Rafael Caldera ante las Fuerzas Armadas 1969
El presidente Rafael Caldera entregando el sable a los nuevos oficiales en el Patio de Honor de la Academia Militar de Venezuela.

Las Fuerzas Armadas están al servicio de la Democracia

Discurso de Rafael Caldera en el patio de la Escuela Militar, en la graduación de los nuevos oficiales que egresan de las Escuelas Militares del país. En la ceremonia de graduación coincidieron las promociones José Gregorio Monagas, Antonio Ricaurte, José Heriberto Paredes y Batalla de Ospino. Caracas, 7 de julio de 1969.

 

Es hermoso símbolo la celebración en los mismos días en que se conmemora la fecha nacional de Venezuela, el grado de los nuevos oficiales que egresan de las Escuelas Militares del país. Ello implica la presencia de la juventud con su entusiasmo, con su decisión, con su coraje, con su fortaleza, con su espíritu ansioso de horizontes en las Fuerzas Armadas, organizadas y mantenidas por la República para sostener la independencia y la integridad territorial de la nación y la vigencia plena de la Constitución y de las leyes. Sangre joven y dinámica que llega cada año al seno de las Fuerzas Armadas para aportar –ella también– con rectitud, con decisión, un principio renovador, a tono con la dinámica transformadora de Venezuela.

Las Fuerzas Armadas responden a un país que lleva en sí una fuerza pujante de transformación. Por esto, a medida que la nación toma mayor conciencia de su destino, de su responsabilidad y de su compromiso con la hora que vivimos y con los tiempos que nos apremian y que están por venir, sus Fuerzas Armadas Nacionales demuestran esa misma vitalidad con sentido dinámico, con conciencia plena de los nuevos deberes que cada momento impone sobre los venezolanos, individual y colectivamente, dentro de su función característica y en el marco de su propia misión.

En la tarde de hoy hemos visto, en ceremonia emocionante, cómo después de varios años de estudio, regidos por disciplina y responsabilidad, egresan de sus escuelas, para integrarse al servicio activo dentro de las Fuerzas Armadas, representantes de nuevas promociones. Todos hemos podido sentir vibrar nuestra emoción en el simbólico acto en el cual el uniforme de cadete ya no se viste más y se reemplaza por el uniforme de oficial, momento en que los nuevos hombres de nuestras Fuerzas Armadas advierten que recae sobre ellos, para toda la vida, una responsabilidad trascendental.

Esa estrella ganada a través del estudio y de la disciplina simboliza mucho para cada uno de ustedes, para cada una de sus familias, que quién sabe a costa de cuántos sacrificios han sido artífices de esta culminación. Representa mucho también para la Patria y para sus Fuerzas Armadas, pues en la tarea que tenemos por delante en la Venezuela de hoy y de mañana, sabemos que nuestros esfuerzos resultarían vanos y que edificaríamos sobre terreno inconsistente si no contáramos con la presencia activa de las Fuerzas Armadas, constantemente renovadas, respondiéndole al país entero por el orden, la libertad, la paz y la convivencia.

Hoy, los nuevos oficiales, a través de un juramento inolvidable, entregan a esa grave función, a esa trascendente responsabilidad, el sentido de su vida. Esta tarde sentimos aquí que el esfuerzo que también la República ha puesto en su formación está correspondido por la decisión inquebrantable en cada uno de los nuevos oficiales de comprender y de practicar los deberes que su conciencia militar les impone, los cuales se basan, fundamentalmente, en la vigencia ordenada y cabal de las instituciones republicanas.

Para los nuevos oficiales empieza una etapa llena de ilusión y de entusiasmo, pero también erizada a veces de duras exigencias y de graves tentaciones. Es largo el transcurso que debe recorrer la vida de un hombre en el trecho que nace con la primera estrella hasta alcanzar el primer sol sobre sus hombros. Es toda una existencia. Los años de la escuela han terminado. Empiezan ahora las exigencias del servicio; en ocasiones exigencias rígidas, en ocasiones exigencias que llevan al ánimo de muchos la tentación del abandono y la renunciación.

Debe verse muy lejos la meta, debe sentirse a veces muy duro el silencio del esfuerzo diario ignorado, aunque fundamental para la marcha de la Patria. Entonces es cuando la formación recibida, el juramento prestado, el recuerdo de una tarde como ésta, única en la vida de un hombre, les ayudará a mantener la perseverancia como virtud fundamental y a recordar que la disciplina constituye signo de orgullo en la conciencia de un hombre libre, porque, como dijera en sus elocuentes palabras el Inspector General de las Fuerzas Armadas, es necesario saber obedecer para poder aprender a mandar.

Por delante de nosotros está, señores oficiales de las nuevas promociones, una etapa fundamental en la vida del mundo, una etapa fundamental en la vida de Venezuela. Entre el momento en que ustedes reciben la presilla con su primera estrella y aquel en que los primeros y más afortunados reciban el primer sol que los sitúe en la jerarquía de General, ocurrirán en el mundo muchas cosas. En esa etapa tenemos la obligación de recoger el reto que los tiempos nos lanzan, de trabajar muy duro para responder a nuestro pueblo, para responder a la familia venezolana, para responder a los imperativos del desarrollo y de la justicia. En esa labor –a veces a ustedes les costará creerlo– la tarea abnegada, diaria y silenciosa de cada uno de ustedes en el puesto de servicio, será un eslabón indispensable, pieza fundamental para que pueda lograrse el éxito que todos necesitamos y exigimos.

Caldera ante las Fuerzas Armadas
El presidente Rafael Caldera junto a la primera dama, Alicia Pietri y el alto mando de las Fuerzas Armadas Nacionales.

En Venezuela, una de las características fundamentales de la conciencia democrática del pueblo es la identificación que se ha logrado entre el país y sus Fuerzas Armadas. Es la convicción recíproca que existe de que la libertad, la dignidad del hombre, la justicia, los programas de desarrollo, la transformación progresista de la República, serían imposibles si las Fuerzas Armadas no estuvieran paso a paso y momento a momento, respondiendo a la misión que les incumbe.

Pero, al mismo tiempo se da en el seno de las Fuerzas Armadas la convicción más grande y plena de que su deber, su función, su dignidad, la satisfacción de la profesión a la cual se ha dedicado la existencia, no tendrían su plena realización si no se mantuviera el orden democrático basado sobre la dignidad de cada hombre, sobre la libertad de cada ciudadano, sobre el respeto de los derechos de todos, y sobre el compromiso de trabajar infatigablemente por el pueblo.

Estas ideas, señores oficiales de las nuevas promociones, estarán siempre vigentes en el ánimo de ustedes. Y en el momento en que algún susurro venenoso, por parte de aquellos que no pudieron encontrar caminos claros para satisfacer ambiciones, quisiera apartarlos a ustedes de la senda del deber, estará presente el juramento prestado, estará presente el orgullo de ser miembros de las Fuerzas Armadas de Venezuela, y estará presente la satisfacción inmensa de ser ciudadanos de una patria libre, de una patria que guarda con celo el decoro conquistado a través de los años por el sacrificio, por la abnegación y por la devoción de las grandes mayorías nacionales.

Señores subtenientes y alféreces de navío de las promociones «José Gregorio Monagas», «Antonio Ricaurte», «José Heriberto Paredes» y «Batalla de Ospino»:

Esta tarde, en nombre de la República, por mandato de la Constitución que me inviste con la honrosa responsabilidad de comandar las Fuerzas Armadas Nacionales, he puesto en las manos de ustedes, como símbolo de la responsabilidad que les entrega la República, el sable que caracteriza su nueva dignidad, su nuevo grado de oficial. He podido apreciar en el rostro de cada uno de ustedes la inmensa emoción, la emoción profunda de este acto simbólico; pero puedo asegurarles que yo también he sentido una emoción análoga. Al entregarles ese sable, he sentido como si estuviera renovando el juramento de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes del país, de defender la Patria y sus instituciones a riesgo de todo, hasta de entregar la vida si fuere necesario.

Al entregar ese sable he sentido renovar un compromiso, un compromiso del magistrado civil que por la voluntad del pueblo comanda las Fuerzas Armadas Nacionales, esas Fuerzas Armadas representadas por ustedes. He sentido renovarse la fe de todos los venezolanos humildes, que le han dado su vida y su aliento a las instituciones, en virtud de las cuales hemos celebrado un acto tan hermoso y solemne como éste.

Para ustedes, la entrega de ese sable representa además la entrega de las armas, que la República coloca en sus manos para defenderla: para defender la justicia, para defender la libertad, para defender la paz, para defender las instituciones, para defender el progreso legítimo, que arranca de las leyes y de la sinceridad en el cumplimiento del deber.

Esa entrega del sable representa también la confianza que la República pone en ustedes al entregarles una función de comando, en virtud de la cual van a tener bajo sus órdenes a otros ciudadanos nacidos en esta misma tierra y también partícipes del derecho y del deber de hacerla grande, próspera y feliz.

Con la entrega de ese sable y con el juramento que han prestado, confío en que ustedes, señores oficiales de las nuevas promociones, sabrán que los hombres que el pueblo va a confiarles, para que bajo sus órdenes cumplan el servicio militar, son seres humanos como ustedes, son compañeros en una labor creadora; y que las armas, que en nombre de la República, el Gobierno Nacional pone bajo la custodia de ustedes, son armas que jamás deben usarse para mancillar la justicia, sino que siempre servirán para darle lustre a Venezuela, para darle lustre a sus Fuerzas Armadas, para defender la justicia y la libertad, y para, con ellas, manteniendo la independencia y la integridad del país, hacer posible el progreso que lleve esa justicia y fecunda paz a todos los venezolanos de buena voluntad.

Rafael Caldera Fuerzas Armadas
El presidente Rafael Caldera durante su discurso a los nuevos oficiales.

 

Audio del discurso: