Rafael Caldera frente a la tumba de Alexander Von Humboldt
Rafael Caldera visita la tumba de Alexander Von Humboldt en el Palacio de Tegel, Berlín, 20 de septiembre de 1980.

Humboldt, descubridor científico del Nuevo Mundo

Palabras pronunciadas por Rafael Caldera como presidente de la Unión Interparlamentaria Mundial, frente a la estatua de Humboldt en la Universidad de Berlín, en homenaje que le rindieron las delegaciones latinoamericanas, el 18 de septiembre de 1980. El presidente Caldera habló en alemán.

 

A la edad de treinta años, Federico Guillermo Henrique Alejandro de Humboldt era un sabio, no sólo por lo profundo de su formación y lo vasto de sus conocimientos, sino por su insaciable curiosidad científica. Los cinco años de su «Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente» constituyen uno de los tesoros más ricos del conocimiento de América, por lo que, sin vacilación, muchos estudiosos lo han calificado como el «descubridor científico» del nuevo mundo.

Para Humboldt no había ser animado, hecho o fenómeno de la naturaleza que no le mereciera cuidadosa y sagaz atención. Plantas y árboles, animales pequeños y grandes, mares y ríos, rocas y astros, cuevas y volcanes, terremotos y corrientes, todo fue objeto de su estudio. Recorrió con su infatigable compañero el sabio francés Aimé Bonpland, sorteando dificultades infinitas, desde la Península Española y el Archipiélago Canario, países americanos como Venezuela y Colombia, Ecuador y Perú, Cuba y México, y hasta los Estados Unidos.

Recogió celosamente todo el material que pudo, para someterlo más detenidamente a su análisis y el de los principales sabios de su tiempo; y no contento con lo que aportaba a las ciencias naturales, abordó con acierto la descripción social y cultural de nuestros pueblos, hasta entonces casi desconocida.

Andrés Bello guardaba de la visita de Humboldt a Caracas imperecederos recuerdos. Adolescente aún, estuvo entre los caraqueños que quisieron acompañar a Humboldt y Bonpland en su ascensión a la Silla de Caracas.

Simón Bolívar, catorce años más joven que él, le profesó una admiración inmensa; la amistad de cada uno por el otro la tuvieron ambos por motivo de orgullo; y se asegura que el futuro Libertador acompañó al sabio berlinés en su exploración del Vesubio. También tuvo amistad con los sabios colombianos Mutis y Caldas.

Nada más justo que el homenaje que hoy han querido rendirle, ante su estatua que decora el frontis de la Universidad de Berlín, con la de su hermano Guillermo, varias delegaciones latinoamericanas a la Conferencia Interparlamentaria que se reúne en la ciudad del grande y humano sabio.

Venezuela se sentía obligada a tomar la iniciativa, y en su nombre va a hablar el jefe de la Delegación Venezolana, Godofredo González, presidente del Congreso de nuestro país. Su palabra y el gesto de hoy aspiran a traducir todo el inagotable sentimiento de admiración y de afecto que los países visitados por él –y las naciones latinoamericanas en general– guardan por la personalidad y la obra de ese gran alemán a quien en esta ocasión saludamos de nuevo, a saber, Alejandro de Humboldt.