación para que busquemos todos una fórmula de armonía, una fórmula de convivencia nacional, una fórmula de entendimiento; para que busquemos, señores – es el momento de la reflexión, pero es el momento también de la actitud decidida y firme – para que busquemos, señores, la manera de salir de este atolladero y de abrir paso a una nueva Venezuela! (Gran ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

COPEI es la solución

Y es por esta razón por la que estamos diciendo, sin exclusivismos, sin mezquindades, con la fuerza de la convicción para repetírnoslo a nosotros mismos como imperativo deber, que COPEI es la solución. (Vivas a COPEI). Porque la solución copeyana no sería nunca una solución para beneficio egoísta de los copeyanos: sería una solución para todos los venezolanos, donde todos los esfuerzos se conjuguen, donde todas las iniciativas honradas se reciban, donde todos los hijos de esta patria, por encima de nuestras disensiones ideológicas – que tenemos el deber de mantener los que defendemos principios categóricos muy claros – , por encima de esas diferencias y sin traicionar nuestros postulados, hagamos lucha contra el peculado, contra la corrupción, contra el retroceso en la historia venezolana. (Estruendosa ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

Vamos, sí, a las elecciones, seguros de que cada voto de cada venezolano será un testimonio de dignidad, de una conciencia que no ha sabido venderse. Vamos, sí, a las elecciones, pero no para dejar la lucha, sino por miedo de dejar la lucha si decidiéramos la abstención. Vamos a las elecciones, para mantener este combate por el ideal. En ese combate hemos auscultado la voluntad de nuestro partido y de nuestro pueblo y podemos declarar aquí, solemnemente: estamos orgullosos de nuestra patria, por sus antecedentes históricos y por sus inagotables posibilidades; estamos orgullosos de nuestro pueblo, porque nuestro pueblo ha demostrado que lo que es en él fría y serena calma no es entreguismo ni sinvergüenzura (prolongados aplausos); y estamos orgullosos de nuestro partido, porque nuestro partido ha demostrado que sabe decir «No» al soborno, que sabe decir «No» al atropello, que sabe ratificar sus principios, que no pregunta nombres propios para atacar a los que proceden mal, que está firme en la lucha por Venezuela y que está noblemente abierto a todas las iniciativas; porque ha demostrado, en fin, que su ideario social-cristiano no es mentira, que ese ideario social-cristiano no es comedia para engañar a nadie sino convicción de un ideal que considera lo cristiano, no como manifestación formal de culto aparente, sino como la convicción puesta en el espíritu de Cristo, mediante el respeto de los hombres, amigos o enemigos, hacia la creación de instituciones que de verdad puedan llevarnos a la justicia. (Gran ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

En esta lucha, venezolanos, no se trata de una contienda de partidos: se trata de un deber nacional. Es un deber que todos tenemos. Cada uno da lo que puede. Los copeyanos reclamamos el derecho de darlo todo para luchar por ese ideal. Pero el trabajador o el empresario, el hombre de iniciativas, intelectuales o manuales, la mujer que está en el hogar, cada uno tiene un deber en este momento nacional. El que se abstiene está apoyando al Gobierno actual de la República. El que se niega a la lucha está negándole su aporte, no a un partido, sino a una Venezuela hambrienta de que se le devuelva su decoro. (Estruendosa ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

Adelante, pueblo venezolano! Esta lucha es hermosa. Jamás se vio un espectáculo tan noble, de un pueblo inerme luchando mediante la expresión de su conciencia contra una maquinaria oficial omnipotente, manejada por manos que tienen a su alcance las arcas de un tesoro inextinguible y todos los recursos de la fuerza física. Jamás se ha visto un espectáculo tan noble como el de esta Venezuela, que sabe que su fuerza está aquí, en su corazón; que sabe que eso no se podrá destruir mientras exista en él la fuerza de su dignidad. (Prolongados vivas a COPEI). Jamás se ha dado, venezolanos, un ejemplo tan esperanzador. No vayamos a comprometer este ejemplo, negándonos a combatir, para esperar la ocurrencia que un golpe de fortuna pueda determinar y que pueda traer una tiranía ominosa o llevarnos a circunstancias casi imprevisibles e indefinibles.

Vamos a luchar! Vamos a continuar la lucha! Esta lucha es de todos: de todas las profesiones, de todas las edades, de todas las regiones! Vamos adelante, hasta que reine la justicia social en una Venezuela mejor! (Estruendosa y prolongada ovación, acompañada de grandes aplausos y vivas a COPEI).