¿Por qué nació la UNE? (1937)

Rafael Caldera (centro) en Lagunillas, estado Zulia, durante su gira con la UNE en 1937.

¿Por qué nació la UNE?

Conferencia radial publicada por Ecos del Zulia el 23 de septiembre de 1937.

Son muchas las maneras como han respondido los enemigos de la UNE a esta pregunta: ¿por qué nació la UNE? En expresión de algunos, que en el hábito de su egoísmo no encuentran en las acciones humanas otros móviles que las conveniencias, la existencia de nuestra asociación es obra de «la mano encallecidamente hábil de un grupo complejo de intereses».

Otros han pretendido hallar la causa de nuestro movimiento en una rivalidad personal entre grupos que se disputaban la supremacía del estudiantado; rivalidad que trajo como consecuencia la separación del sector que no pudo lograr la mayoría.  Otros afirman que se trató de una maniobra contra el estudiantado.

La propaganda multiforme pero intensa, ha logrado cierto éxito. Muchas son las personas de buena fe que consideran una canallada o un error la separación de la Federación de Estudiantes, del grupo que el 8 de mayo de 1936 constituyó la Unión Nacional Estudiantil.

Por eso la representación de la UNE viene hoy a responder por propia boca a la pregunta: ¿Por qué nació la UNE?

Debo advertir antes que todo que los estudiantes que formamos la UNE no habíamos sido «indiferentes» antes de la escisión. Desde que al morir Gómez se constituyó la Federación, en diciembre de 1935, acudimos a sus filas animados de buena voluntad y de un firme sentimiento de solidaridad estudiantil.

Dispuestos fuimos a trabajar por la Federación, esperando en ella encontrar una encarnación de los verdaderos ideales del estudiantado venezolano. Pero pronto se dejó sentir la dura realidad de las cosas. Nosotros deseábamos a la Federación como una fuerza incontaminada, libre de ligamentos hacia ninguna clase de intereses: una Federación que realizara por un lado la formación de una juventud que avanzara con paso preocupado hacia la concepción de un porvenir mejor, y que fuera a la vez el vigilante de las instituciones, como censor severo y desinteresado de todo lo que amenazara corromperlas.

Nosotros queríamos una Federación que prescindiera de los matices de ideas y sentimientos personales que pudieran dividir a sus miembros, y ensanchara su acción en el campo de aquello en que todos debíamos encontrarnos de acuerdo: la creación de una patria auténticamente libre y auténticamente dueña de su propio destino. Sabe Dios, y lo saben también  todos los estudiantes, que en el seno de la Federación el grupo que formó la UNE no trató nunca de imponer, ni de la manera más remota, ninguna especie de corrientes personales. Se limitó a pedir que se despojara al organismo del tinte cada vez más patente que se le daba, de instrumentos de una combinación política.

Pero nuestra lucha se hacía cada vez más estéril. No habíamos contado nosotros con que Gómez había realizado con el estudiantado de 1928 la más cruel de todas las venganzas. Importante para sostener su rebeldía, lo lanzó a la oscuridad de las mazmorras y lo puso en contacto con enfermos del alma que supieron llevar aquellos pechos, tocados de justo odio hacia el tirano, el contagio de una ideología destructora. Muchos hubo, sí, que tuvieron madera para salvarse del contagio, y que rodearon con veneración al cívico ejemplar que se llamó Rafael Arévalo González, pero Arévalo y ellos fueron impotentes para detener el avance del mal que ocasionó la barbarie del tirano.

Y del contagio ideológico pasaron al compromiso político. Unidos en un solo pasado y alejados irrevocablemente del campo universitario, los cabecillas no pudieron sin embargo olvidar lo que el estudiantado significa en abnegación y en heroísmo. Fueron a su conquista, y la tarea fue fácil: los que habían sido compañeros de lucha contra Gómez y en la prisión opositora de ideas a los nuevos caudillos, habían desaparecido ya del escenario estudiantil; los demás, los que fuimos demasiado jóvenes en el año 28, no podíamos menos de verlos a ellos con gran admiración.

Pronto el entusiasmo se trocó en decepción. Unos primero, otros después, fuimos llegando a la triste convicción de que al estudiantado se lo empleaba de escalón para los aventureros sin escrúpulos. Al convencimiento sucedió la protesta. Y la protesta no faltó un momento: y fueron meses de dura lucha cotidiana los que precedieron a nuestra escisión. Duchos ellos en la táctica de la calumnia y de la demagogia, a base de demagogia y de calumnia supieron  mantener su mayoría. Los atropellos se sucedían de momento en momento, y el grupo cada vez más nutrido de los opositores los soportaba por increíble cariño a la Federación y a la bella idea de la unidad total del estudiantado.

Basta saber que la lucha comenzó en el mismo diciembre, y la separación vino a realizarse en mayo, para darse cuenta del empeño que los que hoy somos uneístas pusimos en evitar el momento de la escisión. El menosprecio de nuestros derechos iba aumentando por instantes. Las asambleas eran atropellos tumultuarios donde era menester de grande esfuerzo para hacer oír razones y argumentos.

De nada valió que en la memorable jornada del 14 de febrero demostráramos nosotros sin reservas que por sobre nuestras disensiones poníamos la idea de un estudiantado compacto al servicio de la patria. De nada que acudiéramos a llenar las filas estudiantiles que se levantaban en defensa de las libertades en peligro. De nada que saliéramos a pedirle al pueblo que evitara las manifestaciones de violencia para no empañar el civismo de aquella fecha magna, hasta el momento en que ello nos fue prohibido por el Concejo Central, el cual reservó la misión de comunicarse con el pueblo para sus elementos de confianza. Los meses de marzo y abril se sucedieron, y día a día se empujaba al estudiantado al servicio de conocidos intereses, y día a día se respetaban menos los derechos de la minoría.

Durante ese período, el grupo que se oponía a aquel sistema no dejó traducir al público la descomposición interna que minaba la Federación. Ni una palabra salió al exterior mientras no la llevaron los mismos adictos del Concejo Central.

Pero el problema se agudizó y llegó a plantearse el tremendo dilema. O Venezuela, o la Federación. Permanecer en la Federación era seguir permitiendo que en el nombre de todo el estudiantado venezolano, en el nombre de toda la juventud pensante, se empujara al país por la ruta estudiada de antemano por los aventureros. Dejar a la Federación era terminar la unidad estudiantil, que apenas era ya aparente; pero era decirle al pueblo venezolano que la ruta adonde se llevaba seducida a la mayoría de los estudiantes fevistas, no era compartida por todo el estudiantado.

Así murió la Federación de estudiantes para convertirse en la FEV. Desde entonces no pudieron ya los líderes políticos decir que contaban con el apoyo de «los estudiantes», sino de «los fevistas». Dolorosos son estos recuerdos, y apenas los traemos por una necesidad de justificarnos, ante ti, pueblo de Maracaibo, que me escuchas. Ante ti, que habrás oído decir muchas veces: «es cierto que la Federación no iba bien encaminada, pero los de la UNE no debieron separarse, porque rompieron la unidad del estudiantado». Te han dicho eso sin aclararte que la unidad no existía, porque se empeñaron en romperla quienes pretendían imponer la tiranía de las conciencias. Sin explicarte que la separación fue una medida que a todo trance tratamos nosotros de evitar. Sin añadirte que por sobre el ideal, hermoso sí, pero imposible, de la unidad total, estaba la salud de la patria.

Por eso nació la UNE. Vino al mundo en momentos en que sus enemigos eran omnipotentes. Luchó contra ellos, y comprometió su vida al servicio de los que habían sido siempre los legítimos ideales del estudiante venezolano. Mediante una cohesión absoluta en su seno, la UNE ha luchado y luchará por la superación del estudiante. Queremos estudiantes que no tengan miedo a los problemas sino que se encaren resueltamente a resolverlos. Que se preparen para dar su aporte de conocimientos a la inmensa fábrica en proyecto que es la Venezuela del futuro. Pero queremos también estudiantes preocupados por las cuestiones que se salen del radio de lo técnico para entrar en el campo de lo humano. Hombres completos que unan al cultivo de la inteligencia el robustecimiento de una voluntad creadora y la credencial de una honradez integérrima.

Queremos, por tanto, una renovación pero sin destruir el sentimiento de la patria y sin aislarlo a la tradición que moral e históricamente lo engendró. Somos una fuerza de avance sin incurrir en la puerilidad de considerar que para no ser retrógrado haya que botar una despectiva sonrisa ante el nombre del Libertador, ni profanar con el insulto los resortes espirituales que constituyen fuerza del perfeccionamiento social.

Queremos justicia social. Queremos reivindicaciones para el obrero de la ciudad y para el peón del campo. Las hemos pedido abiertamente, y en todo momento la justicia social ha sido la consigna de la UNE. Pero nos oponemos al diabólico afán de querer edificar a base de odio una nueva construcción social que llevaría en cada una de sus células la dinamita de su destrucción.

En todas nuestras actividades ha presidido esa concepción. Hemos estado desligados de todo cuanto signifique regresionismo, así como no hemos aceptado componendas con lo que encarne negación de la patria y de las legítimas tradiciones que han dado fisonomía al alma nacional.

Al sentimiento de nuestra nacionalidad lo hemos colocado por encima de todo. Por eso hemos ido contra el imperialismo. Tanto contra el imperialismo económico que busca la sumisión de nuestra economía al capitalismo internacional, como contra el político que busca la tutela de las grandes potencias sobre nuestros países hispanoamericanos, como contra el cultural que pretende imprimir la fisonomía de otras razas al alma venezolana. Hemos combatido el imperialismo, tanto el sajón, como al esclavo que se viste con el disfraz de una falsa propaganda democrática, como si de la concepción hegeliana, totalitaria, de Stalin, pudiera nacer siquiera un germen de la democracia. Nuestro anti-imperialismo, pueblo zuliano que me escuchas, no es griterío que se utiliza con el objeto de una propaganda política. Es medular. Se basa en una firme conciencia de nuestra nacionalidad amenazada y se endereza a pedir una actitud enérgica contra los abusos del capital extranjero que, si es factor de progreso en cuanto coopera al desarrollo de nuestra producción, debe ser intransigente controlado en cuanto signifique explotación exhaustiva y usurera de nuestras riquezas naturales e injusticia oprobiosa para nuestros trabajadores.

Somos profundamente anti-imperialistas porque somos profundamente venezolanistas

La UNE ha luchado y luchará por una concepción bolivariana de nuestra nación. No nos entusiasman las corrientes europeas que hoy se disputan el campo del ya caduco continente. Estamos con todo movimiento de combate contra la monstruosa concepción bolchevique que libra desesperadamente sus últimas batallas en el estertor de la agonía; pero no necesitamos que se traigan a nuestro país las formas totalitarias que en los países europeos han venido surgiendo por un imperativo de factores históricos. Para el movimiento uneísta la salvación de Venezuela está, no en imitar a otros, sino en fortalecer nuestros propios resortes sociales.

En Bolívar, alguien sintió como nadie la inmensa realidad de su país y que luchó más que ninguno con el enciclopedismo servilista que para entonces invadía todos los rincones del mundo y que tendía a subyugarlo a él mismo; en el Gran Venezolano, que supo desarrollar a su más alto grado la potencialidad de grandeza que dormía en la hasta entonces pequeña colonia, busquemos los principios de las soluciones que adaptadas a las necesidades de la época acaban de formar la nacionalidad; nacionalidad que fue concebida aquí en Coquivacoa por la cópula del ideal, simbolizado por España, con la carne viva de la patria, representada en el gineceo de este Lago; que nació, tras larga gestación, hace apenas un siglo, y que ha venido manteniéndose a pesar de los burdos empellones que se le han dado en nuestra propia casa.

Eso quiere la UNE. Eso constituye la fuerza motriz de nuestro movimiento. La UNE ha trabajado con tesón por una idea neta de la patria. Si lograda plenamente su objeto, se habrá de ver en el futuro, porque su actividad total sólo podrá desarrollarla en el mañana. Pero sí puedo prometeros que está dispuesta a ir al sacrificio con la misma animosidad con que ha enarbolado el estandarte de la lucha. Que, como lleno de orgullo y seguro en la promesa dije en el Teatro Municipal de Caracas en nuestro primer aniversario, «en el momento en que la patria, adolorida pero esperanzada, se incorpore de su lecho de miserias para exigirnos la total ofrenda, suyo será el llamamiento emocionado y nuestra la respuesta inmediata, vibrante, decidida: UNIÓN NACIONAL ESTUDIANTIL PRESENTE Y ADELANTE».

Rafael Caldera (De la UNE de Caracas)