¡Escogemos la lucha! (1952)

¡Escogemos la lucha!

Discurso pronunciado por Rafael Caldera en el Nuevo Circo de Caracas, la noche del 15 de septiembre de 1952, para clausurar la VI Convención Nacional de COPEI.

Pueblo de Caracas:

Nunca pensamos los venezolanos que asistimos a la transformación iniciada en el país a la muerte del General Gómez, que a los 17 años de haber muerto en su lecho el anciano dictador íbamos a presenciar la más descarada propaganda, en la teoría y en la práctica, de la tesis del «gendarme necesario». (Gran ovación).

El momento nacional es extremadamente grave. Hemos venido los venezolanos transitando un camino lleno de dificultades y de imperfecciones. Nos hemos combatido los unos a los otros. Nos hemos iniciado en el ajetreo de la lucha política. Pero hemos pensado que había un atrás definitivamente ido en las páginas más dolorosas de nuestra historia; y es precisamente esa idea la que tenemos hoy que salvar: la de que ese atrás pasó en Venezuela; la de que hay una nueva patria que busca su destino. (Gran ovación).

La lucha no es hoy de grupos contra grupos, ni de personas contra personas. Bien quisiéramos nosotros que lo fuera, bien quisiéramos nosotros que la lucha no fuera, como lo es, la lucha del destino de un pueblo contra sus páginas más cargadas de oprobio, contra la realidad más dolorosa que la patria de hombres que nombraron la libertad vivió ante la conciencia consternada del mundo. (Muchos aplausos).

Venezuela sorprendió al mundo en los albores del siglo XIX lanzando sus hombres a conquistar la libertad en los campos de América. Venezuela sorprendió al mundo, dolorosamente, en el resto de ese siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX, soportando una ignominia que le hacía sentir a uno, para amarlo más en el dolor, la angustia del gentilicio venezolano. (Ovación). Y esa es la lucha que está planteada en el dilema que confronta hoy el pueblo venezolano: de un lado, los que dicen que este es un pueblo bárbaro, inculto, que no tiene derecho a gobernarse; que la única ley que existe en Venezuela es la ley de la fuerza; que es necesario buscar – fabricar, si fuere necesario – la figura de un hombre fuerte y rodearlo para seguir transitando la senda de los desmanes. Del otro lado: la conciencia de la patria, que no quiere venderse; la voluntad del pueblo, que aquí, esta noche, en este lleno inmenso del Nuevo Circo de Caracas, está mostrando que todas las amenazas y todos los halagos y todos los millones del Presupuesto Nacional no son capaces para sobornar ni para doblegar la voluntad de un pueblo libre. (Ovación, prolongados aplausos).

Antecedentes de la situación

La situación venezolana se ha agravado más y más en los últimos tiempos. Recuerdo la lucha de COPEI, cuando se instauró el régimen de facto, por mantener el índice de la Nación sobre la Junta de Gobierno, para recordarle su deber inmediato de convocar el pueblo a unas elecciones libres y sinceras. Al cabo de un año de esa lucha se logró algo: el nombramiento de una Comisión que redactara un Proyecto de Estatuto Electoral. Fuimos a esa Comisión a defender principios: el principio del voto de la mujer, el del voto de los jóvenes de más de 18 años. Y pregunto yo: ¿ por qué no tienen derecho a votar en Venezuela los jóvenes de más de 18 años, cuando al país lo gobiernan hombres que apenas están frisando los 40?. (Aplausos y ovación. Vivas a COPEI).

Defendemos, sí, el voto de los analfabetos; defendemos la representación proporcional; defendemos algo que se olvidó en las páginas del Estatuto Electoral: el derecho de los partidos políticos de estar presentes en todos los organismos electorales en forma capaz de cohibir abusos y maniobras; defendimos la libertad para la propaganda electoral; no una propaganda alborotosa, no una propaganda dañina, pero sí una propaganda amplia, que diera especialmente a los pueblos de Venezuela – los que no tienen Nuevo Circo – la posibilidad para que a la plaza pública salieran sus hombres y mujeres a escuchar la voz de los luchadores políticos. (Prolongados aplausos).

Ese Estatuto Electoral – lo sabe toda Venezuela -, ese Estatuto Electoral – el proyecto inicial de la Comisión Redactora – fue defendido por COPEI en publicaciones de prensa y en conferencias públicas en todo el país, conferencias a las cuales invitamos a los que quisieran replicar los principios que sustentamos. Ese Estatuto Electoral, como todo el país lo sabe, iba a ser promulgado el 24 de noviembre de 1950, de no haber ocurrido pocos días antes el asesinato del Coronel Carlos Delgado Chalbaud. (Aplausos).

A raíz de este hecho doloroso, a raíz de este hecho sin precedente alguno en la historia política de nuestro país, a raíz de ese hecho del que antes nos habíamos encontrado libres, a pesar de todos nuestros dolores y de todas nuestras miserias, continuamos reclamando, reclamando ante el pueblo, que el camino de la patria era el camino del sufragio y que era necesario abrirlo, sin temores, si es que se quería salvar para la historia la responsabilidad del régimen actual. Pero he de decir que la promulgación del Estatuto, que debió ser, señores, la apertura de un régimen de libertades y de amplitud; la promulgación del Estatuto, que debió ser ya el cierre del paréntesis en el camino de las represiones, se convirtió en el punto de partida de una ola de represiones de mayor alcance todavía. Por un lado se promulga un Estatuto Electoral maltrecho, se lo acompaña de unos Decretos restrictivos de los derechos de reunión y de asociación y por otro lado comienza la maquinaria represiva, especie de «proyecto de aplanadora nacional», para abrirle el camino a las agrupaciones gobierneras. (Estruendosa ovación. Grandes aplausos. Vivas a COPEI).

Esa ha sido, y me duele decirlo (me duele por mi patria, porque quisiera yo que gobernaran bien los que mandan, cualquiera que sea su nombre o significación), esa ha sido la campaña electoral del Gobierno. La fundación de las agrupaciones gobiernistas se ha representado por una serie de amenazas, de detenciones, de expulsiones, de arrestos, de confinamientos, de citaciones a la Seguridad Nacional, de destitución de funcionarios públicos; especie, repito, como de gran aplanadora que quiere machacar la resistencia para que pueda pasar cómodamente ese engendro que nadie sabe si es partido o si no lo es; que nadie sabe si es transitorio o si no lo es; que nadie sabe lo que quiere, como no sea sostener el Gobierno… (Gran ovación y estruendosos aplausos impiden oír la voz del orador).

Política de «mano dura»

La evolución del país ha sufrido por eso un serio y sostenido retroceso. En vez de abrirse las compuertas del sentimiento nacional, se ha tratado de cerrarlas por una política de mano dura. De mano dura ha sido el cierre de la Universidad Central. Ha sido la tesis del gobierno ilimitado, que no reconoce valla alguna, frente al máximo instituto de la vida espiritual de la Nación. Y conste que COPEI no ha querido hacer estribillo de una campaña política el cierre de la Universidad. Lo ha mencionado porque lo debe mencionar; lo ha mencionado con respeto supremo, porque hemos proclamado y lo seguimos proclamando, que la resistencia de la Universidad ante el atropello no fue un hecho de partidarismos políticos ni de combinaciones políticas: fue una emanación del espíritu universitario, que es la mejor expresión del espíritu de la nacionalidad. (Muchos aplausos).

El Gobierno ha dicho que en la Universidad hubo una componenda, porque aparecimos juntos en la defensa de su autonomía estudiantes y profesores, hombres políticos y hombres independientes, militantes de agrupaciones políticas entre las cuales existe un hondo abismo doctrinario; pero ese argumento que el gobierno esgrime es precisamente el argumento que lo condena: porque para que se hubiera logrado esa unanimidad, para que se hubiera logrado ese frente absoluto por encima de todas las diferencias, tenía que estarse ventilando algo muy por encima del deseo de plantear posturas o gestos ante la opinión de los grupos políticos. (Ovación. Aplausos).

La Universidad resistió con entereza, con sobriedad, universitariamente. Está cerrada; pero yo les digo a ustedes que nunca, ni cuando sus claustros centenarios estaban repletos de estudiantes, la Universidad Central de Venezuela le ha dictado a su pueblo una lección más hermosa. (Muchos y prolongados aplausos).

La política de mano dura se ha expresado en las destituciones. El Banco Agrícola y Pecuario, que es instituto autónomo, ha tenido que pagarles indemnización a trabajadores con más de nueve años de servicio, para darse el gusto de despedirlos, porque no quisieron llenar la ficha de la agrupación oficial. (Cerrada ovación. Prolongados aplausos).

Y cuando el Comité Nacional de COPEI le dirigió a la Junta de Gobierno una carta reclamándole, en nombre de la Patria, la clausura del centro de reclusión de detenidos políticos establecido en la Isla de Guasina, ¿cuál fue la respuesta del Gobierno? Someternos durante dos días a una detención que no tiene otra explicación sino el desahogo bárbaro de querer ofendernos ante la conciencia de Venezuela, bajo el pretexto de un ridículo y tendencioso interrogatorio. (Cerrada ovación. Nutridos aplausos. Vivas a COPEI).

Y yo les digo a ustedes: en Guasina, que nosotros sepamos, no está detenido ningún copeyano. Hemos defendido principios, no estamos defendiendo intereses de partido. Le dimos al Gobierno la oportunidad de rectificar, porque al Gobierno nos dirigimos con las firmas de los miembros del Comité Nacional del Partido, en una exigencia, en un reclamo responsable ante la opinión pública. No nos supieron contestar sino en la única forma que ellos conocen. Pero la carta del Comité Nacional exigiendo la clausura de esa Colonia, esa carta, respondida así, tuvo más amplia repercusión en la conciencia del país y en los oídos de todos los pueblos del mundo, que cualquier agitación estridente. COPEI obró con responsabilidad. Y hasta revistas extranjeras por el tipo de Time, que no pudo circular en Venezuela, señalaban como un argumento decisivo el que COPEI, cuya palabra no era sospechosa de parcialidad, se había dirigido, con los calificativos que merece, a la Junta de Gobierno, en relación a la Isla de Guasina. (Estruendosa ovación. Prolongados aplausos. Vivas a     COPEI).

En carne propia

Nosotros conocemos, pues, la gravedad de la situación de Venezuela. Esa situación la hemos sentido en carne propia. Un buen día Luis Herrera Campíns y José Luis Zapata, miembro el uno del Comité Nacional de COPEI y el otro del Directorio Nacional de la Juventud Revolucionaria Copeyana, son llevados, tras de varias escalas, a la Cárcel Modelo de Caracas; de allí, al exilio. No hay explicación al respecto. Otro día, en la casa del doctor Alberto Silva Guillén, Presidente de COPEI en el Estado Sucre, y en la casa de Víctor Lemus, miembro del Comité Regional en ese Estado, aparece un mensaje de la Seguridad Nacional: están obligados a desocupar el Estado, con prohibición de quedarse en los vecinos Estados Anzoátegui y Monagas. Pero esto es apenas una pequeña demostración de todas las cosas que están sucediendo en relación a COPEI. Raro es el Estado de Venezuela donde no tengamos una lista de detenidos a los que nunca se dio explicación de los motivos de su detención. Una vez ésta ocurre en un mitin del Partido; en otra ocasión es después de un mitin. En general, la consideración que ocurre es ésta: «Usted tiene perfecta libertad para hablar, pero nosotros tenemos perfecta libertad – dice el Gobierno – para ponerlo preso, sin dar motivo ni razón». (Gran ovación. Vivas a COPEI).

La situación del Táchira

Pero este clima de represiones que estamos padeciendo en toda Venezuela es pálido – y el hecho es significativo – ante lo que está ocurriendo en el Estado Táchira. Y esto tengo que decirlo yo esta noche, en el Nuevo Circo de Caracas, porque lo prometí a tachirenses eminentes que me pidieron allá, en el Táchira, con ruego encarecido, decir aquí en Caracas, cuando hablara en esta arena del Nuevo Circo, que el Táchira no es responsable de los desmanes que se están cometiendo en Venezuela (aplausos); que el pueblo del Táchira está sufriendo más que ninguna otra porción del Territorio nacional, su delito de querer una patria libre, una patria grande y unida, sin fronteras internas. Y yo tengo que decirlo aquí, porque todas nuestras demás listas de detenidos son pequeñas ante las listas de detenidos que se nos hacen en el Estado Táchira; porque casi la totalidad del Comité Regional del Táchira está expulsado del territorio del Estado, pues les molesta su actuación a los señores que detentan el poder; porque muchos dirigentes, desde los más altos en el rango del Partido, hasta los más humildes, han purgado con la cárcel o con la expulsión el delito de no aceptar un puesto público o un mendrugo para engrosar el partido oficial. (Gran ovación. Aplausos).

Y yo quiero decirlo también por un motivo: porque si alguna justificación histórica tuvo el hecho de una candidatura presidencial mía en las elecciones pasadas, fue el demostrar, ante la conciencia de Venezuela, que el pueblo del Táchira, como el pueblo de Mérida, como gran parte del pueblo de Trujillo, sí podía respaldar, masivamente, la candidatura de un venezolano nacido en otro lugar de la República. (Gran ovación). Y puedo y debo hablar porque aquí, ante mi conciencia y ante este pueblo, que tiene pleno sentido de responsabilidad, puedo decir, con la boca muy llena, que ningún hombre nacido en los Andes ha recibido en el territorio del Táchira las manifestaciones de adhesión y fervor popular que he recibido cuando he ido a predicar la palabra de COPEI  . (Gran ovación. Vivas a COPEI).

Esta es la situación de Venezuela. Se está queriendo echar mano de los peores principios, de las peores propagandas y de los peores sistemas para tratar de eternizar en el mando a hombres que no sólo no tienen el respaldo de la opinión pública venezolana (gran ovación, nutridos aplausos, vivas a COPEI), sino algo más grave todavía: que no buscan el respaldo de esa opinión; que no son capaces de acercarse a auscultar el corazón del pueblo, sino que quieren gobernarlo a las malas, a los «trancazos», de una manera simple, que debe desaparecer del panorama nacional. (Prolongada ovación. Vivas a COPEI).

El tema de las Fuerzas Armadas

La situación política del país, por lo tanto, es muy grave. Y no puedo agotar este tema sin referirme a uno muy delicado, pero inexcusable en la reunión de esta noche: el tema de las Fuerzas Armadas. A nosotros, en la Seguridad Nacional, con perfidia y malicia, se nos preguntó «por qué era que COPEI estaba realizando una campaña deliberada contra la dignidad de las Fuerzas Armadas Nacionales, con el propósito de crear una conciencia y un clima antimilitarista» (creo que las palabras son textuales, porque no eran de aquellas que se olvidan fácilmente). Pregunta malsana y mezquina, dirigida a nosotros, porque toda Venezuela conoce la voz de COPEI, y sabe que somos respetuosos de nuestros adversarios y somos respetuosos de todas las instituciones. Pregunta dirigida contra la institución armada del país, porque en este momento nacional se está tratando de convertir la institución armada en factor de beligerancia política. (Nutrida y prolongada ovación. Vivas a COPEI. Prolongados aplausos). Y nosotros creemos que no estamos atacando sino defendiendo al Ejército, cuando estamos diciendo y reclamando ante la conciencia de Venezuela que el Ejército, institución creada por la ley, institución amparada por privilegios que emanan de la ley, institución sostenida con el esfuerzo de los venezolanos, e institución que recibe, en depósito de responsabilidad, las armas de la patria, está obligada a mantenerse siempre por encima de la politiquería. (Estruendosa ovación. Vivas a COPEI. Nutridos y prolongados aplausos).

Ante la situación internacional

Es que se está tratando de sembrar el odio, de convertir en hecho permanente el rencor de unos venezolanos contra otros: y eso se está tratando, precisamente, ante una situación internacional cuajada de amenazas y angustias como no han existido en la historia de la humanidad. Está pendiente la humanidad del choque de dos inmensos imperios, de dos imperios que exceden en extensión y en poderío, a todos los imperios que la imaginación humana ha podido concebir; y ante esta situación, naciones pequeñas como ésta están en el deber de presentarse unidas, de presentar gobiernos que cuenten con el respaldo de sus pueblos, de presentarse en el camino de resolver sus problemas más graves a través de la justicia social en lo interior y a través de la defensa de la nacionalidad en lo exterior, para mostrar una entidad suficiente de imponerse ante la conciencia del mundo. (Gran ovación, prolongados aplausos). Para que el imperio más cercano de nosotros, que es el que se halla colocado en el Norte de este Hemisferio, deje de ser imperio y represente principios de verdadera libertad y justicia social, y represente una actitud que lejos de amparar en estos pueblos pequeños premisas de explotación, ampare premisas de entendimiento y solidaridad, es necesario que los pueblos de América nos unamos todos alrededor de nuestros principios. (Prolongados aplausos). Yo soy un fervoroso defensor del concepto de la unidad del Continente. Nuestro partido está muy decidido en sus principios y en su ubicación para que nadie pudiera abrigar alguna duda acerca de nuestra actitud; pero no queremos una América organizada bajo los viejos principios de la injusticia: queremos una América nueva, que sea capaz de presentar al mundo un ejemplo de una verdadera libertad, porque en sus pueblos hay libertad en su interior, y el ejemplo de una verdadera justicia, porque en sus pueblos se trabaja por el bienestar de las clases humildes. (Gran ovación. Vivas a COPEI. Prolongados aplausos).

Es oportuno hablar de estos temas, porque lo que está ocurriendo en otros países hispanoamericanos está poniendo hacia la flor de la tierra la existencia de viejos anhelos que no han sido justicieramente contemplados. América está atravesando para ella y para el mundo un momento feroz de peligro frente a un totalitarismo cuyos principios pugnan fundamentalmente con los principios espiritualistas que informan la civilización occidental (prolongados aplausos). Pero, precisamente, para hacerle frente a ese totalitarismo, tenemos que presentar un frente unido de libertad; y para hacer frente a los principios negadores de la armonía entre las clases sociales, debemos llevar a la verdad y sacar de los discursos esos principios de que las riquezas de los pueblos tienen que ir fundamentalmente a remediar las necesidades de los pueblos. (Gran ovación. Vivas a COPEI. Prolongados aplausos).

Pero parece que nosotros «o quienes hablan en nombre de nosotros» se olvidaran del mundo. Existe en la situación oficial de Venezuela la obsesión de lo pequeño. «Una Universidad cerrada, problemas para dentro de varios años: eso no importa! Lo inmediato es que en la Universidad no molesten al Gobierno. Un país sano y fuerte ante la cuestión internacional: eso no importa! Lo que nos interesa es sostenernos nosotros». Ese es el mezquino razonamiento que está dominando la situación política de la República y para defenderlo apenas aparecen dos clases de argumentos: el argumento, manido y tonto, de los oradores que vienen a decir lo que los mandan y que a veces dicen una cosa aquí y otra en el periódico, porque resulta que lo que se les había escrito no fue lo que dijeron ante el público, pero lo que se les había escrito es lo que sale en las columnas de la prensa. (Risas y aplausos). Ese argumento, ¿vale la pena acaso? Que nosotros atacamos al Gobierno, porque es «demócrata»… Que nosotros pedimos libertad de prensa, porque somos «fascistas»… Que pedimos que haya un régimen de armonía, que no haya cárceles, que no haya expulsados, porque somos «fascistas»… Es una manera muy cómoda y necia conque algunos individuos quieren justificar ante quienes fueron ayer sus compañeros de barricada, la actitud que hoy asumen para vender su lengua y su pluma a la situación imperante. (Ovación. Aplausos. Vivas a COPEI).

El argumento administrativo

Pero el otro conato de justificación tampoco es nuevo: es muy viejo y se repite en forma pálida y desvaída: el de que no hay libertad, pero se administra bien, es decir, el de que el pueblo debe renunciar a su libertad, el de que cada uno de nosotros debe resignarse a olvidarse de la vida pública porque el Gobierno está administrando bien. Y para eso hay unas cuantas obras que se presentan ante los turistas y que se anuncian con costosos remitidos en la prensa, y que se van a sacar en las exposiciones oficiales que van a preparar la realización de los comicios. Porque antes de las elecciones van a inundar al país con exposiciones: un retrato del viaducto de la autopista, así (señalando con la mano el enfoque); otro retrato, así (señalando con la mano otro enfoque); otro de abajo para arriba (risas); otro con los rieles ya llegando hasta el fin… (risas) y así sucesivamente, para que los venezolanos nos sintamos turistas y digamos: «verdaderamente! Pero esta gente está haciendo mucho: hay que votar por ellos!» (Prolongados aplausos y risas).

Ese argumento es un argumento fascista, típicamente fascista. El sistema fascista lo conoce todo el mundo muy bien: él parte de la base de quitar las libertades pero haciendo obras de beneficio social. Aquí ni siquiera se habla de beneficio social, sino de obras públicas. (Risas). Pero para responder a ese argumento nos bastaría decir que hay derechos tan fundamentales en la persona humana – el derecho a estar tranquilo en su casa quien no ha cometido ningún delito; el derecho a obtener el fruto de su trabajo quien ha trabajado con lealtad y con corazón; el derecho a decir cada uno lo que piensa, siempre que no ofenda a los demás – son tan fundamentales estos derechos que no pueden venderse a ningún precio, ni siquiera al precio del pan.

Pero el argumento se hace más débil porque en Venezuela no hay tampoco una administración verdaderamente eficaz. Y para decir esto no necesito criticar la autopista de Caracas a La Guaira, que considero, sí, una obra revolucionaria desde el punto de vista de la vialidad y que puede tener una gran significación en el país; ni voy a negar que existe un plan de vialidad que es una de las pocas cosas en las que Venezuela ha tenido una tradición, que a través de varios gobiernos se ha ido estudiando y se ha comenzado a ejecutar y ha recibido notorio impulso en los últimos años. Yo no voy a negar eso. Tampoco es el momento de entrar a analizar (porque no podría hacerlo sin documentos en la mano) el rumor público que señala la existencia de fortunas que nacen de la noche a la mañana (prolongados aplausos y risas); el rumor público que señala la existencia de influencias en la gestión de los contratos para que los realicen otros, quedando cantidades considerables entre uno y otro contratante. No necesito tampoco entrar allá. Pero sí me basta preguntar: ¿es que en Venezuela hay un plan administrativo orgánico, reflexivo, fundamental, que haya hecho el censo de las necesidades del pueblo venezolano, que las haya jerarquizado, que haya dicho cuál es la manera como se va a resolver cada uno de los problemas principales, dentro de un número más o menos razonable de años? Porque yo me encuentro, por ejemplo, con que en el Presupuesto actual de Venezuela, de 2.400 millones de bolívares, se dan 10 millones apenas para el Instituto Nacional de Obras Sanitarias, encargado de los acueductos y cloacas de toda Venezuela. Y me encuentro con que para el Banco Obrero en el Presupuesto actual están asignados 5 millones de bolívares, y me pregunto: ¿es que se va a resolver en esa forma el problema de la vivienda? Es muy fácil llevar visitantes a ver los bloques que se han fabricado últimamente; es muy fácil retratarlos en diversas formas para atiborrar con ellos la pupila de los espectadores; pero con todas las fotografías y con toda la propaganda no podrán borrar de cada padre de familia que sufre el angustioso problema, la idea de que vive en una casa miserable (aplausos); la idea de que está sujeta su familia a un estado de inhumano hacinamiento, y el pensamiento de decir: ¿cuándo me va a tocar a mí una de esas viviendas? ¿Acaso las colas del Banco Obrero no se hacen más largas todos los días, y acaso todas esas gentes humildes que van allá no andan de un lado a otro buscando alguna persona influyente que les dé una tarjeta de recomendación para ver si puede tocarles la solución de su problema? (Gran ovación. Prolongados aplausos). ¿Acaso no es un hecho general el que funcionarios del Banco Obrero van visitando de apartamento en apartamento a los concesionarios para decirles que llenen cierta tarjeta, cobrándoles así el precio de la lotería que les tocó con la vivienda que se les adjudicó? (Prolongados aplausos). Y yo pregunto: ¿es que el problema de la vivienda en Venezuela no es uno de los problemas fundamentales? ¿Se ha hecho siquiera un survey para saber cuántos millones de venezolanos no tienen hogar, para saber en qué forma se va a solucionar esa angustia, para ver cómo se va a atraer el concurso de todos los venezolanos – actividades públicas y privadas a fin de que en un término de años se pueda atender fundamentalmente ese reclamo y se pueda poner a vivir a los venezolanos como seres humanos que son? (Prolongados aplausos). Yo pregunto: ¿al ritmo que van las construcciones, cuántos años serían necesarios para resolver el problema? A lo mejor digo que cuatrocientos años y me quedo corto; a lo mejor al cabo de cuatrocientos años todavía no se habrán construido, a este ritmo, viviendas suficientes para los venezolanos que viven hoy, y dentro de cuatrocientos años seremos una población ocho, diez, quince veces, quién sabe cuántas veces mayor de la que existe hoy.

Y lo mismo, en relación a la vivienda rural. Allí el panorama es más grave. Yo fui una vez al Banco Obrero a gestionar un crédito para un agricultor que quería hacerles viviendas a sus campesinos, y me contestaron, con la ley en la mano, que el Banco no tenía facultad para materias en ese campo de la vivienda rural. Y yo pregunto: ¿en un Gobierno que se ufana de la administración, es posible que al cabo de cuatro años no haya surgido una iniciativa efectiva para convertir el rancho del campesino venezolano en una vivienda? (Gran ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

El problema del campo venezolano se está resolviendo con Turén. Yo no conozco a Turén. No estoy entre la legión de invitados que han ido de todos los países y de todas las regiones a pasar por allá para que canten después cánticos de loas a la administración actual. Pero voy a dar por supuesto que la obra de Turén es buena, que está bien organizada, que representa un principio útil; y busco en las informaciones del Instituto Agrario y me dicen que en Turén, para marzo de 1952, están alojadas 254 familias y 66 de las que llaman micro-parceleras, y que el proyecto supone la posibilidad de llegar a un total de 463 familias instaladas y de 237 en las micro-parcelas; total, 700 familias. Y yo pregunto: ¿cuántos años, cuánto dinero habrá costado alojar a esas 700 familias? ¿cuánto tiempo, cuánto dinero se invertiría en instalar, en convertir en unidades productoras dentro del campo venezolano a las miles de miles de familias venezolanas que integran la realidad campesina de Venezuela? (Cerrada ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

Pero la burocracia crece. Crece la burocracia y es una planta cuyas ramas será muy difícil que nadie, mañana, pueda recortar. Su crecimiento es raudo. En la Exposición de Motivos del Ministerio de Hacienda al proyecto de Presupuesto del año pasado, encuentro que en lo que llaman gastos de personal se invirtieron en ese año (o se proponían invertir, porque los créditos adicionales aumentan las cifras) 637 millones de bolívares (con una fracción de 600 y pico de mil). Sumándole a éste el 65% que la misma Exposición de Motivos calcula que del Situado Constitucional se invierte en lo que se llama gastos administrativos, se obtiene un total de 828 millones de bolívares por año en esos gastos de personal! Está creciendo la fronda burocrática, y ojalá fuera para recompensar lo sudores de los modestos empleados que sirven a la administración sin estar pensando en el juego político! Ojalá fuera para eso. Las cifras presupuestarias están llenas de testimonios para demostrar que no es cierta la pretendida capacidad administrativa del régimen. Solamente por el Capítulo de Seguridad Nacional se gastan en el Presupuesto vigente 21 millones de bolívares, mientras que todo el Presupuesto del Ministerio de Minas e Hidrocarburos, comprendiendo un millón de bolívares para el fomento de la industria minera, no llega sino a 20 millones de bolívares. Cuesta más la Seguridad Nacional que todo el Ministerio que tiene en sus manos la riqueza fundamental de Venezuela! (Estruendosa ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

No se administra, no!

No se administra, no! Hay una postura de nuevos ricos. No se buscan las raíces fundamentales de los problemas venezolanos. La política petrolera en Venezuela, desde muchos años a esta parte ha venido estando dominada por un signo preponderantemente fiscal. Nosotros pensamos que al lado de la política fiscal debe haber una política nacional que vaya haciendo de Venezuela, progresivamente, alguien que trabaja, a lo menos en parte, su propia riqueza, alguien que sabe manejar sus pozos, alguien que sabe las dificultades que cuesta vender su petróleo en los mercados extranjeros, alguien que tenga en sus manos suficientes cartas para poder debatir asuntos en los cuales – la verdad debemos decirla con franqueza – en gran parte nos sentimos todavía indefensos.

La administración venezolana es una administración de nuevo rico: la del hombre que tiene una hacienda y se encuentra de repente con una riqueza. Pongamos el caso de un agricultor que tenga un royalty sobre la explotación de un pozo de petróleo que se encuentra en sus tierras; entonces, con ese dinero comienza a construir una casa nueva: hace una pared y la derriba porque no le gustó; le pone una fachada y resulta que la fachada es de cemento o de granito y la manda a tumbar para ponerle mármol, como sucede, por ejemplo, en el Teatro «Juáres» de Barquisimeto; se encuentra ante el deseo de mostrar opulencia para llevar a sus amigos a que digan: Qué hombre tan próspero es éste!. Y el amigo, que entra por una verja de hierro rodeada de decorados de cobre, que transita hasta la casa de la hacienda por un camino regiamente asfaltado y que encuentra en la casa de la hacienda magníficos tapices y decorados de toda índole, sale diciendo: Es la mejor casa que he encontrado! Ese es el hombre más rico del mundo!. Y mientras tanto el dueño de la hacienda está labrando la tierra con los mismos arados, se le están secando las capacidades productoras porque no tiene obras para regar su finca. Ese hombre está botando la riqueza que la casualidad le dio y se está creando para el día de mañana muchas mayores necesidades y quedando más pobre que antes! (Ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

Semejante es la situación de Venezuela. Queremos hacer cosas para decir que son las más grandes del mundo. En la Avenida Bolívar hay muchas cosas buenas, pero hay muchas cosas que me parecen malas. Yo sería capaz de llevar ante la Directiva del Colegio de Ingenieros el planteamiento de una serie de cuestiones que en mi concepto no tienen justificación. Se están construyendo edificios sin que todavía estén terminadas las vías de tránsito. Todavía para pasar del Sur al Norte de Caracas los peatones tienen que ir apresurados para tratar de salvarse de los raudos vehículos que van por una pista de alta velocidad. Todavía está dividida Caracas en dos mitades, recordando el caso de Curazao, donde hay un puente para comunicar los barrios que llaman «Punda» y «Otra banda». Todavía no está resuelto el problema de la vialidad urbana y se está pensando en levantar dos «Torres» de 20 pisos. Y dice el rumor sostenido que se está tratando de vender una torre a la Creole Petroleum Corporation, para obligarla a financiar lo que una administración desorganizada va a realizar, lo que provocaría el hecho doloroso de que el mismo turista que viene y se admira de lo que se hace en Venezuela, al subir a la llamada «plaza aérea» de la Avenida Bolívar y preguntar desde allí a quién pertenecen los dos edificios más altos de la ciudad, obtendrá por respuesta la de que, uno por lo menos, es de una compañía petrolera! (Prolongados aplausos y risas).

El caso es serio y lo han comentado muchos observadores extranjeros. Uno de los juicios más recientes es el de una revista de Londres, «El Economista», que en artículo reproducido en un diario de Caracas y a pesar de hacer grandes cánticos a la situación de Venezuela, pregunta sin embargo, acerca de los «admirables proyectos», si «la henchida cornucopia» no se estará vaciando «demasiado ligero» y ello no habrá llevado a hacer esos proyectos que «no están siempre destinados a satisfacer las necesidades urgentes de Venezuela».

Una provisionalidad que dura

No tenemos, pues, ni política ni administración. Un personaje suramericano a quien no es del caso nombrar, definió la actual situación de Venezuela en una forma que me parece admirable: «Lo que hay en Venezuela es una provisionalidad que dura». Nada más. «Una provisionalidad que dura»…, no hay sistema, no hay plan; todavía a estas alturas en que se ha convocado para las elecciones, los grupos del Gobierno no nos han dicho qué van a hacer si llegan a la Constituyente; cómo se va a elegir el Presidente de la República; si va a ser elegido en conciliábulo o si va a ser su elección el resultado de la expresión libre y soberana de la voluntad popular. (Gran ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

Esa «provisionalidad que dura» no ha mostrado otra preocupación que la de durar más. Y esa es la situación electoral. En la política electoral del régimen, la única preocupación fundamental es esa: que lo provisional siga durando. Después…, después ellos pensarán que «en el camino se enderezan las cargas». Hasta ahora el camino no ha servido para enderezar nada, sino que las cargas se están yendo fatalmente hacia el suelo.

Ante esta situación política se nos plantea a nosotros el dilema de la situación electoral. Es el punto fundamental que se debía tratar en la noche de hoy. (Una voz: «por favor, dígalo, Doctor»). Sobre esta materia la Convención Nacional de COPEI elaboró un manifiesto a los venezolanos que será distribuido una vez termine mi discurso. El dilema electoral que se nos ha planteado a nosotros es verdaderamente torturante: «Ustedes van o no van a elecciones: si van a elecciones legalizan la farsa; si no van a elecciones, entonces es porque no tienen el apoyo del pueblo y porque ustedes están dispuestos a cerrar el camino cívico y abrirse al camino de la violencia». Este es el dilema que el Gobierno nos ha venido planteando. El primer camino, el camino de la llamada «legalización»: ¿legalizamos nosotros el atropello por el hecho de ser atropellados? Es una lógica muy curiosa. Yo pregunto, acaso, si los periódicos de Venezuela están legalizando la censura por el hecho de imprimirse dentro de un régimen de censura. Según esa interpretación, establecida la censura, los periódicos deberían cerrarlos y decir: «no queremos legalizar la censura, vamos a esperar que se acabe la censura para volver a salir». Pero es que el argumento puede llegar todavía más allá. El argumento puede llegar hasta esto: «Señores, el preso está legalizando las prisiones; el interrogado está legalizando las citaciones» (prolongados aplausos). Y dentro de ese camino de conjeturas podría hasta llegar a decirse que el venezolano expulsado de Venezuela está legalizando el régimen, porque lleva un pasaporte firmado por la Junta de Gobierno.

Argumentación muy pobre, tan pobre como la que se formula con el otro término: si nosotros no vamos a elecciones es porque nosotros no tenemos pueblo. Ya ustedes lo están viendo: (echando una mirada al Circo completamente lleno) «no tenemos pueblo…» (Gran ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI). También si no vamos a las elecciones nos dicen que nosotros hemos tomado el camino de la violencia. Es cosa curiosa. Un Gobierno que es fruto de una conspiración, ha procedido como otro Gobierno que fue fruto de otra conspiración. Uno y otro sabían y saben que nosotros no conspiramos, pero el desahogo de los sentimientos vuelve a ser llamarnos a nosotros conspiradores. Pero si nosotros, que luchamos más que nadie contra el régimen fenecido, nosotros, que vinimos aquí, que fuimos a la Constituyente, que recorrimos los campos de Venezuela para hacer una oposición sin tregua, sin descanso, una oposición feroz – si la quieren llamar ustedes así, pero dentro del campo de la ética política – no quisimos conspirar con ellos ni con nadie, para defender precisamente la pureza de nuestras ideas y de nuestros principios! (Gran ovación. Prolongados aplausos).

El argumento, sin embargo, tiene una intención: la intención de justificar todas las medidas de fuerza para acabar en Venezuela con la oposición organizada en caso de irse al término de la abstención. Entonces, en bandeja de plata le pondríamos al Gobierno el instrumento que quiere para quitarse esta molestia de que le vengamos a hablar mal; para quitarse esta incomodidad de que vengamos a decir sus errores; para quitarse la especie de cavilación que van a tener esta noche sobre si nos mandan a la cárcel o no nos mandan, sobre si nos dejan seguir o no seguir en nuestra propaganda! (Gran ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

Naturalmente que, para el caso de la abstención ya estaría montado el espectáculo: más de un partidito habría por ahí al que, como dijo uno de sus miembros en declaraciones muy recientes en la prensa, se le «prestarían» unos votos para que llevara unos Diputados a la Constituyente. Pero, si ya existió el juego! Si el doctor Rojas Contreras, Director del Partido Socialista Venezolano fue nombrado Ministro del Trabajo, para decir que los partidos – el Partido Socialista de Venezuela – estaban incluidos en el Gabinete de este régimen! (Prolongados aplausos y risas). Ya nosotros sabemos muy bien cómo es el sistema: para eso están preparados esos personajes, que saldrían, dado el caso, a las primeras filas de la política internacional. (Risas).

Ante el dilema, escogemos la lucha

La situación en Venezuela es tremenda. No es la misma, con ser muy grave, y en algunos aspectos quizá más grave, la situación de la hermana República. En Colombia ha habido abstención electoral. Los conservadores decretaron la abstención durante casi tres períodos: desde el primer Gobierno de Alfonso López hasta el segundo Gobierno del mismo Alfonso López. Y ahora son los liberales quienes han decretado la abstención. Ambos partidos tienen muchos años en la conciencia popular; no son hechos recientes; pueden dejar de actuar durante mucho tiempo y, después, una tarjeta de un dirigente conservador o liberal en uno de los periódicos que sirven al partido basta para reunir de nuevo toda una asamblea y seguir como si nada hubiera pasado. En Venezuela el fenómeno de la vida de nuestro Partido es nuevo; nuevo pero hermoso, porque nosotros tenemos en toda Venezuela millares y millares de hombres y mujeres manteniendo lo sagrado de sus compromisos y resistiendo todos los embates y todas las tentaciones. No hay una región de Venezuela donde este noble ejemplo no existe. (Gran ovación. Prolongados aplausos. Vivas a     COPEI).

Y debo decirlo aquí: donde más hermoso me fue el testimonio durante mi última gira de propaganda fue en el Estado Trujillo, pueblo calumniado por sus mismos hijos como el nido del personalismo. Allá, en Trujillo, como en toda Venezuela, hombres a quienes no se les agua el ojo ante la responsabilidad, han respondido a los que les llevan la palabra corruptora con el ejemplo de la lealtad a su partido, que es la lealtad al programa de una nueva Venezuela. (Estruendosa ovación. Vivas a COPEI. Grandes aplausos).

Yo quiero que los venezolanos que no sean copeyanos nos ayuden en estas reflexiones para que vean cómo la decisión adoptada por COPEI es la única que se podía adoptar. Ambos términos del dilema son viciosos, ambos términos se prestan para que una prensa censurada admita en sus columnas artículos enviados por los redactores del Gobierno, destinados a tergiversar nuestra actitud; pero ante ese dilema, ante la incertidumbre de escoger, el camino copeyano tiene que ser el camino de la lucha, el camino del combate. Vamos a continuar la lucha contra este Gobierno también! (Estruendosa ovación. Vivas a COPEI. Prolongados aplausos).

Sabemos que para esa lucha no tenemos sino un remedo de libertad: un margen estrecho que nosotros tenemos que usar para que no se olvide a los venezolanos el uso de la libertad. Sabemos que se nos va a coaccionar en toda forma. No es una simple conjetura. Es que nuestra gente ha sido encarcelada, expulsada, amenazada! Es que todavía no le encuentro otra explicación lógica que la agresión arbitraria, al atentado de que fuera objeto nuestro compañero de Comité Nacional, Edecio La Riva Araujo! (Gran ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

Pero al decidirnos a la lucha no es para legalizar situaciones de fuerza: es para denunciar esas situaciones ante todos los venezolanos que nos quieran oír. Si vamos a la lucha no es para servir de cómplices, sino para hacer escuchar la voz de la patria, admonitoria en la palabra de los Diputados que llevemos, que estarán dispuestos a jugarlo todo para recordarle a los gobernantes que ésta no es una hacienda sino un país libre y responsable. (Gran ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

Vayamos a la lucha, pueblo de Caracas! Vayamos a la lucha y devolvamos al Gobierno su dilema. Porque ahora nosotros le ponemos al Gobierno un dilema para él angustioso, pero que siempre dará qué ganar al pueblo venezolano: o le abre cauce de verdad a la expresión de la voluntad popular y rectifica – cosa que desgraciadamente no esperamos, aunque habría tiempo todavía -; o nos persigue, nos encarcela, nos atropella y, entonces, la conciencia nacional se levantará más enérgica, más unánime, para repudiar al Gobierno! (Estruendosa y prolongada ovación, acompañada de grandes aplausos y vivas a COPEI).

En esta decisión que tomamos, estamos reclamando para nosotros la parte más dura. Sabemos que sobre nosotros, por ser el grupo más compacto, más fuerte de la oposición, va a recaer toda la fuerza de las maniobras, de las artimañas y de los ataques. Pero creemos que es nuestro deber. Muy grave sería para nosotros que la historia dijera que los partidos se acabaron en Venezuela, porque COPEI no tuvo pantalones para hacer frente a los problemas en la hora de decir la verdad. (Gran ovación, acompañada de grandes aplausos y vivas a COPEI). Mientras haya partidos legalizados, esos partidos tienen el deber de la lucha abierta; mientras se nos dé un permiso para un mitin, tenemos el deber de hablarle al pueblo, aunque le queme en lo más hondo los tímpanos y los oídos a los hombres del Gobierno. (Ovación). Mientras haya en Venezuela, así sea una rendija a través de la cual se acuse que los que están arriba no representan la voluntad nacional, que los sistemas que representan caducaron definitivamente, aquí está nuestro deber y estamos dispuestos, ante Dios y ante la Patria, a cumplirlo con integridad! (Estruendosa ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

En el interrogatorio que se nos hizo en la Seguridad Nacional hubo una pregunta vejatoria, humillante, desleal, que reflejaba la deslealtad de quien la escribiera. Se nos preguntó a nosotros, a los miembros del Comité Nacional de COPEI – desde el doctor Pedro Del Corral, cuyas canas son espejo de dignidad ciudadana (aplausos) hasta el último de nosotros – se nos preguntó con cinismo desvergonzado: «¿Hasta cuándo piensa usted permanecer en COPEI?». Eso quisieran ellos! que les hubiera dicho cada uno de nosotros que hasta que ellos nos dieran permiso o hasta que ellos lo toleraran. Pero otra respuesta fue clara y categórica: Mientras Dios nos dé fuerzas, mientras no nos falten los ánimos, mientras el aguijón del deber esté espoleando nuestras conciencias, aquí estamos en la lucha, por la defensa de Venezuela, aquí estamos en el combate por la defensa de los principios! (Estruendosa ovación. Repetidos vivas a COPEI. Prolongados aplausos).

Nosotros podemos comprender las razones que puedan tener otros para irse por el camino de la abstención; pero eso no es el camino nuestro: el camino nuestro es el camino de la lucha. Estamos, pues, en esta lucha y nuestra decisión va apoyada en dos posturas complementarias e indestructibles: en la denuncia de los atropellos que se están cometiendo y que hacen que este proceso electoral sea oscuro, ventajista, alimentado por ansias de poder, impregnado de un «como sea» en el deseo de llevar una mayoría, dócil al Gobierno, a la Asamblea Constituyente; y en el reclamo de las garantías, que ratificamos aquí, que ratifico yo aquí, en el nombre de ustedes y en el nombre de todos los venezolanos, para que se rompan las cortapisas que están cerrando el pensamiento, para que desaparezcan las cadenas que están tratando en balde de sujetar las manifestaciones de la conciencia nacional. (Gran ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

Estamos, pues, en el momento de invitar nuevamente a llevar adelante esta lucha con nuestro ideario social-cristiano, que es convicción impregnada de nacionalismo, para pedir una política verdaderamente nacional frente a nuestra fuente de riqueza petrolera y minera y frente a los problemas del agro venezolano; que es invitación para que busquemos todos una fórmula de armonía, una fórmula de convivencia nacional, una fórmula de entendimiento; para que busquemos, señores – es el momento de la reflexión, pero es el momento también de la actitud decidida y firme – para que busquemos, señores, la manera de salir de este atolladero y de abrir paso a una nueva Venezuela! (Gran ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

COPEI es la solución

Y es por esta razón por la que estamos diciendo, sin exclusivismos, sin mezquindades, con la fuerza de la convicción para repetírnoslo a nosotros mismos como imperativo deber, que COPEI es la solución. (Vivas a COPEI). Porque la solución copeyana no sería nunca una solución para beneficio egoísta de los copeyanos: sería una solución para todos los venezolanos, donde todos los esfuerzos se conjuguen, donde todas las iniciativas honradas se reciban, donde todos los hijos de esta patria, por encima de nuestras disensiones ideológicas – que tenemos el deber de mantener los que defendemos principios categóricos muy claros – , por encima de esas diferencias y sin traicionar nuestros postulados, hagamos lucha contra el peculado, contra la corrupción, contra el retroceso en la historia venezolana. (Estruendosa ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

Vamos, sí, a las elecciones, seguros de que cada voto de cada venezolano será un testimonio de dignidad, de una conciencia que no ha sabido venderse. Vamos, sí, a las elecciones, pero no para dejar la lucha, sino por miedo de dejar la lucha si decidiéramos la abstención. Vamos a las elecciones, para mantener este combate por el ideal. En ese combate hemos auscultado la voluntad de nuestro partido y de nuestro pueblo y podemos declarar aquí, solemnemente: estamos orgullosos de nuestra patria, por sus antecedentes históricos y por sus inagotables posibilidades; estamos orgullosos de nuestro pueblo, porque nuestro pueblo ha demostrado que lo que es en él fría y serena calma no es entreguismo ni sinvergüenzura (prolongados aplausos); y estamos orgullosos de nuestro partido, porque nuestro partido ha demostrado que sabe decir «No» al soborno, que sabe decir «No» al atropello, que sabe ratificar sus principios, que no pregunta nombres propios para atacar a los que proceden mal, que está firme en la lucha por Venezuela y que está noblemente abierto a todas las iniciativas; porque ha demostrado, en fin, que su ideario social-cristiano no es mentira, que ese ideario social-cristiano no es comedia para engañar a nadie sino convicción de un ideal que considera lo cristiano, no como manifestación formal de culto aparente, sino como la convicción puesta en el espíritu de Cristo, mediante el respeto de los hombres, amigos o enemigos, hacia la creación de instituciones que de verdad puedan llevarnos a la justicia. (Gran ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

En esta lucha, venezolanos, no se trata de una contienda de partidos: se trata de un deber nacional. Es un deber que todos tenemos. Cada uno da lo que puede. Los copeyanos reclamamos el derecho de darlo todo para luchar por ese ideal. Pero el trabajador o el empresario, el hombre de iniciativas, intelectuales o manuales, la mujer que está en el hogar, cada uno tiene un deber en este momento nacional. El que se abstiene está apoyando al Gobierno actual de la República. El que se niega a la lucha está negándole su aporte, no a un partido, sino a una Venezuela hambrienta de que se le devuelva su decoro. (Estruendosa ovación. Prolongados aplausos. Vivas a COPEI).

Adelante, pueblo venezolano! Esta lucha es hermosa. Jamás se vio un espectáculo tan noble, de un pueblo inerme luchando mediante la expresión de su conciencia contra una maquinaria oficial omnipotente, manejada por manos que tienen a su alcance las arcas de un tesoro inextinguible y todos los recursos de la fuerza física. Jamás se ha visto un espectáculo tan noble como el de esta Venezuela, que sabe que su fuerza está aquí, en su corazón; que sabe que eso no se podrá destruir mientras exista en él la fuerza de su dignidad. (Prolongados vivas a COPEI). Jamás se ha dado, venezolanos, un ejemplo tan esperanzador. No vayamos a comprometer este ejemplo, negándonos a combatir, para esperar la ocurrencia que un golpe de fortuna pueda determinar y que pueda traer una tiranía ominosa o llevarnos a circunstancias casi imprevisibles e indefinibles.

Vamos a luchar! Vamos a continuar la lucha! Esta lucha es de todos: de todas las profesiones, de todas las edades, de todas las regiones! Vamos adelante, hasta que reine la justicia social en una Venezuela mejor! (Estruendosa y prolongada ovación, acompañada de grandes aplausos y vivas a COPEI).

1956. Marzo, 26. Carta de Rafael Caldera a Horacio Moros Ghersi

 

Caracas: 26 de marzo de 1955.

Señor

Horacio Moros Ghersi,

Bogotá.

Querido Horacio:

He pedido a mi viejo y fraternal amigo David Vega Christie, Ingeniero peruano, técnico en asuntos de vivienda desde hace años al servicio de la O.E.A, Jefe del Departamento Socio-Técnico del Centro Interamericano de Vivienda, hacerte llegar esta carta. En días pasados te había escrito con Aura Rosa, pero ésta tuvo que cancelar su viaje por enfermedad de su abuelita.

Supongo habrás sabido –aunque con retardo– nuestra prisión en la Cárcel del Obispo. Vi un editorial de El Tiempo donde se hacía referencia, aunque equivocada. Miguel Ángel no estuvo: fuimos Del Corral, Lorenzo, Víctor, Peñuela y yo. Luego entró Elio Aponte. Ahora está Hilarión Cardozo. Todo lo atribuyen a la celebración del aniversario de COPEI el 13 de enero. Sirvió para recordar a quienes no tienen otra noticia de nosotros, que estamos firmes y de pie.

David Vega es uno de los fundadores de la Acción Católica Universitaria Iberoamericana, en las inolvidables reuniones de Roma de 1933. Le he rogado ponerse en contacto contigo y, en lo posible, ayudarte. Espero te sea útil conocerlo; lo mismo que a Luis Javier Mariño, colombiano, que también fue del grupo y allá enseña Derecho Social. Vega Christie es peruano y tiene allá inmenso prestigio.

Con todos los compañeros te envío un cordial abrazo,

Tu afectísimo,

RCaldera (fdo.)

1958. Febrero, 7. El Mundo: Andrés Eloy Blanco: El amortiguador de la Constituyente

Primera edición del vespertino El Mundo, viernes 7 de febrero de 1958.

Andrés Eloy Blanco: El amortiguador de la Constituyente

Escrito originalmente en 1955 para la revista Élite, no fue posible su publicación por represalias de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez contra el medio. En 1958, al ser derrocado el régimen y creado el vespertino El Mundo, hace su aparición esta semblanza-homenaje en el primer número de este diario vespertino.

Deja Andrés Eloy Blanco tras de sí un hermoso testimonio poético. Sus versos, que ya desde los días del Canto a España corren de labio en labio, seguirán viviendo como una emoción pura, expresada con tersa limpidez. En su obra, la selección la irá espigando, no el rigor doctrinario de los críticos sino el sentimiento de las gentes sencillas. Porque ellas fueron siempre, en el fondo de su creación poética, el destinatario de su obra. Hizo intentos, sin duda, de incorporarse a los nuevos estilos literarios: pero no porque llegara a identificarse con ellos, sino porque quería demostrar que tenía talento también para triunfar dentro de ellos, todo para justificar y revalorizar su obra genuina ante el posible menosprecio de una moda que les atribuyera importancia menor.

Invitado por él, una tarde asistí en el Ateneo de Caracas al bautizo de una de sus obras circunstanciales: Baedeker 2000. Pero de allí salí más firmemente convencido de que en Andrés Eloy Blanco el poeta esencial era el de Poda. Y creo que él también lo comprendió así; y el buscarse a sí mismo, aunque adornado con expresiones de las nuevas tendencias, fue su suprema afirmación en Giraluna, donde, según la expresión de Gallegos, estampó «versos que parecen despedida y testamento».

De Poda a Giraluna, su poesía exquisita va reflejando afectos que no puede menos de sentir quien la lea. Esos afectos, que empiezan en la madre y van hasta los hijos, se expresaron siempre con una altura que da perennidad a sus palabras y las libera de la escoria de las contingencias. Testamento, sí, pero además en el sentido de «testimonio»: testimonio de lo que fue el poeta, de lo que amó el poeta, de lo que el hombre cultivó dentro de sí desde su fulgurante adolescencia hasta el trágico instante de volver a las manos de Dios. Y quien no quiera reconocer esa unidad, que diga, por ejemplo, si no es una sola emoción la que se vertió en el recuerdo de la madre «a un año de su luz» y la que se derrama en alguna estrofa de «Las uvas del tiempo»:

¡Yo estoy tan solo, madre,

tan solo!, pero miento, que ojalá lo estuviera;

estoy con tu recuerdo y el recuerdo es un año

pasado que se queda.

Testimonio, en fin, que quiere resumir en una línea la definición de la vida, y a fe que difícilmente puede lograrse una mejor que la que a sus hijos ofreciera:

Vivir es desvivirse por lo justo y lo bello.

Otros harán, con más autoridad en el campo de la literatura y de la crítica, un exhaustivo análisis de la personalidad del poeta. Yo quiero hoy, ante el dolor sincero de su muerte, ofrendarle el homenaje de una amistad forjada en el combate desde posiciones opuestas, y que pudiera ser ejemplo de cómo se puede luchar ardientemente sin negar el deber común de salvar lo fundamental que a todos nos vincula y obliga.

De poeta a orador parlamentario

Conocí a Andrés Eloy Blanco en el Congreso. Cuando fui diputado, en 1941, ya él era veterano en el ajetreo parlamentario. Antes del 36 lo había encontrado, quizás, alguna vez, en alguna fiesta social donde le expresaría la admiración de nuestra generación adolescente por su obra literaria, en la cual encontrábamos admoniciones como esta:

…nuestros mayores

nos agradecerán seguramente

hablar menos de ellos y hacer más por su Idea.

Pero luego había sido el discurrir atormentado de los cauces opuestos, el defender desesperado de las convicciones frente a una avalancha arrolladora dentro de la cual él parecía. Todo nos separaba. Veinte años de edad es mucha diferencia en un país donde se vive tan aprisa. Un cerro de papel y ruido había colocado entre ambos una inmensa muralla. Mas nació la amistad. Y perduró, sin que para ello hubiera cesado la lucha.

Recuerdo el origen extraño de aquella vinculación personal. Se había discutido vivamente un proyecto de ley. El Gobierno se empeñaba en pasarla y la oposición en torpedearla. La obstrucción parlamentaria se expresaba en interminables debates; el alicate no existía y los sostenedores de la ley optaron por prorrogar indefinidamente las sesiones, que se levantaban clareando la mañana. La situación parecía insostenible, cuando algunos diputados logramos resolver el impasse proponiendo un pacto de caballeros. Mala fortuna tuvo el pacto: unos lo infringieron abiertamente; otros, en el momento de cumplirlo, se esfumaron, y aparecieron para ultimar su muerte algunos que no habían concurrido en el momento de sellarlo. Hice entonces lo que cualquier hombre de honor tiene que hacer: defender encarecidamente el pacto y reclamar lo que exigía el prestigio de la institución parlamentaria. Mi posición quedó desde ese momento definida. Y una de las noches siguientes repicó en mi casa el teléfono. Desde una reunión de amigos, me estaban llamando para anunciarme que Andrés Eloy Blanco quería hablarme; y así, por medio del teléfono, me ofreció el gran poeta su amistad, que había de perdurar en medio de la lucha de corrientes adversas que ambos representábamos.

Como orador parlamentario era de extraordinaria vivacidad. La multiplicidad de su talento soportó victoriosamente aquel cambio de oficio. La polémica política era lo más lejano que podía suponerse del poeta de Poda. Pero la ensayó, y en ella pudo rubricar los brillantes destellos de su ingenio.

Cuando charlábamos en la intimidad de los recesos, con frecuencia le expresé mi opinión de que su género parlamentario no estaba hecho para la oposición, sino para el Gobierno. El orador de oposición tiene que transmitir en sus palabras el dramatismo de una angustia: su función es la de hacer presente una inconformidad que vibra en el corazón de mucha gente. El vocero gubernativo tiene que proceder de otro modo: ha de dar la impresión de que no hay problema insoluble; debe refrigerar los ánimos cuando más tensos sean; y una salida amena es capital inapreciable para volver la paz a los espíritus cuando más enconados se hallen en agria disparidad.

Por aquel entonces ambos hacíamos oposición, aunque desde zo­nas divergentes. Coincidimos en algún caso, como al salvar el voto al Tratado de Límites, aun cuando las opiniones se expre­saron también entonces en textos diferentes. Y cuando terminaba mi período parlamentario, en 1944, en plena discusión de la reforma constitucional, emitió sobre mí generosas palabras, que hoy quiero agradecer de nuevo ante su tumba abierta lejos de la patria. Poco después de aquella etapa volvimos a encontrarnos, él ya desempeñando el papel que a su estilo parlamentario estaba reservado.

El «amortiguador» de la Constituyente

De pronto, el destino había colocado a su partido en el poder político. Difícilmente grupo alguno podrá tener una oportunidad tan feliz como aquella. Todos volvían sus ojos al ensayo, y por si fueran pocas las circunstancias que contribuían a favorecerlo en el ánimo público, para colmar su popularidad tenía consigo, juntos (caso tal vez sin igual en el mundo) a un novelista popular de la estatura de Rómulo Gallegos y a un poeta popular de la talla de Andrés Eloy Blanco.

No fue tranquilo, sin embargo, el clima en que se reunió la Asamblea Constituyente de 1946. Catorce largos meses habían pasado y en ellos había habido ya choques, medidas de emergencia, incidencias diversas que la nación conoce. La campaña electoral fue agitada. En Caracas se abrió con los hechos sangrientos de ataque a nuestro mitin del 18 de junio. Y ya elegida la Constituyente, seis días antes de reunirse, un movimiento de importancia había ocurrido el 11 de diciembre.

El clima estaba preparado para que la Asamblea degenerara en hechos de violencia. Hoy, viendo a la distancia aquel agitado panorama, resalta la elevada función pacificadora que desde su curul de presidente tocó desempeñar al representante Andrés Eloy Blanco.

Desde el primer momento, él fue el resquicio de comprensión necesaria para que aquel cuerpo desempeñara su función, su función primordial, la de debatir ante los oídos del pueblo venezolano las cuestiones fundamentales de su organización política, que hasta entonces le habían sido total o parcialmente ajenas. Andrés Eloy lo comprendió así. Por él pudo lograrse que se transmitieran las sesiones a través de la radio. Él influyó, como ninguno, en mantener la unidad orgánica de un cuerpo dividido en fracciones ardientemente opuestas. Y cuando la violencia verbal hacía parecer imposible la permanencia de la minoría en el seno de la Asamblea, él buscaba en los inagotables recursos de su talento la manera de echar, sin aparecer desautorizando abiertamente a sus más apasionados compañeros, un refrigerio sobre el espíritu atormentado de la cámara, que era un eco del espíritu angustiado de la Patria.

Diez meses duraron las reuniones de aquella histórica Asamblea. Los oídos estuvieron pendientes de aquellos micrófonos, por los cuales se discutieron los grandes problemas de la vida venezolana. A punto de interrumpirse el diálogo, en más de una ocasión, es de justicia proclamar que al fino temperamento de Andrés Eloy Blanco, a su cultura, a la simpatía que en un gesto oportuno se sabe ganar, se debió en gran parte el que males mayores pudieran evitarse.

En el seno de la Constituyente, se afanaba en mantener todo el grado de cordialidad posible. De pronto, un ujier de la cámara se acercaba a uno de nosotros con un papelito escrito a lápiz. Era una estrofa humorística que Andrés Eloy acababa de improvisar y nos enviaba por darse el gusto de vernos sonreír.

Una vez por ejemplo, en un largo debate entre Andrade Delgado y Ambrosio Perera, lo comentaba así:

Para que este augusto

coro se convirtiera en un cisco,

Andrade se comió un disco

y Ambrosio se comió un loro.

Otra vez se trataba de que una distinguida señora, que esperaba la llegada de un hijo, se había incorporado a la cámara para llenar una suplencia:

La suplente está en delito

porque así, burla burlando,

nos metió de contrabando

un diputado chiquito.

Pero tal desaguisado

se atenúa, considero,

pues ya tienen compañero

Ferrer y Andrade Delgado.

Corría el lápiz sobre las hojas del bloc, que circulaban hasta que alguien las guardara. En alguna ocasión el pinchazo iba dirigido a los médicos quienes, contra lo por todos esperado, excedían ampliamente al gremio abogadil por el gusto de las discusiones. Haciendo referencia a las existencias del cafetín interno, la coplilla decía:

Cuando se plantea un debate,

o médico, o sanitario,

se acaba el queso, el tomate

y el tiempo reglamentario.

En alguna ocasión en que el historiador Ambrosio Perera hizo erudita disertación sobre el régimen de tierras en la época colonial, el papelito decía que Ambrosio había desencadenado un aguacero «de agua de Colonia». Y en otra –porque llevaba horas sentado dirigiendo un debate y para no dejarle la batuta al segundo vice, urgía la presencia del primero, que lo era el doctor Jesús González Cabrera (a quien apodaban cariñosamente «El Mono»)– escribió este mensaje:

Se ha perdido un mono, y yo,

le agradezco al que lo vea,

me lo traiga, pues si no,

la Presidencia se m…!

Las risas que arrancaba morigeraban un poco la vehemencia de aquellos días. Al mismo tiempo, se interesaba en llamar a los representantes de las diversas fracciones para discutir grandes y pequeños problemas. Acogía con viveza proposiciones como la de recomendar la edición de las obras de Bello o colocar, en un depósito digno de su gloria, los restos del Padre de la Patria. Y dijo hermosamente, en sus palabras de clausura: «En testimonio de gratitud por el inmerecido honor que me hicisteis al designarme para presidir vuestras deliberaciones, os vengo a decir que ese signo purísimo de la palabra popular (la campanilla) no tembló nunca entre mi mano; que estimaría como el mejor de mis orgullos el que dijerais, al llegar a vuestros hogares, que mi modesto trabajo se significó por el respeto igual a las fracciones en el combate parlamentario». Ellas expresaban –lo creo sinceramente– el mejor anhelo de su alma.

Ante su tumba

Ha terminado el hombre su existencia mortal. Ha vuelto a las manos de Dios. Infinita es la misericordia de Aquel, a cuyo seno vuelve quien en sus versos expresó sentimientos no exentos de emoción religiosa. Dios es amor, y amor no ha de faltarle al poeta que cantó puro amor.

Al emprender súbitamente su viaje decisivo, recordemos, como el marino de su Canto,

que es Dios quien fija el rumbo y da el destino,

y el marino es apenas la expresión de un anhelo,

pues para andar sobre el azul marino

hay que mirar hacia el azul del cielo!

El Dios misericordioso pensará que si ese rumbo, trazado en el primero de sus cantos, pudo perderse alguna vez en los azares de su vida, reapareció como mensajero de esperanza dentro del «bosque de los crucifijos», en los versos que marcan su destino final, pues el poeta escribió, para terminar el último de sus poe­mas, estas estrofas rezumantes de mística unción:

Y así los cuatro en el coloquio santo,

con la esperanza sobre la almohada,

detrás del sueño y más allá del llanto,

y allá, por fin, la humanidad lograda

detrás del bosque de sus crucifijos,

recibiendo en el hambre y la mirada

la luz y el pan que le darán mis hijos.

 

Caracas, 22 de mayo de 1955.

Discurso al regresar al país derrocada la dictadura de Pérez Jiménez (1958)

Recibimiento en Maiquetía a su regreso del exilio en Nueva York tras la caída de Marcos Pérez Jiménez en 1958.

El Milagro de Venezuela

Discurso pronunciado por Rafael Caldera en la Plaza Aérea Diego Ibarra, el 1 de febrero de 1958, al regresar al país, derrocada la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

Día hermoso de libertad

Parece un sueño. Hace menos de dos semanas dejaba yo la Patria por imposición de la tiranía, en medio de una noche que parecía negra y tenebrosa, y hoy estoy encontrando a la Patria en este día hermoso de libertad. Era negra lo noche, pero ya los relámpagos amenazadores de justicia y de ira habían puesto presente la voluntad del pueblo, que iba a la conquista de su dignidad. Y cuando Venezuela salió, y cuando Venezuela hizo acto de presencia, y cuando Venezuela se ganó el cariño de los pueblos de América y la admiración del mundo, fue porque el pueblo de Venezuela ya tenía hecha hace tiempo su decisión y estaba esperando con paciencia, pero no con cobardía ni con complicidad, el momento de rebelarse.

Yo no quiero caer en el lugar común, como lo han hecho todos los tiranos, de querer poner a sus regímenes despóticos junto a la gloria de los libertadores; pero sí puedo decir, porque es convicción honda que tengo, que nunca, después de los días gloriosos de la Independencia, Venezuela ha estado tan presente, tan admirada y tan querida en el continente americano.

El milagro de Venezuela ha marcado la hora de América; el milagro de Venezuela ha causado la admiración de todos. Y se preguntan: «¿De dónde salió aquel bravo pueblo del Himno Nacional, que parecía perdido?» ¿De dónde salió? De las jornadas gloriosas en que niños, mujeres y hombres de todas las clases sociales, con botellas y piedras, en La Charneca o en El Guarataro ofrendaron su tributo de sangre y de vidas anónimas, para ganar el puesto del decoro de enero del 58.

Ese pueblo estaba aquí, trabajando afanosamente por la causa de su libertad. Cuando aquí venían periodistas extranjeros, cuando llegaba gente de otros climas y manifestaban la impresión de que Venezuela estaba muerta, de que estábamos entregados de manos y pies, ante la voluntad caprichosa del tirano, podríamos decirles, y decíamos con optimismo, que el pueblo de Venezuela estaba entero y rebelde, soportando y esperando, esperando el momento con una clarividencia maravillosa. Día a día, año tras año, la lucha de Venezuela fue constante por su libertad. Y cuando sale la macabra historia de los crímenes del régimen pasado hay que decir, con la frente muy alta, que más que la historia de esos crímenes, ésa es la historia del heroísmo anónimo del pueblo, que dio víctimas a las fauces de la tiranía, y que tras cada baja tenía reemplazo para asumir el puesto del riesgo, el del sacrificio y el de la renunciación.

¿Por qué estaban llenas las cárceles? Porque había carne noble para llenarlas. Estuvieron a merced de los que quisieron cometer crímenes los cuerpos, pero no las almas rebeldes de los venezolanos, que estaban librando, día a día, la batalla de su porvenir. Cada estudiante, cada trabajador, cada dirigente que iba a la cárcel era víctima de atropellos, de torturas y de indignidades, pero nunca quedó un puesto vacío; tras de él estaba otro dispuesto a correr el mismo riesgo, a sufrir la misma suerte, a ratificar la misma actitud, a restablecer para siempre la democracia en Venezuela.

No es, pues, el milagro de una semana ni de dos: es el milagro de largos años de sufrimiento y de rebeldía, de ignorada y callada rebeldía, porque ni siquiera nosotros, a veces, podíamos saber cuántos y quiénes estaban en las cárceles. Era el esfuerzo diario, era de resistencia constante, era la actitud insobornable y anónima, frente a los millones del Fisco puestos en función de deformación y de vergüenza para un pueblo que tiene derecho a una vida mejor.

Y este pueblo, que supo conservarse en medio de la noche; y este pueblo maduro que supo esperar el momento propicio para salir al frente con toda la reserva de nobleza que tenía, este pueblo está disfrutando, para siempre, de esta atmósfera de libertad.

La consigna básica de los venezolanos tiene que ser: «Pérez, el último tirano».

El tirano recién derrocado fue el que cerró la historia de la ignominia, y no habrá nunca nadie tan ciego, tan perverso, que sea capaz de repetir la aventura suicida, sabiendo que Venezuela en casos como éstos sabe dar al mundo la lección más hermosa, más íntegra de una absoluta y total unidad.

Los estudiantes fueron la llama de la libertad

Por esa unidad, los estudiantes fueron la llama de la libertad. Ellos salieron a la calle a librar las primeras batallas, cuando el triunfo parecía imposible. Ellos salieron a aprender la lección de la Patria, porque la fuerza de los estudiantes fue un gesto constructivo para la nacionalidad, que debe aprender la primera lección, la básica lección, que es la lección de la decencia y de la ciudadanía.

Los estudiantes de todas las universidades, oficiales y privadas, hermanados en un solo abrazo, salieron a dar el toque de clarín; salieron a avisarle a Venezuela que ya el momento había llegado. Ellos fueron el canto del gallo en la madrugada de la libertad. Y si de alguna cosa debemos sentirnos orgullosos, es de haber rescatado la generación.

Si el régimen depuesto hubiera continuado, ésa hubiera sido la generación del rock and roll, la generación de la ruleta rusa, la generación de los actos de corrupción, la generación que estaba preparándose para asaltar organizadamente el Tesoro Nacional. De la conciencia de esa generación no se podrá borrar ahora el recuerdo de esos días memorables, no habrá ninguno de ellos que sea capaz de apartar de su conciencia, ante el camino, el recuerdo de este imperativo de Patria, que se hizo presente en ellos en el alborear de la nueva Venezuela.

Las mujeres

De nuevo las mujeres, las madres que tenían hogares que cuidar, las esposas que tenían maridos que atender, las maestras, las estudiantes, todas las que salieron a las calles a demostrar que, cuando tenían iguales derechos, era porque estaban convencidas de que tenían iguales deberes, y de que si habían reivindicado para sí el derecho supremo del voto, también estaban dispuestas a afrontar la barbarie desencadenada y a presentar sus carnes limpias ante el plan de machete, para aportar con ello la piedra básica del monumento a la nueva Venezuela.

La Iglesia Católica

Y luego la Iglesia, la Iglesia Católica, que no es, no puede ser ni será nunca un partido político, pero que hoy ha sido y tendrá que ser la depositaria de una doctrina, porque si en el mundo se habla hoy de los derechos de la persona humana, si en el mundo se habla hoy de civilización cristiana, es porque hay una doctrina de la que es su depositaria; y cuando la Iglesia sale a defender la base de la libertad, está cumpliendo su deber.

Que haya sido la señal de los tiranos la que haya llevado a las personas de los eclesiásticos a las cárceles y la que haya atropellado las iglesias, mejor para Venezuela y mejor para la Iglesia venezolana.

La Iglesia está al lado del pueblo sin denominación de partidos, al lado de su vida, convencida y demostrando para siempre que la religión no es planta que pueda desarrollarse con lozanía a la sombra corruptora de los poderosos; que la religión es una planta que necesita sol de caridad y necesita el riego y la sangre del corazón de los humildes para que pueda ser grata al apóstol de los campos abandonados de la humanidad.

Los que no militan en partidos políticos

Y luego los hombres y mujeres que no forman parte de los partidos políticos, los que no habían querido, por razones más o menos valederas, someterse a la disciplina de organización partidaria, ellos salieron también a asumir su responsabilidad, y se han ganado en esta jornada la ratificación del principio: profesionales, economistas, industriales, hombres de la calle, empleados y trabajadores, sin denominación política, todos tenemos un deber político fundamental y ellos han cumplido con su deber. Que haya una vida decente en la nación.

Y yo no les pide que abandonen su posición para ingresar activamente en el profesionalismo político; que lo vayan haciendo aquellos que se sientan convencidos de ser llamados a esta actividad; pero los que siguen siendo independientes, los que sigan diciendo que no les interesa la política, tienen que aprender a entenderla en estas jornadas como un deber fundamental: el de establecer la garantía de los derechos humanos, el respeto a la personalidad de cada uno para que se pueda vivir con paz y seguridad.

Las Fuerzas Armadas

Y luego, venezolanos que me oís, las Fuerzas Armadas. No creáis que hay ninguna institución que haya sufrido más en el quinquenio de Pérez Jiménez, que sin ser el instrumento de la opresión, fueron puestas por el dictador como una mampara para atraer el odio popular contra el Ejército. Sólo la lealtad de los militares, de los oficiales de la Aviación y de la Armada al ponerse al lado del pueblo, es la que ha salvado a la institución armada y la ha colocado donde debe estar, como una institución profesional, noble y legítima, compacta y unida, firme en sus postulados, defendiendo las libertades y respaldando la voz popular.

Los dictadores de hoy, que pretenden hacer del Ejército una máquina que no sienta ni oiga, ni vea; un autómata, un robot en sus manos, dispuesto a cometer todos los atropellos; los dictadores no entienden que los militares son hombres que callan por jerarquía y disciplina militar, pero que oyen, porque no pueden menos que oír el latido del corazón del pueblo; son hombres que tienen amigos y tarde o temprano tienen que reflejar el sentimiento que domina la nación.

Por eso, cuando se trata de buscar explicación al movimiento armado, que comenzó el primero de enero en Maracay y continuó en la Marina y culminó el 23 de enero con la salida de Pérez Jiménez, la única explicación que hay que darle es que el sentido nacional fue tan grande que no podía menos que penetrar en el seno de la institución armada. Era el reflejo del sentimiento nacional que no podía menos que llegar al corazón de militares que también eran venezolanos.

Y de los militares, los más militares, los que sienten más su vocación, los que tengan más orgullo de su uniforme, tienen que ser precisamente los más respetuosos con su pueblo y los más amantes de los principios fundamentales. Porque la institución armada tiene que nacer para respaldar esta base fundamental de la Patria, y todos los que estudian a fondo la defensa militar de un pueblo, entienden que el Ejército sin pueblo no puede nada y que el Ejército es fuerte cuando es la expresión de la voluntad del pueblo y tiene tras de sí al pueblo para respaldarlo.

Rafael Caldera con Jóvito Villalba y Fabricio Ojeda, en una caravana desde el Aeropuerto de Maiquetía, a su regreso del exilio en Nueva York tras la caída de Marcos Pérez Jiménez.

Que Pérez Jiménez sea el último tirano

Todos, pues, venezolanos; todos, pues, pueblo hermoso de Caracas, que ha salido por la defensa del Himno Nacional no sólo porque volvió a nacer el bravo pueblo, sino porque volvió a tocar la clarinada y percibir la consigna: seguid el ejemplo que Caracas dio. Todos, pues, pueblo de Venezuela, estudiantes y obreros, profesionales y comerciantes, sacerdotes, artistas, mujeres, periodistas; todos los que han luchado para ganar esta jornada histórica, el compromiso fundamental que tenemos es el que había dicho antes: que Pérez Jiménez sea definitivamente, para la historia de Venezuela, el último tirano.

Y para que sea Pérez Jiménez en la historia el último tirano, el deber de cada uno de nosotros no está cumplido todavía: tenemos que destruir la tesis sociológica del gendarme necesario, tenemos que acabar con la idea de que este pueblo es incapaz de hacer su grandeza si no gime bajo la bota de un tirano; tenemos que ganarle a Vallenilla la pelea con nuestro ejemplo, creando un orden legítimo y noble, demostrando que la paz no es la imposición de la voluntad de los bárbaros, sino emanación espontánea de la voluntad libre y soberana de un pueblo. Y ése es, venezolanos que me estáis escuchando, ése es el mensaje fraterno que yo traigo para todos en esta hermosa hora de júbilo para la Patria venezolana.

Hemos ganado la batalla de la libertad. Tenemos que ganar ahora la batalla de la paz. Tenemos que ganar la batalla del trabajo. Tenemos que ganar la batalla de la grandeza de la Patria.

Hace algunos años, un venezolano ilustre, colocado en una alta magistratura; un hombre, por cierto, de ideas políticas distintas a las mías, pero que me profesaba y a quien profeso una gran simpatía personal, me decía con una expresión terrible de desencanto: «Este pueblo sabe temer, pero no sabe obedecer». El pueblo de Venezuela se ha lavado esa mancha: ha demostrado que no sabe temer, y ahora tiene que demostrar, como ha empezado a demostrarlo, que sabe obedecer.

El pueblo que no pudo ser dominado por la fuerza ni con los miles de millones del presupuesto nacional, es el que tiene que respaldar ahora a sus autoridades, a sus dirigentes políticos, a los hombres que al frente de los sindicatos, de las organizaciones económicas y de todas las fuerzas nacionales tienen la responsabilidad de discutir y de trazar el camino. Este pueblo, noble y heroico, tiene que ser el pueblo vigilante y sereno. Que no se diga que porque Pérez Jiménez se fue ya nadie trabaja en Venezuela; que no se diga que el manguareo es enfermedad de la democracia y que es necesario el sable desnudo, inclemente sobre el cuerpo, para poder cumplir con el deber de hacer la grandeza nacional. Tenemos que entregarnos al trabajo, trabajar más que antes, ahora que los dineros del pueblo pueden invertirse en beneficio del pueblo. Ahora es cuando debemos demostrar que Venezuela no era grande por Pérez Jiménez sino a pesar de Pérez Jiménez.

Los partidos políticos

Es un hermoso y noble deber el que tenemos y los partidos políticos creo que hemos entendido la responsabilidad que tenemos en este momento en Venezuela. La propaganda de la dictadura quería hacer de los partidos una especie de lepra política, que manchaba al que estaba adhiriéndose a ellos. En los corredores de la Seguridad encontrábamos gente que decía, como para justificar su historia: «Yo no he pertenecido nunca a un partido político», como para decir «yo no he cometido nunca semejante delito».

Y mientras tanto, los partidos estaban cumpliendo su deber serenamente, silenciosamente, abnegadamente, en algunos casos heroicamente, soportando la persecución y manteniendo un clima de resistencia espiritual que hizo posible las jornadas brillantes de enero. Estos partidos políticos, a la hora de la liberación, no han venido a ver quién va a sacar la tajada más grande; no han venido a pedir puestos ni prebendas; no han venido a atizar odios ni venganzas. Están presentes, deponiendo diferencias legítimas y tratando de encontrar una fórmula que nos una a todos para dar otro ejemplo que sea digno del ejemplo de enero, diciéndole al mundo que Venezuela fue a unas elecciones y organizó su período constitucional y los partidos políticos fueron lo suficientemente nobles, lo suficientemente generosos para callar diferencias y ponerse todos de acuerdo, dándole a la Patria la paz que ahora necesita.

Este pueblo que ha sufrido y gozado también, porque sintió el dolor de la amargura pero sintió la satisfacción de su triunfo incomparable; este pueblo que ofrendó héroes anónimos en los barrios y en las calles de Caracas, en toda Venezuela; este pueblo tiene que ser ahora el mismo pueblo que obedezca a los boy scouts en las calles y que sin policía mantiene el orden público. Este pueblo debe saber que el mejor monumento que podemos levantar, porque se levantarán sin duda monumentos hermosos artísticamente, pero a pesar de todo, el mejor monumento que se puede levantar a los mártires de la liberación es crear en Venezuela un pedestal sólido de verdadera, efectiva grandeza.

Venezuela tiene derecho a ser gobernada democráticamente

El mundo entero está pendiente de Venezuela; el mundo está admirado de Venezuela; el mundo espera que Venezuela ahora sepa decirle que no sólo por la sangre, sino por el tesón y la voluntad, tiene derecho a ser gobernada democráticamente. Tenemos que inspirar confianza; que los hombres de empresa que vengan a establecer negocios, negocios lícitos, que no vengan a pretender manejarlos con la corrupción y el fraude; que los hombres que venga a establecer negocios lícitos y conformarse con ganancias justas, tendrán de nosotros apoyo, respeto, simpatía y consideración. Necesitamos desarrollarnos, necesitamos inspirar confianza, necesitamos demostrar a todos que hay un clima suficiente, y que la tierra venezolana es suficientemente amplia para que quepamos todos, siempre que vengan animados de una buena intención.

Debemos reconocer que el régimen lo manchó todo con sus negocios y maniobras. Por eso hubo violencia. Por eso desgraciadamente se produjeron algunos actos delictuosos, que pudieron crear un momento de alarma en todos los inmigrantes. El régimen no tuvo una política inmigratoria. El régimen no quiso valerse de los que venían buscando en Venezuela la tierra ancha y generosa y los utilizó como instrumentos al garete de sus maniobras y de sus perversiones.

Nosotros debemos decirles a los extranjeros que están en Venezuela, y a los que sigan viniendo, que nuestras puertas están abiertas, que hay mucha tierra para trabajarla, que hay mucha oportunidad para hacer la grandeza del futuro, que aquí tienen un país libre y digno y que no acepta comerciar con la vergüenza nacional, pero que extiende los brazos abiertos a los que quieran venir a mezclar su sudor con el nuestro, a los que quieran poner su brazo con el nuestro, a los que quieran encorvarse sobre nuestra tierra como los venezolanos. A los que quieran aportar su inteligencia, sus iniciativas, sus energías en el comercio, en la industria o en la agricultura, los consideramos como hombres dignos de ganarse el cariño, la simpatía y la voluntad de los venezolanos.

Las tiranías ofrecen una paz falsa

Y los hombres de empresa espero que no olvidarán esta lección: la paz que ofrecen las tiranías es una paz efímera y falsa. Las tiranías se ufanan de que ofrecen a los hombres de empresa un clima favorable para desarrollar sus negocios, y los hombres de empresa pueden sucumbir a la tentación de apoyar las tiranías mientras sus balances anuales les representen jugosas partidas de utilidades.

Es necesario que sepan que la tiranía da una paz falsa de pozo en que las aguas se pudren. Que la tiranía crea un clima de rencores, que se necesita la generosidad y la madurez política de un pueblo como el de Venezuela para que, a raíz de ganarse su libertad, dé este ejemplo de pacifismo, de orden y de comprensión que los venezolanos están dando.

Que sepan, pues, los hombres de negocios que deben buscar la paz en la realidad de la vida espontánea del pueblo; que deben discutir sus asuntos con los trabajadores, que deben someterse a las leyes, que deben reconocer los principios básicos que inspiran la vida nacional.

Que los trabajadores están esperando reorganizar sus sindicatos, reorganizar su fuerza, que los represente y defienda; pero creo que la lección ha sido lo suficientemente dura como para que los trabajadores organicen sus sindicatos sin sectarismos, sin banderías políticas, entregados a la defensa de los genuinos derechos del trabajador y, al mismo tiempo, dirigidos por hombres ya maduros, que han visto en otros pueblos, que han podido estudiar cómo los sindicatos fuertes no se hacen de la guachafita irresponsable, sino del trabajo circunspecto, serio, firme, ordenado y coordinado de las masas obreras.

A la conquista de la nueva Venezuela

Todos, pues, venezolanos, a la conquista de la nueva Venezuela. Vamos a inspirar confianza. Habrá hondas reformas que hacer, pero sería insensato comenzar a hacerlas a la loca, irresponsablemente, para sembrar pánico y crear inconformidad y plantear crisis económicas que puedan ser pretexto de nuevas perturbaciones nacionales. Vamos a hacer que los hombres que entiendan de los problemas fundamentales se reúnan y los estudien. Dirigentes de partidos, dirigentes sindicales, hombres de empresa, técnicos de la economía: vamos a estudiar esos problemas y vamos a afrontar los más necesarios y los más fundamentales. Vamos a irlos llevando con calma, con serenidad y con conciencia, sin apresuramiento, por esta libertad que hemos conquistado. Sería muy triste que se nos fuera a acabar en unos meses.

Sólo me queda decirles a ustedes que la impresión que traigo es también de honda satisfacción. Todos estamos dando muestras de que lo que teníamos estaba muy adentro, de que no estamos jugando un carnaval político que va a acabar en un miércoles de ceniza.

Pero les confieso a ustedes que he leído con satisfacción las declaraciones de la Junta de Gobierno. La Junta Patriótica, que ha sido la expresión de la voluntad popular, que ha sido una representación de las angustias, deseos y aspiraciones del pueblo, ha hecho bien en ir dando confianza a quienes le ofrecen lo que están obligados a cumplir.

No debemos pensar en que pueda haber mala fe en estas promesas; pero más que esto, ya que la política no vive de

las confianzas en personas, por seres que accidentalmente desempeñan cargos públicos, debemos crear un clima civil que haga imposible que se desvíe el camino que se va trazando. Aquí estamos, venezolanos, con la alegría de podernos mirar cara a cara, con la alegría de poder decir que hemos sido fieles a la verdadera causa de la Patria grande. Aquí estamos nosotros, y podemos decirle al mundo que si en Venezuela hubo hechos de violencia, todos esos hechos de violencia recaen sobre la cabeza del dictador y de sus consejeros.

El pueblo esperó con serenidad ejemplar

El pueblo llegó a la violencia cuando le cerraron todas las puertas de la transición pacífica. El pueblo de Venezuela esperó con serenidad ejemplar, y estaba dispuesto a allanarse a cualquier solución que abriera campos a sus anhelos y que restableciera las bases de la gran dignidad nacional.

Pérez Jiménez fue el encargado de cerrar, de darle con la puerta en las narices a todo aquel que pudiera abrir una salida decorosa, la que menos costara a la Patria, la que menos zozobra causara. Cerró todas las puertas, y fue cuando todos los caminos pacíficos se cerraron, cuando el pueblo provocado e injuriado, y vejado desde los voceros oficiales, hizo acto de presencia y para demostrar que tenía los pantalones muy bien puestos.

Día tras día los editoriales de El Heraldo provocaban al pueblo, diciendo que la prueba de que el pueblo de Venezuela no tenía una preparación política era que aceptaba los vejámenes oficiales sin haberse rebelado en la calle. Y el pueblo de Venezuela soportó una provocación tras otra, hasta que llegó el momento de confrontar la hombría de cada quien, y ahora es a esa Venezuela a quien le toca contestar: ¿Dónde estaba la hombría: en el pueblo sufrido, que soportaba la injuria en silencio, o en aquellos hablachentos a quienes les faltaron alas en los aviones para poner mar de por medio a la hora de ajustar las cuentas?

Yo recuerdo, ya para terminar estas palabras que están largas: perdonen ustedes que la emoción se ha desbordado por mis labios y no he podido contenerme; yo recuerdo que en uno de esos editoriales se dijo que los partidos en Venezuela no alcanzaban juntos para llenar el cine Pastora; por lo visto el cine Pastora como que se ha ensanchado un poco en estos días.

El régimen pasado, señores, murió de cobardía. El plebiscito fue una cobardía. La negación de toda lucha fue una cobardía. El encarcelamiento y el exilio de los dirigentes políticos fue una cobardía. El régimen tenía miedo. No quería atreverse ni siquiera a unas elecciones amañadas, porque sabía que sin propaganda, con censura, sin mítines, con que nos dieran el derecho a meter una tarjeta en el sobre y de mandar un testigo a las urnas electorales, los habríamos derrotado sin remedio.

Ahora, en este momento, yo debo dar gracias, agradecerles a ustedes este recibimiento magnífico. Agradecerle a la Junta Patriótica el honor que me ha hecho de venir a este acto, a presidirlo y a pronunciar tan hermosas palabras de bienvenida. El honor que me hecho Jóvito Villalba y su gente. Al que me hiciera Rómulo Betancourt y su gente también, recibiéndome juntos en manifestación de venezolanidad en el aeropuerto de Nueva York, haciendo que yo no pudiera sentir mis cortos días de exilio, porque encontré a Venezuela allá viva y bulliciosa y unida.

Vamos a ganar la batalla

En este momento de dar gracias a los que han sufrido, en este momento de rendir mi tributo de homenaje a los héroes caídos en la liberación; en este momento de hacer llegar mi voz de simpatía a los hogares que están huérfanos, donde hay viudas y madres que lloran hijos, hermanos, esposos, caídos en la lucha por la libertad; en este momento de dar gracias, yo vengo a pedir. Doy las gracias pidiendo. Quiero pedirle al pueblo: vamos a ganar la batalla del trabajo; vamos a ganar la batalla de la libertad; vamos a ganar la batalla de la economía próspera de Venezuela.

En los periódicos del mundo, pagados por el erario nacional, se ha venido sembrando la leyenda de que la riqueza de Venezuela, aquella riqueza aldeana, de nuevo rico, con que se nos quería presentar para ofender a los demás, era producto de la tiranía. Es necesario que demostremos que esa riqueza es producto de los dones que Dios puso en las entrañas de la tierra y el músculo y el cerebro de los venezolanos, sobre esta misma tierra generosa. Esa riqueza vamos a desarrollarla ahora, no para que se la cojan los ladrones, sino para satisfacer las necesidades de los humildes.

La libertad es la base de la grandeza

Es el momento de volver, dentro de la alegría, a la necesaria serenidad. Es el momento de demostrar de nuevo la madurez política del pueblo de Venezuela. Es el momento de tener confianza en los hombres que tienen que ocuparse de los partidos, de los sindicatos, de los Ministerios, en los cargos públicos, en los cargos técnicos, en las empresas, en los problemas nacionales.

No todo será perfecto desde el primer momento, pero por lo menos tenemos de ahora en adelante el derecho de hablar, el derecho de reclamar, la tranquilidad de ir por la calle sin que nos sigan los espías de la Seguridad hasta nuestros hogares.

El régimen decía que estaba trabajando por una Venezuela grande y próspera. La Venezuela grande y próspera no podía existir mientras no existiera la Venezuela libre. La libertad es la base de la grandeza y de la prosperidad. Hemos conquistado, venezolanos, el don inestimable de la libertad. Ahora nosotros mismos debemos conquistar el don de la prosperidad y de la grandeza de la Patria. Unidos todos, no con amapuches de embuste, cada uno en su posición, cada uno con sus ideas; pero todos encontrando que por encima de las propias ideas hay una superior. Que por encima de las propias aspiraciones hay aspiraciones comunes, y esas aspiraciones comunes se presentan en la grandeza verdadera, digna y libre de la Patria amada de Venezuela.

No estoy en las alturas del poder, sino abajo, desde la arena de la lucha (1958)

Rafael Caldera en Nirgua, Yaracuy, 1958.
Rafael Caldera, durante la campaña electoral de 1958, conversa con una señora en Nirgua, estado Yaracuy.

No estoy en las alturas del poder, sino abajo, desde la arena de la lucha

Discurso pronunciado, el 4 de octubre de 1958, en el Nuevo Circo de Caracas con motivo de su postulación como candidato a la Presidencia de la República para las elecciones del 7 de diciembre.

Venezolanos:

No es motivo de obligada retórica el que me hace decir en esta noche que estoy profundamente emocionado. Una emoción muy honda tiene que correr por mí en esta noche en la que queda sellado un compromiso, un terrible compromiso de honor y de responsabilidad con un vasto sector de la opinión venezolana.

Hace diez años recorrí a Venezuela como un candidato presidencial simbólico. Ninguna esperanza de triunfo animaba la campaña en donde puse el corazón y en la que sentí el aliento de muchos millares de venezolanos que entendieron que aquella lucha era una lucha que envolvía una lección. Que tenía un profundo sentido pedagógico en la historia de Venezuela. Esta noche, diez años después, un denso sector de Venezuela considera que mi nombre puede ayudar en esta etapa que se inicia.

No estoy en las alturas del poder, sino abajo, desde la arena de lucha desde la cual he visto transcurrir estos diez años; diez años en los cuales como ganancia fundamental para mi espíritu he aprendido a conocer y querer mejor al pueblo venezolano.

Durante los diez años del silencio largo, durante los años de la noche oscura, me encontré con mi pueblo por las calles de Caracas. Le encontré esperándome a la puerta de mi casa, venido desde muy lejos a decirme que no perdiera la esperanza, que la fe estaba viva e intacta. Me lo encontré en las celdas de la Seguridad Nacional, como testimonio de rebeldía y sentí cómo se iba forjando en el corazón de Venezuela esta hermosa unidad que hemos conquistado y que no vamos a perder.

Sentí esa unidad de los venezolanos cada vez que pude poner mi corazón a latir al lado del corazón de un adversario político de ayer, o cuando pude enjugar las lágrimas de la esposa de un militante de otro bando político que había sido sepultado en las mazmorras de la tiranía, o cuando pude llevar una palabra de aliento a los que estaban gimiendo bajo un dolor que amenazaba ser eterno.

Una emoción profunda me mueve en esta noche y con esa emoción me llega el peso de una terrible responsabilidad. Yo no voy a incurrir en el lugar común de decir que han violentado mi voluntad para que acepte esta candidatura, porque la he aceptado con entera conciencia de la responsabilidad y aún de los riesgos que ella pueda envolver. Porque la he aceptado y la acepto, como tiene que aceptar un hombre que se ha entregado al servicio del pueblo, la responsabilidad desde la cual puede llegar a contribuir decididamente a rescatar de un pasado oprobioso a ese mismo pueblo al que se ha dado, y a ayudarlo a ganar definitivamente la senda de una vida política clara y decorosa.

Responsabilidad de la candidatura

Yo sé que es una terrible responsabilidad la que acepto y lo saben ustedes, porque no va a ser cómoda la posición de Jefe del Estado en el próximo período constitucional. En esta candidatura que se lanza, ante la alternativa de ganar y perder, más cómodo es perder, porque luchando siempre se queda en paz con la conciencia y la sola posibilidad de ganar tiene que estremecer el corazón de un hombre responsable, porque los problemas de Venezuela son graves y van a ser más graves todavía, y sólo una voluntad firmemente entregada al sacrificio, al sacrificio sincero, noble y voluntario, al que no me llevan amarrado, sólo una firme voluntad de servicio y la convicción de que al ganar esta campaña tendrán que contribuir todos los venezolanos de buena voluntad, son el aliento que me empujan a esta lucha. A esta campaña, en la cual la densidad y contenido de la voluntad colectiva se han hecho presentes en esta noche hermosa, en que la lluvia ha caído del cielo como para servir de motivo de tanteo de la fortaleza y consistencia de la decisión colectiva que me va a respaldar.

Salgo a la campaña electoral con esa honda convicción de la responsabilidad que ella envuelve, pero salgo limpia el alma de remordimientos, porque no hay nada opaco o turbio, ni en el origen, ni en el desarrollo, ni en los fines de esta candidatura.

Ella no se ha engendrado en conciliábulos, ni se va a luchar con mala fe, ni si se logra el triunfo va a servir para predominio hegemónico y sectario del grupo político que me respalda, sino que está comprometida al servicio amplio y generoso de toda la ciudadanía venezolana.

No han sido solamente las voces de aquellos a quienes un compañerismo de años me han vinculado de tal modo que su afecto podría turbar su juicio y su opinión podría ser la simple expresión de un sentimiento personal, ha sido la opinión recogida en sectores diversos, ha sido el testimonio de dirigentes políticos de otras parcialidades, ha sido la opinión de escritores con los cuales no nos vinculan compromisos ni intereses que no sean los de la patria venezolana, ha sido el parecer de hombres y mujeres en cuyo juicio creo y en cuya decisión la pasión no ha jugado, lo que ha hecho que piense en que mi nombre, prestado a la lucha electoral, podría significar un factor de confianza y de armonía, un elemento que para los venezolanos, sea cual fuere su denominación o sin denominación ninguna, puede expresar la promesa de un período presidencial dentro del cual se respeten las garantías ciudadanas, se asegure el cumplimiento de los derechos de la persona humana se luche por reconstruir las ruinas de aquella tiranía: la estructura de una hermosa y naciente comunidad democrática de hombres libres en los cuales la preocupación del bienestar del pueblo sea norma indeclinable que guíe las mejores voluntades.

Yo acepto esta candidatura con el compromiso por parte de quienes me postulan –mi partido, al que me he dado con todo entusiasmo durante estos años y al grupo de independientes que ha presentado mi nombre a la opinión venezolana– de llevar una campaña electoral de altura y de servir, mediante ella, al fortalecimiento de la democracia y a la consolidación de la unidad.

No estamos librando esta campaña, que esta noche empieza, con intención oculta y aviesa de desahogar rencores. Queremos salir a la calle a despertar la fe del pueblo en las instituciones democráticas, a recordarle que es su voto libre y soberano el que puede servir de cimiento a la estructura de las nuevas instituciones; a recordarle su deber de interesarse fundamentalmente por la vida pública, y a ratificarle nuestro concepto de que con la negación y el sectarismo, con el odio esterilizante, no habremos de ganar la batalla del porvenir. De que la batalla del porvenir la hemos de ganar con el respeto y el entendimiento, con el acercamiento noble y generoso de quienes pensamos distinto, pero en cuyos pensamientos existe un denominador común: el de cumplir con la patria el deber histórico que nos está reclamando.

Rafael Caldera en el Nuevo Circo de Caracas, 1958.

Copei en el Nuevo Circo de Caracas, 1958.
Proclamación de Rafael Caldera en el Nuevo Circo de Caracas. 4 de octubre de 1958.

Hemos sido partidarios de ahorrar polémicas electorales

Hemos sido partidarios, por la circunstancia excepcional de esta hora, de un acuerdo entre todas las fuerzas políticas para postular un solo candidato que evite toda polémica electoral, que abra, mediante un paréntesis de paz total, el comienzo de la vida democrática, a través de los planteamientos que los grupos políticos irán haciendo en terreno de altura en los cuerpos representativos de la voluntad nacional.

Con ese concepto fuimos a conversar con los otros partidos; con esa opinión respaldamos la eminente persona del Dr. Martín Vegas, como fórmula que pudo ser salvadora de aquel concepto de unidad.

Y hoy, iniciado ya como un hecho definitivo y claro la campaña presidencial que tendrá un término muy breve –porque apenas unas cuantas semanas nos separan del momento de las votaciones–, yo quiero ratificar aquí que si se puede lograr un acuerdo sincero y unánime entre todos los grupos políticos para postular una persona distinta de la mía como candidato unitario, que excluya todo debate electoral, de antemano estoy comprometido ante ustedes y ante mis postulantes a poner a un lado esta candidatura mía.

Sabemos que es difícil lograrlo. Hemos escuchado declaraciones categóricas de autorizados personeros de otros grupos políticos que se oponen a la tesis del candidato único por considerarla contraria al derecho del pueblo de elegir, pero no lo creemos imposible. La posibilidad existe todavía y no se cerrará por parte de nosotros, pero, eso sí, queda claramente establecido que ese acuerdo sobre un candidato unitario tiene que ser el resultado de un espontáneo y libre entendimiento de todos los grupos políticos reunidos en una mesa de sinceridad. No es a través de maniobras oscuras ni de presiones indebidas como podría lograrse la adhesión de COPEI  a fórmulas presidenciales, que reflexionando detenida y serenamente no hemos considerado aconsejables para la realidad nacional.

La coacción no doblegará nuestra voluntad

A aquellos que abriguen la esperanza de que presionándonos, ejerciendo coacción sobre nosotros, podrían doblegar nuestra voluntad, les recordamos que no ha sido nuestra historia la de entregar la voluntad torcida en manos de la imposición. Si algo nos ha servido en la lucha para ganarnos, si no la adhesión total del pueblo de Venezuela, por lo menos su fe en nuestra palabra, ha sido la circunstancia de que el pueblo ha visto y comprobado que cuando hemos dicho no, ni la fuerza de Pérez Jiménez, ni las maniobras de los adversarios, ni las presiones de ninguna naturaleza, pueden convertir este no en un sí claudicante.

Vamos pues a este debate electoral con la esperanza de que ha de ser un debate de altura, con la convicción de que se va a salvar con él, por encima de las discrepancias y de las naturales pasiones –o mejor dicho del natural apasionamiento de la gente por sus respectivos candidatos–, la unidad fundamental, sin la cual la estructura de nuestros problemas sería imposible de lograr.

Tenemos conciencia de la situación

Sabemos que vivimos un momento de excepcional gravedad en nuestra patria. No hemos encontrado el camino para la normalización de la vida política y otra vez se suscitan incidentes de tipo anarcoide que ponen en peligro y angustia la colectividad venezolana.

Sabemos que ellos son el fruto de las dificultades de la transición. Sabemos que a ningún grupo político puede o debe imputársele responsabilidad por esos hechos, pero sabemos también que si no logramos extirparlos, si no logramos por el camino democrático superar ese falso concepto de que la voluntad del pueblo se expresa en la asonada, estaremos comprometiendo esta hermosa oportunidad y de la responsabilidad de lo que ocurra, no habrá nadie, ni nosotros, ni nadie, que pueda librarse.

Sabemos, además, que la situación económica no es que sea mala, pero empieza a sufrir las consecuencias del desajuste natural que un pueblo sufre cuando un gobierno de estructura tiránica es derribado por la fuerza o por la voluntad colectiva y se empieza a tantear la reestructuración de un orden democrático.

No echamos a nadie la culpa, pero tenemos la convicción de que este es el momento de resolver el problema económico a base de estabilidad social, que si no somos capaces de resolver ese problema dentro de uno o dos años las consecuencias serán muy graves para la economía venezolana, y sabemos que los pueblos viven sus ideales pero sufren también sus angustias económicas, y un fracaso económico, si a tiempo no lo conjuramos, sería el mejor argumento que los fabricantes de tiranos tendrían para llegar a la angustia de los hogares que no tienen pan.

Ambiente propicio para el desarrollo económico

Nosotros, pues, sentimos que es necesario crear un ambiente propicio para que la economía venezolana se acentúe y progrese, para que los hombres de empresa, que entienden su responsabilidad social, que no tienen miedo de asumir la responsabilidad de la lucha económica, y sobre todo que saben que el obrero tiene derechos fundamentales y que el sindicato no es un engendro del averno sino una expresión legítima de la defensa de los derechos de los que trabajan, para que esos hombres de empresa –decía– si vienen con voluntad de hacer, encuentren ambiente para que en nuevas fábricas y en nuevos establecimientos los venezolanos puedan conseguir, mediante el trabajo redentor, la oportunidad de hacer que sus hogares vivan felices y tener un mejor puesto bajo el sol que alumbra para todos.

Si algo es positivo en este momento nacional es la conciencia que todos hemos de tener en ciertos aspectos fundamentales. La historia ha demostrado que Venezuela no es un país desesperado, que el odio no es la característica de los venezolanos, que el sentimiento general que nos domina es el de un pueblo joven que quiere oportunidades para echar a andar hacia adelante.

Sería torpe dejar perder este momento histórico en la querella de los egoísmos de grupo, o permitir que las energías colectivas se diluyan en un ambiente de intranquilidad. Por eso pienso que la mejor contribución que podríamos dar a Venezuela en este momento de historia, es asentar nuestro sistema democrático sobre un gobierno estable.

Queremos votar, para que de nuestro voto salga la organización de los poderes públicos, pero no queremos votar sólo esta vez para recordar años después a nuestros hijos que allá en 1958 pusimos una tarjeta en la urna electoral, en apoyo al candidato de nuestra preferencia. Queremos seguir votando.

Queremos que los períodos constitucionales se sucedan unos tras otros como en cualquier país civilizado. Y el mayor aporte que podremos dar en nuestra patria hoy es contribuir a la formación de un gobierno, que pueda ser o no ser de la satisfacción de todos, pero que ofrezca las mayores posibilidades de durar sus cinco años y de ganar su máxima victoria al entregar, al cabo del período, con las manos limpias de egoísmo, el poder público recibido a las manos de quien resulte electo por la voluntad popular.

La libertad y el nuevo orden constitucional

Profundamente creemos en la libertad. Sentimos que sin ella, el hombre en poca cosa puede diferenciarse de cualquier animal. Sabemos que es la libertad el punto de partida para la resolución de los otros problemas, pero estamos convencidos también de que es un clima de autoridad legítima, surgida de la voluntad colectiva, de que es un clima de orden fecundo y de equilibrio constructivo, el clima dentro del cual puede fortalecerse o arraigar la noble planta de la libertad.

No creemos, y la experiencia nuestra y de otros pueblos lo demuestra, que los excesos que en nombre de la libertad pueden cometerse, a veces ni siquiera con mala intención sino con poco conocimiento de la historia, sea lo más favorable para regar esta planta, todavía exótica, en este suelo tan agotado por las dictaduras.

Decimos que es necesario estructurarnos en un ambiente de sinceridad, y porque contamos con la colaboración fundamental de los hombres políticos de otros grupos, y porque contamos con la voluntad de esa inmensa mayoría de Venezuela que no tiene denominación política determinada, por eso estamos corriendo esta aventura, porque sabemos que en medio de los riesgos, de las dificultades y de los problemas terribles que va a vivir la patria en el quinquenio que se aproxima, habrá –como la fuerza suprema para resolverlos– la fuerza que dimana de un entendimiento que las luchas ocasionales y las inevitables discrepancias no serán capaces de destruir.

Vamos a una reforma constitucional. Creemos que debemos elaborar un texto constitucional que sirva para todos los venezolanos, que no sea la expresión de los puntos de vista unilaterales de un partido, de modo que la salida de ese partido del poder no lleve consigo una nueva peripecia en la accidentada trayectoria de nuestra Carta Fundamental. Queremos un régimen democrático que nos ponga a cubierto de los golpes de fuerza. Queremos un Ejecutivo responsable y por esto nos hemos opuesto con sinceridad a la tesis de un Ejecutivo colegiado.

Queremos que el presidente que sea electo por el pueblo responda ante el pueblo; que resida sobre él fundamentalmente la responsabilidad de gobierno, que para acometerla busque la colaboración de los representantes de todas las fuerzas políticas, pero que sienta él que en sus manos está la autoridad, limitada por los otros poderes; limitada por un legislativo fuerte y consciente en su doble función de legislar y controlar; limitada por un poder judicial autónomo que sea expresión de una justicia indeclinable a la que no sean capaces de torcer las circunstancias, los intereses, ni las amenazas; y limitada por una autonomía creciente en los grupos estadales, municipales y distritales.

Que ese presidente, responsable y fuerte en su función, acompañado por un gabinete que sea expresión de lo mejor y más capaz de Venezuela en el orden administrativo, y limitado por los otros poderes, sea capaz de enrumbar hacia adelante la vida de Venezuela, sin escudarse el día de mañana en el argumento de que no pudo gobernar porque no lo dejaron gobernar los partidos.

El Estado y la economía

Nosotros creemos que sí se puede lograr un punto de entendimiento y armonía. En el campo económico, el papel del Estado que es tan preponderante por la misma fuerza de las cosas, puede conjugarse muy bien con una iniciativa privada que el propio Estado estimule, controle y supla, de acuerdo con las circunstancias. Creemos que sí se puede empujar la mecánica administrativa y fomentar las actividades industriales, lo mismo que las actividades agrícolas, pecuarias, mineras y pesqueras, dando al mismo tiempo campo para que la persona vaya expandiéndose y convirtiéndose en el pilar firme sobre el cual debe reposar la libertad que vamos a asentar.

Creemos en el trabajo como fuerza suprema de la vida del estado. Creemos que el sindicato es la expresión organizada, cada vez más consciente, de los grupos obreros. Estamos dispuestos a alentar un cambio fecundo dentro de la vida social. Consideramos indispensable abrir campo a una más justa distribución de la riqueza. Creemos que un país rico no es aquel país donde un pequeño grupo posee una gran cantidad de dinero, sino aquel donde la inmensa mayoría disfruta de los servicios esenciales y está en camino y capacidad de progresar.

Yo quisiera extenderme por todo el campo de acción fecunda, si no para bajar a detalles, por lo menos para presentar lineamientos concretos de la acción que entendemos debe librarse en el próximo período constitucional. Pero no quiero abusar de la magnífica paciencia de ustedes y voy a referirme por ello sólo a algunos puntos fundamentales, sobre todo aquellos que pueden ser mal interpretados, los que pueden servir de pretexto para dar tintes de sectarismo a una posición como la nuestra, que en este momento representa, a nuestro modo de ver, el fiel de la balanza dentro de la vida nacional.

Consideramos que así como es necesaria una reforma tributaria, que se está comenzando a estudiar para aliviar las cargas de los que poseen menos y que debe hacer recaer la obligación fundamental sobre los que tienen más capacidad de resistirla; y así como es necesaria una reforma administrativa que al mismo tiempo que incite y haga más eficiente el servicio de la administración, anule desigualdades irritantes entre una alta burocracia, quizás privilegiada en algunos casos, y una pequeña burocracia que sufre y se consume y que paga con indolencia el maltrato que le da el Estado; es necesaria una reforma de la vida nacional en muchos campos. Aspiramos a una reforma agraria. Aspiramos a una reforma petrolera. Aspiramos a una reforma educacional. Pero creemos que ellas no deben ser la expresión de un partido, ni de una corriente ideológica, ni de bando alguno.

Rafael Caldera en Barinas, 1958.

Rafael Caldera saluda a llaneros, 1958.
Caldera durante su campaña en el estado Barinas.

El complejo problema de la Reforma Agraria

Creemos que la reforma agraria ha de enfocar el hecho complejo de la vida del campo, partiendo de la base de que el propietario que cultiva racionalmente su tierra y a ayuda a satisfacer el déficit que Venezuela padece, merece confianza y respeto y un trato muy distinto del propietario que tiene sus tierras abandonadas como por un motivo de especulación para aprovecharlo en sus coyunturas económicas.

Creemos que la reforma agraria ha de suponer un aspecto técnico que haga remuneradora la actividad del campo, que ponga los productos al alcance de los mercados, que cree nuevos mercados, que impulse nuevos sistemas, pero al mismo tiempo indispensablemente ha de tener un aspecto social, porque no es proteger a la agricultura hacer que se produzca más renglones, sino hacer que el campesino viva un nivel de vida más decente y deje de engrosar el espantoso caudal de aquellos que abandonan sus campos para venir a constituir el cinturón de miseria y dolor en nuestras urbes populosas.

Aspiraciones en el campo petrolero

Pensamos que en el campo del petróleo, lo adquirido hasta ahora no puede ser motivo para que no se aspire a adquirir más.

No creemos que la participación del 50-50 constituya un tope definitivo del cual Venezuela no pueda pasar en una aspiración legítima de mejorar sus circunstancias. Pero no vemos el petróleo simplemente como una industria más o menos extranjera, de cuya regalía vivimos como pudiera vivir un jeque árabe para gastar el dinero sin ocuparse de algo que es fundamental en la vida de su país: queremos una injerencia mayor de los venezolanos en una industria que debe ser cada vez menos extranjera y constituir cada vez más un renglón típico de nuestra economía nacional.

Vemos con simpatía la idea de una empresa nacional de petróleo y de una flota nacional petrolera. Creemos que a ello ha de llegarse, sin embargo, a través de estudios sólidos que hagan ver todas las circunstancias, y que todos los pasos que se den en este campo deben darse con los pies bien afincados sobre la tierra y no como motivo de debate político y de riña entre sectores venezolanos, sino como el resultado de un entendimiento fecundo de un estudio completo en el cual participen todos los sectores primordiales.

Y en materia económica creemos que el momento es más para las realidades positivas que para las disquisiciones teóricas, como decía en estos días en un artículo publicado en un diario de Caracas el gran estadista Nehru, refiriéndose a la situación dramática y a las perspectivas de la India: «no es con la magia del socialismo o con la magia del capitalismo con lo que se van a resolver los problemas; los problemas se van a resolver con el trabajo intenso y fecundo de una colectividad que obtenga mayor rendimiento a través de la técnica y una más justa distribución de los bienes a través de las reformas sociales».

La vergonzosa realidad de nuestra educación

Creemos que en materia de educación es mucho mayor el campo donde debemos coincidir, que el campo en el cual podemos ahondar diferencias ideológicas que acaso nos desvíen de la responsabilidad de resolver otros problemas urgentes.

En Venezuela, hasta hace muy poco –ahora están comenzando a darse pasos audaces para resolver ese problema–, no sólo el número de adultos analfabetos era considerable, sino que seiscientos mil niños en edad escolar no tenían escuelas a las cuales asistir. Para resolver este problema, calculando 50 niños por maestro, se necesitarían 12.000 maestros, para cuya formación son insuficientes todas las escuelas normales que hay en la República.

Sabemos que los estudiantes de secundaria, de acuerdo con los números obtenidos, después de los progresos que el Ministerio de Educación ha podido realizar dentro del actual régimen democrático, apenas llegan a 60.000 en un país de seis millones de habitantes. Ello hace un 1 por 100 de venezolanos que están en la escuela secundaria, mientras en la Argentina, por ejemplo, para no citar sino casos –y los tomo de un artículo de un dirigente comunista amigo mío– hay 2 y medio por ciento, o sea un 25 por mil para nuestro 10 por mil; y en Chile hay casi un 2 por ciento, o sea un 19 y medio por mil; y en Uruguay casi un 2 por ciento; y en Panamá cerca del 2 por ciento; en Bolivia, la pobre Bolivia, en su presupuesto miserable, hay un 1 y cuarto por ciento de su población que asiste a la escuela secundaria; mientras en Venezuela, la rica y ostentosa Venezuela, ahora se está logrando alcanzar que el 1 por ciento de los venezolanos asista a la escuela secundaria.

Y si es en el campo universitario, estamos acercándonos, entre otras universidades oficiales y privadas, a un número que oscila alrededor de 12.000 estudiantes universitarios, que para nuestra población de seis millones representa un 2 por mil; mientras en la Argentina hay 7,7 por mil; en Chile un 4 por mil; en Puerto Rico un 6,7 por mil; en Uruguay un 5,8 por mil; y en Bolivia también un 2 por mil.

Y yo me pregunto, ante esas cifras, que tragan millones y millones de bolívares sin acercarse siquiera a resultados obtenidos por países más pobres en el continente americano, ¿es posible que haya alguien tan sectario que piensa que debemos desalentar la educación privada, que debemos cerrar las escuelas privadas por llevar un prurito de una conciencia obnubilada? ¿No es un consenso nacional el que reclama que haya un entendimiento completo para fomentar todas las actividades públicas y privadas que puedan ponernos al nivel de los pueblos cultos, manteniendo, claro está, el control del Estado en todo lo fundamental relativo a eficiencia técnica, orden público, mantenimiento fundamental de las instituciones?

Yo creo, y lo he oído confirmado de labios de los más altos dirigentes de los otros partidos políticos, que en la Venezuela de este momento no tendría sentido una polémica que quizás con el tiempo, cuando ya hayamos podido satisfacer este horrible déficit que nos llena de vergüenza ante el mundo, podremos darnos el lujo de plantear y discutir.

La educación religiosa

Si se plantea la cuestión de la educación religiosa, hay un consenso en todos los grupos políticos y espero que se cumpla, de que no es el momento para plantear polémicas sobre una cuestión tan profunda y tan capaz de apasionar y dividir el ánimo de los venezolanos. Estamos dispuestos a mantener por todo este tiempo el statu quo que existe en las leyes en relación a la enseñanza religiosa. Estamos dispuestos a postergar ese problema.

No queremos hacer del Ministerio de Educación un recinto confesional para ejercer desde allí una tenebrosa política sectaria: queremos que el Ministerio de Educación esté en unas manos imparciales y limpias, unas manos desprovistas de sectarismo y de aspiraciones hegemónicas, unas manos que garanticen a todos los maestros un trato igual y equitativo que no considere sino los méritos profesionales, como ha sido  la educación venezolana instrumento de presiones bastardas, campo de batalla para las ambiciones de los grupos políticos.

El problema de la vivienda

Un problema fundamental en Venezuela desde el punto de vista social es el problema de la vivienda. No podemos reclamar que haya familias sino no somos capaces de construir hogares. Novecientas mil familias, según cálculo reciente, necesitan en Venezuela una vivienda dotada de las indispensables comodidades. Novecientas mil familias, que a diez mil bolívares por vivienda, requerirían una erogación de nueve mil millones de bolívares, y eso sin contar que cada año, por la presión demográfica, cuarenta mil familias requerirán un gasto adicional de unos cuatrocientos millones de bolívares para que el problema no se agrave.

Ante situación como ésta, pensamos que todo lo que el Estado gaste en materia de vivienda es poco; pero no basta el esfuerzo del Estado, hay que buscar la colaboración de los propios interesados, a través quizás de organizaciones cooperativas que en otros lugares han dado muy buen resultado y, ¿por qué no?, hay que buscar también la colaboración de los pueblos más ricos del Continente, porque el dinero de los pueblos de América, que en otras ocasiones ha servido para sembrar la opresión, la inquina y el odio, debe comenzar a invertirse en el remedio de los problemas fundamentales para que este cacareado Continente se haga en verdad el Continente de la libertad, lo que será cuando la libertad se estructure sobre la base de la justicia social.

Cuestión aparte es para nosotros el problema de la vivienda campesina. Respetamos y aplaudimos las iniciativas emprendidas, pero consideramos que ellas son apenas un tímido comienzo que hay que impulsar con decisión. Es necesario crear un Instituto de la Vivienda Rural, dotado de amplios medios, comandado por hombres jóvenes de profunda sensibilidad social y de gran decisión y arrojo, para ver si logramos al cabo de unos cuantos años hacer el milagro de estructurar una clase campesina que sea la columna vertebral de la nacionalidad.

No podemos llevar hasta los campesinos que viven dispersos en casitas a distancia de leguas y leguas del pueblo más cercano, cuyos niños desnutridos tienen que caminar horas enteras para alcanzar las puertas de la escuela, los servicios fundamentales que caracterizan en nuestro tiempo una existencia humana digna. Tenemos que reagrupar los campesinos en comunidades vecinales modernas. Tenemos que reubicarlos en sitios apropiados, cercanos a los centros de trabajo, para combinar la reforma social de la vivienda con la reforma económica que les permita posibilidades de vida, para que en esas nuevas comunidades rurales del futuro, donde llegue por un camino de penetración el vehículo que lleva la civilización, además de una vivienda con  luz, agua y cloacas, haya también la escuela rural que vincule al niño con el campo, el dispensario rural donde el médico pueda ir una o dos veces por semana, y de donde se puedan trasladar en ambulancia los enfermos graves hasta los centros más poblados, la pequeña capilla donde pueda desahogar sus sentimientos quienes sientan inquietud espiritual, la modesta planta eléctrica que permita escuchar por la radio el latir de la civilización y acercarse a través del cine semanal a los misterios y progresos de la vida de nuestro tiempo.

Sólo así podríamos fijar en los campos a esos pobladores que vienen a refugiarse en los ranchos, afortunadamente transitorios, que rodean a nuestras ciudades, donde acuden en busca de trabajo, en busca de escuela para sus hijos, en busca de medicinas para sus enfermos, en busca, en suma, de una vida mejor.

Rafael Caldera en San Rafael de Mucuchíes, 1958.
Caldera de visita a San Rafael de Mucuchíes.

La seguridad social

Y creemos que es necesario impulsar el desarrollo de las instituciones de seguridad social, el Seguro en todas sus manifestaciones, que debe extenderse territorialmente, que debe extenderse profesionalmente, que debe extenderse en relación a los riesgos cubiertos.

Es necesario hacer frente al problema de aplicar el seguro social a los trabajadores domésticos y a los trabajadores del campo, extenderlo por toda Venezuela y abrir campo a nuevos riesgos, como los de vejez, invalidez y muerte, para que podamos hacer efectiva la protección que hace reconciliar el régimen actual con las aspiraciones irredentes de la humanidad.

Creemos que es necesario abrir campo vigoroso y decidido al salario familiar: subsidio familiar para que a través de medios efectivos podamos lograr una campaña de revitalización de la familia como célula permanente de la estructura venezolana.

Tenemos que crear nuevas iniciativas en materia de asistencia social, y pienso si no será ya el tiempo en que estamos maduros para que, tomando el Seguro y la Asistencia e incorporándole todos los aspectos de bienestar social, llevemos al Gabinete Ejecutivo un Ministro nuevo, con una cartera nueva, que sea la expresión de una nación nueva, que busca en la previsión, en la asistencia y en el bienestar de sus habitantes la mejor justificación de toda empresa de gobierno.

Amistad entre iguales

Tenemos la convicción de que hay que mantener la relación más cordial con los pueblos de la tierra; que nuestra nación, la que más peleó en los campos de la independencia y la única que no ha tenido un conflicto internacional después de Ayacucho en todo el Continente americano, es una nación que tiene un gran papel en este hemisferio para ser abanderada de la paz, para ser abanderada de los ideales que guiaron a Bolívar en su lucha.

Creemos que debemos fomentar los nexos que nos unen a las demás naciones latinoamericanas, especialmente a nuestras vecinas libertadas por el esfuerzo de Bolívar. Creemos que debemos fortalecer la solidaridad hemisférica sobre las bases de una amistad entre iguales que se respeten mutuamente; sobre la base, no de servilismo incondicional de los pueblos débiles hacia los pueblos fuertes, sino sobre la base de la fortaleza que el derecho y la historia nos atribuyen para poder reclamar y exigir y corresponder con el trato decente y leal con que, lo mismo que los hombres nobles, saben responder los pueblos que han nacido en un origen noble de sacrificio y dignidad.

Consideramos que podemos hablar con valor y sinceridad de las relaciones entre Latinoamérica y los Estados Unidos. No creemos que la incomprensión sistemática, no creemos que la negación sistemática, puedan conducir a resultados positivos.

Tenemos mucho que reclamar, pero el campo para reclamar es la discusión leal y sincera. Tenemos, entre otras cosas, que plantear la consigna de que la justicia social no se hizo solamente para regular relaciones entre individuos o grupos, de que la justicia social se hizo también para regular las relaciones entre pueblos y pueblos, y exige que los pueblos más ricos sacrifiquen más, en obsequio de la transformación y bienestar de los pueblos que no tienen tanta riqueza.

Y volviendo a las bases históricas de la nacionalidad venezolana, pensamos que es la unión de los pueblos de Latinoamérica donde está la clave –como Bolívar lo pensó– del equilibrio y fortalecimiento sobre bases legítimas de solidaridad hemisférica. Porque el día en que ciento ochenta millones de latinoamericanos sintamos como un solo hombre, vibremos como un solo hombre, vibremos como un solo corazón y tengamos una actitud conjunta, entonces podremos hablar de quien a quien con ciento ochenta millones de norteamericanos y decir que entre el norte y el sur hay una noble correlación de fuerzas, afirmando los ideales que viven en el alma de los pueblos de uno y otro lugar del hemisferio, podemos lograr que América sea para siempre el verdadero continente de la libertad.

La Institución Armada

Dentro de la vida política hay dos instituciones frente a las cuales la confusión histórica podía ser causa de terribles problemas. La institución armada es una. Hemos hablado con frecuencia de ella y el pueblo no nos ha escuchado jamás una palabra de adulación ni de lisonja para los hombres que tienen en sus manos, por voluntad de la ley, las armas que Venezuela ha dispuesto para la defensa de la soberanía y el respaldo de sus instituciones.

No estamos dispuestos a jugar a la política con la institución armada. No estamos dispuestos a alentar ambiciones ni a alentar discrepancias en el seno de una institución de carácter eminentemente nacional. No creemos que la división del Ejército contribuiría jamás a resolver el problema político de Venezuela, ni creemos tampoco que el Ejército esté llamado en ningún caso a ser el árbitro de las contiendas políticas entre los ciudadanos. Pensamos que los militares tienen una responsabilidad, y que su función profesional es muy noble y muy alta y que merecen del pueblo respeto y simpatía; pero que como precio de ese respeto y simpatía sólo reclamamos de los militares ser, en el recto sentido de la palabra, profesionales de una profesión noble, servidores de un Estado libre, cumplidores de un deber estricto en beneficio de la nacionalidad.

La Iglesia y el Estado.

Y si pensamos que estas ideas son tan claras, tan claras que en ellas nos acompaña necesariamente la opinión venezolana y que ellas tienen que tener la adhesión de todos los grupos políticos, así estamos también convencidos de que la opinión de todos los venezolanos y de todos los grupos políticos coincide en deslindar el campo de las relaciones entre la Iglesia y el Estado.

Yo quisiera hablar de esto, especialmente porque sé que ya ha empezado, antes de la campaña electoral,  con motivo de propaganda adversa para mí, un argumento trivial y tonto, de que yo soy «curero», y de que los curas van a mandar en Venezuela. El argumento es pintoresco, y llegan a decir que si COPEI llega al poder habrá una iglesia en cada cuadra, que habrá una ley obligando a los venezolanos a oír misa todos los domingos y toda una serie de cosas que la fantasía malévola ha ejercido durante muchos años.

Después de todo, me tranquiliza saber que no han dicho que soy ladrón, que soy asesino, ni que soy hipócrita. Soy, como muchos ciudadanos venezolanos, un católico que no cree que haya en ello motivo para ruborizarse, que no ha escondido sus convicciones, y que sería, a mi modo de ver, objeto de ludibrio y perdería el poco aprecio que de mi sinceridad han formado grandes contingentes de venezolanos, si por cosechar unos votos abjurara de una fe que me manda a ser recto y a ser honesto y a respetar a los demás; de una fe que manda a ser justo con el adversario, que me manda a desterrar el odio del corazón, y que cuando estaba sepultado en una celda de la Seguridad Nacional, incomunicado del mundo que me circundaba, me recordaba que no solo de pan vive el hombre y que hay ideales que en cualquier momento, que en cualquier circunstancia, mantienen viva la esperanza.

Yo tengo sí una gran satisfacción al profesar una doctrina cuyos supremos jerarcas han pedido justicia para las clases humildes y han reclamado los principios de una honda reforma social. Yo siento vibrar mi corazón cuando leo que, a raíz de la guerra mundial, cuando se constituye el Estado de Israel y la sinfónica de aquel país recorre las principales ciudades europeas, va a la Capilla Sixtina a dar un concierto en homenaje al Papa Pío XII, en reconocimiento a la protección dada, noble y valerosamente por él, a los judíos perseguidos por la tiranía nazista.

Yo creo, sí, en una religión nueva en su manifestación si se compara con manifestaciones decadentes de siglos anteriores, pero que no es nueva en verdad sino la misma vieja religión que a un carpintero de Nazaret lo llevó a predicar las más hermosas consignas de amistad entre los hombres.

Yo creo en estos principios, pero tengo un respeto profundo por las creencias de los demás. No considero que se puedan ganar corazones por la fuerza, ni creo que una religión, que para sostenerse necesitara del respaldo de un tirano, pudiera tener derecho a vivir. Creo que la religión pertenece al campo del espíritu y que cuando entra a definir principios en el mundo de las realidades sociales es para señalar normas morales de bien y de progreso. No creo yo que un católico que sea convencido católico vaya a jugar desde el poder la farsa miserable que tratan de jugar los tiranos, buscando dar la impresión de que puedan ganar las voluntades de los representantes de la Iglesia.

Tengo un alto concepto de los jerarcas de la Iglesia Católica en mi país y sé que ellos han sido claros en definir los campos: son ellos los primeros en rechazar, por ejemplo, el que se postulen sacerdotes en las planchas para las elecciones, para no mezclarlos en contiendas políticas, a pesar de que hubo sacerdotes eminentes que llenaron gran papel en los parlamentos de la República. Está la misma Iglesia, como el Estado por su parte, interesada en deslindar los campos, recordando el viejo precepto que tiene eterna vigencia y que salió de la boca del Maestro: dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Se ha destacado el hecho de que cuando el Arzobispo Arias expidió su histórica Pastoral el 1 de mayo de 1957, reconocida por los historiadores del movimiento de liberación como el punto de partida de la sacudida moral del pueblo de Venezuela, se mantuvo dentro del campo social y con toda prudencia de no entrar de lleno en el campo político. Y cuando el mismo Arzobispo Arias rechazó cortésmente la invitación que el Ministerio de Relaciones Interiores fue a hacerle a nombre de la Junta de Gobierno, para que presidiera él la Comisión redactora del Proyecto de Estatuto Electoral, acabó de fijar una actitud admirable. Los campos deben deslindarse.

Aspiro a que se llegue a una solución equitativa para regularizar las relaciones entre la Iglesia y el Estado, para que no se vea a la Iglesia como una dependencia administrativa, sino que tenga su propia estructura y desarrollo, su propia idea de acción, con el respeto de los intereses y derechos del Estado. Aspiro a que se logre un acuerdo bilateral, que pudiera ser un sencillo modus-vivendi entre ambas fuerzas, entre ambos poderes.

He dicho, y no en esta ocasión sino en presencia de los altos dignatarios de la Iglesia, que creo que debe ser un entendimiento tan prudente, y resultado del concurso de todas las fuerzas nacionales, que cualquier gobierno lo pueda cumplir, cualquiera que sea la posición de sus titulares ante el problema religioso.

Si yo fuera electo presidente de la República, me cuidaría de celebrar un concordato que diera ventajas indebidas a la Iglesia, en la seguridad de que, en primer lugar, el Congreso lo rechazaría y de que, en segundo lugar, si por alguna maniobra circunstancial lograra hacerlo triunfar, ese acuerdo se vendría al suelo en el momento en que yo mismo saliera del poder.

Yo quisiera un acuerdo entre la Iglesia y el Estado claro y limpio, de modo que cualquier político de cualquier denominación, si obra con buena fe y con lealtad, y en el sentido y en la convicción de servir a los intereses de Venezuela, pueda cumplirlo para mantener la paz entre los poderes que se comparten al hombre en sus aspectos material o temporal y espiritual, y que no tiene razón de reñir riñas que ya fueron superadas desde hace tiempo por la historia.

El comunismo

Y, para terminar, no puedo dejar de tocar un tema que no creo que ningún hombre público pueda ignorar en el mundo de hoy. Voy a referirme al comunismo, porque no creo en la frase de los que dicen que son indiferentes ante el comunismo. El comunismo es un hecho mundial de tanta importancia, de tanta actualidad, que el que diga que es indiferente ante él, o es un ignorante o un hipócrita. Ante el comunismo se tiene que tener posición, porque es una filosofía integral que define al hombre ante la vida; porque es una posición actual, total, combativa y polémica ante los principales aspectos de la vida humana.

Yo estoy claramente definido en el frente opuesto al comunismo. Tengo excelentes amigos dentro del Partido Comunista de Venezuela, muchos de ellos fueron mis discípulos en las aulas de la Universidad y allá hicimos una amistad a base de sinceridad y respeto recíproco; porque cuando les planteé una tesis doctrinaria y supieron desarrollármela brillantemente, aún cuando su criterio fuera el criterio dialéctico del marxismo y enteramente opuesto al mío, tuve la satisfacción en mi conciencia de darles sin reserva la máxima calificación.

Yo tengo una posición, una actitud decididamente anticomunista. Considero, sin embargo, que el interés actual de Venezuela aconseja dar al Partido Comunista, no de boca sino en la realidad efectiva, el ejercicio de las libertades democráticas y que como tales los ciudadanos venezolanos que profesan esa doctrina o actúen en ese partido tengan derecho al mismo respaldo, a la misma consideración y a la misma seguridad de su hogar, a que tienen derecho todos los demás venezolanos. No creo en el anticomunismo de los tiranos, porque creo que las ideas se combaten con ideas y yo no creo las mías inferiores a las suyas.

Cuando en la Universidad Central me ha tocado definir mi posición ante el materialismo dialéctico, he invitado sistemáticamente al más brillante de los estudiantes comunistas del curso para que, preparándose previamente y asesorándose con quien quisiera, expusiera también su doctrina ante sus compañeros de clase, para que no hubieran trucos ni arterías en la exposición que yo estaba haciendo de mis propios conceptos.

Creo que las ideas que estamos sustentando se pueden contrastar victoriosamente con las suyas, y creo que al comunismo, que es una idea, un fervor y un apostolado, los tiranos que pretenden levantar banderas anticomunistas y comercian con ellas le hacen el mayor de los servicios a la propaganda comunista, que en el fondo se nutre en este momento de dos hechos históricos: de las injusticias anteriores y recientes cometidas por los gobiernos de los Estados Unidos contra los países latinoamericanos y que le sirven de motivo a una propaganda sentimental, y de la injusticia social que todavía sepulta a millones de hombres en Latinoamérica en un nivel de vida infrahumano que tenemos la obligación de redimir.

No he tenido pues y lo puedo decir aquí con entera sinceridad –que creo debe ser la norma de los actos de quien aspira a que se le tenga confianza–, no he buscado coaliciones con el Partido Comunista, ni estoy dispuesto a comerciar con los votos de esos ciudadanos a los que respeto, pero de los que profundamente disiento. Llego a pensar que hay comunistas que quizás vean más garantizada la democracia, que es al fin y al cabo para todos, en el voto que pueda llevar al poder a un gobierno capaz de salvar establemente la vida de las instituciones venezolanas, que a un gobierno que les sea más simpático y que les dé mayores muestras de ternura, pero que lleve en sí, por ese mismo hecho, elementos que no lo fortalezcan para asegurar la libertad de todos los venezolanos.

Yo no creo, y lo he dicho claramente, que en una coalición de gobierno en Venezuela, en este momento histórico, debe participar el Partido Comunista. Creo que ello, lejos de fortalecer, debilitaría la estructura misma del gobierno democrático. Lo he conversado con los más altos dirigentes de ese movimiento y lo he expresado en las columnas de la prensa y creo que en este plano hay un consenso general en los otros grupos políticos.

Creo que el Partido Comunista debe, porque el interés nacional así lo exige, tener su representación parlamentaria de acuerdo con los votos populares que arrastre, pero creo que su pertenencia a un gobierno democrático de coalición debilitaría a la fortaleza de ese gobierno, con peligro para todos y con peligro necesariamente también para los propios comunistas. Y en esto, que se los he dicho con franqueza, no me ha traído de parte de ellos actitudes airadas: al fin y al cabo los comunistas, como hombres experimentados, saben que es preferible un adversario leal que un falso amigo.

La batalla de la confianza

Y termino con un llamado a todos los venezolanos para conquistar la confianza, sin la cual no podremos ganar esta batalla. Si sembramos desconfianza, detrás de la puerta nos encontraremos quizás en quien menos podemos pensar. Una reconstrucción histórica de aquél, que al regresar a Venezuela del exilio dije que debemos dejar marcado en la historia como el último tirano.

Tenemos que asentar la confianza y para eso tenemos que mantener la sinceridad y lealtad en nuestra actitud, y por eso creo que en medio de las dificultades y de las circunstancias que antecedieron a la postulación de esta candidatura presidencial, este hecho de que un partido asuma valientemente, categóricamente, la responsabilidad de lanzar el nombre de su candidato, contribuye a que el pueblo de Venezuela no pierda la fe en los hombres y mantenga el culto a la sinceridad, que es la base de la patria nueva que estamos tratando de fortalecer.

Al lanzarnos al debate electoral con esta fórmula, debemos ratificar nuestra decisión y nuestro propósito de que cualquier ciudadano a quien el pueblo de Venezuela escoja para regir sus destinos, cualquier persona que resulte por el sufragio popular investida con la condición de presidente de la República, tendrá de nuestra parte el respaldo y la colaboración necesaria para asentar el sistema democrático. No tenemos ansias de llegar, lo que tenemos es ansias de servir, y servir se puede lo mismo desde la altura conquistada limpiamente, que desde el terreno en el cual se ha mantenido una actitud firme y sincera.

Rafael Caldera, discurso, 1958.
Rafael Caldera durante un discurso en la campaña presidencial de 1958.

Compañeros y amigos:

Estamos cerca ya de la culminación de esta jornada electoral, que tiene proyección histórica, y de la cual puede salir decidida la suerte de una generación. Yo les digo a ustedes, y por conducto de ustedes a todos los venezolanos, que un posible triunfo de mi candidatura presidencial no sería una amenaza para el hogar de ningún venezolano, ni significaría establecer métodos de oprobio, borrados ya por el esfuerzo del pueblo y como resultado de la unidad de todos los venezolanos.

Ese triunfo sería para gobernar en bien de todos, para tratar de luchar por todos y para solicitar la ayuda de todos en el afán de resolver los terribles problemas que Venezuela tiene como herencia de la dictadura.

Ese triunfo presidencial no es una amenaza para nadie que sinceramente quiera ver en Venezuela estabilizado un régimen democrático, un régimen de libertad y de respeto.

Ese triunfo electoral sería la reafirmación del clima de unidad y de armonía que hemos construido todos con nuestro esfuerzo y con nuestra voluntad mancomunada, en este momento de la vida nacional.

Vamos alegres, pues, a luchar con sinceridad, con lealtad y con nobleza. Vamos a luchar en un clima de altura. Vamos a empujar votos hacia las urnas electorales. Y les puedo decir a ustedes que los votos que el pueblo me dé, con la ayuda de Dios, no se perderán en mis manos.

Muchas gracias.

 

El debate Caldera-Uslar Pietri (1963)

Debate televisado entre Rafael Caldera y Arturo Uslar Pietri, candidatos en las elecciones presidenciales de 1963

Radio Caracas Televisión. 22 de octubre de 1963

 

El martes 22 de octubre de 1963, los venezolanos tuvieron la ocasión de ver y oír, por televisión y radio, un debate de casi tres horas de duración entre el candidato presidencial socialcristiano, Rafael Caldera, y el candidato presidencial de un grupo independiente y de organizaciones políticas menores, Arturo Uslar Pietri.

Se estima que alrededor de millón y medio de venezolanos –quizás más– escucharon directamente las tesis y argumentos de ambos políticos, lo cual hace suponer que un porcentaje bastante apreciable del electorado pudo juzgar, sin intermediarios, el resultado del debate.

Carlos Rangel (Moderador):

Muy buenas noches, amigos televidentes de Radio Caracas Televisión. Es para Radio Caracas y para mí un gran honor y una gran satisfacción presentar esta noche un evento especial y de un interés y de una importancia sin precedentes. Se trata del debate entre los doctores Arturo Uslar Pietri, candidato independiente a la presidencia de la República, apoyado por grupos independientes y por organizaciones políticas, por un lado, y Rafael Caldera, candidato presidencial del Partido Social Cristiano COPEI.

Este debate constará de cinco puntos, convenidos de antemano:

El primero: ¿es éste el gobierno que le convenía a Venezuela en estos años?

El segundo: responsabilidad de COPEI en los aciertos y desaciertos del presente gobierno.

El tercero: el problema de la violencia y la posición de los contrincantes frente al comunismo.

El cuarto: candidatura de partido frente a candidatura independiente; y

El quinto: programa de gobierno.

El debate se regirá por las siguientes reglas: Cada uno de los contrincantes tendrá un cuarto de hora para exponer su punto de vista sobre cada uno de los puntos, pero un cuarto de hora dividido en tres partes: siete minutos para una exposición inicial, cinco minutos para una réplica y tres minutos para una conclusión. Yo tengo aquí un cronómetro y tengo también un timbre con el cual indicaré a cada uno de los oradores cuando le falte un minuto para terminársele el tiempo de que dispone en cada oportunidad.

Con una moneda voy ahora a sortear el orden de las intervenciones. Voy a preguntarle al doctor Caldera si desea cara o sello.

Rafael Caldera (al doctor Uslar):

Usted doctor.

Arturo Uslar Pietri:

¡Sello!

Carlos Rangel (lanza la moneda al aire y la recoge en la mano):

¡Es cara!, por lo tanto comienza el doctor Caldera con una exposición de siete minutos sobre el tema, ¿es éste el gobierno que le convenía a Venezuela en los últimos años?

 

Rafael Caldera:

Cuando me invitaron a participar en este programa, acepté con mucho gusto, por considerar de interés para el país la clarificación de muchas cuestiones que inciden en el actual debate electoral y que influirán sin duda en los resultados del primero de diciembre. Se me propusieron cuatro puntos, a los cuales yo hice solamente dos modificaciones: pedí se agregara el último punto, el relativo a la discusión de cuestiones programáticas de los candidatos, y pedí se agregara al punto sobre la violencia –creo que es el tercero– la fijación de posiciones frente al comunismo.

Paso a referirme al primer punto y, con la advertencia que acabo de hacer, entenderá el público televidente que más que contestar directamente la pregunta, me voy a proponer las cuestiones de qué significa esta pregunta: ¿es éste el gobierno que le convenía a Venezuela en estos años? Yo pienso que es el gobierno que ha tenido porque lo quiso así una mayoría de los venezolanos en el acto electoral del 7 de diciembre de 1958. Ahora, si se me pregunta si yo hubiera deseado que los resultados electorales fueran en el 58 cuales fueron, mi contestación es categóricamente ¡no! Yo tuve mi posición, mi partido presentó su propia fórmula, y tuve la lealtad de decirle al electorado que no creía conveniente la elección del señor Betancourt. Combatí a su partido desde el punto de vista electoral, así como combatí también la elección de otro candidato, el entonces Contralmirante Larrazábal y al partido que lo respaldaba, o uno de los partidos que lo respaldaban, el Partido Unión Republicana Democrática.

Ahora bien, si se me pregunta si éste es el gobierno que más convenía, hablando o entendiendo de sistema de gobierno democrático, pues entonces digo claramente que ¡sí! El país ha luchado y sufrido por conquistar un sistema de gobierno democrático. Yo creo en la democracia, en eso que los comunistas en son de desprecio llaman «la democracia formal»; creo que el sufragio, las elecciones, las votaciones, el funcionamiento de los poderes públicos, tienen una gran importancia, y creo que son, como lo dice el preámbulo de la Constitución, el instrumento adecuado para lograr otros bienes como la justicia social, el bienestar y el progreso de los pueblos. Yo creo, pues, que el sistema de gobierno adoptado sí era el que más le convenía a Venezuela como sistema de vida permanente.

Si la pregunta hace referencia al hecho de la coalición, también debo remontarme a los antecedentes que se fijan en el año de la provisionalidad, en el año de 1958: la verdad es que el país estaba convaleciente de un proceso dictatorial de diez años, el escepticismo no dejaba de existir en el subconsciente de muchos venezolanos. De la idea de que la libertad no fuera a prevalecer, en los venezolanos que desde diversos sectores ejercíamos funciones de dirección de la opinión pública y de la vida del país, surgió la preocupación, primero, de que pudiera mantenerse y ser estable el sistema político democrático, y segundo, el de que pudiera iniciarse en una forma franca y definida un proceso de reforma social. Para lograr estos dos objetivos se consideró necesaria la unidad del país.

Los partidos políticos importantes llegaron a esta conclusión y solamente se hizo la excepción –y en ello tomé yo una parte de cierta importancia– del Partido Comunista de Venezuela, por considerar que su filosofía política, por una parte, y los compromisos internacionales que tiene, por otra, eran incompatibles con los compromisos que los otros tres partidos tenían que formalizar para poder estabilizar un sistema de gobierno democrático de acuerdo con los ideales fijados en el movimiento que condujo al 23 de enero de 1958.

Fue pues ésta, la idea del llamado «Pacto de Puntofijo». El «Pacto de Puntofijo», que ha sido considerado injustamente  como un reparto de prebendas burocráticas, fue un compromiso de responsabilidad solidaria que las tres grandes organizaciones políticas, que iban a obtener en las elecciones el noventa y cuatro por ciento del total de los sufragios válidos emitidos, contraían de mantener, durante este período, mediante una acción conjunta, el sistema de gobierno, el gobierno mismo que resultara de las elecciones, hasta el punto de que los tres partidos nos comprometimos a sumar, desde el punto de vista ideal, los votos que los tres partidos obtuvieran y atribuírselos al gobierno que saldría de las urnas. Consideraríamos como si el gobierno salido de las urnas hubiera obtenido la totalidad de votos que se lograra por las tres grandes organizaciones políticas signatarias, en la jornada del 7 de diciembre. Nosotros, los copeyanos, hemos cumplido ese compromiso.

Por este motivo hemos sido objeto de muchos ataques, y entiendo que el Senador Uslar Pietri, que en el curso de la campaña electoral nos ha atacado mucho, precisamente por esta circunstancia, insinuaría el corte de la pregunta para formular sus acusaciones a este respecto. De manera que estoy gustosamente dispuesto a escucharlas y a responderlas lo mejor que pueda.

 

Carlos Rangel:

Tiene ahora el Senador Uslar Pietri, el candidato Uslar Pietri, siete minutos para hacer su primera exposición.

 

Arturo Uslar Pietri:

Muy buenas noches, señores. He venido a este debate a cumplir con un deber cívico como es el de llevar ante el electorado venezolano, que sin duda está pendiente de esta hora, puntos de vista que creo útiles y convenientes para esclarecer la conveniencia nacional y la posición de cada uno, en esta grave, en esta decisiva ocasión que presentan las próximas elecciones.

Cuando yo salí a la arena política como candidato presidencial independiente, pensé que tarde o temprano debería yo enfrentarme en algún debate público con el representante del Gobierno. Lo que nunca pensé es que este papel le fuera a incumbir al doctor Caldera. Pensé que era más lógico que le incumbiera al doctor Leoni, a pesar de que el doctor Caldera forma parte, como él mismo lo acaba de decir, de la coalición gubernamental. Pero, dada la posición que ha asumido COPEI últimamente, en la que no se sabe ciertamente si está en el gobierno o está en la oposición, no me parecía que el doctor Caldera iba a asumir la posición de defensa del Gobierno, y que por lo tanto ese papel le incumbiría al doctor Leoni. Sin embargo, tengo pues mucho placer, en venir esta noche a sostener el debate con el doctor Caldera.

Dice el doctor Caldera en su exposición, que él no hubiera deseado el resultado electoral que ocurrió el 58 y que tampoco creía conveniente la elección de Betancourt. Yo puedo decirle que estoy totalmente de acuerdo con él en estos puntos, porque yo tampoco he creído conveniente la elección de Betancourt. La elección de Betancourt, como tuve ocasión de decírselo a él personalmente en una conversación que tuvimos, a raíz de su elección, en diciembre del 58, la consideraba yo la más peligrosa y la más inconveniente. En primer lugar, era llevar al poder a un partido político muy sectario, muy pugnaz, con una tradición exclusivista grande, con unos apetitos de predominio evidentes, y que por lo demás tenía resistencia, resquemores, y un ambiente de hostilidad en muchos sectores de la vida venezolana.

En aquel momento Venezuela acababa de salir de una dictadura y estábamos todos los venezolanos empeñados en estabilizar unas instituciones democráticas. De modo que convenía, evidentemente, que lo que viniera al gobierno, una vez que se estabilizara la democracia, el gobierno constitucional, fuera un régimen de apaciguamiento, de entendimiento, de conciliación, que no representara una secta pugnaz ni exclusivista, sino que sirviera más bien como de juez imparcial, de aglutinador, de mediador, de coordinador de las distintas fuerzas, y le asegurara al país un período de convalecencia política.

El hecho de triunfar el candidato de un partido político, y de un partido político muy agresivo, muy sectario, muy militante, como Acción Democrática, hacía sin duda muy difícil que esto se pudiera obtener, y los resultados están a la vista.

El «Pacto de Puntofijo» no pudo funcionar y no podía funcionar. A poco de andar, Unión Republicana Democrática se retiró de la coalición y en los últimos tiempos es evidente que COPEI sigue participando en la coalición, pero con infinitas reservas, hasta el extremo de que en declaraciones públicas últimas del doctor Caldera y de muchos dirigentes importantes de COPEI, se ha dicho abiertamente que COPEI no asume responsabilidades por la obra del gobierno, de modo que en realidad la coalición ha terminado por ser una cosa vacía, sin contenido y sin definición.

Se cometió también allí otro error que fue el llamado «Pacto de Puntofijo». El «Pacto de Puntofijo» fue un error, porque no tenía una definición programática, sino muy vaga y muy genérica, y consistió en un reparto de las dependencias gubernamentales, lo cual trajo como consecuencia la descoordinación del Gobierno, el desmembramiento del Gobierno, en un momento en que Venezuela necesitaba precisamente lo contrario: un Gobierno muy coordinado, muy integrado, muy unificado en sus directrices y en sus objetivos. Lo que vino a tener fue lo contrario, fue un Gobierno parcelado, desmembrado, sin unidad de acción, que vino a contribuir grandemente a las deficiencias, a los errores y a las grandes faltas que esta Administración ha tenido y que son evidentes.

Esta situación hace pensar que lo lógico era que, en 1958, como tantas veces se dijo, los partidos políticos hubieran llegado a un acuerdo para llevar a la presidencia a un independiente. En ese momento, un independiente hubiese podido hacer un papel de mucho más equilibrio, de mucha más estabilidad para la democracia y para la evolución del país, que un hombre de partido, y sobre todo que un hombre de partido del carácter del señor Rómulo Betancourt, que ha sido siempre un hombre pugnaz, arbitrario, apasionado, impetuoso, autoritario, que era precisamente lo contrario de lo que en aquel momento se necesitaba en aquella difícil etapa de transición.

De modo que yo sí creo que este no era el Gobierno que le convenía a Venezuela. No el sistema, estoy de acuerdo con el doctor Caldera que el sistema democrático es el que le conviene al país, pero no convenía este tipo de gobierno presidido por un partido sectario, por el dirigente de un partido sectario, cuyo resultado fue el que hemos visto, que la coalición no pudo funcionar, que la coalición terminó en dividirse, en crearse una situación de pugnacidad, de desencadenarse una serie de desaciertos y errores atribuibles en gran parte al mal funcionamiento de la maquinaria gubernamental.

Quiero decir que en esto ocurrió también una cosa muy curiosa: COPEI fue un partido que se fundó con la gente que estaba contra Acción Democrática, con la gente que tenía un sentimiento contra Acción Democrática, y por una especie de juego de escamoteo ha resultado que los votantes de COPEI, que votaron en el 58 por Rafael Caldera, porque no querían votar por Rómulo Betancourt, han resultado votando por Rómulo Betancourt, porque COPEI  se ha convertido en el soporte de Acción Democrática en el gobierno y en el sostén de Acción Democrática en el gobierno. De modo que hubo una transferencia contra la voluntad del votante, de una decisión que era evidente: se votaba por Rafael Caldera, porque no se quería votar por Rómulo Betancourt, y se terminó finalmente votando, a través de Rafael Caldera, por Rómulo Betancourt.

 

Carlos Rangel:

Han terminado los primeros siete minutos de ambos contrincantes y le toca al doctor Caldera intervenir en cinco minutos.

 

Rafael Caldera:

Voy a hacer algunas puntualizaciones acerca de lo que acaba de exponer el Senador Uslar. En primer lugar, yo no he venido aquí como representante del gobierno y él lo sabe muy bien. Estoy invitado como candidato presidencial, por cierto, a mi modo de ver como el candidato presidencial de mayor opción para derrotar al candidato del partido que obtuvo mayoría en las elecciones pasadas. De manera que no vengo a defender al Gobierno, pero tampoco vengo, desde luego, en plan de mezquinar lo que pueda haber de justo o de bueno en el gobierno, ni de eludir responsabilidades que tenga, a las cuales no me voy a referir ahora, porque hay un punto especial, entiendo que propuesto por el Senador Uslar, relativo a las responsabilidades de COPEI en el gobierno, punto cuya discusión he aceptado y me interesa.

Desde luego, tampoco voy a discutir aquí la cuestión de la candidatura independiente, porque hay otro punto del debate que se refiere a candidatura independiente o candidatura de partidos; pero sí necesito hacer algunas consideraciones que me parecen de importancia.

No solamente no voté por Betancourt ni por su partido, y es evidente, sino que hice campaña contra ellos; en cambio, el senador Uslar Pietri se postuló a Senador con la tarjeta amarilla, en una compañía que en algunos aspectos no me parece muy garantizadora de esa paz, de esa serenidad y de ese entendimiento que el senador Uslar considera que hubiera sido lo ideal. Yo le pregunto al senador Uslar, ahora concretamente, ¿cree él que hubiera sido mejor para el país que hubiese triunfado la tarjeta con la cual optó al Senado de la República en las elecciones pasadas? ¿Cree que un gobierno de URD hubiera sido mejor que el gobierno que hemos tenido –si quiere decirlo así el senador Uslar pudiera aceptarle–, que hemos padecido en algunos aspectos los venezolanos en este quinquenio? A este respecto, tengo algunas dudas muy profundas sobre lo que hubiera significado esa fórmula que el senador Uslar auspició. Yo, ni voté por la blanca, ni le hice campaña a la blanca. Me limité a aceptar un hecho, advirtiéndolo al electorado en un documento que, por cierto, lo suscribió también el candidato presidencial que apoyó el senador Uslar, porque después de firmado el llamado «Pacto de Puntofijo» el 31 de octubre, el 6 de diciembre, víspera de las elecciones, se firmó un documento programático, suscrito por el señor Betancourt, por el entonces Contralmirante Larrazábal y por mí, en el cual se decía: «el candidato que resulte electo por la voluntad popular, gozará del respaldo de los otros candidatos y de los partidos que suscriben aquel pacto».

Esto se suscribió en un acto muy solemne en el Hemiciclo del Senado de la República; se trasmitió a todo el país en un acto televisado y radiodifundido por todas las estaciones de Venezuela, de manera que los electores sabían del compromiso que, el candidato presidencial que respaldó el senador Uslar, yo, como candidato presidencial de COPEI, y el que resultó electo, Rómulo Betancourt, teníamos de respaldar al candidato presidencial que resultara electo.

Por lo demás, la gente que votó por mí no votó por votar contra Betancourt, porque los que pensaban de esa manera se fueron a votar por Larrazábal, porque consideraron que un hombre que acababa de tener el gobierno, y que se consideraba como el candidato del gobierno, quizás tenía más posibilidades de derrotar a Betancourt en aquel momento que yo.

En cuanto a lo del «Pacto de Puntofijo» y el apoyo que le he dado al Gobierno electo, le quiero decir que lo que se me ataca hoy de una manera más pugnaz es precisamente lo que se está pidiendo del próximo presidente de la República: un hombre que sea capaz de poner sobre odios y rencores los intereses del país. Yo lo he demostrado en estos cinco años. Yo tenía resentimientos; tengo profundas diferencias frente a Acción Democrática, y demostré y lo demostró mi Partido, que podíamos poner por encima de los intereses del partido el interés nacional. Ojalá que prevalezca la idea de que el próximo presidente de la República sea un hombre que obre de esa manera, que no obre por rencores ni por odios, sino que subordine sus sentimientos personales a un alto interés nacional.

 

Carlos Rangel:

Le toca ahora al doctor Uslar replicar en cinco minutos.

 

Arturo Uslar Pietri:

El doctor Caldera alude a que yo apoyé la candidatura de Larrazábal y a que yo fui al Congreso con URD. La verdad es la siguiente, y el doctor Caldera debe conocerla: yo fui en una condición de absoluta independencia. Y quiero decir aquí lo que muchas veces he dicho públicamente, que le debo agradecimiento a URD, en primer lugar porque aceptó el que yo fuera en absolutas condiciones de independencia, y en segundo lugar porque respetó de una manera total y absoluta mi independencia en el Congreso, hasta el extremo de que no se ejerció ni la más leve presión sobre mí, nunca, en ningún punto, y toda decisión que yo tomé en el Congreso la tomé con las más amplia libertad. De modo que yo acepté que URD me postulara como candidato independiente, pero yo no me comprometí a apoyar, ni la política de URD ni la política de gobierno que hubiera resultado de un triunfo de URD. Eso quedaba a mi libre arbitrio.

He podido apoyarla si hubiera sido buena; he podido no apoyarla si hubiera sido mala. Como no triunfó, esto queda en el terreno de la hipótesis, y por tanto no podemos saber cuál hubiera sido mi actitud ante hechos que no se produjeron. Pero es indudable que yo no estaba comprometido a apoyar, ni al partido URD, ni mucho menos al gobierno que hubiera triunfado, de triunfar la tarjeta amarilla en esas elecciones. De modo que mi situación fue totalmente de independencia.

En cuanto a que si yo creo que Jóvito, que URD, hubiera hecho un gobierno mejor que el de Acción Democrática, habría que decir que en primer lugar había una diferencia y era que el candidato no era un jefe de partido, el candidato era un militar que había presidido la Junta de Gobierno Provisional y por lo tanto estaba en una condición de independencia en que podía ser lo más libre para actuar, y el papel de URD era el de un partido que lo apoyaba. Creo igualmente que el doctor Villalba, por su carácter, por su actitud, siempre ha sido un hombre más liberal, de mente más abierta, más tolerante, más comprensivo de lo que ha sido el señor Betancourt toda su vida. Es evidente el contraste de los dos caracteres de estos dos hombres.

Dice el doctor Caldera finalmente que él ha aceptado un hecho. Yo creo que los hechos evidentemente no necesitan que nosotros los aceptemos o no los aceptemos, son; pero nosotros podemos no resignarnos a los hechos y la historia en gran parte se ha hecho a base de los hombres que no se han resignado a los hechos, es decir, que le han dicho a los hechos que hay que modificarlos, hay que cambiarlos, no estoy de acuerdo con ellos y no me veo obligado a aceptarlos, porque si no la historia hubiese sido una especie de gravitación mecánica, y la historia en gran parte ha sido hecha por los hombres que individualmente se han alzado contra las circunstancias, se han opuesto a las circunstancias y han tratado de cambiarlas y lo han logrado muchas veces.

De modo que el doctor Caldera no estaba obligado, ni su partido, a aceptar pasivamente el hecho del triunfo de Acción Democrática y el «Pacto de Puntofijo», porque una cosa es apoyar un sistema político, apoyar la democracia –cosa que me parece muy plausible y que sería yo la última persona que le criticara, no creo yo que nadie le vaya a enrostrar al doctor Caldera que ande conspirando o que esté favoreciendo un golpe de estado– y otra cosa es apoyar una política. La cosa es enteramente distinta. Yo tampoco conspiro, ni he conspirado, ni conspiraría nunca, pero de allí a que yo apoye la política que ha desarrollado Betancourt, hay un abismo.

De modo que yo creo que se debe sostener el régimen constitucional en Venezuela, que debe perdurar el régimen constitucional en Venezuela, pero nadie me puede pedir que apoye la política de Betancourt, porque no estoy de acuerdo con ella; y si el precio de sostener el régimen constitucional en Venezuela es avalar, apoyar, aceptar y dar por buena la política de Betancourt, yo creo que es un precio muy alto y muy caro que nadie está obligado a pagar. De modo que yo pienso, perfectamente, que COPEI ha podido, con todo el respeto al régimen constitucional, mantener su punto de vista, porque yo insisto en que gran parte de la militancia de COPEI salió de un sentimiento de reacción contra Acción Democrática el año de 1946 y, por lo tanto, mucho copeyano se siente incómodo y se debe sentir incómodo de encontrarse a estas alturas apoyando la política de Betancourt. Ese es el punto que yo quería poner en claro.

 

Carlos Rangel:

Para concluir el primer punto del debate, habrá dos intervenciones de tres minutos cada una, de las cuales la primera corresponde al doctor Caldera.

 

Rafael Caldera:

Voy a tratar de sintetizar las observaciones de la forma siguiente: primero, absoluta independencia con que aceptó el doctor Uslar la postulación en las planchas. Yo entiendo que eso quiere decir que después de salir electo no tenía un compromiso de actuar según una línea política, pero eso no puede significar, doctor Uslar, que cuando usted aceptó su inclusión en una plancha, usted le negara su respaldo moral a esa plancha, y que si usted tenía electores que creían en usted, esos electores no iban a votar por la tarjeta que correspondía a su elección.

Cuando un ciudadano independiente se postula como independiente en una plancha, no queda obligado a seguir la línea del partido que lo postula, pero sí está pidiéndole al electorado que le dé sus votos a la plancha en que aparece su nombre. De manera que yo no me estoy refiriendo al hecho de que usted después quedara obligado a seguir la línea que le señalara el doctor Villalba, sino a que usted le pidió a los electores que pudieran creer entonces en su palabra y en su influencia política, sin duda considerable, que votaran por la tarjeta amarilla.

No creo que el triunfo de la tarjeta amarilla hubiera significado una hipótesis mejor para el país, y para esto señalo una circunstancia también que usted pasó por alto en su intervención anterior. Dijo: «cuando URD se retiró del gobierno por discrepancias…». URD se retiró del gobierno, hizo crisis el problema –lo recordará usted–, cuando el gobierno de Venezuela se alineó frente al gobierno de Fidel Castro en San José de Costa Rica. De manera que ahí hubo una definición de política en la cual evidentemente cualquier venezolano que haya experimentado la situación posterior que ha vivido el país y que juzgue los problemas de América Latina, tendrá que haberle dado la razón al gobierno de Venezuela. El partido URD no quiso hacer causa común con las otras repúblicas del continente en la condenación de la dictadura de Fidel Castro en Cuba y fue por esa circunstancia por la que URD se retiró del gobierno. Supongo que nadie me hubiera pedido a mí que me hubiera retirado, como URD, para hacer causa común con Fidel Castro frente al gobierno de Venezuela.

Por lo demás, lo de resignarnos a los hechos y aceptar pasivamente es una interpretación no adecuada del Pacto suscrito. El Pacto suscrito por los tres partidos dice de una manera muy categórica antes de las elecciones, lo siguiente: «Si bien el ejercicio del poder por un partido es consecuencia legítima de una mayoría electoral, la suerte de la democracia venezolana y la estabilidad del estado de derecho entre nosotros, imponen convertir la unidad popular defensiva en gobierno unitario, cuando menos por tanto tiempo como perduren los factores que amenazan el ensayo republicano iniciado el 23 de enero». El gobierno de unidad nacional, propuesto por cierto por el doctor Villalba, es el camino para canalizar las energías partidistas y evitar una oposición sistemática que debilitaría el movimiento democrático. No fue una aceptación pasiva de los hechos, fue el cumplimiento de una obligación que habíamos contraído solemnemente ante el país.

 

Carlos Rangel:

Le toca ahora al doctor Uslar concluir el primer punto del debate.

 

Arturo Uslar Pietri:

Tengo que repetirle nuevamente al doctor Caldera que mi posición fue de absoluta independencia, que yo no asumí ninguna obligación de respaldar la línea política de URD y por lo tanto mi figuración en esa plancha, si bien significaba el hecho que estaba de acuerdo en figurar en ella y no tenía inconveniente en figurar en ella, no significaba que yo iba a apoyar la línea política de URD.

En cuanto a las razones que URD tuvo para retirarse de la coalición, no soy yo quien las puede defender aquí porque no tuve arte ni parte en esas decisiones, por la misma razón de mi absoluta independencia. Esas razones las puede defender URD y supongo que tendrá manera de hacerlo, pero no es a mí a quien corresponde, porque en realidad yo no he tenido nada que ver, ni con el «Pacto de Puntofijo», ni con el retiro de URD, ni con la permanencia de COPEI en el gobierno. Yo he sido independiente absolutamente completo en el Congreso, y por lo tanto puedo responder de lo que yo he hecho, de lo que yo he actuado, de lo que yo he dicho; ahora, de lo que ha hecho el partido URD muy poco puedo decir u opinar, porque no tengo ni injerencia ni autoridad para hacerlo.

Dice el doctor Caldera que ellos no podían retirarse por el motivo aparente que él invoca, que fue la situación con la posición frente al régimen cubano. Perfectamente, yo no dudo que el doctor Caldera tenga sus motivos para no estar de acuerdo en este punto, pero yo creo que sí ha habido otras causas y otros motivos, que analizaremos después cuando haya tiempo, en los cuales COPEI asumió una responsabilidad al respaldar este gobierno en sus aciertos y en sus desaciertos, que fueron muchos, en sus grandes errores, en desatar una tremenda crisis económica en Venezuela, en toda una política de atropello en la cual indudablemente COPEI tiene una parte innegable de responsabilidad, y la tiene, no como yo que soy independiente en el Congreso y que no asumo responsabilidad ninguna por partidos a los cuales no pertenezco y cuya dirección no tengo, sino como un hombre que preside con mucha autoridad un partido político, y ese partido político ha estado estrechamente ligado a toda la acción del gobierno de Betancourt. Y, como dijo el doctor Caldera, lo ha dicho muchas veces, es el principal soporte de ese gobierno, porque el doctor Caldera ha dicho muchas veces que COPEI no se ha retirado de la coalición porque probablemente hubiera fracasado el gobierno y hubiera debilitado peligrosamente al gobierno. Quien tiene fuerza para sostener un gobierno tiene fuerza para dirigirlo y tiene por lo tanto una responsabilidad muy grande en permanecer, si es que la línea política de ese gobierno no está de acuerdo con su orientación o con sus principios.

 

Carlos Rangel:

El segundo punto del programa, según dije al principio, es la responsabilidad del partido COPEI en los aciertos y desaciertos del actual gobierno. Para este punto se invertirá el orden de la intervención, es decir, que será el doctor Arturo Uslar Pietri quien haga la primera exposición de siete minutos.

 

Arturo Uslar Pietri:

Yo creo que la inmensa mayoría de los venezolanos está de acuerdo en que este gobierno ha cometido muy graves errores y tiene grandes fallas y la prueba más evidente es que no solamente la oposición anda diciendo que hay necesidad de un cambio en Venezuela, sino que los candidatos de la propia coalición, tanto el doctor Leoni como el doctor Caldera, van diciendo constantemente que ellos ofrecen un cambio.

Nadie ofrece un cambio de una cosa buena. Las cosas buenas se conservan muchísimo tiempo. Cuando alguien ofrece que hay que cambiar una cosa es porque esa cosa no es satisfactoria y es necesario adaptarla. A nadie se le ocurre derribar o componer una casa que es una buena casa. Se compone o se derriba o se modifica una casa, cuando no sirve para la familia que la habita, cuando tiene defectos, cuando es inadecuada. De modo que ésta es la confesión, incluso de los candidatos de la coalición, de que este gobierno está lejos de ser satisfactorio para Venezuela.

Las fallas de este gobierno son muchas. Son políticas, son administrativas, son económicas. Ya tendremos ocasión de examinarlas en otro capítulo de este debate, pero podemos decir, por ejemplo, que este gobierno ha desatado una crisis económica en Venezuela, y esto lo digo con toda firmeza. La responsabilidad de este gobierno en la crisis económica que el país vive es inmensa. Son hechos negativos del gobierno, errores del gobierno, los que desataron esta crisis económica. Si alguna cosa podemos decir nosotros con orgullo, ese orgullo de las cosas hechas en el país, es que esta crisis está hecha en Venezuela. No es el reflejo de una crisis mundial, es una crisis fabricada por nosotros.

En la crisis política, igualmente, en gran parte, ha tenido una responsabilidad este gobierno. Ha tenido una responsabilidad por su tono arrogante, por su falta de contacto, por su falta de comprensión, por su deseo abierto de predominio político, por la posición ventajista que ha asumido en muchos casos y más últimamente, de modo que es evidente que tiene una responsabilidad.

Y desde el punto de vista social, no solamente no ha sido capaz de resolver los grandes problemas sociales de Venezuela, sino que los ha agudizado. Porque el desempleo ha crecido verticalmente, el cinturón de ranchos que rodea a Caracas y a las grandes ciudades de Venezuela se ha multiplicado de un modo escandaloso, como nunca se había visto.

Los desaciertos están a la vista y el país, en lugar de evolucionar hacia la prosperidad, hacia el bienestar, hacia la tranquilidad, ha evolucionado a la inversa, ha ido hacia la ruina, hacia la desinversión, hacia la violencia. Todos son resultados negativos.

La responsabilidad de COPEI es evidente y es grande, por una razón obvia: porque no hay dos gobiernos, hay un gobierno y ese gobierno es el gobierno nacional. Ese gobierno lo preside un presidente de la República, y el presidente de la República, fuera de dos atribuciones muy pequeñas que son la de nombrar Ministros y la de comandar el Ejército, todas las demás atribuciones las ejecuta por medio de sus Ministros, que son sus órganos, e incluso a través del Consejo de Ministros, como la de reglamentar las leyes, la de decretar, la de acordar créditos, la de tomar medidas de emergencia, de modo que la Constitución dice que el presidente de la República ejercerá en Consejo de Ministros las atribuciones señaladas en los ordinales 6, 7, 8, 9, 10, 11, 13, 14 y 15, y luego otros actos a través del Ministro correspondiente. Cada ministro que se sienta en el Gabinete es, por lo tanto, un copartícipe y un responsable solidario de los hechos del gobierno. El último de los ministros tiene plena responsabilidad por todos los actos del gobierno, mucho más de un partido político que tiene tres Ministerios, que ha permanecido en la coalición todo el tiempo y que tiene varias gobernaciones de Estado y varios Institutos Autónomos.

La Constitución lo dice expresamente en el artículo 196: «Los Ministros son responsables de sus actos, de conformidad con esta Constitución y las Leyes, aún en el caso de que obren por orden expresa del Presidente. De las decisiones del Consejo de Ministros serán solidariamente responsables los Ministros que hubieran concurrido, salvo aquellos que hayan hecho constar su voto adverso o negativo».

De modo que en todos los casos en que los Ministros de COPEI no han hecho constar su voto adverso o negativo, y hasta el momento que yo sepa no se ha publicado nunca esa circunstancia, significa que los ministros copeyanos y el partido socialcristiano COPEI, son solidarios plenamente, tan solidarios como Acción Democrática, de los actos de este gobierno. Por lo tanto, no es divisible esa responsabilidad, no puede COPEI pretender que él es responsable de ciertas cosas, de las que han hecho los ministros copeyanos directamente, y no las que han hecho los demás ministros, porque el gobierno es indivisible, es uno solo, y la solidaridad, como dice la Constitución, es plena, a menos que se salve por el voto negativo o por el voto salvado o por el camino más expedito que hay que es, cuando uno no está de acuerdo con una cosa, no seguir en ella, y siempre está abierto el camino muy digno de la renuncia y de retirarse del gobierno.

De modo que es perfectamente inaceptable el que COPEI diga, como lo dice hoy en día, que él no tiene responsabilidad sino muy parcial en los actos del gobierno; que él se lava las manos como Pilatos de todo el desastre que este gobierno ha hecho. Yo creo que COPEI no ha tenido la voluntad de hacer mal, no le estoy imputando esto, pero que tiene la responsabilidad plenaria, completa, igual a la de Acción Democrática, es evidente.

Y por lo tanto resulta muy difícil entender o explicar cómo un partido que ha estado todo el tiempo en el gobierno, compartiendo solidaria y plenamente la responsabilidad según la Constitución, y que sigue en el gobierno, porque no se ha retirado del gobierno, salga hoy a la calle a presentarse como una alternativa, a presentarse como una solución, a presentarse casi como un partido de oposición, diciendo como lo han dicho los copeyanos que la pelea es entre Leoni y Caldera.  Leoni y Caldera no son los contrincantes: son los representantes de la sociedad gubernamental, de los dos núcleos que unidos han gobernado a Venezuela solidariamente y tienen la responsabilidad plena de los aciertos, que no son muchos, y de los errores, que son muy grandes.

 

Carlos Rangel:

Tiene ahora el doctor Caldera, según los términos del debate, siete minutos para su exposición.

 

Rafael Caldera:

Está empeñado el doctor Uslar Pietri en señalarme a mí como el defensor del gobierno o como el que elude la responsabilidad. No acepto ninguno de los dos papeles. No vengo hoy en plan de defender al gobierno, pero tampoco en plan de eludir la responsabilidad que me incumbe. El papel de Pilatos no lo asumo, pero desgraciadamente en la política venezolana el papel de Judas sí que estuvo representado en la organización y desorganización del gobierno, y ese papel yo no lo quise ni lo quiero representar.

El Dr. Uslar hace un juego hábil al leer la Constitución y después interpretarla. La Constitución dice que de los actos del Consejo de Ministros son responsables todos los ministros, a menos que salven su voto. Correcto, de todos los actos del Consejo de Ministros son responsables los ministros copeyanos, salvo en aquellas circunstancias, que son algunas, en que han salvado sus votos, y el partido los acompaña en esa responsabilidad. La Constitución no dice que de todos los actos del Presidente sean responsables solidariamente todos los ministros, porque eso sería una monstruosidad.

Cuando se hablaba el año 58 de escoger un candidato independiente, de unidad, llegó un momento en que yo veía que la idea de muchos era hacer de ese Presidente un muñeco. Y más de una vez observé que la primera necesidad del país era la de que hubiera un Presidente que gobernara, y yo creo que el Presidente debe gobernar. Cuando se propuso una quinaria, un gobierno colegiado, me opuse, y no triunfó la tesis por la oposición nuestra.

El Presidente ha gobernado y nosotros lo hemos dejado gobernar. Hemos participado en el gobierno, hemos influido en muchas de sus decisiones; aceptamos la responsabilidad en muchos aspectos, y en este sentido estamos dispuestos a aclarar concretamente los hechos a que se refiera el Dr. Uslar Pietri, pero yo quiero hacer dos observaciones que me parecen importantes.

El Dr. Uslar dice que el gobierno es responsable «de la crisis económica desatada en el país y de la crisis política provocada por la arrogancia y por la intransigencia del gobierno». Me parece que el Dr. Uslar está olvidando dos factores de mucha consideración: primero, la dictadura derrocada el 23 de enero; segundo, el comunismo y su desviación hacia los hechos terroristas.

Primero, considerar que la crisis económica aparecida en 1959 y 1960 fue provocada por el gobierno que comenzó el 13 de febrero, es una injusticia. Las bases de la crisis económica, la arquitectura de la crisis económica, si pudiéramos decir así, las montó la dictadura, y yo oí a mucha gente de la que hoy apoya la candidatura del Dr. Uslar Pietri, decirme, en tiempos de la dictadura, que el rumbo que llevaban las cosas hacía inevitable una catástrofe. La situación económica comenzaba a ser grave y eso fue un factor que nos ayudó al derrocamiento de la dictadura. El gobierno provisional salvó la situación a base de dinero y de postergar los problemas para que los resolviera el gobierno constitucional. Era su función. El gobierno provisional entendió que su papel era servir de puente para que llegara el gobierno constitucional.

Nosotros, los copeyanos, en un documento que fue publicado en la prensa y que tengo por acá incluso, hicimos críticas a la política económica del gobierno y logramos finalmente una revisión de conceptos. Ahora, nosotros no entendemos lo que sostiene el Dr. Uslar, que sea lo mismo. «Cambio de política pide COPEI», éste es un periódico (muestra a la cámara) del día 14 de julio de 1960. Ya para entonces habíamos hecho muchas observaciones de carácter interno, porque nos parecía un error adoptar una política anti-inflacionista en momentos en que se había iniciado un proceso de depresión.

Pero, sostener un gobierno no es dirigirlo. En eso no estamos de acuerdo. Nosotros tenemos, contrajimos el compromiso, de sostener este gobierno, pero no por ello adquirimos el derecho de dirigirlo. El pueblo sabe perfectamente –y he recorrido las tres cuartas partes del país, no yendo solamente a poblaciones grandes a estar un momento, sino a las poblaciones más pequeñas, a los caseríos, he bajado a las quebradas, he subido los montes, he entrado a los ranchos– , el pueblo sabe que un gobierno presidido por mí sería distinto al gobierno que ha tenido el país durante estos cinco años.

Pero yo quiero hacer sobre todo la siguiente observación: imputarle la crisis política a arrogancia del gobierno; decir que estamos en una situación difícil porque el señor Betancourt es malcriado o porque trató duro a los comunistas, porque les dijo cosas pesadas o porque fue intransigente, es un argumento que yo no puedo aceptar. Yo vi en las propias calles de Caracas, en los momentos en que se posesionaba el Presidente electo por la mayoría popular, disturbios que ya se fomentaban; yo observé las manifestaciones absolutamente injustificadas que por medio de la violencia irrumpían todos los días quemando vehículos, rompiendo vidrieras, provocando desórdenes, en una forma sistemáticamente organizada. Yo no creo justo decir que los comunistas son unos buenos muchachos que, como Betancourt no los entendió, o los trató con cierta «malacrianza», entonces han provocado esto que se llama la crisis política. En el fondo, las discrepancias que en el seno del gobierno surgieron con URD se debieron a que sistemáticamente URD se inclinó del lado de los comunistas, cada vez que existió una crisis con el gobierno.

Nosotros entendemos que nuestro deber con el país y con el gobierno era sostener la estabilidad del régimen. No estamos en una democracia cualquiera, en que nos podemos dar el lujo de salir afuera a ver qué pasa; era el primer gobierno que tenía el chance de terminar su período constitucional, y esa obligación la contrajimos con el país y la hemos cumplido. No hemos pretendido que hayamos sido los únicos factores. Un factor de gran importancia ha sido la responsabilidad profesional de las Fuerzas Armadas; otro ha sido la conciencia cívica del pueblo, que la he visto más clara que nunca. Ahora, en este proceso electoral también ha habido participación en los hechos positivos del Presidente y de los que lo han acompañado, pero creo que un factor de mucha importancia, cuya desaparición le hubiera restado posibilidades de vida al sistema democrático, porque no se trataba de que cayera o no un gobierno sino de que sobreviviera o no un sistema, lo ha tenido la posición copeyana, de la cual me siento muy orgulloso.

 

Carlos Rangel:

Cinco minutos, doctor Uslar.

 

Arturo Uslar Pietri:

Dijo el Dr. Caldera que de todos los actos no son responsables los ministros: son responsables de todos los actos importantes del gobierno legalmente, pero moralmente son responsables absolutamente de todos los actos del gobierno, porque ningún hombre está obligado a permanecer ni un minuto dentro de una situación con la cual no esté de acuerdo. Eso es moralmente insostenible. Legalmente es posible que por medio de una argucia legal o jurídica llegue uno a decir: «mi responsabilidad legal llega a este término» pero, ¿y la responsabilidad moral no se está avalando dentro de un gobierno dentro del cual se está?

El público puede distinguir en qué se está de acuerdo y en qué no se está de acuerdo, de modo que la responsabilidad es plena, legal, solidariamente plena en todas las decisiones importantes y moralmente, absolutamente plena e indivisible. COPEI ha podido, si no estaba de acuerdo con el gobierno, hacer una de dos cosas: o emplear su influencia, que debía ser grande, puesto que como el mismo Dr. Caldera lo dice, la posición de COPEI dentro del gobierno era por sostener la estabilidad del gobierno, y quiere decir que su ausencia podía amenazar la estabilidad, emplear esa autoridad para que no se cometieran errores políticos, para que no se siguiera una línea con la cual COPEI no estaba de acuerdo o retirarse del gobierno. Pero al permanecer estaba aceptando una de dos cosas: o bien seguir apoyando algo con lo que no estaba de acuerdo o bien quedarse cómodamente dentro del gobierno, en lugar de retirarse en un momento dado con consecuencias mejores para el país, porque posiblemente, ante la amenaza del retiro de COPEI, hubieran podido enmendarse muchos errores administrativos y políticos que no se enmendaron y siguieron adelante.

Dice el Dr. Caldera que han dejado gobernar al Presidente y yo creo que ese es un error. No hay que dejar gobernar al Presidente a su real capricho y entender, porque nadie está obligado a enajenar su voluntad ni su responsabilidad. De modo que si COPEI no estaba de acuerdo con un acto del presidente de la República debía manifestar su desacuerdo y decirle: «Señor presidente, con todo el debido respeto, yo no estoy de acuerdo con esto que usted está diciendo o usted está haciendo; de modo que si usted continúa por esa línea, usted tiene todo el derecho de hacerlo, pero no tiene derecho a obligarme a mí a que lo acompañe. Yo me marcho». Y eso es inobjetable, y esa es una posición absolutamente digna y que hubiera traído como consecuencia probablemente la enmienda de muchos errores, o se hubieran evitado otros que se cometieron.

En cuanto a la crisis económica, desgraciadamente los cinco minutos que tengo son como pretender meter un barco dentro de una botella, pero trataré de decir esto: la crisis económica en Venezuela la desató un error fundamental de política. Este gobierno, el año de 1959, como yo lo denuncié públicamente en el Senado, se empeñó en practicar una política deflacionaria en un momento en que el país necesitaba todo lo contrario. Necesitaba un control de cambios y una inyección de medios de pago, y el gobierno mantuvo la libertad de cambio para que se fueran de Venezuela cinco o seis mil millones de bolívares, y una política deflacionaria que arruinó al país. De modo que allí está la causa. Yo no digo que no hubiera otras causas que venían de antes, pero la causa determinante fue la política económica que el gobierno adoptó y sostuvo con una tenacidad increíble, porque yo asistí a reuniones en que el Dr. Caldera estaba presente y debe acordarse de alguna de ellas en que le dije al señor presidente de la República, a los ministros: «vamos al desastre, vamos a una crisis económica espantosa». Y el señor contestaba que yo era pesimista o que yo era alarmista. Desgraciadamente yo tuve razón. Hubiera querido equivocarme, porque se le hubieran ahorrado al país muchos sufrimientos, mucha hambre y muchas dificultades como son las que tenemos.

Dice el Dr. Caldera que había pedido un cambio de política COPEI. ¿Por qué si pidió el cambio de política no lo impuso? ¿Acaso COPEI es una gente que anda por la calle? Que pida un cambio de política yo y que no me hagan caso está muy bien, yo no formo parte del gobierno, el señor Betancourt no tiene por qué tomar en cuenta mis opiniones, puede perfectamente ignorarlas, pero que la opinión del Dr. Caldera no la puede ignorar el señor presidente Betancourt es evidente. De modo que si COPEI quería un cambio de política ha debido imponer ese cambio de política o ha debido retirarse de la coalición, y hubiera sido mucho más preferible para él.

De modo que yo quedo, para resumir, en que sostener la estabilidad es una cosa muy plausible –yo la sostengo también y la sostengo en la calle, yo no estoy conspirando ni he conspirado nunca– pero apoyar una política con la que no se está de acuerdo no es sostener la estabilidad, es vivir en una contradicción insalvable y absolutamente inexplicable para la mayoría de las personas.

 

Carlos Rangel:

Cinco minutos para responder, Dr. Caldera.

 

Rafael Caldera:

Bueno, el Dr. Uslar dice que al participar en un gobierno somos moralmente responsables de todos los actos del gobierno. Si se tratara realmente de que se imputaran al gobierno crímenes, entonces el planteamiento sería serio. Yo le pediría al Dr. Uslar concretar los crímenes que se hayan cometido. En materia económica repito, es un error lamentable, porque puede tergiversar la conciencia del país, dar la impresión de que la economía del país era boyante cuando la dejó la dictadura y de que el gobierno constitucional la hundió en un caos. Nosotros hicimos nuestro planteamiento contra la política deflacionaria y logramos rectificación, que consideramos fue tardía, pero nosotros no fuimos a imponer política en el seno del gobierno, sino a garantizar ciertas líneas de las cuales la fundamental ha sido el sostenimiento, la estabilidad democrática, que es la que nos permite estar aquí al Dr. Uslar y a mí discutiendo sobre un problema electoral, porque si el gobierno hubiera caído, pues entonces no sé qué actividad tendría el Dr. Uslar, pero yo sabría exactamente que no estaría aquí, ni mucho menos participando en esta cuestión.

De manera, pues, que no es un error dejar gobernar al señor presidente. Yo no estoy de acuerdo con eso. El país es presidencialista y el presidente tiene que gobernar. Yo no dije «a su leal saber y entender», sino dentro de las decisiones del Gabinete y dentro de las discusiones de las fuerzas políticas, en las cuales nosotros no teníamos ni tenemos una mayoría. Yo puedo señalar un ejemplo: el presidente Medina se inclinó por la candidatura del doctor Angel Biaggni, y el Dr. Uslar consideró esa candidatura un error trágico. Era figura dominante en su partido y figura dominante en el gobierno. ¿Se le puede imputar al Dr. Uslar responsabilidad por el trágico error de haber postulado la candidatura del doctor Angel Biaggini en 1945, que condujo a los acontecimientos que después ocurrieron?

Por otra parte, al hablarse de la responsabilidad de COPEI en el gobierno, se olvida también de la gran parte positiva que ha tenido COPEI en su participación en el gobierno. ¿En quién se hubiera podido apoyar el Presidente, después de las crisis sufridas por su partido, para hacer frente a la arremetida comunista, si COPEI no hubiera participado en el gobierno? Hubiera tenido que capitular con las fuerzas políticas que sostenían que debía haber un entendimiento con los comunistas. Por otra parte, ¿el gobierno ha respetado o no ha respetado una serie de instituciones fundamentales para el país y que era necesario asegurar, para asegurar la estabilidad democrática?

Por lo demás, cuando nosotros hemos participado en el gobierno hemos realizado una labor. El Ministerio de Agricultura y Cría ha cumplido una labor positiva en beneficio del país, a pesar de no tener el control del Instituto Agrario Nacional  y del Banco Agrícola y Pecuario, no solamente porque fuera una distribución de cargos del gobierno, sino porque los partidos políticos en el Congreso se pusieron de acuerdo para quitarle al Ministerio de Agricultura y Cría todo control sobre el IAN, porque ya el Ministerio de Agricultura y Cría estaba en manos de un copeyano y probablemente la rivalidad política pensaba que dejar todo el control de la reforma agraria en manos de un dirigente copeyano podría darnos un acceso aún mayor a las clases populares.

El Ministerio de Fomento ha realizado una labor positiva en materia de industrialización, y yo quisiera que concretamente me dijera el Dr. Uslar Pietri si esta labor de industrialización le merece o no le merece consideración y respeto, si se ha realizado o no un servicio positivo al país en materia de industrialización; y quisiera también que el Dr. Uslar Pietri me dijera si se han rectificado o no en la política oficial –seguramente en una forma un poco tardía, lamentablemente tardía– pero si se han rectificado errores de política económica que dominaron durante la primera etapa del gobierno constitucional, y si en esa rectificación tiene o no tiene alguna influencia la presencia de COPEI en el gobierno.

Es bastante fácil, desde esa posición independiente decir «yo no estoy comprometido con nadie, yo no tengo nexos con nadie, yo no me siento obligado con nadie, yo veo esto me gusta y esto no me gusta». Las conversaciones esas de Miraflores…, la memoria sin duda me está fallando en este momento…, pero esa posición de San Jorge venciendo al dragón en presencia, allá, en aquellas reuniones que describe el Senador Uslar Pietri, sinceramente no las recuerdo. Sé que él ha tenido una posición discrepante con el régimen, y es correcto, pero él quizás no esté al tanto de las numerosas manifestaciones que nosotros hicimos para la rectificación de la política económica del gobierno.

 

Carlos Rangel:

Tiene ahora el Dr. Uslar tres minutos para la última réplica en relación a este punto.

 

Arturo Uslar Pietri:

Dice el Dr. Caldera que la responsabilidad moral no es como yo la describo porque indudablemente no tuvieron ellos una participación directa en esas decisiones, pero mientras más el Dr. Caldera describe la independencia con la cual ha actuado COPEI y la importancia y el peso que COPEI ha tenido en las decisiones del gobierno, mucho más claro se ve que su propio peso y su propia importancia le dan una responsabilidad plena, porque si él hubiera negado su apoyo a esas medidas, esas medidas no se hubieran podido tomar.

El Dr. Caldera me dice que cuando se designó a Biaggini candidato presidencial, él cree que yo no tengo responsabilidad en eso, porque evidentemente yo podía estar de acuerdo con otra forma de candidatura, e incluso hasta se habló de la posibilidad de una candidatura mía. Yo le quiero decir al Dr. Caldera que yo tengo una responsabilidad en la designación de Biaggini, porque cuando se designó a Biaggini yo formaba parte de ese gobierno y si yo no hubiese estado de acuerdo, yo he debido retirarme y apartarme del gobierno de Medina y decir «no estoy de acuerdo y considero esto un disparate muy grave». El hecho de no apartarme me hace a mí plenamente responsable de esa candidatura, que por lo demás no considero fuera tan disparate como se dice, ni mucho menos.

Acaba de decir también el Dr. Caldera que los ministros copeyanos de Agricultura no han tenido ninguna responsabilidad en la gestión del Banco Agrícola y del IAN. Yo le quiero decir que desgraciadamente no es así, que en el desastre del Banco Agrícola, que es enorme –y aquí tengo cifras que después le presentaré si él quiere– y en el desastre de la reforma agraria, el Ministro de Agricultura copeyano tiene una responsabilidad que le da la ley. La Ley del Banco Agrícola y Pecuario, en su artículo 79, dice lo siguiente (lee): «El Banco presentará al Ministerio de Agricultura y Cría, en el primer trimestre de cada año, un informe contentivo de todas las operaciones realizadas en el año civil inmediatamente anterior y un resumen de lo que proyecta realizar en el año siguiente. Una copia de ambos documentos será remitida a la Contraloría. También presentará al citado Ministro, mensualmente, el balance de sus operaciones, sin perjuicio de la publicación que él hubiera hecho en algún diario o lugar de su oficina. El Ministro de Agricultura y Cría inspeccionará anualmente las operaciones del Banco y cuantas veces lo crea conveniente enviará la persona o personas que al efecto designe para que practique el examen y verificación de los libros de contabilidad, etc.». Y en cuanto a la Ley de Reforma Agraria, el artículo 206, dice (lee): «El Ministerio de Agricultura y Cría y la Contraloría de la Nación inspeccionarán cuantas veces lo consideren necesario, pero por lo menos dos veces al año, las operaciones del Instituto Agrario Nacional y su estado financiero». De modo que la responsabilidad del Ministro de Agricultura es plena en la gestión del Banco Agrícola y Pecuario y en la gestión del IAN, cualquiera que sea la persona que estuviera al frente de ella, de modo que COPEI no puede eludir esa responsabilidad por la desastrosa administración del Banco Agrícola y la desastrosa administración del IAN.

 

Carlos Rangel:

Tiene tres minutos, Dr. Caldera, para la última réplica suya en relación con el segundo punto del debate.

 

Rafael Caldera:

En primer lugar, el Dr. Uslar bien sabe la diferencia que hay entre «inspeccionar» y «dirigir», y si recuerda los debates en materia de Ley de Reforma Agraria, tendrá conciencia de que se daba un derecho de apelación de las decisiones del Instituto Agrario Nacional ante el Ministerio de Agricultura y Cría y el Congreso le quitó ese derecho al Ministerio de Agricultura y Cría. Hoy por hoy, según la Ley de Reforma Agraria, el IAN es el Instituto más autónomo del país, tan autónomo que hasta dicta su propio reglamento, atribución que me parece inconstitucional –porque la Constitución da al Poder Ejecutivo el derecho de reglamentar las leyes– y da al presidente del IAN, ni siquiera al Directorio, la plena atribución de designar todo el personal dependiente, sustrayéndoselo a los otros directores. Esto fue hecho deliberadamente, con el apoyo de todos los demás partidos que estaban allí, algunos de los cuales se quejan ahora de la conducta del IAN, porque temieron darle demasiada injerencia o demasiada importancia al Ministerio de Agricultura y Cría en la ejecución de la Reforma Agraria.

En cuanto al caso del Dr. Biaggini, yo le voy a señalar que esa es justamente la diferencia: el Dr. Biaggini fue postulado y el Dr. Uslar aceptó el hecho, mientras que el Dr. Leoni ha sido postulado por Acción Democrática y yo estoy combatiendo esa candidatura, por la sencilla razón de que no contraje compromisos con el actual gobierno que vayan más allá del período constitucional, porque no contraje compromisos de carácter político y porque no es ahora sino durante todo el tiempo que sistemáticamente hemos delimitado cuáles han sido nuestras responsabilidades en el actual gobierno.

Ahora, yo voy a hacer un pequeño argumento que me parece debe ser claro y elocuente en relación a todas esas imputaciones que el Dr. Uslar Pietri le hace a COPEI de solidaridad y responsabilidad en este gobierno, que nos presenta como lo más monstruoso y horrendo. ¿Por qué entonces el Dr. Uslar, hace como un año, me invitó a su casa a formar un frente con URD y con AD-Oposición para apoyar la candidatura de un independiente, presumiblemente el mismo Dr. Uslar? ¿Por qué me dijo entonces que COPEI era la balanza de la situación política del país? Si éramos un apéndice de Acción Democrática, pues no tenía ningún objeto semejante proposición. De manera que yo creo que ese hecho, que espero el Dr. Uslar no habrá olvidado, es una indicación clara de que en la conciencia del Dr. Uslar, hasta ese momento, COPEI era una cosa muy distinta y su posición política en el país muy diferente de la de Acción Democrática. Parece que este planteamiento es suficiente.

Sólo lamento que el Dr. Uslar no me hubiera contestado la pregunta concreta que le hice sobre qué opina de la labor del Ministerio de Fomento en el proceso de industrialización del país.

 

Carlos Rangel:

Pasamos ahora al tercer punto del debate; punto en el cual tendrá el Dr. Caldera la palabra de primero, invirtiendo de nuevo el orden de las intervenciones. Se trata del problema de la violencia y de la posición frente al comunismo.

Tiene usted siete minutos, Dr. Caldera, para hacer su exposición.

 

Rafael Caldera:

En los últimos tiempos, en Venezuela, el tema de la violencia es, sin duda, de los que más inquietan y preocupan la vida del país. Se ha desatado en Venezuela un proceso de violencia sistemática, organizada, cuya responsabilidad ha sido asumida y demostrada en infinidad de hechos en una forma bastante palpable, a tal punto de que son muy pocos los sectores que no saben de dónde emana esa violencia y cómo se realiza.

Frente a ese problema ha habido una especie de posición, no quisiera decir aquí de Pilatos, pero sí como de observador más o menos tranquilo que dice: «no vamos a averiguar de dónde salió la violencia. Ha habido violencia de lado y lado. Vamos a ver cómo cesa este proceso de violencia». De acuerdo con este planteamiento, al lector desprevenido que se encuentra con un documento político, al observador imparcial, le da la impresión de que aquí hay simplemente un forcejeo entre un bando y otro que tuvieran una rudeza: el otro le contestó otra rudeza, éste le dijo una malacrianza, el otro le dijo algo y eso provocó un estado de pugnacidad en el país. Yo no puedo estar de acuerdo con esta interpretación, y debo comenzar por recordar que mi partido ha condenado siempre cualquier exceso que se haya cometido por parte de cualquier autoridad; que cuando se denunciaron hechos de tortura ante la Cámara de Diputados, siendo yo todavía presidente, encomendé con una manifestación especial de encarecimiento a un hombre muy honesto, muy honorable y de una sembrada tradición cívica, el doctor Pablo Ruggieri Parra, desgraciadamente fallecido en temprana hora, que hiciera él mismo, como Fiscal General de la Nación, la averiguación de los hechos, porque consideraba que debía estar en el interés del gobierno el reprimir cualquier hecho de esa naturaleza, cuyas consecuencias son inmensamente más dañinas para el gobierno de lo que pudieran ser los males que se trataran de evitar con ello.

He estado continuamente preocupado por cualquier hecho de exceso. He estado reclamando para que se construyan o se habiliten con la mayor rapidez edificios adecuados para los detenidos de diversa índole y sobre todo me he interesado –y se lo he planteado al señor presidente de la República personalmente en varias ocasiones– porque se adopte un sistema especial con estos jóvenes que están todavía en edad no suficientemente madura y que fueron llevados al terreno de la delincuencia a través de la infiltración de ciertas ideas políticas, para que esos jóvenes sean recuperados en toda la proporción en que sean recuperables para el país.

Pero, hecha esta salvedad, debo decir que considero sumamente grave el que no se diga con claridad y con entera responsabilidad que los hechos de violencia que ocurren están manejados, dirigidos, fomentados y sostenidos por organizaciones políticas que tienen una estructura totalitaria y que han decidido andar el camino de la insurrección. Esas organizaciones de carácter totalitario representan para el país en este momento el más grave peligro: gozan de una serie de ventajas, tienen armas, tienen dinero, tienen muchas conexiones, tienen numerosas infiltraciones en los más variados organismos y tienen, desde luego, una poderosa maquinaria internacional que los respalda y que actualmente tienen su base de operaciones en la cercana y hermana isla de Cuba.

Yo creo que en este momento es de suma gravedad para el país que sus dirigentes democráticos, ya estén en el gobierno o ya en la oposición, no hayan adoptado una actitud terminante, tajante, categórica, para decir: «esto no, contra esto vamos, aún cuando no estemos dentro del gobierno», porque cada vez que los terroristas comenten un hecho lamentable hay algunas palabras de condenación pero seguidas inmediatamente de la excusa de que eso lo hacen porque el gobierno los coloca en esa situación.

Frente a la violencia, el país enfrenta en este momento dos peligros muy graves: uno, el de que se diga que para reprimirla hay que establecer una dictadura. Esto es lo que ha ocurrido en algunos países del área del Caribe, con la tesis de que los mecanismos democráticos son insuficientes e incapaces para asegurar el orden público y la paz social. Esto significaría no lograr nada o lograrlo de una manera muy fugaz y preparar una tragedia aún mayor. Pero considero de suma gravedad el otro: la tesis de que la manera para acabar la violencia es pactando con los comunistas; llamarlos y decirles: «a ustedes, muchachos, les vamos a arreglar su cosa. ¿Qué es lo que quieren, que les rehabilitemos su partido? se los vamos a rehabilitar, les vamos a organizar todas sus cuestiones, de manera, pues, de que ustedes actúen…» y lo que haríamos sería darles a ellos más facilidades para una arremetida superior.

Yo quisiera que el Dr. Uslar, a ese respecto, contestara a una clara formulación que le hizo el Partido Socialcristiano COPEI. Como el Dr. Uslar fue de los directores del Partido Democrático Venezolano, que en 1944 celebró hasta un pacto electoral con el Partido Comunista de Venezuela, yo creo que tiene mucho mayor interés en el presente momento, que por la posición que ocupa y por el mismo hecho de su candidatura, el Dr. Uslar haga a este respecto un categórico pronunciamiento.

 

Carlos Rangel:

Tiene el Dr. Uslar Pietri siete minutos para hacer su primera exposición en torno a este punto.

 

Arturo Uslar Pietri:

El Dr. Rafael Caldera me invita, casi, a que repita de memoria una declaración que él me dicta con respecto a mi posición frente al comunismo. No necesito yo repetir la lección que él me dicta. Yo he dicho siempre que no soy comunista, no he sido nunca comunista, no soy marxista, no he sido nunca marxista, no tengo pactos ni compromisos con el Partido Comunista y no tendré pactos ni compromisos con el Partido Comunista.

En cuanto a la violencia, la he condenado enfáticamente, la considero contraria al interés nacional, estoy contra ella, me he levantado contra ella en la Cámara, he propuesto la creación de un comité para buscarle una solución a esta grave situación que amenaza al país. Ahora, yo sí creo que si en la violencia tiene una responsabilidad muy grande el extremismo, también tienen responsabilidad otros sectores. Yo no creo que el gobierno esté limpio de toda culpabilidad en materia de violencia. En estos mismos días se acaba de anunciar un hecho horrendo de cuerpos policiales que irrumpieron en el Puesto de Socorro, echaron a punta de revólver a enfermeras y médicos que en el lugar estaban asistiendo a un herido, y lo dejaron morir. Yo creo que si eso no es un acto salvaje, absolutamente salvaje y repudiable, y un acto de violencia extrema, yo no sé cómo llamarlo.

En cuanto a mi posición frente al comunismo, a que el Dr. Caldera igualmente me invita, ya yo he dicho cuál es mi posición. Ahora, me llama la atención que el Dr. Caldera me invite a pronunciarme en esa manera tajante, cuando él ha tenido una posición muy flexible contra el comunismo. No sé si tendré tiempo de ver algunas cosas aquí que traje que ilustran esa posición:

Cuando el Dr. Caldera presentó su penúltima candidatura presidencial, el año de 1958, dijo en su discurso (lee): «yo tengo una posición, una actitud decididamente anti-comunista. Considero, sin embargo, que el interés actual de Venezuela aconseja dar al Partido Comunista, no de boca sino en la realidad efectiva, el ejercicio de las libertades democráticas y que, como tales, los ciudadanos venezolanos que profesan esa doctrina o actúan en ese partido tienen derecho al mismo respaldo, las mismas consideraciones, la misma seguridad de su hogar que tienen derecho todos los venezolanos. No creo en el anti-comunismo de los tiranos, porque sé que las ideas se combaten con ideas, y yo no creo las mías inferiores a las suyas».

Y más adelante, incluso, hizo un gesto de invitar el voto comunista a favor suyo, cuando dijo (lee): «No he tenido pues –lo puedo decir aquí con entera sinceridad, que creo que esa es la forma de los actos de quien aspira que se le tenga confianza–, no he buscado coaliciones con el Partido Comunista, ni estoy dispuesto a comerciar con los votos de los ciudadanos a los que respeto, pero de los que profundamente disiento. Llego a pensar que hay comunistas que quizás vean más garantizada la democracia –que es al fin y al cabo para todos–, en el voto que pueda llevar al poder a un gobierno capaz de salvar la vida de las instituciones venezolanas, que a un gobierno que le sea más simpático y que le dé mayores muestras de ternuras; pero yo le he dicho a esos elementos que no lo fortalezcan para asaltar la libertad, que es libertad para todos los venezolanos».  De modo que aquí había una invitación evidente para que los comunistas votaran por el Dr. Caldera en el año 58.

Tengo aquí otras declaraciones directas del Dr. Caldera en distintos tiempos sobre el mismo tema. Aquí tengo unas declaraciones del Dr. Caldera, dadas al periódico «La Esfera», publicadas en el periódico el 18 de septiembre del 60, en que hablaba del reajuste de la coalición y decía (lee): «Nosotros estamos perfectamente definidos frente a esta cuestión por una razón de programa, por una razón». En fin, «hemos recurrido, eso sí, con toda responsabilidad, a sabiendas de que nos íbamos a echar encima las vociferaciones de sectores que no entienden el interés nacional sino que quieren darse a otras posiciones una posición no macartista, anticomunistas como son: admitimos el reconocimiento del Partido Comunista, su existencia legal y su derecho a expresar dentro de las formas constitucionales y legales, pero que entendemos indispensable su separación en la posición de gobierno».

Luego, más tarde, en 1963, como decía el Dr. Caldera «sería inelegante decir ahora nos vamos», y en esa declaración decía (lee): «Nosotros, aunque creemos que el verdadero derecho a la legalidad no lo tienen sino los que defienden la continuidad del sistema democrático, en caso de triunfar, preferiremos que el PCV y el MIR y sus derivados actúen públicamente dentro de la ley». Luego, en declaraciones posteriores, por ejemplo aquí en esta declaración publicada en el Semanario de COPEI, el 27 de agosto de este año, el Dr. Caldera decía y repetía (lee): «Sin embargo, hemos manifestado nuestra preferencia porque el comunismo actúe abiertamente para que se le conozca y se le combata, para hacer más difíciles sus infiltraciones en el movimiento democrático y sus afinidades ideológicas tácticas que lo hacen más vulnerable a su maniobra, y para que no especulen en diversos sectores de la juventud del pueblo el papel de víctimas hipócritamente impunes».

Luego, aún más recientemente, en este mismo año, el 21 de julio del 63, en el Semanario de COPEI, el Dr. Caldera decía (lee): «COPEI ha demostrado y sigue demostrando que es una organización capaz, democrática y responsable. Los mismos comunistas lo saben, no lo pueden negar, porque nuestra actitud firme lo ha demostrado. Cuando se ha tratado de decirle al presidente de la República que por Decreto saque a los comunistas y extremistas del Congreso, COPEI ha tenido suficiente entereza de oponerse, porque son los instrumentos legales los que deben utilizarse para combatir las ideas». Y en una época anterior, en un programa que presentó el Dr. Caldera, decía, hablando del Partido Acción Democrática, decía esto textualmente (lee): «Pero no somos anticomunistas por odio y no somos anticomunistas cerriles, que consideran como la única forma posible del anticomunismo insultar y atacar y aliarse con todo aquello que vaya en alguna forma a combatir la doctrina comunista. Nosotros creemos que mucho daño le ha hecho a la genuina reflexión de la humanidad contra la doctrina comunista el pregonado anticomunismo de grupos que no tienen autoridad para hablar, porque no respetan el derecho sustancial del derecho de la persona humana». Y allí mismo decía, refiriéndose a Acción Democrática en otra exposición publicada en el año 60, decía el Dr. Caldera (lee): «que está gobernando un partido que fue fundado por hombres que venían de las filas del marxismo, o sea Acción Democrática. Yo puedo decir aquí para satisfacción nuestra que la Iglesia Católica está gozando en Venezuela de mayor respeto que el que tuviera nunca bajo la palabra mentirosa del tirano». De modo que, bajo un régimen marxista, el Dr. Caldera no ha tenido inconveniente en colaborar y encuentra que la Iglesia Católica estaba más protegida.

Hay, por último, un slogan que no creo yo que el Dr. Caldera ha autorizado, que está usando COPEI, que a mí me ha llamado mucho la atención, que ni siquiera el partido comunista se ha atrevido a usar, que es el de «los obreros al poder». Eso significa la sociedad sin clases; eso significa el gobierno del Soviet. Yo no puedo comprender cómo el partido COPEI, Partido Socialcristiano, que es un partido que se dice anticomunista, adopte un slogan que ni siquiera el Partido Comunista se ha atrevido a usar y proclame públicamente en cartelones «los obreros al poder».

 

Carlos Rangel:

Tiene ahora el Dr. Caldera cinco minutos.

 

Rafael Caldera:

El Dr. Uslar Pietri tiene una habilidad extraordinaria para darle a las cosas el sentido que le quiere atribuir. «Obreros al poder» es un slogan que yo he autorizado. Creo que el ascenso de la clase obrera al gobierno de la sociedad es un hecho que debe venir y que nosotros tenemos el deber de auspiciar, profundamente arraigados en nuestra doctrina social cristiana. Cuando decimos «obreros al poder» no quiere decir los obreros solos, que es la interpretación que le da el Dr. Uslar, sino que nosotros llevemos dirigentes obreros de verdad –no algunos que se buscan a veces para algunos programas televisados para que llenen el tapete y aparezcan como diciendo que este señor tiene una fuerza obrera–, dirigentes obreros que realmente representen los intereses de una clase obrera sobre la cual reposa fundamentalmente la sociedad. De modo que si él quería que yo me retractara de esa frase, pues lo voy a desilusionar completamente.

Ahora, eso es así como decir que yo estoy colaborando con un régimen marxista. Las palabras que leyó dicen «por un partido dirigido por hombres que se formaron en el marxismo», pero lo estoy diciendo para que se vea que no están actuando como marxistas –no me meto en el fuero de su conciencia pero no están actuando como marxistas– y una prueba de eso es el respeto total que le han dado a la Iglesia Católica, a la religión, a la enseñanza privada en Venezuela, en lo que quizás tenga alguna participación o alguna intervención la presencia de COPEI en el gobierno.

Las citas que leyó de mí son citas que yo he repetido muchas veces. He sostenido que el Partido Comunista no tiene derecho a la legalidad pero que es preferible que actúe libremente. Yo eso lo he dicho muchas veces y jamás he pretendido desvirtuar mi posición anticomunista. De una manera muy clara, porque lo indica además el programa de mi partido, de manera meditada, categórica, entre los principios fundamentales de COPEI se dice (lee): «COPEI combate el comunismo como sistema contrario a la paz social y a la justicia, atentatorio a la soberanía y seguridad nacionales y enemigo de la democracia y de la civilización cristiana». Ahora, el Dr. Uslar dijo «no soy comunista, no tengo pactos con los comunistas», pero no lo oí una sola vez que dijera «soy anticomunista». Yo en todas esas declaraciones que leyó el Dr. Uslar dije «soy anticomunista» y estoy dispuesto a luchar contra el comunismo en el campo ideológico con ideas que creo mejores a las suyas y en el campo social auspiciando un plan profundo de reforma social, y cuando los comunistas abandonan el acatamiento de la legalidad democrática, pues por los métodos coactivos que el Estado tiene para defender la sociedad contra los aparatos de fuerza en acción.

Decía el Dr. Uslar: «si los comunistas tienen alguna culpa, tienen culpa, pero también el gobierno no está limpio de culpa», y cita el doloroso incidente del Puesto de Socorro, que es realmente una cosa grave. El Dr. Uslar no le puede imputar al gobierno el hecho de que unos agentes de policía, viendo ultimado salvajemente, alevosamente, a un compañero, hayan incurrido en el censurable hecho de reaccionar contra aquello, en presencia del homicida, a tratar de impedir el que se le cure. Este no es un hecho que yo creo se le pueda legítimamente imputar al gobierno. Tengo conocimiento de que cuando el gobierno fue advertido, inmediatamente puso en marcha todo su mecanismo para impedir que aquella acción se realizara, pero es precisamente lo grave atribuirle al gobierno, como para suavizar las culpas de los comunistas, la responsabilidad por cualquier exceso en cualquier actividad de cualquier autoridad subalterna.

El Dr. Uslar sabe que cuando él auspició la legalización del Partido Comunista en Venezuela yo lo combatí como Diputado, desde mi posición. El Dr. Uslar es diez años mayor que yo, pertenece a una generación muy anterior; yo estaba iniciándome como Diputado y como Diputado en el Congreso hice mi oposición. Pero yo quisiera, y categóricamente le pregunto al Dr. Uslar, que me explique, para que le oigan los televidentes, ¿cuál fue la coalición electoral celebrada por el partido que él dirigía con el Partido Comunista de Venezuela bajo el nombre de UPV en el año de 1944?

 

Carlos Rangel:

Tiene ahora el Dr. Uslar cinco minutos para replicar.

 

Arturo Uslar Pietri:

Con mucho gusto, Dr. Caldera, yo no tengo nada que ocultar en eso y creo que, como decía Cervantes, «es manía inflar perros». En una elección municipal que hubo aquí en Caracas –y debo repetir a usted, yo no intervine en ese pacto, pero creo que tengo responsabilidad plena porque formaba parte de ese gobierno y no pretendo que tengo responsabilidad en lo que hago y no en lo que no hago personalmente– , en una elección municipal que ocurrió en Caracas, el Partido Unión Municipal –creo que se llamaba Unión Municipal o algo así– era un partido en que había evidentemente militantes comunistas. Ese partido tenía fuerza en tres parroquias de Caracas, donde tradicionalmente habían ganado, que eran El Valle, no me acuerdo si San Agustín del Sur y otra. Bueno, entonces esa gente se acercó al PDV y le dijo: «Nosotros no queremos atacar al PDV, no queremos entrar en pugna con el PDV, de tal manera que nosotros no vamos a ponernos contra él en ninguna forma: lo único que le pedimos es que ustedes no presenten candidatos en esas tres parroquias». A eso se redujo el horrendo, el espantoso pacto, la venta de Venezuela al Partido Comunista, perpetrada por ese monstruo que se llamaba el PDV.

Yo no creo que cometí ningún crimen de ninguna especie, absolutamente de ninguna especie. En cuanto a lo que usted me pide que yo me declare «anti», le voy a decir lo siguiente, Dr. Caldera, yo no soy comunista, estoy frente al comunismo y no creo en la doctrina comunista, la he combatido en muchas formas; he tenido debates públicos con militantes comunistas sobre puntos doctrinarios. Ahora, yo, por naturaleza, no soy anti, no soy anti-musulmán, ni soy anti-judío, ni soy anti-nada, porque un hombre humano soy y creo que el ser que tiene una ideología distinta a la mía tiene derecho a la vida como yo, mientras esa ideología no se convierta en atropello y amenaza para los demás.

De manera que eso de salir con una lanza de San Jorge, a preguntar dónde hay un comunista para exterminarlo, eso no lo haré yo nunca, no lo he hecho nunca, y no me obligará a hacerlo nadie nunca. Ahora, enfrentar al comunismo para impedir que triunfe, porque creo que su triunfo sería negativo y así lo digo en mi programa de gobierno, porque creo que hay soluciones mejores a los problemas sociales, más justas, menos costosas en el devenir humano, eso sí lo dije, lo he dicho, pero ponerme en esa posición tan sencilla de lo que yo he llamado varias veces «el energúmeno inútil», que es tan dañino como el tonto útil, a eso no voy a llegar.

No voy a llegar, sencillamente por cuestiones de principios, de convicción y de naturaleza: yo no soy un energúmeno, ni me voy a convertir en un energúmeno, y no lo puedo hacer nunca porque lo haría mal. No me sale. Ahora, combatir al comunismo en el terreno ideológico, exactamente es lo que estoy haciendo, enfrentándome con soluciones mejores que las que ellos tienen. Ahora, perseguir, tener la manía persecutoria, la inquisición de quemar a la luz, eso no lo voy a hacer, eso no lo voy a hacer, porque para los que cometen delitos y crímenes están los tribunales de justicia, para eso están las leyes, para que se encarguen de ellos, para que se les juzgue y para que se les condene.

Pero, el hombre que tiene una ideología, que la predica y la mantiene en una democracia, si es que lo hace en terreno democrático, ese hombre tiene derecho, es decir, yo tengo derecho a combatirlo, a combatírselo por los mismos medios y a ofrecer la solución que yo crea mejor, que creo menos costosa en sacrificios y en vidas. De modo que no tengo inconveniente en decir eso y lo he dicho públicamente. Ahora, COPEI tiene el prurito de pensar que yo no me atrevo a decir estas cosas, que yo estoy coqueteando. Yo no estoy coqueteando nunca, yo, mi manera de pensar la he dicho toda la vida, y no estoy coqueteando. De una manera diáfana y muy clara: no estoy buscando votos, ni siquiera en esa forma en que usted los buscó en ese discurso en el Nuevo Circo, en el que decía que podían votar por usted, ni siquiera eso. No he hecho nunca ningún entendimiento, ningún pacto, como ustedes, de ninguna especie.

Y lo que hizo el gobierno de Medina al legalizar el Partido Comunista es lo que usted propone: que se le dé vida legal, porque es mejor, dice usted, de modo que mal pudo usted criticar al gobierno de Medina de haber realizado en 1945 ideas que usted ha preconizado posteriormente. No hay contradicción en eso, al contrario, hay coincidencia. En cuanto a las relaciones con la Unión Soviética, esas no las establecí yo, esas las estableció el gobierno de Venezuela por presión abierta, insistente y clara, del gobierno de los Estados Unidos de América.

 

Carlos Rangel:

Tiene tres minutos, Dr. Caldera.

 

Rafael Caldera:

Lamento tener que hacer unas explicaciones que van a desmentir en una forma muy grave al Dr. Uslar Pietri: en primer lugar, él dice que no es anti-nada, pero hay unos momentos en que se proclama anti-fascista, cosa que me parece muy buena, muy lógica, pero yo creo que así como uno se pude declarar anti-fascista, también se puede declarar anti-comunista, en actuaciones por las mismas razones por las cuales puede declararse anti-fascista. En segundo lugar, ha dicho algo muy grave, que las relaciones con la Unión Soviética las estableció el gobierno por presiones de los Estados Unidos, en un gobierno en el que usted tomaba parte, Dr. Uslar. Está diciendo un hecho verdaderamente grave, el de tomar una decisión de esta naturaleza sin independencia, por presiones del gobierno de los Estados Unidos. Y el decreto que crea la Embajada en la URSS dice (lee): «Considerando que el gobierno de la República ha convenido con el gobierno de las Repúblicas Socialistas en establecer relaciones diplomáticas y consulares con el fin de estrechar los lazos de amistad que deben unir a ambos estados, y deseando dar a aquella gran nación un testimonio de su aprecio por los heroicos sacrificios que hace en beneficio de los ideales y principios que sustenta el pueblo venezolano en el seno de las Naciones Unidas».

Eso lo hizo el gobierno del que usted formaba parte, en el que, como usted dice, es solidario de todos sus actos. Pero aquí hay algo más. Yo tengo aquí el periódico y hay un comunicado del Directorio del Partido Democrático Venezolano, en que dice (lee): «Finalmente, el Directorio Seccional del Partido Democrático Venezolano excita a sus copartidarios a dar apoyo a los candidatos que el Partido Unión Popular Venezolana someterá a la consideración del electorado del Distrito Federal, en las parroquias San Agustín, Candelaria, El Valle y San José». Cuatro parroquias. ¿Sabe usted quiénes eran los candidatos? ¿Los recuerda? El doctor Eduardo Gallegos Mancera, el señor Rodolfo Quintero, el doctor Carlos Augusto León y el señor Rafael Heredia, quien después se permeabilizó a otras ideas.

Y usted dice, «yo no tenía responsabilidad en el partido». Usted no era del Directorio Seccional, pero sí del Directorio Nacional, y hay un discurso suyo, publicado en el diario «El Tiempo», que se refiere a su partido, en que usted explica y defiende ese pacto, aparte de que hay unas declaraciones y un artículo del doctor Alirio Ugarte Pelayo, quien era miembro del Directorio Nacional, en el que dice (lee): «En cuatro parroquias, nuestro partido se abstendrá de lanzar candidatos, y nuestros militantes, en la medida de sus fuerzas y de su espíritu disciplinario, respaldarán los candidatos ya lanzados por Unión Popular Venezolana». Y agrega (lee): «Lealmente, honradamente, entusiastamente, nuestro partido responderá a los compromisos contraídos con los candidatos independientes a lanzarse y con el Partido Unión Popular Venezolana». De manera que su explicación, estimado Dr. Uslar, está desmentida totalmente por documentos que yo creo que usted no va a desconocer.

 

Carlos Rangel:

Tiene tres minutos, Dr. Uslar, para la última réplica sobre este punto.

 

Arturo Uslar Pietri:

No veo yo en qué estar desmentido, Dr. Caldera, porque yo he dicho que no tuve participación, pero que no eludo responsabilidades. Que se llegó a no presentar candidatos en cuatro parroquias, sí, es verdad. Yo no me acordaba, póngale usted cuatro, y no los presentamos. De modo que ese es el tremendo crimen que se cometió el año del 44; se cometió ese espantoso crimen. Si este es un crimen espantoso yo asumo la responsabilidad de ese crimen. Que eso me convierte a mí en un comunista, lo dudo mucho, Dr. Caldera; que eso me hace un compañero de ruta, un socio de los comunistas, lo dudo muchísimo, porque toda mi conducta ha sido muy clara.

Ahora, en cuanto a las relaciones con la Unión Soviética, yo he dicho la palabra presión: le voy a decir que el gobierno más orgulloso que ha tenido Venezuela y más digno frente a los Estados Unidos, y dijo al Congreso americano palabras que hoy en día el presidente de Venezuela no se atrevería a repetir, dijo: «yo estoy aquí, no con las manos extendidas para pedir favores, sino para ofrecer ayuda; con lo pequeño que somos, venimos a ofrecer ayuda, no venimos a pedir favores». Ahora, que en ese momento, de alianza en la guerra, en que los Estados Unidos eran aliados de Rusia, emprendieron una serie de gestiones amistosas –que es lo que yo he llamado presión– con los gobiernos latinoamericanos para que reanudaran, para que establecieran la mayoría de ellos, que no las tenían, relaciones con la Unión Soviética, y fue esa gestión de los Estados Unidos, insistente, a que se debió que Venezuela estableciera relaciones con la Unión Soviética.

De modo que no fue una maquinación del gobierno de Medina, ni una manifestación de nuestro entusiasmo. Ahora, yo creo que eso ni me tacha a mí, ni me disminuye a mí, ni transforma mi manera de ser, que sigue siendo exactamente la misma manera de pensar que tenía. Ni tengo pactos, ni celebro pactos, ni tengo compromisos, ni celebro compromisos, pero nadie me va a convertir en «Macartista». Eso no lo va a poder hacer nadie, porque eso está en mi naturaleza. Yo lamento defraudarlo en ese punto, no poder complacerlo en ese punto.

 

Carlos Rangel:

Pasamos ahora al cuarto punto del programa, que dice «candidatura de partido frente a candidatura independiente», y la primera intervención de siete minutos le toca al Dr. Arturo Uslar Pietri.

 

Arturo Uslar Pietri:

En este momento, estamos los venezolanos abocados, como todos lo sabemos, a un proceso electoral difícil y complejo. Uno de los más difíciles, de los más complejos, de los más llenos de posibilidades positivas o negativas, al cual el país llega lleno de preocupaciones, en una situación económica mala, una situación política dividida, en medio de la violencia, y desgraciadamente con las fuerzas políticas completamente en crisis. Esto lo demuestra el mismo hecho de la proliferación de candidaturas presidenciales, que es una señal de ese mismo malestar.

Es evidente, en este momento en que la situación del país refleja un estado de inquietud y de inestabilidad, de desorganización, de crisis, para decirlo en una palabra, la necesidad que uno siente en todo el país, y que evidentemente comparte la inmensa mayoría de los venezolanos, de buscar la salida, una salida eminentemente constitucional y democrática. Esa salida que los venezolanos ven, sueñan y desean, es la de que viniera un gobierno que tendiera puentes en lugar de abrir fosas, un gobierno que buscara el común terreno en que la inmensa mayoría de los venezolanos pudiéramos acercarnos, que disminuyera las tensiones, que trazara un plan sencillo y claro de realizaciones y logros para adelantar un poco y tratar de salir adelante entre dificultades, y por lo tanto un gobierno que conciliara, un gobierno de concordia. Esa frase, pues, que tanto se ha usado y que sale un poco de ese estado de conciencia: un candidato de entendimiento nacional.

Bueno, ¿quién es ese candidato de entendimiento, que entiende la gente por esa palabra, candidato? Lo que entienden por esa palabra es esto: es un hombre que no contribuya a seguirnos dividiendo, es un hombre que pueda acercar a los grupos políticos, que pueda llamar a los distintos grupos y hablarles en un tono un poco desprendido, hablarles en un tono un poco imparcial, y decirles: «Bueno, señores, aquí está Venezuela, aquí está nuestro país, está lleno de problemas, pero está lleno de posibilidades. Vamos a hacer una tregua, vamos a hacer un acuerdo, vamos a ponernos juntos a trabajar la mayoría de nosotros en estos cinco años en adelantar al país con la colaboración de la mayoría de todos los que puedan adelantar, sin que venga a entronizarse un grupo político sectario y sin que nadie sienta que está trabajando en beneficio de otro, sino simplemente que estamos trabajando todos en beneficio del bien común, o bien general del país».

Es evidente que ese papel no lo puede desempeñar sino muy difícilmente un hombre de partido, y esto por una razón muy evidente, Dr. Caldera, que usted como hombre de partido la debe reconocer muy bien, y es que usted podría apoyar un candidato independiente en un momento dado. No habría una dificultad invencible para ello. Incluso ustedes varias veces estuvieron –a lo que se sabe y se trasluce– varias veces dentro de la coalición gubernamental tratando de llegar a la tesis de que entre Acción Democrática Gobierno y COPEI se llegara a la solución de un candidato independiente que pudieran apoyar ambos, y tuvo conversaciones que fracasaron por muchas razones.

Pues bien, eso demuestra que ustedes mismos pensaban en ese momento que ni COPEI podría apoyar un candidato de Acción Democrática, ni Acción Democrática podía apoyar un candidato de COPEI, porque Acción Democrática y COPEI pensarían que no iban a hacer el mal negocio de sumar su fuerza política ni su voto para entronizar a un partido político en el beneficio del gobierno, pero que en cambio un independiente, por su misma situación y su misma posición, no tenía esa impedimenta, ese obstáculo de poderse aprovechar de esa posición privilegiada para establecer, pues, un privilegio partidista en beneficio de su propio efecto. Esto hace ver claramente que esa posibilidad es mayor con un candidato independiente.

Desgraciadamente no fue posible llegar a esa transacción. Del lado del Gobierno fracasaron esas gestiones que se estuvieron haciendo durante un tiempo y terminó la coalición finalmente por tener dos candidatos de partidos: la candidatura del Dr. Leoni, por Acción Democrática Gobierno, y la candidatura del Dr. Caldera por COPEI, a reserva de que si uno de ellos triunfa, puedan reanudar la coalición.

Ahora, del lado de la oposición ha ocurrido exactamente lo mismo. Se estuvo tratando y jugando y acariciando la idea de una candidatura independiente de entendimiento, porque –era obvio– una candidatura de partido no podía lograr que los otros partidos fueran a sumarle sus fuerzas o era más difícil que lo lograra. Eso tampoco funcionó. No funcionó porque empezaron a lanzarse las candidaturas de partidos, y ya lanzada una candidatura de partido a muchos partidos se les hacía muy difícil salir a apoyar y a sostener esa candidatura de partido en beneficio de un partido ajeno. Desgraciadamente no se logró esto, y esta es una de las causas de que nos encontremos en esta difícil encrucijada, y esta es una de las causas por la cual mi candidatura ha sido lanzada.

Mucha gente me pregunta a mí, ¿por qué lanzó usted su candidatura tan tarde? ¿Por qué usted no preparó esto con más tiempo?, y yo les he dicho, señores, por una simple razón, porque esta candidatura mía no es el fruto de una maniobra, de una planificación, de un proyecto, de una premeditación, sino el fruto de una necesidad; ha sido la angustia del país, de ver que no se le ofrecía esa salida independiente, la que llevó a mucha gente a volverse hacia mí, con razón o sin ella, pensando que yo podía desempeñar ese papel y podía aglutinar muchas fuerzas que creían que esa solución era justa, y eso me obligó a mí en un momento dado a tomar esa determinación.

Por eso no se tomó antes, porque no era el fruto de una premeditación, sino una imposición de la necesidad, y yo sigo creyendo que en este momento, para la conveniencia de Venezuela, lo lógico, lo salvador, lo conveniente, es una candidatura independiente o dos candidaturas independientes, que llegaran a poder aglutinar un vasto frente y que le ofrecieran al país las posibilidades de un período de convalecencia política, de recuperación, de pacificación, que el país necesita vitalmente, como una condición –casi– de sobrevivencia.

 

Carlos Rangel:

Tiene siete minutos, Dr. Caldera.

 

Rafael Caldera:

Permítame que para empezar haga una pequeña aclaratoria: yo fui opositor, usted lo sabe, del gobierno del General Medina, que comenzó en 1941. En 1944 intervine en una forma activa en la Cámara en oposición a varios aspectos de la reforma constitucional, una de ellas la legalización del comunismo, otra de ellas la eliminación sin sustitución alguna en la cláusula confiscatoria, y otra, pues yo era partidario de que se le diera el voto pleno a la mujer y se le dio únicamente para las elecciones municipales.

Pero, después de la muerte del General Medina, ha habido en Venezuela un gran consenso de respeto y consideración por su memoria, de ponerlo fuera del debate público. Yo me ufano de haber sido uno de esos que después de la muerte del General Medina jamás ha intervenido. Cuando se le ha mencionado en algún acto, ha sido mi intervención para hacer algún elogio o algún reconocimiento personal de su figura. Cuando hablé de la presión para el reconocimiento de las relaciones, para el establecimiento de las relaciones con la Unión Soviética, en realidad no fui yo quien trajo la frase al debate, fue usted quien la dijo, y eso naturalmente me obligó a hacer la aclaratoria que formulé. No quiero pues referirme en más nada a esta situación y paso a la cuestión de la candidatura independiente.

Yo considero que ser independiente no es una tacha. Un hombre tiene derecho a ser independiente por muchas razones. Tampoco es una cualidad. No creo que un hombre de partido, por ser hombre de partido, sea menos meritorio que un ciudadano políticamente independiente. En principio, dentro de la vida política, creo que a los hombres de partido corresponde el ejercicio de la democracia, aunque a veces se desarrolla una especie de cosa en el país en que los hombres de partido parecemos como leprosos. Hay un señor que tiene un Colegio y dice «yo quiero un director, pero que no sea miembro de partido». Otro tiene un negocio y dice «yo quiero un gerente, pero que no sea miembro de partido». Es decir, van excluyendo a los hombres de partido de las responsabilidades directivas de toda la vida social y después, en lo único que les queda, que es la política, dicen «bueno, aquí tenemos que escoger un político, pero que no sea hombre de partido», es decir, que no les dejan ya ni siquiera su campo específico.

Sin embargo, entiendo que un candidato independiente que fuere el resultado del entendimiento de varios partidos, como usted lo dice, sería un fenómeno explicable: un partido y otro, tres partidos, no pudieron ponerse de acuerdo en un candidato porque no querían apoyar el nombre de otro partido, entonces postulan un independiente. Pero un independiente que se lance negando casi el derecho de los partidos y presentándose como una solución única es algo que yo realmente no entiendo, y en su caso mucho menos, Dr. Uslar, y perdone que yo también haga uso de los archivos (no sé si la cámara alcanzará esto). Este es el diario «El Tiempo» del día 19 de septiembre de 1944, está el retrato juvenil del Dr. Uslar Pietri y un gran título que dice «Ya nos duele el partido en la carne», tal proclamó el doctor Uslar Pietri en un discurso político que pronunciaba anoche en el PDV».

Hay folletos por ahí donde usted dice «como militante disciplinado de mi partido», es decir, usted, un hombre de partido, a quien le dolía su partido «en la carne»; pero es que hay algo más, usted fue un hombre de gobierno que desde el gobierno sintió la necesidad de fundar un partido, y usted sabe, lo que a mí me parece muy interesante, porque no fue un hecho accidental de que un hombre joven estuvo en un partido, se salió y no volvió a estar nunca, sino que fue un gobernante con la máxima responsabilidad de dirección política, creo, dentro de aquel sistema, que considera que para poder gobernar hay que fundar un partido y entonces se funda desde arriba, con los mecanismos complejos, incluso con la infortunada circunstancia de llamarse primero «PPG» –creo que a usted mismo le molestaba mucho esa denominación– «Partidarios de la Política del Gobierno», por eso logró la metamorfosis para hacerlo «PDV», y entonces había aquello del «ala luminosa» y del «ala opaca», como para decir «no queremos cargar con el peso de estos que están en el partido con la misma estructura que ha surgido hoy».

Pero, lo que más me interesa son dos cosas: primero, esto. Usted como gobernante era independiente y fundó un partido desde el gobierno, y ahora está postulado por un partido chiquitico, porque hoy salió en el periódico que lo postula el MRP. Ese es el primer hecho. Segundo hecho, que me preocupa tremendamente. La peor crítica que usted mismo me hace, usted que se llama candidato de entendimiento nacional, es que yo he tenido, si usted quiere llamarlo, la tontería –otros dirían la generosidad, otros dirían la lealtad, otros el patriotismo, otros la imbecilidad, de acuerdo con el ánimo que se vea– de haber dado mi concurso para que gobernara un hombre de otro partido con su partido, es decir, que yo, hombre de partido, he dado muestras de que durante cinco años he subordinado intereses, conveniencias, de mi partido o lo que pudiera verse como tal, a un interés nacional; he demostrado que podía cumplir el compromiso, respetando algo en que yo no intervine pero que fue la voluntad del pueblo. En la democracia el pueblo manda, el pueblo le dio la mayoría a Betancourt y a Acción Democrática y yo he respetado y respaldado la voluntad del pueblo.

Ahora, esta circunstancia es precisamente la que se me ataca, y se me ataca por un hombre que dice «yo me he lanzado porque se necesita un hombre que no tenga pasiones y que llame a todos los partidos». Bueno, justamente, me están atacando a mí el que no haya tenido pasiones o que no haya subordinado esas pasiones ante un interés de la República.  Esto es algo que realmente me parece de gravedad, tanto más cuanto que los agentes de su candidatura escriben y dicen, para impedir que muchas personas anti-adecas voten por mí, «tengan cuidado, porque Caldera, si sale presidente, va a llamar a los adecos a colaborar en su gobierno», es decir, eso lo están señalando sus agentes como el hecho más grave que se me puede imputar, y al mismo tiempo usted dice «se necesita un independiente, porque llega sin pasiones a llamar a todos los partidos». Yo quisiera que usted me explicara esa situación, porque la encuentro poco lógica, poco congruente. Yo, hombre de partido, me siento capaz de negociar, de entenderme, de llamar a los hombres útiles y buenos que se comprometen a un partido, donde quiera que ellos estén, y creo que mi candidatura, siendo hombre de partido, lo garantiza. En cambio usted, candidato independiente, me tacha como una falta gravísima el haber sido en esto capaz de demostrar mi capacidad de entender los intereses nacionales por encima de los intereses del partido.

 

Carlos Rangel:

Cinco minutos, Dr. Uslar.

 

Arturo Uslar Pietri:

Dr. Caldera: yo fundé el PDV y fui militante del PDV, y fui un hombre de partido, pero no soy actualmente un hombre de partido, y no lo soy desde hace 18 años. Dr. Caldera: desde que el gobierno primero de Acción Democrática, del que usted era Procurador, de una plumada disolvió ese partido, de una manera ilegal le cerró el periódico y le confiscó el derecho del mismo, desde ese momento yo cesé de ser un hombre de partido y no pertenezco a ningún partido, de manera que soy un independiente. Eso no lo puede negar nadie. Se pueden registrar los archivos de todos los partidos y verá que no pertenezco a ninguno; por lo tanto, actúo individualmente. De modo que no hay contradicción: fui un hombre de partido y no lo soy ahora, es decir, que no tengo nada contra los partidos y que no tengo nada contra los hombres de partido, porque creo que no hay posibilidad de que funcione una democracia sin partidos. Sería absurdo que yo pretendiera que existiera una democracia en Venezuela y en ninguna parte del mundo sin partidos políticos. Sería como fabricar automóviles sin ruedas. No puede ser. Ahora, yo no soy un hombre de partido y por eso digo que, en este momento, puedo desempeñar el papel de un hombre independiente, porque soy independiente, y eso nadie lo puede negar. De modo que eso no lo cambia ningún hecho, ni siquiera el hecho de que algún partido político me apoye, porque esos partidos políticos me apoyan a mí como un independiente. Si el COPEI, de acuerdo con Acción Democrática, hubiera logrado ese hecho, no le habría quitado la condición de independiente a ese independiente. Es evidente que hubiera ido como un independiente.

Ahora, usted me dice que a pesar de ser un hombre de partido, usted se ha mantenido en la coalición. Lógicamente, yo creo que ha sido un error suyo y creo que ha sido un error perjudicial para su partido, pero incluso en esa reunión que tuvimos en mi casa, si usted recuerda, creo que yo le dije eso, doctor: «yo creo, Dr. Caldera, que ustedes están cometiendo un error grave en permanecer en la coalición en la forma en que están; respeto su criterio, pero ese es el mío». Ahora, en cuanto a que usted, siendo un hombre de partido, se metiera en la coalición, hay sin embargo una salvedad: ¿por qué no apoyó usted al Dr. Leoni? Usted no apoya al Dr. Leoni y hubiera estado de acuerdo en apoyar a un independiente por la simple razón de que el Dr. Leoni es un hombre de partido y usted no va a transferirle la fuerza que pueda tener COPEI al Dr. Leoni para entronizarlo en el poder o para aceptarlo, porque usted, si no se consiguió al independiente a quien usted podía apoyar, usted va por su cuenta a las elecciones con su propia fuerza a obtener el resultado que pueda usted obtener.

Dice usted que alguna gente militante, simpatizante de mi candidatura, le ataca a usted, de que si usted va al poder es volver a la coalición. Pues le están acusando de un hecho, del hecho de la coalición que existe, y si es de suponer que lo que ha existido hasta hoy ha de seguir existiendo mañana, no es ninguna infamia ni ninguna calumnia lo que se está diciendo. Le quiero decir que yo nunca he aprobado que se le ataque a usted ni a ningún dirigente político personalmente. Lamento decirle que del lado de COPEI sí se me ataca a mí de mil maneras: se me llama ateo, se me llama enemigo de la Iglesia, han llegado a decir que soy divorciado, hasta bígamo parece que por ahí han dicho que soy, e incluso en discursos, usted me ha llamado «paracaidista». Bueno, es profesión heroica la de paracaidista. No estoy yo en edad de empezar esa carrera a estas alturas y no he sido nunca paracaidista. Soy un hombre que cree estar cumpliendo un deber y lo cumple de la mejor manera que puede. Lo mismo que en realidad se me ponen remoquetes y se me llama Uslar «Pierde», que creo que es un calificativo que sus hijos no deben agradecer mucho, porque llevan también ese apellido.

De modo, pues, que en realidad es de COPEI de quien han venido ese tipo de ataques que realmente me parece que no se justifica, porque creo que no haría ningún papel, que para combatirme a mí no hay que bajar y decirme calumnias, diciendo que soy enemigo de la Iglesia o ateo. Y en cuanto a que algunas gentes de las que están conmigo le acusen de ese hecho de que va a continuar la coalición, no le están acusando de una cosa que carezca de base, le están acusando de lo que está ocurriendo y que se supone que siga ocurriendo. Ahora, si alguno de ellos lo ha hecho personalmente en otra forma, yo no lo autorizo porque considero que eso no debe ser y por mi parte no solamente no lo autorizo sino que lo combato.

 

Carlos Rangel:

Tiene tres minutos, Dr. Caldera, para su última intervención sobre este asunto.

 

Rafael Caldera:

Dr. Uslar: yo no era Procurador cuando fue disuelto el PDV por decreto, porque fui Procurador el 27 de octubre y creo que la disolución del PDV fue anterior. Ahora, ¿por qué no renació ese Partido? Porque Acción Democrática fue disuelta por decreto y el Partido Comunista ha sido disuelto por decreto y han renacido. ¿Será acaso que va a renacer ahora, como quizás lo deseen los psiquiatras y una serie de pedevistas que están auspiciando su candidatura? Permítame hacerle esa pregunta. Si es que como esa planta nació en invernadero, esperan construir otra vez el invernadero para que renazca.

Ahora, hay una cosa muy curiosa. Cuando ese pacto con los comunistas, los comunistas les invitaron a ustedes y a Acción Democrática a un Frente Popular para luchar contra la reacción y el PDV contestó, y usted lo menciona en su discurso, que Acción Democrática había hecho muy mal en no aceptar la invitación, de manera que usted proponía que se aceptara la invitación de los comunistas para que se firmara ese pacto tripartito, en que por cierto mi partido Acción Nacional no estaba, quizás porque era muy chiquito, aunque era un poquito más grande que los partidos que respaldan su candidatura.

Pero, esto de los Comités Independientes no apoyados por partidos, eso es muy peligroso Dr. Uslar, porque en partidos ya organizados, con una maquinaria, con una ideología, con una estructura, se infiltran elementos ajenos con fines perversos. Ahora, imagínese usted, se forma un Comité Independiente y se abre la puerta para que entre todo el mundo. Pasa lo que dice en la prensa que pasó en estos días: que allanaron una célula mirista y no sé en qué parte encontraron gran material de su candidatura. Lógicamente, si yo fuera comunista o mirista hoy ¿dónde me metería? en un comité independiente donde me abren la puerta, porque en un partido tendría que pasar por el filtro de partido. Hasta URD ahorita está tratando, no ya de establecer el filtro, sino de depurar.

En cuanto a esa cuestión de los ataques, yo le quiero decir a usted una cosa: nadie en COPEI lo ha llamado ateo, ni adúltero, ni bígamo, ni enemigo de la Iglesia. La lucha religiosa la ha tratado de poner la gente de su candidatura. Tan es así que nosotros estamos luchando contra Acción Democrática, contra URD, contra el ARS, que son partidos con los cuales hemos combatido muy duro y no hay polémica religiosa a este respecto. ¿Por qué entonces únicamente en relación a su candidatura aparece? Ahora, si usted dice que a mí no me atacan, ¿usted no ha leído los artículos de la gente que lo secunda en relación a mí? Quizás no haya tenido tiempo.

He llamado a su candidatura «paracaidista», a usted no, porque es una candidatura que viene de arriba, que no sale de abajo, y que incluso no se sabe de dónde viene. Se presenta un señor con tres amigos y dice «yo soy candidato», muy honorable, muy conocido, pero la gente dice ¿de dónde viene esta candidatura? Por eso he llamado a su candidatura «paracaidista».

Por lo demás, yo considero natural que haya asperezas, que usted me diga una serie de cosas en su discurso, que pierda esa serenidad y me ataque. Eso no importa. Ahora, termino haciéndole una pregunta, Dr. Uslar, ¿con quién va a gobernar usted en el supuesto caso –creo que no tiene usted muchas esperanzas y habló de que por eso presentó tan tarde la candidatura–, pero en el supuesto caso de que ganara, ¿con quién va a gobernar usted?

 

Carlos Rangel:

La última réplica sobre este punto le toca al Dr. Uslar y quedan tres minutos.

 

Arturo Uslar Pietri:

Tengo que replicar en tres minutos muchas cosas, pero trataré de ser telegráfico. ¿Por qué no renació el PDV? Por una razón muy obvia, usted verá: porque el PDV no estaba preparado para la clandestinidad. Los hombres que gobernábamos Venezuela en esa época pensábamos que en Venezuela no habría golpe de Estado más nunca, que en Venezuela continuaría una evolución democrática normal, y que nadie tendría que pensar en montar un aparato clandestino. Eso no nos pasaba por la cabeza. En cambio a la gente de Acción Democrática sí les pasaba, y con razón, porque ellos estuvieron conspirando, llegaron al poder por una conspiración y por lo tanto estuvieron todo el tiempo pensando en qué podrían hacerle a ellos lo que ellos le hicieron a otros. Eso no pasó con nosotros, que pensamos en términos de legalidad política.

Usted me pregunta sobre la lucha religiosa. Yo respeto mucho a la Iglesia, Dr. Caldera y nunca he querido mezclarla en la lucha política. Desgraciadamente militantes de COPEI sí han tratado de hacerles ver a los católicos que no pueden votar por mí sino por ustedes, y lo han hecho en reuniones de muchos tipos a los que han asistido personas vinculadas a COPEI. Se han distribuido hojas mimeografiadas, en las cuales se nos acusa de muchas cosas que no son ciertas. De modo que en realidad no soy yo tampoco, y en ningún momento he sacado la lucha religiosa ni he querido mezclarla, aunque sea la obligación de hacerle frente a ataques de ese tipo, bastante graves y bastante insidiosos y bastante peligrosos, porque yo creo que la religión no tiene que ganar, porque en la batalla es arrastrada a la arena política y deberíamos, todo lo contrario, tratar de mantenerla fuera de ese debate.

Usted me pregunta, ¿de dónde vino mi candidatura? Mi candidatura, Dr. Caldera, no viene de una nube, no es, como diría el presidente Betancourt, una candidatura «neocelibata», es una candidatura que viene de una necesidad nacional. Si usted quiere vaya usted y pregúntele a los copeyanos que han estado en las reuniones públicas que yo he tenido en todo el país, en el Táchira, en Mérida, en Trujillo, en la plaza Baralt de Maracaibo, antenoche en Maturín, donde yo le preguntaba a la gente, «levante el brazo alguien que haya sido traído aquí en autobús», y había diez mil personas. De modo que nace de eso, del deseo que hay en el país de una solución de tipo independiente que trate de crearle al país una tregua y un camino de salida a esta gran crisis en que el país se encuentra. De ahí viene mi candidatura, y los que la sostienen son esas gentes, son esos hombres que salen de sus casas y me aplauden y me apoyan, y que vienen de muchos partidos políticos, porque consideran que en este momento la solución para Venezuela, la salvadora, la pacificadora, la que puede enrumbarnos y sacarnos de este foso es la solución de una candidatura independiente. Por esto está mi candidatura en la calle, y desde allí viene, y no de ninguna nube, de donde, por lo demás, no he sido yo nunca habitante.

 

Carlos Rangel:

El Dr. Caldera tiene una réplica sobre este punto, y puesto que equivocadamente le quité dos minutos de su réplica anterior, si quiere tomárselos ahora, bien puede.

 

Rafael Caldera:

Voy a aprovechar estos dos minutos con mucha rapidez.

Primero: religión. Me consta que hubo campaña de tipo religiosa, no sé, no creo que realizada por el Dr. Uslar, pero realizada por uslaristas, que es lo que ha motivado estas aclaratorias. Por mi parte, deseo vivamente que el tema no sea motivo de controversia, y me ufano de que una de las ventajas o uno de los frutos de la actitud de COPEI en estos cinco años ha sido precisamente el que se haya descartado la polémica religiosa del panorama político.

Segundo: el PDV no estaba preparado para la clandestinidad. Pero yo no le he exigido la lucha clandestina, sino por qué, después que se volvió en varias ocasiones al uso de los derechos cívicos, el PDV no pudo o no se restableció. Luego, respecto a la candidatura independiente planteo lo siguiente: el peligro, precisamente, de estas candidaturas, es eso de que vienen huérfanos de los otros partidos, o de otras corrientes, o de otros sistemas, y se puede convertir todo esto en un orfelinato político, sin darse cuenta de que al aceptar todo esto y al dirigir sus baterías contra la única candidatura que reposa sobre fuerzas que pueden derrotar al candidato de Acción Democrática, vienen a ser «amigos invisibles» de Acción Democrática.

Quiero señalar, sin embargo, una vez más, que hice una pregunta concreta, Dr. Uslar, y no me fue respondida: ¿con quién gobernará el Dr. Uslar en caso de ser Presidente? Que no me diga «con todos los buenos», porque, claro, «con todos los buenos», sino concretamente dónde va a encontrar esos buenos, dónde los va a buscar. Le oí decir que en los grupos políticos más afines. ¿Será acaso con URD? Esta pregunta me parece que sería de mucho interés para el electorado, que desde luego desea saber cómo se van a desarrollar las cosas después de que él tome su decisión el día primero de diciembre.

 

Carlos Rangel:

El último punto del debate trata de programas de gobierno. Habiendo terminado el Dr. Caldera el punto número 4, le corresponde iniciar el punto número 5 y tendrá, como en veces anteriores, siete minutos para su primera exposición.

 

Arturo Uslar Pietri (interrumpe):

Perdóneme, usted ha cambiado el orden caprichosamente, inventó un punto para el Dr. Caldera, completamente sacado de su manga.

 

Carlos Rangel:

No, Dr. Uslar, me equivoqué yo al indicarle al Dr. Caldera que su segundo turno en el cuarto punto era el último. En realidad, a usted le corresponde terminar el último punto del programa, o sea, por tercera vez.

Ya puede comenzar, Dr. Caldera, en siete minutos.

 

Rafael Caldera:

Bueno, cuando se me invitó a este debate y se planteó el temario, yo observé que no había ningún punto relativo al programa de gobierno de los candidatos presidenciales. Esto me pareció una falla que debía remediarse, y aún cuando un turno en éstos supone un tiempo relativamente reducido, yo creo que al país le interesaría escuchar de los candidatos una explicación acerca de diversos puntos de sus programas políticos.

Nosotros, por ejemplo, sostenemos en materia agraria la tesis de una reforma agraria integral. Creemos que la Ley de Reforma Agraria es muy buena. Creemos que la iniciación de la reforma agraria es un hecho histórico, que en el país ha ocurrido un hecho de dimensiones extraordinarias al quebrantarse la fuerza que pudiera tener el latifundismo como fuerza social o política y, sobre todo, al despertarse y arraigar en los campesinos la conciencia del derecho de la tierra. Conciencia que he encontrado la tienen muy viva, en el recorrido que he hecho en todo el país.

Ahora, esta reforma agraria consideramos que ha tenido imperfecciones graves en su ejecución. Nosotros creemos que es necesario ir al otorgamiento, ir a los títulos de propiedad, de los títulos de propiedad de las parcelas adjudicadas a los campesinos; que cada campesino debe tener su escritura de propiedad, al mismo tiempo que debe recibir los elementos complementarios: el crédito oportuno, el camino, la semilla y la asistencia técnica, para que obtenga frutos. Como el señor Ramón Quijada, persona a quien por lo demás agradezco que me ha tratado siempre con mucho respeto y consideración, y que ha hecho los mayores elogios que se han hecho en este país a la labor realizada por los ministros copeyanos: Lorenzo Fernández en la industrialización y Víctor Giménez Landínez en la reforma agraria, no es partidario, parece no serlo, de la pequeña propiedad de la tierra. No me refiero al minifundio, ni sobre todo a que se ubiquen los campesinos en nuevas tierras, ya cultivadas. Escuché varios debates en el Congreso –que supongo el Dr. Uslar escucharía también– en que criticaba como colonización todo lo que fuera ocupar tierras nuevas y no repartir las tierras ya establecidas. Me parece que sería muy interesante que el Dr. Uslar precisara lo relativo, pues, a su programa agrario; en relación a lo que pueda haber de conformidad o lo que pueda haber de revisión de los conceptos vigorosamente sostenidos por uno de los más caracterizados impulsores de su candidatura, el señor Ramón Quijada, en todo el término de este período constitucional.

Tenemos luego el programa de industrialización. Yo le pregunté antes al Dr. Uslar y me quedé sin escuchar respuesta para esta pregunta: ¿qué piensa de la industrialización iniciada en el país? Yo lo considero algo positivo y creo que estamos para entrar en la segunda etapa de la producción de bienes intermedios y de actividades intermedias. Ya hemos logrado mucho en la substitución de importaciones, pero he escuchado críticas que no sé si van envueltas dentro de su programa, como con el deseo de revisar o retirar la protección que el gobierno le ha dado a numerosas industrias en esta etapa, en la que por cierto el Ministerio de Fomento le ha correspondido a un ministro copeyano. Yo desde luego, lo primero que he dicho y sostengo, es que el programa de industrialización no podía estar completo en este quinquenio porque ha sido la primera etapa, hasta cierto punto experimental, y que es necesario en el nuevo período precisarla concretamente, tratando de fomentar las actividades más cónsonas para absorber mano de obra y para fortalecer la economía nacional. Yo quisiera, pues, escuchar el criterio del Dr. Uslar sobre el programa de industrialización.

También en materia petrolera. Una vez me correspondió el alto honor de contestar al Dr. Uslar su discurso de recepción en la Academia de Ciencias Políticas y Sociales. El hizo su discurso acerca del tema del «Petróleo en Venezuela» y recordaba la frase que algunos atribuían a Alberto Adriani, pero que el Dr. Uslar ha reivindicado para sí, y creo que le corresponde, de «sembrar el petróleo». Y yo, en mi contestación le planteé que algo más que sembrar el petróleo se necesitaba «dominar el petróleo». Tengo la impresión de que para el Dr. Uslar el petróleo fuera como una riqueza adventicia que casi no nos pertenece, sino que es obra de la casualidad, y que lo que debemos hacer es aprovechar lo que podamos obtener de esa riqueza para crear otras fuentes más propias y más permanentes de vida económica.

Yo pienso que el petróleo es un elemento integrado muy íntimamente en la economía venezolana y que tenemos que incorporar activamente a los venezolanos al dominio de las fuentes petroleras en una forma bastante activa. Sé que la compañías petroleras no consideran mi candidatura como la más simpática, pero realmente creo que no siempre coinciden los intereses de las empresas con los intereses del país y que, a este respecto, sin estar animado frente a ellas de ningún sentimiento hostil y ningún deseo de perjuicio, hay que subrayar y mantener la idea muy necesaria de que el país tiene que defender intereses a veces en discrepancia con los intereses de las compañías petroleras. Por ejemplo, la defensa de los precios tiene un enfoque distinto para empresas que tienen fuentes de producción en diversos continentes, que para el país que las tiene exclusivamente en Venezuela.

Pero, por otra parte, yo quisiera –porque creo que se han hecho ataques y algunos en una forma bastante ruda contra mi programa– mi oferta de desarrollar un plan de vivienda para la construcción de cien mil viviendas al año y de subsidio nacional, y me parece que a los televidentes les agradaría escuchar, pues, un debate con las observaciones que el Dr. Uslar tenga que hacer a esos programas y que han motivado que dijera en alguna parte que eso es «demagogia barata». Bueno, yo diría en todo caso «demagogia cara» –no es tan barata– pero yo no creo que es demagogia, yo creo que es algo fundamental para la revitalización de la economía del país y la única solución inmediata y positiva que se ha ofrecido para aliviar el problema del desempleo, porque es la única industria que está en este momento en capacidad, sin una nueva inversión, de absorber mano de obra adicional. Estos son, pues, algunos de los puntos que yo creo que deberíamos debatir esta noche.

 

Arturo Uslar Pietri:

Yo no era partidario, Dr. Caldera, de que metiéramos el tema de los programas, precisamente por eso que usted acaba de experimentar, porque es un tema sumamente vasto discutir un programa de gobierno, y prácticamente imposible que en siete minutos pueda yo analizar el programa de COPEI, defender el mío y discutir las discrepancias que hay entre ellos. Pero, en fin, se ha hecho así y vamos a tratar de hacer esta hazaña de brevedad telegráfica.

Yo quiero decir lo siguiente: no voy a explicar mi programa en este momento, que está publicado y que la gente lo habría leído, a los que les interese, que tiene como base un concepto que es el de «la Venezuela posible». Hay una Venezuela posible. Podemos hacerla entre todos los venezolanos mediante el uso y aprovechamiento justo de las posibilidades materiales de Venezuela y de los recursos humanos de Venezuela. Esa es la tesis central de mi planteamiento, y el programa mío se compone, pues, de tres actividades frontales que son una política de justicia, una política de desarrollo y una política de soberanía. Fundamentalmente la política de desarrollo, que consiste en el aprovechamiento de todas las oportunidades, de todos los recursos de Venezuela, para hacer rápidamente un país desarrollado.

Ahora voy rápidamente a contestar las observaciones de usted sobre mi posición en algunos puntos. En materia de reforma agraria, mi posición es muy clara. En el programa, doctor, yo he dicho estas cosas, por ejemplo: en primer lugar respeto, y algo más que respeto, estimulo a la empresa agrícola moderna que está establecida en el campo y que está dando rendimientos satisfactorios. A eso no solamente hay que alabarlo, hay que protegerlo, hay que estimularlo, porque es una de las bases de la riqueza y de la alimentación venezolana. En cuanto a la propia reforma agraria, consiste sobre todo en esto: en primer lugar en que desaparezca el latifundio, que no es beneficioso para nadie; para el mismo dueño del latifundio es una agricultura extensiva de muy baja productividad, que le produce muy poco. Y el campesino que vive en el latifundio lo mantiene en condiciones miserables porque no puede obtener otra, puesto que la productividad es sumamente baja y es un pobre conuquero, ese que trabaja temporalmente. De modo que hay que buscar que ese campesino se transforme, no en el propietario de un conuco, porque no haríamos nada con cambiar al conuquero no propietario en conuquero propietario, sino que se transforme en un granjero, en el propietario de una explotación agrícola pequeña, pero una explotación moderna. Una explotación que no consista simplemente en darle un pedazo de tierra y abandonarlo, sino en darle la tierra, brindarle la dirección técnica, en darle la preparación para que sepa explotarle, en ponerlo en condiciones de elevar su productividad y en darle asistencia financiera y técnica para que él pueda transformarse en un hombre capaz de vivir en condiciones mejores, de producir en condiciones mejores, de educar a su familia y de convertirse en un elemento de progreso y no en un rémora del progreso nacional.

Evidentemente que para hacer esto hay que tener en cuenta varias cosas: primero, dónde están los problemas planteados. En los lugares en que existen problemas agrícolas agudos, problemas de presión campesina aguda y hay tierras de propiedad privada que no están desempeñando una función social satisfactoria, lo lógico y natural es que se adquieran esas tierras por su debido precio y entonces se haga esa distribución para que los granjeros disfruten de ellas, donde hayan tierras de la Nación, que se hagan tierras de la Nación y donde hayan tierras colonizadas, que se hagan tierras colonizadas. Este es el planteamiento. Hacerlo con plan, hacerlo con prioridad, no esta especie de disparate que se está haciendo actualmente en Venezuela, en que se está combatiendo el problema en cincuenta partes simultáneamente con duplicación de costos extraordinarios, donde no sabe todavía, Dr. Caldera, cuánto cuesta la hectárea finalmente entregada y repartida. No lo sabe el Instituto Agrario, porque yo se lo preguntaba al señor Piñerúa Ordaz un día en la Comisión de Finanzas del Congreso y no me supo contestar. Le pregunté cuál es el plan, en cuáles estados están ustedes en este momento atacando el problema y me dijo, «bueno, eso depende dónde se presente el problema»; y le dije: «bueno, entonces esto no es una reforma agraria sino una reforma de bomberos rurales que andan corriendo a donde se presente un conflicto». Y este es el criterio que tiene Ramón Quijada, que está absolutamente de acuerdo con este planteamiento.

En cuanto a la industrialización, Dr. Caldera, yo quiero decirle a usted lo siguiente: yo considero que se han hecho cosas positivas en la industrialización en Venezuela, pero considero que se han cometido errores graves, porque la industrialización ha carecido de definiciones, de objetivos, de prioridades y de planes, y ha consistido en repartir el gobierno protecciones arancelarias para toda clase de industrias que ofrezcan reemplazar una importación por una producción nacional, aún cuando siguen importando la materia prima. Esto puede tener como consecuencia una sátira, es decir, que Venezuela empiece a producir de todo a precios muy altos, penalizando al consumidor venezolano, encareciéndole el costo de la vida y aislando a Venezuela del comercio internacional. Lo natural es que nosotros desarrollemos las industrias para las cuales tenemos posibilidades reales de tener una producción sana e integrarlas en todas las etapas del plan, y no simplemente que nos pongamos a fabricar de todo de lo que se quiera con protección arancelaria encarecedora, a base de importación de materias primas, para hacer la transformación final en Venezuela. De modo que aquí habría que rectificar, en el sentido de establecer un plan ordenado, unas prioridades y unas etapas y unas directrices. ¿Cuáles son las industrias que el país va a desarrollar y cuáles son las que el país no tiene interés en desarrollar en esa etapa, porque no tendrían significado, porque no van a crear empleos, y porque van a crear empleos en una proporción muy pequeña y al costo de un encarecimiento de la vida? En cuanto a las protecciones acordadas, nadie que no sea un insensato puede levantarlas, Dr. Caldera, porque si en este momento, aunque algunas sean objetables, ya se han creado intereses en torno a ellas, sería simplemente dañar intereses que se han establecido bajo la buena fe de que tenían una protección. De modo que cualquier alteración de esa protección existente, nadie que no sea un irresponsable la puede tocar sino muy cuidadosamente y muy sobre seguro.

En cuanto al petróleo, Dr. Caldera, usted insinúa allí que las compañías ven con simpatía mi candidatura. Yo no sé si la ven con simpatía. Yo nunca he tenido nada que ver con las compañías petroleras, no defiendo intereses de compañías petroleras. No me interesan para nada las compañías petroleras, la prosperidad de ellas como compañías me importan un bledo. Me importa Venezuela y el provecho que Venezuela saque del petróleo y por eso me importa la política petrolera, y considero que la política petrolera de este gobierno es un disparate, porque ha parado una política petrolera que en Venezuela existía y no la ha sustituido. Eso es todo. Yo lo que le he dicho al señor Pérez Alfonso y a todo el mundo es que no ha habido una política substituta y por lo tanto Venezuela ha entrado en una época de desinversión petrolera, de pérdida de posición relativa en los mercados, de paralización de la explotación, de reducción de las reservas, que es negativo para Venezuela porque el petróleo es el instrumento por medio del cual Venezuela puede desarrollarse, es el capital enterrado que nosotros podemos utilizar para hacer un país. Tampoco he dicho que se den concesiones. Yo le invito a usted a que busque todo lo que yo he dicho para que usted se cerciore que no he dicho que se den concesiones en ninguna parte. Lo que he dicho es que el régimen de concesiones, si se va a reemplazar, hay que reemplazarlo por un régimen que por lo menos nos dé lo mismo que las concesiones y en todo caso más, que sería lo deseado. Desgraciadamente no puedo hacer el análisis de su programa.

 

Rafael Caldera:

Bueno, yo si tenía esa idea y así se lo he dicho a algunas personas con quienes he discutido el panorama electoral del país: que usted no ha enunciado ninguna política petrolera, es decir, que se ha limitado a criticar la política petrolera actual, y que tampoco ha combatido la tesis de no concesiones, sino que simplemente ha dicho, pues creo que le oí por allí, que no se trata de dar concesiones sino de crear una nueva política petrolera. Ahora me dio la impresión, al leer su discurso, de que hablaba de la utilización rápida del petróleo y de abandonar, digamos, pruritos conservacionistas. Y uso esta palabra porque la escuché anoche en una pregunta que le formuló el señor Armando Branger sobre su política petrolera en que usted hablaba de política conservacionista o política de desarrollo. Ya entiendo que una política conservacionista debe ser de desarrollo, pero sí me parece que sería muy interesante escuchar si es que en realidad usted piensa que la idea de conservar el petróleo, en cierta medida es una idea absurda y aldeana, y que debemos vender todo el petróleo que se pueda para utilizarlo en el proceso de desarrollo del país.

Ahora, en materia de reforma agraria, lo escuché y creo que muchas de las cosas que dijo, no diré que era como si estuviera diciendo la tesis nuestra porque es enteramente suya, pero sí coincide en gran parte con la tesis que hemos venido sosteniendo y defendiendo desde hace mucho tiempo. Yo comparto y he formulado abiertamente las críticas a la política del Instituto Agrario Nacional que ha sido una de las fallas fundamentales de este régimen. Usted me dirá ¿por qué no se retiraron ustedes del gobierno por los errores del IAN? Bueno, nosotros pensamos que la estabilidad del régimen era más importante. Usted me dirá, ¿por qué no le dijeron a Betancourt: si no nos das el Instituto Agrario, o si no nos haces esto, nos vamos del gobierno? Bueno, nuestro sistema no es ese. Yo creo que nosotros admitimos el hecho de que una mayoría le había dado a Betancourt y a su gente el derecho de gobernar y después le ratificó el Congreso, a través de las modificaciones de la Ley Agraria, la responsabilidad de la ejecución práctica del proceso del proyecto de Reforma Agraria. Ahora, yo quisiera preguntarle lo siguiente: ¿por qué el señor Quijada fue Director del IAN, y muy poderoso, durante dos años, y algunos piensan que es lógico que siendo tan destacado participante en su candidatura, en caso de ser usted Presidente, lo menos que sea él es presidente del Instituto Agrario Nacional? Usted me dice que él comparte la tesis que usted sustenta ya, pero yo le voy a preguntar concretamente, ¿en realidad ha modificado su concepto el señor Ramón Quijada, es decir, los conceptos expresados hasta hace, digamos un año, quizás unos meses, en el Congreso, en relación a una cuestión estrechamente vinculada a su vida como la de la reforma agraria?

Ahora, en la cuestión de la industrialización, yo veo, pues, que realmente usted admite que se ha realizado una labor, aunque cuando a veces al formular las críticas da la impresión de que esas críticas tuvieran mayor importancia que lo positivo que se ha hecho. A este respecto, por lo mismo de que me han venido un poco las críticas que usted ha formulado, precisamente por venir de usted en una de las cosas que creo más positivas –no perfectas, sino que tiene que jerarquizarse y ordenarse ahora en lo sucesivo–, voy a recordar dos opiniones que creo merecerán especialmente para ustedes una alta consideración. Por una parte está la opinión del señor Quijada, que dice: «He venido esta noche con gusto a decirle, doctor Lorenzo Fernández, he aquí mi humilde mano para rendirle a usted el reconocimiento de su labor patriótica que como Ministro de Fomento está haciendo para industrializar a Venezuela. Haga usted, señor Ministro de Fomento, haga usted su labor en el sector industrial, y haga su compañero de partido en el sector agrícola también la tarea venezolanista de crear una industria, una economía agrícola estable y vigorosamente estable en este país». Y agrega: «Yo he venido esta noche a rendirle homenaje al Ministro de Fomento y desearía que no pasen muchos días sin que los sectores rurales de Venezuela, los ricos y los pobres del campo, vengan aquí también a rendirle homenaje a un hombre que también lo merece por sus desvelos en levantar la agricultura venezolana, que es el doctor Víctor Giménez Landínez». Y lo otro es el acuerdo de la Asamblea de Fedecámaras en Barcelona, que tiene unos considerandos extraordinarios que dicen: «Declarar solemnemente que una política de protección industrial constituye una premisa indispensable; manifestar categóricamente su apoyo a la política que en materia de protección industrial y cooperación con las empresas ha venido desarrollando el Ministerio de Fomento». Y dice en los considerandos que la labor del Ministerio es extraordinaria. Yo creo que esto conjura un poco las críticas que se hacen.

 

Arturo Uslar Pietri:

Dr. Caldera, yo no sé, ni puedo saberlo, ni es a mí a quien me corresponde decirle si el señor Quijada ha modificado su manera de pensar. Yo lo que le digo a usted, y eso es cierto, es que el señor Quijada está de acuerdo con ese planteamiento que yo estoy haciendo aquí y tengo motivos para pensar que está de acuerdo de buena fe, porque lo considero un hombre de buena fe.

Ahora quisiera pasar al otro punto que usted suscitó: creo que fue las críticas que yo hice y usted ha hecho algunas veces al proyecto de las casas de COPEI. Yo he dicho que me parece un proyecto demagógico, un proyecto irrealizable, y un proyecto, además, que no es el que le conviene al país. Ustedes hablan de construir 100.000 casas anuales. El déficit actual de viviendas al año se estima en más o menos 700.000 casas y se calcula que el déficit se incrementa anualmente en 100.000 más. De modo que imaginaríamos que ustedes, construyendo esto, apenas llenarían el déficit anual y el déficit de arrastre continuaría igual, de 700.000 casas. Ahora, en cuanto al costo, ustedes pretenden construir casas de Bs. 5.000. Esta es una discusión técnica difícil, pero la verdad es que el Instituto Venezolano de la Vivienda Popular y otros organismos especializados consideran que es prácticamente imposible, a menos que sea un rancho dignificado, construir una casa por menos de 10.000 bolívares; porque, además, en los planes de ustedes, Dr. Caldera, no figura el precio de la dirección: es como si esas casas nacieran de sembrar en el suelo Bs. 6.000 y brotan como brota una mata de verdolaga.

La verdad es que si se fuera a construir las casas al costo que en realidad deben tener, daría esto: el área de terreno, sería de 26.600.000 metros; el costo de adquisición de los terrenos y de los servicios, serían 532 millones de bolívares; la construcción, sería 1.000.000.000 de bolívares para 100.000 casas; y el proyecto y coordinación, sería de 68 millones de bolívares. Esto daría 1.600 millones de bolívares. ¿Usted sabe lo que son 1.600 millones de bolívares, Dr. Caldera? Es todo lo que el presupuesto de Venezuela, del gobierno de la coalición, tiene destinado para inversión. El año de 1962, la inversión era de 1.897 millones; el año 63, de 1.697 millones; y para el año 64, se prevén 1.418; de modo que ni siquiera habría para cubrir el costo de las casas.

Ahora, esta es la pregunta que yo me hago: ¿es esto lo más urgente en Venezuela? ¿o  lo más urgente en Venezuela es invertir capital en desarrollo?, es decir, en desarrollar la economía del país, en crear fuentes de trabajo, en invertir en desarrollo agrícola, en desarrollo industrial, en desarrollo de fuentes de energía, que van entonces a elevar el nivel de vida, a aumentar el circulante, a aumentar el número de hombres empleados y, como consecuencia de esto, entonces se podría pensar en que se va a resolver el problema de las casas, por parte del gobierno y por parte de la iniciativa privada; pero, coger prácticamente la totalidad o la mayor parte de lo poco que el Estado venezolano puede destinar a la inversión, y en lugar de destinarlo a la inversión reproductiva, destinarlo a una inversión no reproductiva como es la construcción de casas, es una política, a mi modo de entender, errada. A mi modo de entender errada, porque es paralizar el desarrollo del país totalmente y convertir al Estado en el financiador de una monstruosa industria de la construcción.

Yo me acuerdo, Dr. Caldera, que cuando se presentó al Congreso la Ley de Alquileres, yo fui una de las pocas personas que se paró contra esa Ley abiertamente, y dije que esa Ley es una ley contraproducente, contraria al interés nacional, que iba a matar la industria de la construcción, que iba a echar a la calle a centenares de miles de empleados, que no iba a construir una sola casa y que no iba a abaratar los alquileres. Desgraciadamente esas predicciones se han cumplido: la industria de la construcción sufrió un colapso terrible, la construcción se paralizó, y hoy en día es sabido que conseguir un apartamento o una casa decente en Caracas es imposible a los precios regulados, o hay que pagar un derecho de llave, o hay que comprar unos muebles viejos, o cualquier otro de los mil trucos de que se vale la necesidad para arrancarle el dinero a quien lo necesite.

De modo que ustedes, que apoyaron la Ley de Alquileres, a sabiendas de que mataba la industria de la construcción –y entre las razones que alegaron era porque estaba hipertrofiada– ahora pretenden poner al Estado en pleno al servicio de una hipertrofia de la industria de la construcción, abandonando los recursos que el Estado tiene limitados, que son más o menos esos mismos, para la creación y el fomento de una actividad económica que cree empleos y que sea reproductiva, porque la casa, la inversión de casas, no es reproductiva, Dr. Caldera. La inversión de casas es una inversión de consumo, de consumo duradero; son bienes de consumo duradero, pero no es una inversión reproductiva. Inversión reproductiva es una planta eléctrica, es una siembra, es un cultivo, es una industria, de modo que por eso lo critico: en primer lugar, porque me parece desproporcionado destinar esos recursos, y en segundo lugar, porque me parece que los costos que ustedes estiman consumirían prácticamente todo lo que el Estado venezolano tiene y algo más, para la inversión y el desarrollo, que es lo vital y lo importante, porque, sin desarrollo, Venezuela no pasará nunca de ser un país marginal y subdesarrollado.

 

Carlos Rangel:

Las dos siguientes intervenciones tienen tres minutos cada una; la primera, a cargo del Dr. Caldera y, la segunda, a cargo del Dr. Uslar Pietri. Serán las últimas de este debate. Tiene el Dr. Caldera tres minutos.

 

Rafael Caldera:

Dos puntos rápidamente, voy a referirme a ellos, contiene la intervención del Dr. Uslar. Uno: nuestra actitud sobre la Ley de Alquileres; y otro: nuestra estimación sobre el proyecto de construcción de viviendas.

Sobre la Ley de Alquileres, quisiera que la cámara se acercara un poquito, para que los televidentes vieran lo que dice aquí, el documento de que se trata. Se trata de observaciones del Partido COPEI al proyecto de Ley de Alquileres presentado por el partido Acción Democrática; documento del Congreso de la República donde está nuestra actitud. Y le recomiendo al Dr. Uslar que si tiene tiempo, lo lea y vea las observaciones que se hacen sobre los peligros que esa Ley significaba. En cambio, tengo un folleto de cuando el Dr. Uslar era un hombre de gobierno, en que hay una frase que por lo demás creo que él tiene su razón de hacer. Dice cosas como éstas: «Precisamente aparece hoy en la prensa un comunicado en que se expresa que la regulación de alquileres en sólo el Distrito Federal ha representado para los inquilinos un beneficio no menor de 10 millones de bolívares por año. Sin esta regulación, fácil es pensar a cuánto hubiesen ascendido los alquileres y éste es el resultado que el estómago del pueblo venezolano palpa diariamente, aunque muchas veces quisieran hacérselo entender de otra manera». Y agrega: «No pretendo proponerle a ustedes que esta intervención sea perfecta; no pretendo hacerles creer que no haya fallas y deficiencias en ella. Al contrario, hay fallas, hay deficiencias, pero se han logrado inmensos beneficios y ventajas». Los enemigos del progreso nacional dicen que la regulación del gobierno no debe proseguir porque es imperfecta.

La población aumenta en 300.000. No vamos a meter tres personas por casa. Hemos estimado una necesidad de incrementos de 50.000. Pero, si se necesitaran 100.000 más por año, razón de más para que se tuvieran que hacer las 100.000 casas, por lo menos para que el déficit no aumentara en forma monstruosa. Segundo, las casas campesinas estimadas en bolívares 5.000 responden a una experiencia realizada. No son todas las unidades de ese mismo precio, hay diversos grados de acuerdo con las necesidades y posibilidades de los futuros adjudicatarios, de manera que su estimación de mil seiscientos millones de bolívares es una estimación que no es exacta. Es una inversión, además, que usted considera que no es reproductiva. Yo creo que las inversiones en educación, salud y vivienda son inversiones reproductivas, porque contribuyen a fortalecer el capital humano del país, que es el que realmente crea riqueza. Es mucho más importante esto que crear una planta eléctrica. Pero, yo le propondría a usted que dos, o tres, o cuatro ingenieros y economistas de su candidatura, de los que sostienen su candidatura, discutieran este asunto con un grupo igual de gente de la que ha intervenido en este proyecto, para que el pueblo vea si estamos trabajando sobre bases sólidas y firmes, o si estamos, como usted lo dice, presentando un proyecto demagógico, irrealizable e inconveniente.

 

Arturo Uslar Pietri:

Dr. Caldera, en efecto ustedes presentaron observaciones, pero ustedes aprobaron la Ley. En cambio, yo salvé mi voto en esa Ley, porque yo no tenía fuerza para no aprobar. De modo que ustedes tienen la responsabilidad de haber aprobado esa Ley, con sus consecuencias. Cita usted unos párrafos míos en los que yo digo que la regulación de alquiler es necesaria, y la sigo sosteniendo. Para reducir alquileres es necesaria y yo no me opongo a ella. Me opongo a esa Ley de Alquileres que creó condiciones absurdas que hicieron imposible continuar la construcción, porque cuando se dictó esa Ley había una regulación de alquileres que existía desde hace muchos años. En Venezuela hemos tenido un régimen ininterrumpido de regulación de alquileres, prácticamente desde la Segunda Guerra Mundial, desde 1942, o antes, 39 creo, que fue la primera que se dictó, del 40. De modo que siempre ha habido y creo que no se podría abandonar. Si nosotros suspendiéramos la regulación de alquileres totalmente, habría una especulación por consiguiente muy peligrosa. De modo que nadie lo puede sostener y en todo caso no lo sostengo yo. Ahora, que esa Ley llevó la regulación de alquileres a unos extremos punitivos para la industria de la construcción, como lo dijo Tomás Enrique Carrillo Batalla, eso es correcto, y esa Ley tiene una responsabilidad inmensa en este colapso.

En cuanto a lo que usted decía, Dr. Caldera, de que usted considera que es inversión educación y sanidad, claro que es inversión, pero una inversión complementaria, porque, ¿de qué sirve darle una casa a un hombre que no tiene trabajo? ¿En qué lo remedia morirse de hambre bajo un techo propio? ¿No sería preferible que se ganara la vida, que produjera, que prosperara, que sostuviera a sus hijos y que ahorrara y que pudiera comprarse una casa con un trabajo seguro, a darle una casa como un regalo para que dentro de esa casa siga muriéndose de miseria? No puede ser. De modo que por eso digo que hay una prioridad, y a mi modo de entender es preferible a darle una casa, darle trabajo, y por lo tanto la inversión en desarrollo, la inversión en fuentes de producción, en creación de empleos que sería la inversión en la industria, la inversión en agricultura, la inversión en servicios de desarrollo al país, es mucho más sana y mucho más segura, y por lo tanto es más aconsejable, que una inversión gigantesca en bienes no reproductivos, como sería una inversión en casas.

 

Carlos Rangel:

Con esta intervención del Dr. Uslar, ha terminado este debate, conducido por ambos participantes con una altura y una ponderación que han hecho de él una verdadera cátedra de civismo.

Buenas noches.

Histórico debate televisado entre Rafael Caldera y Jóvito Villalba (1963)

Debate televisado entre Rafael Caldera y Jóvito Villalba sobre elecciones separadas

Radio Caracas Televisión. 28 de febrero de 1963

Debate televisado Rafael Caldera y Jóvito Villalba, 1963.

Con justificada expectativa, toda la nación escuchó por radio o vio por TV el interesante debate que el jueves 28 de febrero de 1963 realizaron ante las cámaras y los micrófonos los doctores Rafael Caldera y Jóvito Villalba, secretarios generales de COPEI y de URD, respectivamente, sobre una materia que ha despertado el más extraordinario interés en la opinión pública venezolana: la proposición copeyana de efectuar este año elecciones separadas para Cuerpos Deliberantes y para presidente de la República.

El debate televisado y trasmitido por Radio Caracas fue, sin lugar a dudas, el evento político de mayor trascendencia que se había producido en los últimos años en el país. Por primera vez dos jefes políticos frente a frente ante el pueblo de Venezuela dirimieron en la discusión, civilizadamente, diferencias sobre cuestiones de índole política. El programa, de dos horas de duración,  tuvo, según cálculos moderados, más de un millón de televidentes en toda Venezuela.

La presentación y moderación del evento estuvo a cargo del señor Carlos Rangel, subdirector de la revista «Momento».

 Rafael Caldera:

Después de dar las gracias a Radio Caracas Televisión por haber cedido sus canales para este debate, y al amigo Carlos Rangel por su presentación, quiero agradecer especialmente al doctor Villalba el haber aceptado mi invitación para discutir ante la opinión pública y a través de la televisión el tema de las dos votaciones propuestas por el partido socialcristiano COPEI. Entiendo que este debate se va a mantener –estoy seguro de que este debate se va a mantener– en un tono de altura, como es natural, y entiendo que él contribuirá a despertar interés por el proceso electoral y a sostener en los venezolanos la idea de que las grandes cuestiones deben discutirse civilizadamente, y de que en definitiva el público es el juez, el soberano.

El doctor Villalba, cuando aceptó mi invitación, puso la condición de hablar él de último, y yo la acepté. La idea del amigo Rangel sobre la prolongación del debate por períodos de cinco minutos la hemos aceptado en principio, pero esperamos no abusar de los televidentes enredándolos en una discusión interminable; al fin y al cabo, siempre habría qué decir y qué debatir, pero debemos también tener consideración hacia quienes bondadosamente nos observan y nos escuchan.

El tema es el siguiente: Este año habrá no una, sino varias elecciones. Se va a elegir el presidente de la República. Se van elegir senadores y diputados. Se van a elegir diputados a las Asambleas Legislativas de los Estados y se van a elegir los miembros de los Concejos Municipales en toda la República. La disposición transitoria decimonona de la Constitución establecía la previsión de que una ley especial pudiera fijar un período distinto a los Concejos Municipales y a las Asambleas Legislativas. El Congreso –que ya sabemos hacia los cauces que ha derivado en los últimos años– no tuvo tiempo, o no pudo, dadas las circunstancias planteadas, dictar ninguna de las leyes orgánicas y reglamentarias de la Constitución que la misma Constitución prevé. Hay un vacío considerable a este respecto. La Constitución establece que el próximo período constitucional comienza el 2 de marzo de 1964, con la instalación de las Cámaras Legislativas, y que el presidente de la República tomará posesión dentro de los diez días siguientes; pero al mismo tiempo dice que si las leyes no han establecido nada, los Concejos Municipales y las Asambleas Legislativas de los Estados se renovarán el primero de enero de 1964. Son ramas distintas del Poder Público, pero que de acuerdo con la ordenación jurídica vigente van a renovarse todas en un mismo año.

El problema planteado es el siguiente: estas elecciones que se van a hacer –de presidente, de Congreso, senadores y diputados; de diputados a las Legislaturas Estadales y de Concejos Municipales– ¿deben celebrarse necesariamente en un mismo acto, o pueden celebrarse en actos diferentes?

Es evidente que deben todas cumplirse dentro de un proceso electoral que se inicia el presente año una vez que el Consejo Supremo Electoral designe las Juntas Principales Electorales de los Estados, del Distrito Federal y de los Territorios. Después de la designación de las Juntas Principales, de las Juntas Distritales y de las Juntas Municipales, se abre el Registro Electoral, que durará dos meses y uno más de prórroga, y luego vendrá la convocatoria a elecciones. Ahora bien: ¿esta convocatoria tiene que ser para que se realicen todas en uno solo y mismo acto, o es posible que esas votaciones, esas elecciones que se van a celebrar, se realicen en actos diferentes?

No hay ninguna disposición en la Constitución ni en la Ley Electoral que ordene que las elecciones se realicen en un mismo acto. Lo que hay es un precedente: en 1958 las elecciones se hicieron todas en un acto. El elector recibió dos tarjetas: una grande para presidente de la República y una pequeña para todos los Cuerpos Deliberantes. En esa tarjeta pequeña iba su voto por una sola lista, que incluía desde senadores, diputados al Congreso y diputados a la Legislatura, hasta miembros de Concejos Municipales. Si un grupo de ciudadanos independientes, en un Distrito cualquiera, hubiera resuelto presentar una plancha para un Concejo Municipal, estaba perdido, porque el elector no podía dar su tarjeta a ese Concejo Municipal, sacrificando al mismo tiempo su voto para senadores, para diputados al Congreso, para diputados a las Asambleas Legislativas. El elector tenía, pues, muy limitada su escogencia, y el precedente de 1958 revela, sin duda, algunas circunstancias: quitó la importancia a la elección de los Cuerpos Deliberantes, porque la atención se polarizó hacia la elección presidencial.

Esa polarización trajo como consecuencia –y ello es así en todas partes del mundo– el que muchos votantes no votaran por el partido de su predilección, sino contra un candidato cuya llegada les parecía funesta o perjudicial para el país. El elector estaba coaccionado entre límites bastante estrechos para su escogencia, y la misma votación en algunos casos sembró dudas acerca del volumen acompañado a ciertos colores, de manera que la influencia lograda sobre la opinión pública, con posterioridad, estuvo siempre asaltada por la idea de que no correspondía a una voluntad clara e inequívoca del electorado.

Nosotros hemos planteado lo siguiente: si no hay ninguna disposición constitucional ni legal que ordene que las votaciones se hagan en un mismo acto, ¿no es más conveniente para el electorado que se realicen las votaciones para Cuerpos Deliberantes en un acto, y para presidente de la República en un acto distinto? ¿Quién puede decidirlo? El Consejo Supremo Electoral. El artículo 66 de la Ley electoral dice: «El Consejo Supremo Electoral fijará la fecha para las elecciones». El artículo 85 dice: «En los casos de elecciones simultáneas –lo que admite que las elecciones puedan no ser simultáneas–, el Consejo Supremo Electoral, con 30 días de anticipación por lo menos, resolverá si la votación se realiza por medio de una sola tarjeta y una misma urna, o si se hará por tarjetas y urnas distintas». El artículo 161 dice: «El Consejo Supremo Electoral, con el voto favorable de siete de sus miembros por lo menos, podrá acordar modificaciones a cualquiera de los plazos o términos establecidos en la presente ley, cuando ello se juzgue necesario para el mejor desarrollo del presente proceso electoral, y siempre que las modificaciones no alteren la igualdad de condiciones para todos los participantes en el proceso». El artículo 34 dice: «Atribuciones del Consejo Supremo Electoral: Décima quinta. Evacuar las consultas que se le sometan sobre la aplicación o interpretación de la presente ley y resolver los casos no previstos en ella. Vigésima sexta: … las demás atribuciones señaladas por la ley y cualquiera otra en materia electoral no encomendadas a otros organismos».

Ahora bien, ¿qué pensamos nosotros que ofrece la posibilidad de una fijación de dos votaciones diferentes dentro de este mismo año y dentro de un solo proceso electoral, en relación a la ciudadanía electoral?  Pensamos: Se le da más importancia a la elección para el Congreso y para los Concejos Municipales y Legislaturas.

Cuando se separan en dos actos los hechos de escoger los cuerpos deliberantes por una parte, y el presidente por el otro, la elección presidencial no domina la elección para el Congreso, la cual toma una cierta majestad. Pero, por otra parte, desde el punto de vista práctico, se permite al elector utilizar dos tarjetas, por ejemplo: una para los cuerpos nacionales y otra para los cuerpos locales, con lo cual los partidos tendrán que ser más cuidadosos en la escogencia de sus candidatos locales que, por lo general, en todo el país no han sido mayoritariamente convenientes. Los problemas planteados en muchos Concejos Municipales y en muchas Legislaturas derivan de una escogencia muy apresurada y de la imposibilidad que tuvo el elector de fijarse bien en los candidatos que iban a estos cuerpos.

Luego, se da más flexibilidad y libertad al elector: El elector va a ejercer su derecho en una forma más cómoda. En primer lugar se le llama y va a dar su voto para Cuerpos que se eligen por representación proporcional, y luego votaría por un magistrado a quien se elige por votación mayoritaria. Para la representación proporcional, él no va a perder su voto nunca. El sabe que cuanto mayor será el electorado de una lista cualquiera, mayor será su representación en el Cuerpo de que se trate. Para los partidos pequeños, por ejemplo, ésta es la posibilidad reconocida en el mundo entero de prosperar y de desarrollarse. En cambio, la elección presidencial –en la cual no hay sitio sino para uno, porque se va a elegir un solo presidente– tiene carácter mayoritario, y el elector tiene muchas veces que abandonar su preferencia para escoger entre los candidatos el que le parece que tenga más chance y mejores condiciones relativas para el desempeño del cargo. Esto, al mismo tiempo, garantiza el que el presidente tenga de la votación, ya polarizada en la elección presidencial, un respaldo más amplio.

Hay el peligro en una primera votación de que el fraccionamiento de ella en numerosos candidatos dé por resultado la elección de un presidente con una precaria mayoría relativa, que le haga después sumamente difícil el gobierno. Mientras que esto conduce a la aclaración del panorama para que el país vote con amplio respaldo por un presidente a quien le de todo su apoyo para el ejercicio del poder, en ese período difícil que viene; y con ello no se quita a nadie ningún derecho, sino que cada uno va a ejercer su derecho con mayor libertad, a la vez que se aclara mucho el panorama después de cinco años en los cuales ha habido varios cambios en la estructura de los partidos y en la vida del país, sin que se sepa exactamente cuál ha sido su repercusión en la opinión pública. Y los candidatos pueden hacer su campaña de una vez, pero hasta treinta días antes de la elección, según el artículo 68 de la Ley Electoral, pueden revisarse las postulaciones definitivas.

Contra esta tesis se ha hecho una serie de objeciones. Voy a ver si tengo tiempo de referirme rápidamente a las principales que han sido formuladas. Naturalmente que lo haré en esta intervención en un lenguaje casi telegráfico.

Primero: «que cambia las reglas del juego». A esto respondo: no hay reglas de juego obligatorias establecidas en cuanto a que las votaciones sean todas en un mismo año. Lo demás del proceso electoral está todo establecido en la ley, y conforme a la ley tiene que realizarse.

Segundo: «que ha sido presentada extemporáneamente». No es cierto. Nuestra postura, lanzada a la opinión pública el 6 de enero de 1963, lo ha sido con varios meses de anticipación a la iniciación del proceso electoral. De manera que ha habido tiempo de debatir esto, y hay todavía tiempo de debatirlo, porque su decisión, en todo caso, no sería antes de que termine el primer semestre de 1963.

Tercero: «que es contraria al espíritu de la Constitución y a la Ley». Pues bien, yo he citado disposiciones legales a favor de mi tesis. Quisiera que se me citara alguna que concretamente vaya en contra de la tesis que hemos venido sosteniendo.

Cuarto: «que las dos votaciones perjudicarían a la economía». A este respecto, en una discusión de «Mesa redonda» anterior, el público tuvo ocasión de darse cuenta de que el representante de AVI –el grupo económico organizado más caracterizado en la actualidad– señaló que las dos votaciones no tendrían repercusión sobre la economía, y que lo que podría tenerla sería el mal desarrollo del proceso electoral. Mientras que con este sistema, el proceso electoral tendría un curso más normal. Se haría un paréntesis para la primera elección, y luego se abriría el proceso para la segunda votación.

También se ha dicho que esto aumentaría el costo del proceso electoral. He mandado a hacer cómputos por personas expertas en el Consejo Supremo Electoral y el resultado es el siguiente: lo que aumentaría el costo de la partida prevista para elecciones sería un 3,8%, es decir, menos de un veinticincoavo, representado en el aumento de sobres y de tarjetas y en la realización de algunos actos, en el pago de mesas de votación, por otra oportunidad, y de transporte y propaganda y de algunas circunstancias más.

Otro argumento opuesto es «que aumentaría la tensión política». Nuestra tesis es contraria. La tensión política puede enardecerse tanto más cuanto más confuso aparezca el primer proceso de votación, cuando el país viva la situación de una incertidumbre de un conjunto de hechos que puedan confundir el ánimo del electorado y provocar situaciones absolutamente inesperadas. Mientras que con las dos votaciones, el país esperaría trabajando y luchando el resultado de la primera votación; y ya sería entre la primera y la segunda votación cuando el ánimo político subiría a su climax, pero evidentemente a través de una serie de canales que los mismos hechos electorales plantearían.

Luego hay una serie de argumentos más, que tendremos ocasión de revisar esta noche. Algunos dicen, por ejemplo, que la doble votación favorece a COPEI. Nosotros respondemos: la doble votación favorece a todo partido que quiera un proceso claro y que tenga conciencia de que representa efectivamente un sector determinado y denso del electorado nacional. No favorece, o bien a aquellos partidos que puedan tener interés en confundir a través de maniobras previas la conciencia electoral de la República, o bien a los que teman que en una primera votación puedan mostrar suma debilidad, y al mostrar suma debilidad carezcan de influencia en la decisión final sobre postulación o elección de candidatos para la Presidencia de la República.

Y, el último argumento que voy a considerar aquí en esta breve intervención es el argumento de la abstención: «Si se decide esto, nos abstenemos de concurrir al proceso electoral». Yo entiendo que este argumento, en el fondo, es sumamente grave. El hecho de la abstención no estaría justificado por ningún respecto por la circunstancia de que el elector, en vez de poner todos sus votos un mismo día en la urna, los ponga, unos votos, es decir, para Cuerpos Deliberantes hoy, y los otros dos meses después.

Lo que entiendo es que éste es un argumento que trata de ejercer una presión psicológica para obligar a muchos, que ven la conveniencia de la tesis de las dos votaciones, a desecharla para evitar problemas.

Este tipo de presión psicológica no me parece lo más conveniente en un sistema democrático. Ello sería realmente tanto como imponer antidemocráticamente una decisión, y la democracia es debate, es discusión, es análisis.

Yo entiendo en este sentido que la venida del doctor Villalba esta noche aquí es una revisión del último argumento. El argumento abstencionista es un argumento de fuerza o de presión. La presencia del doctor Villalba es una aceptación del debate, de la discusión. Yo quisiera escuchar sus argumentos, y sobre todo quisiera que los escuche el público venezolano televidente, para que del análisis surja, como debe surgir en una democracia, el dictamen de la opinión pública.

Jóvito Villalba:

Señores televidentes, doctor Caldera. Estoy altamente agradecido a Radio Caracas por haberle dado esta noche a este programa, del cual sin duda habrá de sacar beneficio el desarrollo de nuestro proceso democrático. Y al doctor Rafael Caldera, secretario general del Partido Socialcristiano, por su invitación, aceptada por mí, y por la forma amplia como esta noche ha ejercido su papel de ponente en este debate.

Yo quiero empezar haciendo una declaración un tanto sorprendente: Yo soy en este país el más ferviente partidario del sistema de las elecciones separadas. Y si el doctor Rafael Caldera y su partido algún día o en fecha próxima propusieran ante las Cámaras Legislativas las reformas necesarias, no sólo en la ley, sino en la Constitución, para establecer este sistema de elecciones separadas, pueden todos los venezolanos tener la seguridad de que el voto de la fracción parlamentaria de URD acompañará a las proposiciones de COPEI.

Cuando leí la Constitución Nacional recién salida de las prensas, una de mis primeras reacciones contra sus disposiciones fue el que no hubiéramos establecido en ella el sistema de las elecciones separadas; el que nos hubiéramos dejado llevar, quienes integrábamos las Cámaras Legislativas, por las preocupaciones que determinaron la adopción por el Constituyente del sistema de las elecciones únicas o simultáneas. Cuando se elige de una vez al Presidente y a los Cuerpos Representativos, la elección –sobre todo la elección de los Cuerpos Representativos– trae todas estas fallas, todos estos aspectos negativos, a los cuales se refirió con tanta habilidad dialéctica el doctor Caldera.

La elección de los Cuerpos Representativos se hace apresuradamente, siempre bajo la presión o la influencia de la elección presidencial, que para todos es la más importante. Y el elector, a su vez, se siente oprimido por el prestigio o por la fuerza del tema presidencial; máxime cuando estamos en un país presidencialista de punta a punta, como es Venezuela, y la decisión del elector no tiene toda la eficacia democrática que debiera tener. Yo soy por eso partidario de las elecciones separadas. Pero, entendámonos: elecciones separadas. Y en Derecho Constitucional, en Derecho Público, en política, se entiende por elecciones separadas, elección de Presidente hoy y de los Cuerpos Representativos a mitad de período, o después de un plazo bastante largo, para poder tantear o auscultar, a través de la nueva elección, los cambios ocurridos en la opinión: elección de presidente hoy, y de la totalidad o de la mitad de los Cuerpos Representativos, a mitad de período.

Pero, lo que nos ha propuesto el partido socialcristiano no es el sistema de las elecciones separadas, se trata sencillamente de descomponer lo que tenemos. De elegir los Cuerpos Representativos hoy, y dentro de un mes o mes y medio o dos meses, al Presidente; con los mismos males, con la misma confusión inherente al sistema que tenemos, pero añadiéndole otros: los males propios del sistema de las elecciones unidas. Porque pasa con esto lo que con todo en el orden de las instituciones humanas: que todas tienen aspectos positivos y aspectos negativos. La elección de Presidente y de Cuerpos Representativos de un solo golpe tiene las desventajas que señaló el doctor Caldera. La elección por separado tiene las desventajas que hemos señalado nosotros. Algunas de ellas: se duplica la agitación, se aumentan los gastos y se hace la elección dentro del mismo clima, dentro del mismo ambiente de opinión, sin dejar tiempo para que el país se exprese posteriormente, a la mitad del período, sobre los cambios que hayan podido ocurrir, precisamente por obra de la gestión del presidente electo, tal como ocurre en los Estados Unidos. En los Estados Unidos se elige al Presidente y a la mitad del período se elige a la mitad de los Cuerpos Representativos, y como resultado de esto muchas veces, el partido del Presidente, o casi siempre, pierde la elección que ocurre en la mitad del período, porque en esa oportunidad se expresan adversamente, en contra del Poder Ejecutivo, las reacciones que han ocurrido en la opinión por la gestión del Presidente.

Ahora, todo lo malo de los dos sistemas se acumula dentro de la proposición del partido socialcristiano COPEI, que no es ni elecciones separadas ni elecciones simultáneas. Y se acumula porque son elecciones separadas por un espacio de un mes, de mes y medio o de dos meses, es decir, que todo va a ser dentro de una misma onda, en una marejada y agitación política dentro de la cual ni el elector ni los partidos podrán tener esa frialdad, esa serenidad de que el doctor Caldera habló para escoger al Presidente o a los Cuerpos Representativos.

Ahora bien, nosotros estamos dispuestos a apoyar una gestión del partido COPEI en el sentido de mejorar el régimen electoral de nuestro país. Y no sólo dentro de las reformas propuestas por el partido COPEI, también estamos dispuestos a hacer una reforma para liberar hasta donde fuera posible al elector de la opresión o de las limitaciones que sobre su ánimo impone el sistema de listas.

Por ejemplo, estaríamos dispuestos a elegir la Cámara de Diputados por jurisdicciones unipersonales, lo cual suprimiría la lista y permitiría que el elector escogiera, no ya por listas, sino individualmente, al representante; y estaríamos dispuestos a estudiar la misma reforma con respecto a los Concejos Municipales. Pero éstas son cosas para llevarlas al Congreso con tiempo, para hacerlas por las vías establecidas por la Constitución, y no a través de una proposición sorpresiva, como la que hace el partido COPEI cuando ya hemos entrado en el año de elecciones, cuando ya algunos partidos están actuando abiertamente en el terreno electoral, cuando ya se ha empezado a hablar de candidaturas y cuando no puede llevarse a cabo la reforma propuesta por la vía legislativa.

El doctor Rafael Caldera ha dicho que no existe dentro de la legislación actual de Venezuela nada que se oponga a la reforma por ellos propuesta. Yo sostengo el criterio completamente contrario. La Ley Electoral de 1959, copiada del Estatuto Electoral del 58, representa, junto con su antecedente, una reacción frente a lo que fue la Ley Electoral del 47, promulgada por la Asamblea Constituyente y según la cual se eligió al Presidente Gallegos. En aquella Ley del 47 sí estaba claramente establecida la posibilidad de las elecciones separadas, mientras que la Ley Electoral del 59 y la del 58 pasan al extremo opuesto y rechazan en su letra elecciones separadas.

Voy a referirme a algunos artículos de la Ley Electoral, para que se vea claramente las razones que asisten en lo que afirmo. En primer término, se suprimieron en la Ley Electoral vigente los artículos 36, 50, 56 y 57, relativos a la revisión del Censo Electoral. Y éstas son medidas o reglas imprescindibles dentro de un sistema de elecciones separadas. ¿Por qué son imprescindibles? Porque cuando se van a celebrar dos elecciones separadas habría que incorporar a aquellos venezolanos que han cumplido la edad electoral después de la primera elección, porque si no se les estaría negando el derecho al voto a venezolanos que según la Constitución tienen el derecho a ejercerlo, y eso colocaría en la base de la elección una causal de nulidad, que a su vez sería un elemento muy amenazante para la paz del país y para la estabilidad del futuro Gobierno.

En segundo lugar, el artículo 35 de la Ley Electoral dice que el Consejo Supremo Electoral fijará «la fecha» de las elecciones, no «las fechas» de las elecciones. Dice la fecha de las elecciones. Y en igual forma estaba redactada esta disposición en la Ley del 47. Pero la Ley del 47 decía: «fijará las fechas, las fechas de las respectivas votaciones, añadiéndole la palabra respectivas; lo que quiere decir una fecha para cada votación, dentro de un sistema de elecciones separadas. Luego, en el artículo 89 de la Ley Electoral se habla del acto de la votación, y se dice que al entrar el votante a la sala de la mesa electoral se le entregarán todos los juegos de tarjetas correspondientes a las candidaturas aceptadas, y que luego el elector se retirará a un sitio secreto y allí depositará en el sobre las tarjetas de su preferencia. Es decir, que mientras en la Ley de 1958 se habla de las tarjetas, en el Estatuto Electoral del 47 se decía la tarjeta de su preferencia para elecciones separadas, y aquí, en la Ley del 59, las tarjetas de su preferencia.

Pero hay algo más grave todavía, doctor Caldera. En el artículo relativo al escrutinio, que es el artículo 100, se dice que la mesa electoral sellará los sobres, luego los abrirá, sellará las tarjetas y clasificará las tarjetas por su color y por su tamaño, lo cual es sumamente importante, porque en las elecciones que se han celebrado en Venezuela para Presidente y para Cuerpos Representativos, siempre se ha asignado distintos tamaños en las tarjetas para la elección de Presidente y de Cuerpos Representativos. Y en la Ley del 47, que sí establecía el sistema de las elecciones separadas, se dice que las tarjetas, una vez rotos los sobres, se clasificarán de acuerdo con el color o con los distintos colores, sin hacer alusión al tamaño.

Luego, está claro, meridianamente claro, que la Ley Electoral del 59, la del 58, escogió el sistema de las elecciones simultáneas y representa en ese sentido una negación sobre lo que fue su modelo, o su precedente legislativo, que es la Ley del 47.

Pero hay algo muy importante sobre eso y es lo siguiente: ¿Quiénes han sostenido éstos? ¿De dónde derivo yo la conclusión de que el régimen electoral establecido por la Ley del 58 y del 59 es el de elecciones simultáneas? Primero, de la experiencia del 58. Es evidente que todo el país, y el doctor Rafael Caldera en forma prominente como candidato presidencial y como líder de uno de los partidos que concurrieron a la elección, interpretaron que la Ley Electoral del 58, que es, que era casi idéntica a la del 59, acordaba el sistema de elecciones simultáneas. Y, en segundo lugar, el Consejo Supremo Electoral, en una decisión tomada en mayo del 62 para responder a la proposición de la Asamblea Legislativa del Estado Bolívar para la celebración de elecciones en el nuevo Distrito del Caroní, declaró (voy a leer):

«que resulta a todas luces indudable que tanto la Constitución Nacional como la Ley Electoral tienden a lograr que en cada período constitucional haya solo un proceso electoral de carácter general nacional». Esto dijo el Consejo Supremo Electoral en 1962. Luego añade, debe ser también considerado que esa tendencia a unificar el período constitucional, a ser uno solo con carácter nacional, estadal y municipal, busca también impedir elecciones intermedias o parciales. Pero, es más, más importante todavía que todo esto por tratarse precisamente del ponente, de mi contendor esta noche, el propio doctor Rafael Caldera, al anunciar la proposición de COPEI, el 6 de enero, dijo a la prensa lo siguiente: «Cuando se hicieron las reformas a la Ley Electoral (es decir, en el 59 y siendo presidente de la Cámara de Diputados el doctor Rafael Caldera) se respetó el espíritu que había privado anteriormente, y esto quizá fue un error, sobre todo si se consideran los casos surgidos en estos cinco años, cuando se ha dividido un partido y los dos grupos se disputan la tarjeta electoral que tuvieron entonces. Igual caso ocurre en el seno de las legislaturas». Es decir, que el propio doctor Rafael Caldera ha declarado a la prensa, en el momento de hacer la proposición en nombre del Partido Socialcristiano, que la reforma legislativa electoral del 59, en la cual él jugó un papel prominente como vicepresidente del Congreso y como presidente de la Cámara de Diputados, respetó  el espíritu que había privado anteriormente, y se estaba justamente refiriendo al problema de la simultaneidad o de la doble elección.

El doctor Caldera citó las atribuciones del Consejo Supremo Electoral. En esto hay también cosas muy interesantes que decirle al doctor Rafael Caldera, y es lo siguiente: el Estatuto Electoral del 47 tenía una disposición, la del número 136, en que decía que «lo no previsto en las disposiciones de la presente ley será resuelto por el Consejo Supremo Electoral». Y esa disposición fue suprimida en la ley del 58 y del 59, lo cual demuestra que se quiso dejar el problema de fondo respecto al proceso electoral en manos del legislador.

Por esta razón, doctor Caldera, nosotros, y lamento profundamente tener que decirlo, no nos explicamos la proposición de COPEI sino a través de móviles políticos. Para nosotros es evidente, y me perdona que se lo diga con toda franqueza, para nosotros es evidente que lo que ha movido a COPEI al hacer esta propuesta no son las razones que usted ha expuesto con mucha gallardía e inteligencia esta noche –sobre el elector, sobre la necesidad de proteger al elector, de favorecer su decisión, etc., etc., de ayudar al país a salir avante en esta prueba democrática, en una forma todavía más certera y justa–, sino preocupaciones de tipo político, a las cuales tendré que referirme en las sucesivas intervenciones esta noche.

Nosotros tenemos la impresión de que el partido COPEI, socio de la coalición de gobierno, confronta en estos momentos una situación política muy difícil con respecto al problema de la candidatura presidencial. Y esa posición difícil proviene del hecho de que su socio dentro de la coalición está resuelto a seguir adelante con una candidatura de partido y le niega al partido COPEI algo a que el partido COPEI tendría derecho a pretender: el que la candidatura de la coalición sea una candidatura copeyana o una candidatura independiente. Aunque ese problema, que es muy serio para el partido COPEI, yo lo defiendo, porque el partido COPEI durante cuatro años ha llevado también sobre sus hombros el peso de la Administración y es responsable de la política de este Gobierno; ante esa situación, el partido COPEI, buscando abrirle solución a sus propios problemas, plantea la fórmula de la doble elección, por el deseo de tantear la opinión, de tantear las fuerzas políticas que van a discutir en la elección presidencial antes de resolver el problema de las candidaturas.

 

Jóvito Villalba y Rafael Caldera.

Rafael Caldera:

A mí me ha agradado extraordinariamente la intervención del Dr. Villalba, porque la primera parte de la misma ha sido la mejor defensa que se ha podido oír en labios insospechables en relación a la posición de COPEI. Si el Dr. Villalba dice que él es el más ferviente partidario que hay en Venezuela de las elecciones separadas, tenemos que llegar por lo menos a una conclusión, que creo que el Dr. Villalba no me va a echar hacia atrás en su próxima intervención: la de que esto no es una vagabundería. Y esto es sumamente interesante, porque los planteamientos del partido URD en la áspera polémica que ha habido al respecto se han fundamentado en la idea de que COPEI ha planteado una cosa tenebrosa. Si es una cosa en sustancia buena, que el Dr. Villalba es el más ferviente partidario de ella en Venezuela, y si hay una cuestión de tecnicismos, de si en realidad hay una interpretación legal o no y de si hay en realidad o no razones políticas para que la tesis se plantee, viene a ser una cuestión que palidece ante el hecho reconocido ante el público televidente por mi estimado amigo el Dr. Jóvito Villalba, de que lo que nosotros planteamos no es nada malo, no es nada perverso, no es nada inconveniente, sino al contrario: tan bueno, tan conveniente para el país, que el Dr. Villalba es su más firme partidario. Solamente que él cree que para establecerlo se necesita una reforma legal, y nosotros no; pero ya, como decía, ésta es una cuestión técnica, no es una cuestión ética.

En este sentido, verdaderamente, pues, no sé cómo agradecerle al Dr. Villalba toda la primera parte de su intervención. Ahora, naturalmente, en la intervención del Dr. Villalba encuentro un cierto equívoco que es necesario esclarecer: él lleva la idea de elecciones separadas hasta la idea de no coincidencia de los períodos Ejecutivo y Legislativo. Es decir, lo que ocurre en algunos países donde el Senado dura, por ejemplo, seis años y se renueva por mitad cada tres años; las Cámaras duran, por ejemplo, cuatro años, y se renuevan por mitad cada dos años; y entonces se van realizando elecciones distintas, porque los períodos constitucionales asignados a los Cuerpos son períodos diferentes. Para eso sí se necesita no solamente una reforma legal sino una reforma constitucional.

Quizás a lo mejor está asomando en el horizonte la enmienda constitucional número uno. Afortunadamente, nosotros, para que la Constitución del 61 tuviera asegurada una vida más o menos estable, abrimos el sistema de añadirle enmiendas numeradas, como hacen los americanos, para que el día en que surja una cuestión de esta naturaleza no sea necesario cambiar la Constitución por una nueva, sino dejar la misma Constitución y ponerle una enmienda numerada.

Pero, naturalmente, nosotros sabemos que la elección en distintos períodos no es algo que pueda depender de la intervención de la Ley Electoral vigente, ni siquiera de una nueva reforma de la Ley Electoral vigente; que es simplemente una cuestión que tendría que resolverse a través del cambio constitucional.

Ahora, el Dr. Villalba dice que nuestra fórmula conserva la misma confusión, los mismos males, que tiene todos los males de los dos sistemas. Entre los males que enumera, algunos anteriormente los refuté: que hay doble agitación, que hay más gastos y que hay el mismo ambiente de opinión es parcialmente cierto, pero es un ambiente modificado por los resultados de la votación para los Cuerpos Deliberantes; hay una evaluación más justa que permite al elector, que al principio está perdido ante una serie de candidaturas presidenciales, el poder orientar su preferencia hacia las candidaturas presidenciales que le parecen al mismo tiempo más convenientes y más viables, es decir, que puedan representar este doble factor, de modo que el ambiente de opinión se modifica.

En cuanto a los gastos, ya lo he dicho, no llega a un veinticincoavo lo que se aumentaría el presupuesto del Consejo Supremo Electoral en el presente año. Y en cuanto a lo de la doble agitación, en realidad no es esto: este año va a ser un año electoral y las elecciones van a concluir a fines de año con una o dos votaciones. Si se adopta la fórmula de las dos votaciones podríamos tener votaciones, por ejemplo, en octubre para el Congreso, y en diciembre para la Presidencia de la República. Todo este tiempo vamos a elegir candidatos e incluso los candidatos presidenciales van a hacer sus campañas.

La ley no es un requisito para que las candidaturas presidenciales se anuncien. La candidatura presidencial del Dr. Villalba está anunciada desde hace varios meses y ha sido presentada, y el proceso de propaganda se ha realizado en casi todo el país, aún antes de que el proceso electoral se haya iniciado. Porque formalmente otra cosa es el registro de candidaturas, que es el hecho definitivo que va a orientar al elector: el elector va a saber quiénes son los candidatos presidenciales cuando se inscriban ya definitiva y formalmente y el Consejo Supremo Electoral diga, «éstos son». Pero, mientras tanto no hay ningún inconveniente de que haya uno, dos, cinco, diez candidatos que vayan lanzándose al electorado, buscando su acogida, presentándose ante él, para que en definitiva vengan a quedar las candidaturas que efectivamente logren demostrar que tienen una fuerza de opinión básica.

Yo no estoy de acuerdo, pues, con la tesis de que el sistema que nosotros proponemos tiene los defectos de las dos votaciones, sin sus ventajas. No es, desde luego, una reforma, ni estamos haciendo una gestión para una reforma a fondo del sistema electoral. Esto es una materia que podrá discutirse y que deberá discutirse. El sistema de que cada diputado vaya por un Distrito puede ser un sistema deseable, el problema es cómo conciliarlo con el principio de la representación proporcional establecido en la Constitución vigente. Pero, desde luego, son cosas que no se podrían hacer en este momento.

Pero yo no puedo aceptar que se califique de sorpresiva una proposición hecha el 6 de enero, cuando el proceso electoral no se ha iniciado oficialmente, cuando esto no va a modificar toda la tramitación de la propaganda que se está realizando, sino que solamente va a establecer el que el elector, en vez de ser llamado un solo día a poner todo su voto en un mismo momento, sea llamado en dos días distintos para votar, primero por unos cuerpos deliberantes y después por el presidente de la República.

El Dr. Villalba ha buscado citar algunas disposiciones legales, y cuando las leía observaba la ley vigente y me daba cuenta de que el razonamiento, por querer acomodarlo, resulta un poco frágil. Se trata de establecer un contraste entre el sistema electoral del 47 y el sistema electoral del 58 y del 59. En realidad, en el del 47 se permitía que las elecciones municipales fueran separadas y realmente lo fueron. Pero, para observar hasta dónde llega en esa materia de tecnicismo, el querer interpretar demasiado un singular o un plural de una palabra, el Dr. Villalba nos decía que el artículo 100 de la ley electoral actual, cuando habla del escrutinio indica que «se separarán las tarjetas por el color y por el tamaño», y que en cambio, la ley del 47 decía exclusivamente el color y no decía tamaño. Ahora bien, en las elecciones de 1947, hechas conforme a esa ley, Dr. Villalba, se hicieron las elecciones con tarjetas de dos tamaños. En las elecciones de 1947 hubo la tarjeta grande para la Presidencia de la República y la tarjeta pequeña para los Cuerpos Deliberantes; y el hecho es que la ley dijera que «se separan por color» y no por tamaño no indicó que no se hiciera la votación por tamaño; luego, la supresión o la omisión de esta palabra no significa nada.

En cambio, dentro del mismo estilo de la ley actual, yo he citado el artículo 85, que dice que en los casos de elecciones simultáneas el Consejo Supremo Electoral, con 33 días de anticipación por lo menos, resolverá si la votación se realiza por medio de una sola tarjeta y en una misma urna, o si se hará «por tarjetas y urnas distintas». De manera que aún hoy existe la disposición expresa de que el legislador deja al Consejo Supremo Electoral decidir que todo se haga con una sola tarjeta, lo que resultaría eminentemente incómodo, o que se haga por tarjetas y urnas distintas.

El Consejo Supremo Electoral puede decidir que no sean una tarjeta grande y una pequeña, sino que sean tres o cuatro o cinco tarjetas; puede cambiar la forma de las tarjetas; puede hacer una cuadrada y una redonda –aunque la tarjeta redonda ya sabemos que tiene una historia muy triste y muy trágica en este país– , pero el Consejo Supremo Electoral tiene una inmensa amplitud al respecto y dentro de la ley se conserva la atribución del Consejo Supremo Electoral que dice: «evacuar las consultas que se le sometan sobre la aplicación o interpretación de la presente ley y resolver los casos no previstos en ella». Justamente, la misma disposición que decía el doctor Villalba que ha sido eliminada. Antes decía en disposición aparte: «resolver los casos no previstos en esta ley»; ahora dice (dentro de la atribución 15 del artículo 34 –le ruego consultarla en su ejemplar de la ley, si la tiene a la mano–): «evacuar las consultas que se le sometan sobre la interpretación o aplicación de la presente ley, y resolver los casos no previstos en ella». Exactamente la misma disposición.

Ahora, en cuanto a la opinión del Consejo Supremo Electoral sobre el asunto del Distrito Caroní, yo tengo el informe ante mi vista, ¿y qué dice el informe?, lo que leyó el Dr. Villalba, que de acuerdo con la Ley Electoral y la Constitución actual, se tiende a lograr que en cada período constitucional haya un solo proceso electoral de carácter general. En esto estamos de acuerdo. Va a haber un solo proceso electoral. Y no hay revisión del censo electoral porque es un solo proceso. Si hubiese elecciones dentro de dos años, entonces tendría que haber revisión del censo electoral. Nosotros no estamos poniendo un proceso electoral distinto. No sería compatible con la Constitución ni con la Ley.

Ahora, este concepto de la Comisión de Legislación Electoral del Consejo Supremo Electoral, según entiendo, fue redactado por mi compañero de partido, el Dr. Enrique Pérez Olivares, quien fue precisamente el primero que estudió conmigo hace ya largos meses el problema de las elecciones separadas. Doy esta referencia, digamos personal o anecdótica, para hacer ver que justamente no tiene nada ver el criterio expuesto en el caso del Distrito Caroní, que sí sostiene que sea un solo proceso electoral, con la tesis de que las votaciones dentro del mismo proceso electoral, puedan ser en oportunidades distintas.

Hay algunas personas que dicen que podrían ser en dos días sucesivos. Y en Francia se eligen diputados esta semana, y la semana siguiente se va a la segunda elección para confirmar o no, de acuerdo con el sistema electoral establecido, las elecciones ya hechas. El doctor Villalba, en su reciente intervención, entró en un tema político sumamente interesante. Claro que ese tema político merece un análisis más largo, y no unas frasecitas de corrida. De modo que voy a esperar que él lo desarrolle mejor para tener el gusto de contestárselo después. Ahora bien, desde luego que nosotros somos un partido político y el que tengamos móviles políticos lo considero perfectamente lícito. Cuando nosotros constituimos el partido político lo constituimos en virtud de principios, de ideales, de doctrina, pero a conciencia de que entrábamos en la lucha política.

No estamos en una cruzada de buena voluntad simplemente. Nosotros consideramos la doble votación políticamente conveniente para el país; la consideramos políticamente conveniente para nuestro partido; y la consideramos políticamente conveniente para cualquier partido que tenga la conciencia de su fuerza electoral y que no quiera valerse de una determinada situación para arrastrar y obligar a otros grupos políticos a apoyar determinada candidatura, con la misma circunstancia de que no ha habido la ocasión de contar los votos. Argumentos políticos, pues, los hay en un sentido y los hay en otro, y nosotros consideramos desde luego que esta tesis favorece a COPEI. ¿Por qué favorece a COPEI? Porque nosotros creemos que COPEI ha crecido. Nosotros creemos que el resultado electoral de la primera votación ofrecerá ante la opinión pública, que va a dar su voto con entera lealtad por las planchas que considere mejores, un vigoroso crecimiento de nuestro Partido, y que esto nos dará en definitiva para el momento de la elección presidencial (sin sacrificar los intereses del país y sin aparecer como unos señores que están maniobrando a base de egoísmos), nos dará un derecho muy importante de influir en la escogencia del candidato presidencial, tanto mayor cuanto mayor sea nuestra votación. Si no sacamos nada, entonces quiere decir que estábamos engañados. Nosotros estamos dispuestos a hacer la prueba. Hubo un articulista político que dijo que nosotros queríamos hacerle la radiografía a los partidos con esa primera votación. Acepto la afirmación: estamos dispuestos a hacerle la radiografía a los otros partidos y que se nos haga a nosotros, y que el elector no vaya a confundir, a decir, «yo votaría por tal grupo, pero resulta que puede salir fulano de tal y entonces voto por otro», y vaya a dar una votación confusa, sino que se deje llevar más bien por su sentimiento, votando por la plancha que considere mejor y después escoja entre los candidatos presidenciales que se les presenten.

Debate Rafael Caldera-Jóvito Villalba, moderado por Carlos Rangel en RCTV.
El debate entre Caldera y Villalba, moderado por Carlos Rangel, fue presentado por Radio Caracas Televisión el 28 de febrero de 1963.

Jóvito Villalba:

Dr. Caldera: ha dicho usted esta noche cosas muy interesantes y que vienen justamente a corroborar lo que hemos pensado en el seno de diferentes fuerzas políticas y muchos sectores de la opinión independiente, a propósito de la tesis copeyana. Ustedes un día visitaron nuestra casa para hablarnos de esta proposición, y nosotros recibimos a la delegación presidida por mi dilecto amigo Lorenzo Fernández, con los brazos abiertos, y les dijimos: «Estamos dispuestos a estudiar la proposición copeyana y a dar nuestra opinión sobre ella en la forma más sincera».

A los pocos días dijimos que no estábamos de acuerdo con esto. Y en igual sentido se pronunciaron Acción Democrática-ARS, el MRP y numerosas voces independientes. Y sobre estas respuestas usted dijo que una mayoría del Consejo Supremo Electoral podría, en contra de la opinión de la oposición, acordar la celebración de elecciones separadas, como COPEI lo ha planteado. Ya eso cambió completamente la situación. COPEI aparece como un partido que por razones políticas quiere cambiar las reglas del juego, en contra de la opinión de la otra parte. Porque, dentro del Consejo Supremo Electoral puede haber once, doce, quince votos, pero en realidad en las elecciones hay dos partes, la oposición y el gobierno. La oposición no quiere que se cambien las reglas del juego y ustedes pretenden cambiar las reglas del juego en contra del criterio de la oposición. Ahora, no somos nosotros los que hemos salido a reformar el status-quo, la situación existente, los que hemos irrumpido contra la práctica del 58, contra lo que fue el espíritu de la reforma del 59 y de toda la Ley y de la Constitución. No. Son ustedes. De modo que no se puede decir que la actitud de nosotros se debe a que tenemos desconfianza de que se nos cuente nuestra fuerza. Nosotros estamos tranquilamente dentro de la Ley y de la Constitución, hablándole al pueblo de Venezuela, y hace seis meses, cuando Venezuela estaba envuelta en una llama de violencia, dimos un paso al frente, a dar un ejemplo de civismo, una lección democrática al país. ¿Y cuál ha sido el resultado de todo esto?, que el pueblo ha respondido a nuestro llamamiento en una forma susceptible de inflar las velas del optimismo urredista en una forma extraordinaria.

De modo que a nosotros nos tiene sin cuidado que se haga la reforma de las elecciones separadas, o que se haga una elección primero u otra después. Nosotros estamos en la calle al lado del pueblo, y tenemos la seguridad de que el pueblo nos acompaña, porque durante cuatro años hemos hecho una política justa, de oposición democrática a este Gobierno, del cual forma parte COPEI, que no ha sabido responder a las aspiraciones de los venezolanos, no ha sabido llevar al país un clima de paz, de seguridad y de confianza. Y, sobre todo, no ha sabido ir al encuentro de la durísima situación de hambre, de desempleo y de miseria que confronta el pueblo de Venezuela. De modo que nosotros no tenemos nada que temer.

Ahora, nosotros nos oponemos a esto, porque como partido democrático, amigo del juego limpio y del respeto a las instituciones, no podemos aceptar que se pretenda que el Consejo Supremo Electoral usurpe atribuciones que no le da la Ley, porque en ninguna parte de esta Ley se dice que el Consejo Supremo Electoral puede tomar decisión sobre si las elecciones son simultáneas o separadas. En ninguna parte. Y en numerosos artículos de la Ley se ve claro –como lo ha declarado usted mismo frente a la prensa– que la Ley conservó el espíritu de lo que anteriormente se hacía, es decir, de lo que se practicó en el 58.

Por esta razón nosotros nos oponemos a la proposición copeyana. La proposición copeyana, tras de reformar las reglas del juego, en momentos en que ya el juego está para empezar, y cuando una de las partes se ha manifestado categóricamente en contra de esa reforma. Ahora, esto sería muy grave, Dr. Caldera, sería muy grave, porque se opone a los antecedentes de las experiencias anteriores de la Nación, del propio espíritu de la Ley Electoral y de la Constitución, y está oponiéndose al querer de la oposición que dice: «no queremos el cambio a estas horas, porque ese cambio debe ser hecho por la vía legislativa, respetando la Constitución y la Ley».

Esto es muy grave, porque estas elecciones significan en el desarrollo democrático de Venezuela un paso hacia delante. Yo muchas veces he dicho que el hecho de que el Presidente Betancourt termine su período es algo muy importante para nuestro país, que el primer presidente electo le entregue al nuevo presidente electo, después de terminar su período. Lo más importante es que las nuevas elecciones, que la trasmisión ocurra en un ambiente que garantice la estabilidad de las instituciones democráticas. Porque no es para elegir un presidente y para que un solo presidente gobierne, para lo que los venezolanos nos hemos empeñado en estas luchas democráticas. Al país le interesa que todo esto se convierta en un régimen, en una situación estable, y para eso es necesario que no coloquemos en la base de estas elecciones un elemento de duda, de confusión, de sorpresa, como sería el aprobar esta proposición en contra del querer de la oposición, de una de las partes, en contra de la Ley y de la Constitución vigente.

Se habla mucho en estos días de la paz nacional. Muchos venezolanos hemos levantado la voz para pedir el cese de la violencia. Para pedir que el Gobierno, que grupos de la oposición, que todos nos avengamos a una línea de conducta dentro de la cual podamos convivir y la democracia se pueda desarrollar, se pueda mantener en pie y el país pueda progresar económicamente, y el pueblo pueda liberarse de las duras condiciones de desempleo y de hambre que hoy pasa. Yo creo que sería un mal camino el coger por éste, pues, de las decisiones sorprendentes y unilaterales dentro del juego electoral, en el cual todo se debe hacer mediante el acuerdo unánime de las partes. Si aquí, por ejemplo, se planteara el llenar el Consejo Supremo Electoral de una mayoría adicta a la oposición, para darle porque sí el color blanco a Acción Democrática-ARS y negarle completamente a la «vieja guardia» su aspiración a tener ese color, nosotros estaríamos contra esa decisión, porque nosotros creemos que el problema del color entre los dos grupos en que se ha dividido Acción Democrática debe ser resuelto en forma equitativa, justa, serena, patriótica, y por eso hemos aplaudido desde el primer momento la actitud humilde, digamos así, del Dr. Ramos Giménez, que desde el primer momento aceptó que se le diera el color a los dos grupos en condiciones de igualdad. Y hemos estado en contra de la «vieja guardia» que quiere el color para ella, sin distintivo, y para el ARS con distintivo, o el color solamente para ella. Y así estaríamos contra todo el que pretendiera decir que por esta causa no se le debe dar el color a ninguno de los dos, porque el pueblo de Acción Democrática –el de la «vieja guardia» como el del ARS– tienen derecho a su color.

Así mismo respecto a este problema que plantea el partido COPEI: los urredistas queremos una solución patriótica, respetuosa de la Ley, respetuosa de la Constitución, y no una cosa traída por las greñas sorpresivamente, o impuesta por medio de una mayoría en el seno del Consejo Supremo Electoral, importando o no al nuevo miembro del Consejo Supremo Electoral. Y quiero dejar constancia de que tengo completa confianza en la honorabilidad y en la sinceridad democrática de los independientes que constituyen hoy el Consejo Supremo Electoral.

Ahora, por esto, hay que caer inevitablemente en el tema político. Porque usted nos dijo hace rato que a COPEI le interesan las elecciones separadas. Eso está en el interés de COPEI. Muy bien. Y yo creo, tengo la impresión, y así lo tienen muchos de los que militan en las diferentes toldas políticas, que esta proposición copeyana ha estado determinada principalmente por consideraciones electorales. El partido COPEI tiene una situación difícil respecto a la candidatura presidencial y eso nace de este hecho: durante cuatro años ha compartido responsabilidades de gobierno con el partido Acción Democrática «vieja guardia», y a la hora de elegir presidente se le dice que el candidato no puede ser copeyano ni independiente. Entonces a COPEI le quedan estos dos caminos: o lanza un candidato propio o apoya un candidato independiente –con todas las desventajas que tiene hacerlo después de haber estado cuatro años en el Gobierno–, o apoya al candidato de la «vieja guardia» de Acción Democrática.

Pero, para COPEI tiene que ser muy difícil apoyar ese candidato de la «vieja guardia», sobre la base de que hay una desigualdad entre los dos socios de la coalición. Y aquí no tenemos una coalición como la de Colombia, en la cual el Partido Conservador alterna en el poder con el Partido Liberal. Eso tiene que ser para el Dr. Caldera un problema sumamente grave, sumamente difícil. Pero, ¿por qué el país tiene que pagar los platos rotos de estos políticos? ¿Por qué tenemos nosotros los partidos, los grupos de la oposición, que ser las víctimas de esta reforma sorpresiva? ¿Por qué vamos a dañar la fe del pueblo en el proceso electoral, cambiando las reglas del juego en contra de la opinión de la oposición? Eso es absolutamente inconcebible. Está muy bien: el Partido COPEI tiene problemas y debe resolverlos con sus propios medios. Yo tengo gran respeto por el Partido COPEI, reconozco completamente que tiene derecho pero, ¿por qué lo va a gestionar a través de un cambio en las reglas del juego electoral, en el cual pueden sufrir daños otros grupos políticos, otras agrupaciones políticas?

Y quien menos tiene que sufrir en esto  es URD, por las razones que le di, a pesar de que el Dr. Caldera ha insistido mucho en que ciertos partidos temen que se cuenten sus fuerzas antes de la campaña presidencial. Yo quiero decirle al Dr. Caldera que eso no tiene nada que ver con URD. Lo que pasa es que los escritores de COPEI, de tanto inventar cosas para su propia propaganda, acaban por creerla, de tanto repetirla. Han inventado hasta la saciedad que URD obtuvo los votos que tuvo en el 58 porque fue agarrada a la cola del Almirante Larrazábal, como creen también que el 52 nosotros barrimos aquí con todo el mundo porque la gente de Acción Democrática dio la orden de votar a favor de nosotros, cuando es todo lo contrario. Yo fui por tres veces, me humillé, le rogué a Leonardo Ruiz Pineda que diera la orden de votar por nosotros y me dijo: «es absolutamente imposible». Y después, un alto dirigente de Acción Democrática en el exilio me ha contado que cuando se planteó el problema en la Dirección en el exterior de Acción Democrática, él fue el único que sostuvo que se nos apoyara a nosotros, y que predominó la tesis abstencionista. Y, sin embargo, URD barrió. Y en el año 58 el prestigio de Larrazábal se vio en la diferencia que había entre los votos de Larrazábal y los nuestros, pero la verdad es que Larrazábal, por el modo como llevó la campaña, por su retardo en salir a la campaña y por otras razones más que no vienen al cuento, nos restó votos en otras regiones del país.

Además, URD es una fuerza que se ha desarrollado extraordinariamente, Dr. Caldera. Yo tengo cuatro años montando cerros en el interior de Venezuela, en los barrios, en todas las ciudades de Venezuela y URD, que no estaba organizada para el 58 en el 60% de los municipios de Venezuela, cubre el 90% de los municipios, llegando a todos los caseríos. De modo que nosotros no tenemos nada que temer y, además, nos alienta el gran prestigio que nuestra política de consecuencia hacia las masas populares de Venezuela –política nacionalista y democrática– ha adquirido en estos momentos frente a la política de este gobierno: un gobierno que no ha sabido crear empleo para los cientos de miles de venezolanos que todos los años tocan las puertas del mercado de trabajo; que no ha sabido resolver el problema del desempleo; que no ha sabido hacer una verdadera reforma agraria; y que no ha respetado las instituciones democráticas, porque casi siempre ha gobernado con las garantías suspendidas. Aquí no tenemos autonomía municipal, no tenemos un poder judicial independiente, y ya sabemos lo que pasa con las legislaturas cuando se le enfrentan a los gobernadores.

Caldera y Jóvito compartiendo antes del debate televisado.

Rafael Caldera:

Yo encuentro una contradicción substancial en la actitud del Dr. Villalba. Por una parte nos dice que las elecciones separadas son una cosa muy buena. Por la otra dice que a URD le tiene sin cuidado que se hagan separadas, que URD ha crecido mucho, y que no teme que la cuenten. Y por otro lado dice que establecer las elecciones separadas sería gravísimo en el país, sería una cosa espantosa, sería sembrar una duda sobre las elecciones.

Yo no sé cómo se siembra así una duda, porque el pueblo va a votar. No entiendo pues, cómo se va a sembrar una duda al respecto. ¿Que la proposición es sorpresiva? Sería sorpresiva si en el momento de convocar para las elecciones en junio, saliera el Consejo Supremo Electoral diciendo: «Votaciones separadas»; pero planteada por un partido el 6 de enero, para que esté seis meses debatiéndose en el país, para que podamos realizar estos debates, para que podamos traer los argumentos legales, jurídicos, para que podamos plantear las cosas, no sé cómo se puede llamar sorpresiva.

Debo recordar que en el Consejo Electoral actual hay dos representantes de COPEI, uno de AD-Vieja guardia, dos de URD, dos del Partido Comunista, uno de AD-ARS, y que si se sumara el señor Gumersindo Rodríguez a los representantes de la coalición, serían cuatro de la coalición de Gobierno contra cinco de oposición; y que hay cuatro ciudadanos independientes que fueron electos por unanimidad y contra los cuales no se ha atrevido ninguno de los grupos de la oposición a lanzar una sombra de duda. De modo que no estoy pretendiendo que una mayoría gubernamental, afecta o manejada por el Gobierno, dictamine una cosa, sino la mayoría de un Cuerpo legalmente establecido y de cuya idoneidad no se ha atrevido a dudar ninguno de los representantes de la oposición.

Ahora bien, yo le digo al Dr. Villalba, que ha estado tan interesado en el tema político, que realmente sería de gran interés para URD despejar ese asunto, porque no es un invento de COPEI: URD tuvo en las elecciones de 1947, 49.558 votos; en las elecciones de 1952, un millón de votos; en las elecciones de 1958, en la pequeña amarilla, 690.000 votos y Larrazábal, con la amarilla grande, 800.000 votos. La diferencia –dice– es la diferencia del prestigio de Larrazábal al Partido URD. No parece así: la diferencia se explica especialmente porque hubo ochenta mil casi, 76.340, comunistas que votaron por la roja pequeña y la amarilla grande, quizás porque habían recibido instrucciones de su partido, muy sensatas, para no comprometer la votación de Larrazábal en caso de que ganara por un margen que se atribuyera a la tarjeta roja. Entonces, a un Partido que ha tenido menos de 50.000 votos en el 47; un millón de votos en las elecciones del 52; 690.000 votos en las elecciones del 58, y que las dos circunstancias últimas en que ha tenido esta votación cambiante ha ido acompañado por circunstancias diversas, le convendría muchísimo, pero muchísimo –ya que ha ido a los cerros y tiene su gente, y partidos y grupos, y su popularidad es abrumadora, como el Dr. Villalba sostiene–, sería para el Partido más conveniente, pues el chance mejor es el que va a tener después de la primera elección. Si el triunfo va a ser tan aplastante, que todos diremos: «el Dr. Villalba es el amo del país», va solo su partido, con su plancha, sin ninguna especie de complicación y de preocupación.

No estamos tratando entonces de hacerle ningún daño. ¿Por qué se pone entonces fuera de sí el Partido URD y considera una cuestión que compromete el prestigio de las elecciones, el que se establezcan las dos votaciones? Un partido que ha estado hablando de fraude, fraude, fraude electoral. Un representante muy autorizado de su partido llegó a decir públicamente que si no quitaban a Carlos Andrés Pérez del Ministerio de Relaciones Interiores podrían considerar la abstención electoral. Y resulta que después aparece que nosotros somos los que comprometemos el prestigio de las elecciones porque pedimos las votaciones separadas.

Yo le pediría al Dr. Villalba el que enfocara el problema en relación a esta cuestión: ¿Le conviene o no le conviene al país? Porque, que le convenga o no le convenga a COPEI, es un argumento. Ustedes dicen que COPEI lo quiere porque le conviene, entonces la oposición no lo quiere porque le conviene a COPEI. Esa no es una razón para darle al país: que la oposición se oponga porque considera que esto le resuelve a COPEI un problema político de coalición. Me parece que esta no es una argumentación convincente, suficiente para el país, que lo que quiere saber es si las dos votaciones le convienen o no le convienen.

Mi excelente amigo el Dr. Villalba ha comenzado por decir que las votaciones separadas son la cosa más buena y que él es el partidario más apasionado, pero no lo quiere porque lo presentamos sorpresivamente y porque hemos cambiado las reglas del juego. ¿Qué reglas del juego estamos cambiando? Justamente las reglas de juego son exclusivamente las que están planteadas allí.

Ahora bien, respecto a la gran popularidad de URD, porque ha tomado el camino de la oposición, y a la responsabilidad de COPEI en los fracasos del Gobierno, yo le voy a decir al Dr. Villalba lo siguiente: el Gobierno de Venezuela ha cometido muchos errores, pero en su balance hay muchas cosas positivas y muchas cosas malas. Nosotros no vamos a negar los errores del Gobierno. Más aún, ni siquiera vamos a negar la parte de responsabilidad que se nos quiera atribuir. Un señor de Cabimas me dijo: «¿un 30%, doctor?», le dije: «ponga lo que usted quiera, no vamos a discutir el porcentaje de responsabilidad  que nos incumbe». Pero, Dr. Villalba, los errores de la oposición son monstruosos. Por cada error que ha cometido el Gobierno, la oposición ha cometido diez. Y eso es precisamente o que yo estoy experimentando ahora, modestamente, recorriendo también mis pueblitos y mis campesinos y mis casitas, acercándome y hablando con la gente: que la gente no está contenta con el Gobierno, pero tiene pavor de caer en la oposición, porque la oposición no le ofrece solución, no le plantea ningún camino, no le ha dado ningún ejemplo. Los planteamientos que ha tomado más bien le hacen sentir al pueblo de Venezuela que la oposición ha sido un factor negativo en la solución de sus problemas.

Desde luego que éste es un tema que no lo podemos agotar esta noche. Yo invitaría al Dr. Villalba, si el público y la estación tienen paciencia, a que discutiéramos unos cuantos problemas políticos alguna de estas noches, cuando estemos en Caracas de regreso de alguna gira, porque vale la pena en realidad que la gente nos oiga. Yo no le tengo miedo a eso. Yo tengo cuatro años colaborando en este Gobierno, al que considero que ha cometido una cantidad de errores, que le ha faltado eficacia en una serie de aspectos, pero que ha tenido también una serie de aciertos y una serie de tantos positivos que la oposición no ha reconocido nunca. Un debate de esos fantásticos se puede hacer ante las cámaras. El público probablemente se interesaría en oír el análisis, y desde luego unos saldrán diciendo que toda la razón la tiene usted, otros saldrán diciendo que toda la razón la tengo yo, pero habrá muchos, que no estén comprometidos en una actitud, que podrán razonar y decir: «caramba, vamos a ver cuáles son o cuáles no son los argumentos…».

Oiga, Dr. Villalba, nosotros mandamos, es cierto, una comisión encabezada por Lorenzo Fernández a URD, a llevar nuestra proposición de las dos votaciones. No fue recibida precisamente con los brazos abiertos, como usted dice. El informe que yo tengo de Lorenzo Fernández es que fueron recibidos en términos un tanto airados por usted. Cordiales siempre, porque usted es un hombre decente, pero estaba muy bravo desde el mismo día. Y la comunicación de ustedes no salió varios días después, sino al día siguiente; ya en la tarde estaban apareciendo opiniones y la prensa de ustedes dijo: «artera, horrible maniobra de COPEI», antes de haber estudiado la cosa. Después abrieron un «compasito» para reunir su Consejo y analizar la cosa y debatirla.

Pero creo que con el asunto de las dos votaciones ha habido prejuicios. Vea esta cosa, esta fantasía de que URD tiene votos porque se los dio Acción Democrática en el 52 o porque se los dio Larrazábal en el 58. Eso se acaba con este sistema de las dos votaciones. Y sus aliados presuntos en el Frente de oposición, que no quieren apoyar su candidatura, a lo mejor cuando vean que ustedes realmente tienen una inmensa mayoría de votos, se van con ustedes y lo respaldan.

El partido ARS está diciendo en este momento, por ejemplo, que no acepta, que no respalda su candidatura y que apoya la tesis de un candidato independiente. Quizás, después de la primera votación, si usted saca toda esa cantidad de votos que usted dice, pues lo apoya. De manera que ir al análisis político de los intereses de URD puede también ser interesante. A nosotros nos da la impresión de que ustedes se precipitaron en rechazarla, de que han podido analizarla un poco. Yo se lo dije a Ignacio Arcaya antes de que la adoptara el Directorio del Partido: «Ignacio, estamos pensando en esto», y me dijo: «Esa es la tesis mía; yo la sostuve en el 58». Al día siguiente dijo que esa era la tesis de él, pero no en este momento. Ahora yo creo que porque el momento… y tal no es una razón como para considerarlo algo tan grave o tan funesto para el país.

Jóvito Villalba:

Dr. Caldera: Usted ha dicho por dos veces que yo respaldo la tesis copeyana, cuando fui muy claro en mi primera intervención al decir que soy partidario del sistema de las elecciones separadas, pero que lo que COPEI propone no es «ni chicha ni limonada». No es ni elecciones separadas, ni elecciones simultáneas. Es una fórmula, y me perdonan que use términos un poco callejeros, es una fórmula para engalletar el proceso electoral. Hace que sobre él lluevan todas las imperfecciones y los defectos de los dos sistemas, perdiendo lo bueno que ambos tienen.

Estoy de acuerdo en que se elija al Congreso, dos años después de que se elija al Presidente de la República, pero a nadie le interesa en Venezuela que la elección sea en un mes o mes y medio después. Esto no le interesa sino a los partidos o al partido COPEI, y la regla de la política urredista es anteponer los intereses del país y de la democracia nacional a los intereses del partido. Nosotros no creemos que la República tiene que pagar los platos rotos de nuestra política o de la política de ustedes. Si ustedes tienen un problema con respecto a la candidatura presidencial, allá ustedes. Venezuela no tiene por qué cargar con ese fardo. Concretamente, la proposición de ustedes es mala y es funesta para el país y para nuestro desarrollo democrático, porque trata de cambiar las reglas de juego en contra de lo que dicen la Ley y la Constitución, cuando ya el juego está empezando, y en contra de la opinión de una de las partes. Sencillamente por eso.

Es modo ex profeso para lo último leer el artículo 159 de la Ley Electoral, que dice: «La convocatoria para las elecciones para Presidente de la República, diputados y senadores al Congreso, etc., la dará el Consejo Supremo Electoral dentro de los 30 días siguientes al término de las inscripciones». Habla de la convocatoria para las próximas elecciones. Usted dijo, un poco impensadamente con respecto a mis declaraciones en Maracaibo, que eso se refería a las elecciones del 58. Cosa que me pareció muy rara. Porque usted debía recordar, como legislador y como presidente de la Cámara de Diputados que sancionó la ley, que eso no está en la Ley del 59; que mal puede referirse, estando allí, a las elecciones del 58, que ya pasaron. Esta decisión se refiere a las elecciones venideras. «La convocatoria para las próximas elecciones». Una sola convocatoria. Se puede hacer la convocatoria. Se convoca cuando se cita a aquellos que tienen derecho a participar en un acto, para este acto, en una fecha determinada. Eso es lo que significa convocar. La convocatoria para el acto para una fecha determinada. Si se tratara de convocar para elecciones separadas, para Presidente y para Cuerpos Representativos, claro está que se podría hacer esa convocatoria en un solo documento o en una sola decisión del Consejo, pero siempre serían dos convocatorias. Y la ley usaría el plural.

De modo que este artículo de la Ley no deja escapatoria. De acuerdo con el artículo 159 es una sola la convocatoria para las dos elecciones, y está en las disposiciones transitorias como para que haya menos dudas sobre eso, y el artículo 161 habla de que el Consejo Supremo Electoral, con el voto favorable de siete de sus miembros por lo menos, podrá acordar modificaciones de cualquiera de los diversos plazos, etc., etc. En ninguna parte se habla de que el Consejo Supremo Electoral, como órgano que es del poder público, no está limitado por las atribuciones que él señala y puede salirse de ellas. La Constitución dice que es ella y las leyes las que fijan las atribuciones del poder público y que el ejercicio del poder público tiene que someterse a esas atribuciones, a lo que la Constitución y las Leyes dicen sobre esto. De modo que el Consejo Supremo Electoral no podría, sin usurpar atribuciones, decidir sobre este punto. Esto es una cosa perfectamente clara. Y usted mismo lo ha declarado, Dr. Caldera, cuando dijo que en la reforma legislativa se había reproducido el espíritu de lo que teníamos anteriormente, juzgándolo usted equivocadamente. Pero usted mismo acepta, al hablar así, que la Ley Electoral se refiere precisamente, o confirma pues, la situación anterior de elecciones simultáneas.

Respecto al artículo que dice, «en el caso de elecciones simultáneas», eso no contradice lo que estoy señalando, porque en la Constitución nacional, en tres diferentes artículos en los que se refiere a la falta absoluta del presidente antes de encargarse de la Presidencia, en la disposición transitoria decimonovena de que usted habló, y al referirse a la elección de gobernadores, se plantea la posibilidad de que se celebren elecciones únicas para esos casos, y es natural que la Ley Electoral contemple la posibilidad de elecciones simultáneas o de elecciones únicas.

La alternativa que presenta este artículo no es de elecciones separadas, sino de elecciones simultáneas o únicas, de acuerdo con el dispositivo de la Constitución Nacional. Ahora, Dr. Caldera, yo quiero decirle que el hecho de que URD no tenga nada que temer de las elecciones separadas no puede ser motivo para que nosotros apoyemos la proposición de ustedes; no puede ser razón para que la apoyemos, cuando creemos que ella va en contra de la Constitución y de la Ley y de los intereses del país. Porque todo lo que usted ha dicho a favor de ella, lo ha dicho a favor del sistema de elecciones separadas, que no son una elección hoy y otra dentro de un mes o dentro de mes y medio. De modo que toda la argumentación que usted hábilmente ha traído esta noche a este debate no nos puede convencer.

Ahora, usted habló de que si el Gobierno ha cometido errores también los ha cometido la oposición. Yo no puedo sostenerle que nuestra actitud ha estado libre de faltas, pero en todo caso ustedes tienen la principal responsabilidad en la difícil situación por la que atraviesa el país, por la ola de violencia que se ha adueñado de la vida pública de Venezuela, y sobre todo por el hecho de que durante cuatro años no se ha dado, de parte del Gobierno, ningún paso serio, dirigido a resolver el grave problema de desempleo y de miseria que padecen hoy cientos de miles de venezolanos.

Nosotros, los urredistas, es cierto que hemos cometido errores, pero desde nuestra posición de partido de oposición, hemos sido una fuerza siempre orientada hacia la pacificación del país y hacia el mejor desarrollo de nuestras instituciones democráticas. Nosotros, Dr. Caldera, hace seis meses salimos a la calle a trabajar, a hablar democráticamente ante el pueblo de Venezuela en momentos en que el Gobierno y otros grupos políticos parecían definitivamente encadenados a una política de violencia y hoy le ofrecemos al país, frente a las elecciones que se avecinan, una alternativa política seria.

Nosotros creemos que hay que salvar la paz del país y encaminar el desarrollo económico y social de la nación mediante una política que cambie a fondo la situación económica y social del país, para resolver los graves problemas sociales que nos plantea el aumento explosivo de la población venezolana, la explosión demográfica que hoy caracteriza la vida social del país. Todos los años se incorporan a la vida de Venezuela cien mil nuevos trabajadores, cien mil venezolanos en edad de trabajar, y este gobierno, en cuatro años no ha hecho nada para ofrecer empleo a estos cientos de miles de venezolanos. Si esta situación continúa, si el Gobierno, por medio de una política ventajista, logra imponer su continuación en el poder, y si continúa esta política de acumulación de cientos de miles de venezolanos sin empleo en el mercado de trabajo, Venezuela irá, tendrá que ir, a una revolución violenta, y ello no será culpa de grupos que prediquen la subversión o la violencia, será principalmente la responsabilidad de este Gobierno y del que lo suceda en la continuación de una política igual a la que acaba de sufrir el país.

Rafael Caldera:

Voy a hacer uso del derecho de una sola vez, para hacer algunas consideraciones finales y dejar, como lo dije al principio, en el uso de la palabra, para terminar el debate, al Dr. Villalba.

Voy a sintetizar mi respuesta en los términos siguientes: el Dr. Villalba atribuye a las palabras y las leyes, al número de las palabras, al singular y al plural, un valor que realmente no les quiso dar el legislador. Que al decir la convocatoria, quería decir que tenga que ser para un solo acto, no es cierto, y lo voy a replicar con un breve ejemplo: la Facultad de Derecho de la Universidad Central convoca para exámenes al estudiantado y hace su convocatoria: estudiantes de primer año, para Sociología, tal día a tal hora; para Derecho Romano, tal día a tal hora; para Derecho Constitucional, tal día a tal hora; para tal grupo, tal día a tal hora; segundo año, tal día a tal hora; y cubre todo un mes con diversas actividades que se realizan y que están comprendidas allí en una sola convocatoria. En las mismas elecciones universitarias se realiza la elección, por ejemplo, de los delegados al Claustro por parte de los estudiantes, después se hace la elección, por ejemplo, de los representantes de Facultad, después se hace la elección de directivos de la Federación de Centros Universitarios. De manera que no existe esa intangibilidad de la palabra, ni creo yo tampoco que vamos a envolver al país en un drama por una palabra, porque la Ley dice «la convocatoria».

Yo creo que la disposición es del 58 y tengo la siguiente razón para el Dr. Villalba: esa Ley no fue dictada en el 59, sino que entonces fue reformada parcialmente, y los artículos que fueron reformados parcialmente están mencionados en el último artículo de la Ley. Estas disposiciones transitorias que estaban para 1958 no se tocaron, por descuido o por lo que fuere. Lo cierto es que eran disposiciones establecidas en la Ley Electoral del 58 y que tienen un título general que dice: «Disposiciones Transitorias». No fueron objeto de una reforma parcial y allí quedaron. Ahora, aunque suponiendo que se apliquen al actual proceso electoral, el hecho de que hable de la convocatoria a elecciones no excluye en forma alguna el que esa convocatoria, «la convocatoria», pueda hacerse para oportunidades diferentes.

Yo vuelvo a decir que no entiendo cómo el Dr. Villalba llama mala y funesta para el país la cuestión de las votaciones, cuando al mismo tiempo dice que es partidario y lo más que dice es que «no es chicha ni limonada». Bueno, si no es «ni chicha ni limonada» no es capaz de intoxicar, ni de envenenar, ni de destruir el organismo del país. Y yo le contesto, ya que usted usó una frase popular, con otra frase popular, «lo que es igual no es trampa». Simplemente es una regla que se establece para todos, y lo que nos interesa es seguir oyendo las opiniones. Vamos a oír las opiniones y a ver qué dicen ellas sobre la conveniencia o no de la medida. No es sólo el hecho de que si URD no quiere.

Bueno, entonces no se puede tocar, porque URD «se pone brava…», no me parece que sea un argumento de un valor muy democrático, propiamente hablando. Nosotros creemos que es de interés para el país. Lo creemos seriamente. Y seriamente, Dr. Villalba, tenemos la impresión –usted no puede compartirla y desde luego no la compartirá– de que ningún partido en Venezuela se ha manifestado tan dispuesto en todo momento a hacer los mayores sacrificios partidistas por el bien del país como el Partido Socialcristiano COPEI. Creo que nuestro ejemplo en estos cuatro años ha sido el ejemplo de acometer situaciones difíciles de soportar la incomodidad de nuestra participación en el Gobierno, porque creemos es de interés para el país. Nosotros hubiéramos podido razonar con la idea partidista de URD de irnos del Gobierno, y que pase lo que pase…

Tenemos la impresión de que la situación del Gobierno constitucional habría sido mucho más difícil si nosotros hubiéramos tomado el camino de URD y que a lo mejor este proceso electoral que usted está contribuyendo a desarrollar en el país, y este debate hermoso que estamos realizando esta noche a lo mejor hubiera tenido un riesgo mucho mayor de no haberse realizado.

Nosotros estamos pensando seriamente, y quisiéramos que cuando se le diga que no conviene al país se le diga por qué, no porque «no le gusta» a la oposición, sino porque se le va a hacer un perjuicio. ¿Cuál es el perjuicio que se le va a hacer al país? Que el partido COPEI no ha aclarado la cuestión de la candidatura presidencial y piensa que se aclararía mucho mejor con la doble votación, eso le conviene al país o no le conviene. No es que le guste o no le guste a la oposición, o que le convenga o no le convenga a la oposición.

Jóvito Villalba:

En realidad, el ejemplo que usted citó de la convocatoria para exámenes en la Universidad, en lo más mínimo altera o niega el valor de mi alegato, porque en caso de que fuera, o que estas convocatorias se hicieran como usted dice, se trataría de varias convocatorias hechas dentro de un solo documento, un solo escrito. Insisto en que el hecho de que se use un solo escrito o documento para expresar la convocatoria, no quiere decir que se trate de una sola. La Ley diría «convocatorias», si se tratara de una doble elección.

Ahora, yo quiero referirme a algo que dijo usted en relación con el mérito que tiene la actuación del Partido COPEI al quedarse dentro del gobierno y apoyar esta situación, y de lo que usted dijo al calificar esa actuación como factor estabilizador de la democracia en este país. Si esto piensa usted de la actuación del Partido COPEI, yo me permito decirle que es mucho más difícil y por lo tanto de más mérito la actuación de URD como partido de la oposición frente a ese Gobierno, porque este Gobierno, este país ha carecido siempre de una oposición que le trace alternativas claras y que siendo oposición no se deje arrastrar por el atajo de la violencia o de la conspiración.

Como usted muy bien lo entenderá, Dr. Caldera, desde el primer momento en que nosotros dejamos de ser gobierno y pisamos la calle, nos convertimos en la presa más codiciada de los grupos que estaban empeñados  en resolver el problema político por medio de la fuerza. Éramos el Partido más importante de la oposición y era natural que esos grupos pensaran que nosotros éramos el grupo civil capaz de darle apoyo político a un golpe de estado contra el presente gobierno. ¿Cómo ha actuado URD? URD, a pesar de su categórica oposición a este gobierno, de su desacuerdo con su política de olvido del pueblo y de su incapacidad para resolver los problemas de las grandes masas de Venezuela, a pesar del desacuerdo con la política internacional de este Gobierno, con la permanencia en el estado de sitio, cuando ya el país estaba en paz, no obstante eso, URD en ningún momento abandonó el camino cívico y democrático y eso es lo que nos da una gran autoridad en el momento en que Venezuela necesita que se le presenten alternativas justas, sensatas, patrióticas, para la solución del problema político. Nosotros creemos ser esa alternativa en la forma más seria y sincera, porque somos un partido democrático, pero que no cree que la democracia sea un régimen que debemos mantener en pie para que monte guardia a los privilegios y a las injusticias que llenan la vida del país, y a deformaciones que imperan en nuestra vida económica.

Nosotros somos un partido democrático, pero que cree que la democracia es un instrumento para avanzar, para avanzar hacia una verdadera reforma agraria, para avanzar hacia la industrialización del país con energía y con ánimo revolucionario, con el fin de darle trabajo a esos cien mil venezolanos que todos los años tocan la puerta de la casa, pidiéndonos que los dejemos entrar y que les demos garantía para una vida libre de la miseria, del hambre, de la inseguridad. Nosotros creemos que somos capaces de realizar una política que coloque en la base de la democracia al afecto y la simpatía de las grandes masas populares de Venezuela.

 

Rafael Caldera:

Pido perdón al moderador y al Dr. Villalba por haber anunciado antes que era mi última intervención y no haber tomado plena conciencia de lo que eran cinco minutos en televisión. Estoy perdiendo un poquito el «training» del tiempo, del «timing», como dicen los expertos. Voy a hacer ahora una breve intervención, diciendo desde luego que lo que el Dr. Villalba responda, si trae elementos nuevos, queda dentro de la invitación general que le he formulado para volver alguna vez a discutir aquí los problemas del país. Sería muy interesante que pudiéramos analizar a fondo la cuestión demográfica, el desempleo, el hambre, la cuestión económica, el problema de las inversiones. Sería muy interesante también si pudiéramos discutir el problema de la violencia.

El Dr. Villalba nombró la ola de violencia y me dio la impresión de que estaba muy valiente, nuevamente achacándosela al Gobierno, cosa que la oposición ha hecho sistemáticamente aquí. Últimamente, apenas cuestión de las últimas dos o tres semanas, si he visto alguna definición frente a grupos violentos de la oposición, y el Dr. Villalba acaba de reconocer que hay grupos empeñados en resolver el problema por medio de la fuerza.

Es muy serio este reconocimiento público del Dr. Villalba, porque entiendo que en estos cuatro años la oposición urredista no había hecho formalmente un reconocimiento de tanta gravedad y de tanta importancia.

Estos temas, pues, podríamos discutirlos y la responsabilidad de cada grupo, la posición de cada partido. Lo que debo rechazar  es la tesis de que aquí no ha habido oposición democrática antes. Eso es lo que dijo el Dr. Villalba. Del 45 al 48, tanto COPEI como URD fueron oposición. Yo, por lo menos de COPEI, puedo garantizar que fuimos oposición democrática, enardecida, apasionada, enconada; pero puedo garantizar que fuimos oposición democrática y los hechos posteriores lo demostraron de una manera terminante. No puedo, pues, extenderme a más cosas, sino dejar en pie esta invitación. Sólo espero que si el Dr.Villalba decide en alguna otra ocasión que concertemos un debate de éstos, me deje la oportunidad de clausurarlo yo, o por lo menos echarlo a la suerte: sacar un papelito, otro, uno empieza a hablar y otro termina, y entonces puedo decir: «lo que es igual no es trampa».

Para rematar mis intervenciones en esta noche, le voy a dar un resumen del punto central del debate al Dr. Villalba, con el ruego de que si él lo tiene a bien me las conteste. Son seis preguntas formuladas así y se las voy a pasar, se las voy a entregar luego, para que las tenga ante la vista. Dicen así:

1) ¿Existe algún artículo de la Constitución o de la Ley Electoral que prohíba que las votaciones se hagan en oportunidades sucesivas o que ordene hacerlas en un solo acto?

2) Si ese artículo existe, ¿podría citarlo el Dr. Villalba?

3) ¿Por qué su Partido teme a una votación para Cuerpos Deliberantes, donde se demostraría su fuerza electoral, si cree que tiene un gran caudal de votación?

4) ¿Tiene seriamente URD la intención de abstenerse si prospera la tesis de la doble votación?

5) ¿Cuáles son las causas que a juicio del Dr. Villalba pudieran justificar una abstención electoral?

6) ¿Podría citar algún caso de algún país en que la abstención electoral haya producido algún beneficio?

Dejo estas preguntas en la mano del Dr. Villalba y de esta manera termino en la presente noche mi intervención. Reitero mi agradecimiento a Radio Caracas Televisión, al amigo Carlos Rangel, a la prensa aquí presente, y muy especialmente al Dr. Villalba. Creo que hemos discutido cordialmente, con vigor; que nos hemos dicho cosas que están planteadas dentro de la lucha política, pero creo que dentro de estas cosas hemos contribuido en algo, y me siento satisfecho por la parte que me corresponde y le doy las gracias al Dr. Villalba por la parte que le corresponde a él –que es muy importante–, a decirle a nuestro pueblo que la discusión de los problemas no está cerrada, sino que está abierta y, lo que es más importante, que está abierta ante él, porque él es la voz suprema que va a decidir todos estos asuntos que controvertimos.

Buenas noches.

 

 

Jóvito Villalba:

Comienzo diciéndole al Dr. Caldera que a nosotros nos será muy grato venir nuevamente ante estos micrófonos de Radio Caracas Televisión a discutir con él sobre temas importantes de la política y de toda la problemática nacional de Venezuela. Yo creo que todos tenemos mucho que ganar en este debate, y que adelantándolo estaremos en el camino de preparar una mejor decisión, una decisión más libre y consciente por parte del pueblo venezolano.

Quienes estamos en la democracia nacional, empeñados no en la conquista de posiciones sino en el progreso de nuestro país y sobre todo en la incorporación efectiva de las grandes mayorías populares de Venezuela al ejercicio de la democracia, tenemos que entender ese camino de las discusiones, de las más amplias discusiones de todos los temas nacionales, es el mejor que podemos seguir.

Además, yo creo que la democracia, o que la paz del país, se cimentan sobre bases realmente perdurables cuando tienen este fondo dialéctico de contra-posición de ideas y de puntos de vista entre los partidos y sus dirigentes. Créame, Dr. Caldera, que yo vendré con mucho gusto a responderle sus planteamientos y que acepto su proposición de sacar por la suerte nuestra respectiva posición dentro del debate.

Ahora paso a responderle brevemente las preguntas, advirtiendo sin embargo que ellas están hechas un poco fuera de la línea trazada en el debate, porque yo no dispongo sino de tres minutos y usted me ha formulado seis preguntas, que por cierto hasta las trae escritas en máquina, cuando precisamente sólo me quedan tres minutos para responder. Sin embargo, se las voy a responder brevemente, porque para mí es absolutamente fácil hacerlo:

1) ¿Existe algún artículo de la Constitución o de la Ley Electoral que prohíba que las votaciones se hagan en oportunidades sucesivas o que ordene hacerlas en un solo acto? No existe ningún artículo que lo prohíba, pero el texto de la Constitución y el texto de la Ley Electoral dejan claramente establecido que la intención del legislador fue la de que se realicen elecciones simultáneas, y he citado aquí artículos que en su letra no dejan lugar a duda sobre ello. Es más, creo que si el Consejo Supremo Electoral tomara una decisión para acordar la celebración de elecciones separadas, estaría violando el texto de la Constitución y usurpando atribuciones.

2) Si ese artículo existe, ¿podría citarlo? Quedó ya contestado en la primera pregunta.

3) ¿Por qué su partido URD teme a una votación para Cuerpos Deliberantes? Nuestro partido absolutamente teme ir a una votación para los Cuerpos Deliberantes. Nosotros somos actualmente el partido que está en mejores condiciones para ir a esa votación. En primer término tenemos ya una candidatura en la calle, e iríamos a la votación para Cuerpos Deliberantes como ustedes la proponen, contando con el atractivo que significa tener una candidatura en la calle. De modo que a este respecto no tenemos problemas. El partido no teme ir a las elecciones para Cuerpos Deliberantes separadamente, pero cree que no se debe ir separadamente a estas elecciones, porque ello sería violatorio del espíritu y de decisiones expresas de la Ley Electoral y del espíritu de la Constitución, que acordó, como lo dijo el Consejo Supremo Electoral, tomó el camino de una sola elección, de una elección única nacional; pero, y además, porque ello traería problemas para el desarrollo político del país, confundiría el ambiente electoral y sembraría la desconfianza entre sectores populares a los cuales nos interesa llevar a las elecciones.

4) ¿Tiene seriamente URD la intención de abstenerse si prospera la tesis de la doble elección? No nos abstendríamos. URD ha sido siempre, en la política de Venezuela, el partido menos abstencionista. Para nosotros la política es lucha, lucha en la calle al lado del pueblo. Pero si se toma esta decisión, nuestra participación en las elecciones tendría un tono, un ritmo diferente del que hoy tiene, porque iríamos a las elecciones con el concepto o dentro de la idea de que se ha cometido un abuso contra nosotros y contra toda la opinión política del país.

5) ¿Cuáles son las causas que a juicio del Dr. Villalba podrían justificar una abstención electoral? Las causas serían el que el Gobierno echara, se lanzara sobre el atajo de una política ventajista que aumentara la violencia oficial dentro del proceso electoral, y que se creara una situación dentro de la cual los urredistas llegáramos a creer que no estamos participando en un juego democrático libre, susceptible de acarrear una decisión del pueblo venezolano, una decisión consciente y libre del pueblo venezolano, sino que estaríamos sencillamente haciendo el juego a una fórmula continuista del Gobierno.

6) ¿Podría citar algún caso de algún país en que la abstención electoral haya producido algún beneficio? Dr. Caldera, creo que en ninguna parte la abstención ha producido ningún beneficio, y por eso, como le dije, nosotros somos el partido menos abstencionista del mundo. Pero al mismo tiempo decimos, para terminar este programa, lo que ya dijimos el 52 y lo que hemos repetido otras veces en este año durante nuestra gira política: no nos abstenemos, pero tampoco queremos ser peones en un juego, o piezas de ajedrez en un juego continuista. Vamos a las elecciones si las elecciones son de verdad un ejercicio democrático para el pueblo venezolano y un paso de avance en el camino del desarrollo político, económico y social de nuestro país.

Muchas gracias a Radio Caracas y a todos los televidentes y a usted, Dr. Caldera, muchas gracias.

 

Independientemente de los argumentos esgrimidos por ambos participantes, ese día de 1963, el país se dio el gusto de presenciar la discusión, en un debate de altura, a dos de los principales protagonistas de la democracia venezolana del siglo XX, colosos de la política y al mismo tiempo profesores universitarios: Jóvito Villalba y Rafael Caldera.

La decisión de separar las elecciones no se tomó hasta muchos años después. Para ilustración del lector, ofrecemos comparativamente las cifras logradas por los partidos de ambos debatientes, COPEI y URD, en las elecciones de 1958 y las que se aproximaban, las de 1963:

COPEI obtuvo en 1958, con la tarjeta grande, 396.293 votos, mientras que en 1963, sacó 589.177, aumentando, con la tarjeta pequeña, de 19 a 38 Diputados su presencia en el Congreso Nacional; mientras URD sacó en 1958, con la tarjeta grande, 800.716  votos y en 1963, 510.975, bajando, con la tarjeta pequeña, de 34 a 29 Diputados su participación en el Congreso de la República. El total de votos válidos en las dos elecciones de 1958 y 1963 fue de 2.610.833 y 2.918.877 votos, respectivamente.

En mis manos no se perderá la República (1968)

En mis manos no se perderá la república, Rafael Caldera
Proclamación de Rafael Caldera como Presidente de Venezuela en la sede del Consejo Supremo Electoral.

En mis manos no se perderá la República

Discurso de Rafael Caldera en la Sede del Consejo Supremo Electoral al ser proclamado Presidente electo el 11 de diciembre de 1968.

Hace veinte años, en un día como ayer, los pueblos del mundo se reunieron a proclamar desde París una Declaración Universal de Derechos Humanos. La humanidad acababa de padecer una cruenta guerra y se sentía la necesidad de reunir a todas las naciones para expresar la necesidad y la esperanza de un mundo en que los seres humanos liberados del temor y de la miseria disfrutasen de la libertad de palabra y de la libertad de creencia. Una declaración expresada por pueblos de la más variada tradición histórica, de la más variada composición étnica, de la más variada ideología política, de la más variada estructura social y económica, de las más variada convicción religiosa, proclamó la dignidad y el valor de la persona humana, el derecho a la vida, a la libertad, a la seguridad personal, a la igualdad, a la seguridad jurídica, a la justicia, a la familia, al trabajo, a la seguridad social, a la propiedad; el derecho a un salario equitativo, y a un satisfactorio nivel de vida; el derecho a la salud, al bienestar, a la educación; el derecho a la libertad y al funcionamiento de los organismo sindicales —aquí también representados dignamente en este solemne acto—; a todos los derechos fundamentales que son considerados indispensables para que se pueda conquistar definitivamente la paz.

Uno de esos derechos, consignados en el artículo 21, es el derecho de cada pueblo a darse su propio gobierno, a través de un sufragio universal e igual, secreto y libre. El pueblo venezolano acaba de ejercerlo y debemos considerar que al hacerlo no ha agotado en él sus posibilidades y sus esperanzas, sino que ha buscado, a través de ese propio instrumento, a través de la representación que él mismo ha elegido, la satisfacción de aquellos otros derechos esenciales sin los cuales no podríamos decir que hemos cumplido nuestro deber. El pueblo ha votado, ha dado ejemplo admirable de su capacidad y madurez en el ejercicio de sus derechos democráticos. A través de su actuación ha rubricado y reafirmado el título legítimo que posee, a que todos los organismos del Estado y los representantes de todas las capas sociales contribuyamos a hacer con nuestro esfuerzo generoso y constante el que no solo los derechos individuales, los derechos jurídicos, las garantías esenciales de la persona humana sean siempre plena e intangible realidad, sino también los otros derechos sociales, el derecho a una vida decente, el derecho a una remuneración satisfactoria, el derecho a un hogar donde pueda funcionar holgadamente la familia; el que se puedan obtener en un ordenamiento social que realmente esté presidido por la justicia y por la libertad.

Aquí procedemos a poner fin, como lo expresaba en sus hermosas y elocuentes palabras el señor Presidente del Consejo Supremo Electoral, a una etapa para abrir otra. Las primeras palabras que yo debo pronunciar en este acto, cargado para mí de emoción, de profundo significado, han de ser de reconocimiento a ese pueblo. A ese pueblo querido, a ese pueblo de Venezuela que cada vez se presenta más acreedor a nuestra admiración y a la admiración de todos los pueblos del mundo. La jornada electoral que estamos cerrando ha resultado realmente extraordinaria. La conducta del pueblo ha sido magnífica. La etapa de la campaña electoral, animada, intensa, fervorosa, donde la presencia de las multitudes fue siempre para escuchar, para animar, para estimular la presencia de los dirigentes políticos; después, el acto de las votaciones, que parecía rubricar en forma final, con su concurrencia ordenada, responsable y en una cantidad que supera todos los porcentajes establecidos en el mundo, el mérito de la campaña y todo ello resultó superado por la etapa de los escrutinios.

En esta larga fase de ansiedad, pudimos admirar más y más a ese pueblo, que pendiente de la palabra de los órganos electorales que le dijera cuál era la decisión de esta encrucijada de su destino, supo conservar en medio de profunda expectativa, de la inquietud que quitó el sueño a los hogares de los venezolanos durante largos días y largas noches, un sentido de responsabilidad, de moderación y de conciencia que realmente ha hecho de este proceso electoral algo más excelente que todo cuando nosotros mismos hubiéramos podido prever. Ese pueblo, las mujeres rivalizando con los hombres en la función patriótica y cívica de dar su colaboración para la orientación del destino nacional; los jóvenes rivalizando con los adultos en su preocupación, en su conciencia y en su sentido de responsabilidad; los nacidos en el exterior, rivalizando con los nacidos en el territorio de Venezuela en amor, en preocupación y en interés por los asuntos de la patria, todo el pueblo tiene que merecer el reconocimiento agradecido y emocionado de este venezolano a quien la voluntad mayoritaria ha escogido para la jefatura del Estado en el próximo período constitucional.

Las Fuerzas Armadas Nacionales han escrito un capítulo singular. No quisiera caer en lo que pudiera entenderse como la simple expresión de un cumplido. Para las Fuerzas Armadas Nacionales, mi emocionado, mi profundo, mi sentido agradecimiento. Como se ha dicho aquí, en los comentarios que han girado en torno a la fase final del proceso, todos los ojos del mundo estaban atentos a Venezuela. No ha sido feliz precisamente la historia de la América Latina, y las Fuerzas Armadas de Venezuela, en medio de la ansiedad, de la confusión, de la turbación y de la preocupación nacionales han dado una lección de civismo que los dirigentes populares estamos en el deber de proclamar, de reconocer y agradecer. Como próximo Presidente de Venezuela, nada puede serme más auspicioso saber que al entrar a ejercer mi mandato tendré el respaldo sólido, indestructible, firme de las Fuerzas Armadas Nacionales, con plena conciencia de que su deber es respaldar la voluntad del pueblo, mantener la vigencia de las instituciones y pensar siempre en la patria como objetivo fundamental de sus acciones y de su conducta.

Los medios de comunicación social merecen asimismo mi reconocimiento. La prensa, la radio y la televisión, en uso de una plena e irrestricta libertad, han tenido conciencia de lo que su papel representa en esta etapa de la vida venezolana. Hubieran podido enturbiar, confundir, el proceso que se vivía: tuvieron siempre presente que el mejor uso de la libertad es el que se hace con sentido pleno de responsabilidad; tuvieron conciencia de su significación en la vida moderna, de la importancia de sus actos y mantuvieron la actitud cónsona para que ganáramos todos esta hermosa batalla cívica, que tiene que llevar optimismo y confianza a todos los hogares de Venezuela.

Debo expresar aquí, en nombre del pueblo que me ha elegido, el testimonio de la más sincera gratitud y reconocimiento al Consejo Supremo Electoral. Sobre el Consejo Supremo Electoral ha recaído una grave responsabilidad y no creo que pueda ser nada más grato a los oídos de sus integrantes y especialmente a los miembros de su Directiva el que yo manifieste aquí, en nombre del pueblo de Venezuela: Señores miembros del Consejo Supremo Electoral: ustedes han cumplido su deber.

Principales candidatos en las Elecciones Presidenciales de 1968. De izquierda a derecha: Luis Beltrán Prieto Figueroa (MEP); Miguel Ángel Burelli Rivas (Frente de la Victoria); Gonzalo Barrios (AD) y Rafael Caldera (COPEI).

Empieza una nueva etapa en la vida del país. La obra del Consejo Supremo Electoral de llevar a feliz término este proceso, y de sus colaboradores anónimos, pero heroicos, en las largas veladas y en los difíciles momentos del proceso de escrutinios, nos llenan de profundo optimismo. El país se aboca a un cambio pacífico, armónico y creador; es la dinámica de la vida social; somos un pueblo joven, un pueblo que tiene conciencia de que el tiempo transcurre, que no admite vivir según cartabones estereotipados, de que ha de marchar hacia delante y que el deber de quienes tenemos sobre los hombros la responsabilidad de la conducción de sus distintas actividades, consiste en impulsar, interpretar, estimular esta fuerza poderosa y creadora que vive en el seno de la comunidad nacional.

Sé que el cargo que voy a entrar a ejercer es difícil y duro. He podido observarlo de cerca y de lejos; he podido mirarlo desde las intimidades del gobierno y desde los ajetreos de la oposición. No me ilusiono al respecto, pero siento gran optimismo y gran fe. Tengo el optimismo de que las fuerzas políticas en todo momento sabrán reconocer la preponderancia del interés nacional sobre los intereses de grupo y el gran optimismo de que el pueblo sabrá respaldarnos, y reclamarnos una actitud fundamentalmente cónsona con las exigencias de Venezuela. Puedo decir con plena conciencia, con absoluta seguridad:

Venezolanos: en mis manos no se perderá la República. Tengo una larga vida puesta al servicio del país y al cabo de ella creo conocer profundamente los sentimientos, la manera de ser, las reacciones, las preocupaciones, las inquietudes y las angustias de mis compatriotas.

No me toca exponer ahora un programa de gobierno. Esa será mi función, deber y obligación en el acto de la toma de posesión de la Presidencia de la República. Quiero expresar, sin embargo, que estoy perfectamente convencido de que Venezuela necesita, y se lo vamos a dar, un apasionado trabajo creador que estimule la investigación, que reconozca las capacidades, que ponga en función hacedora la energía de los técnicos, que utilice nuevas generaciones y nuevas promociones, ya plenamente capacitadas para el cumplimiento de su función; que promueva, estimule, coordine y aproveche los esfuerzos de todos, en todos los sectores del país político y del país nacional; que oriente el gasto hacia las necesidades fundamentales del país y que busque la mayor cooperación posible a fin de que este potencial humano que tenemos se aproveche al máximum en el beneficio colectivo.

Me guía como preocupación fundamental la paz. Quiero ser un instrumento al servicio de la paz de los venezolanos; quiero distinguir claramente entre mi papel, que hasta ahora ha sido el de un combatiente político, y el papel que me corresponde en lo adelante, que es el de un magistrado cuya función carecería de sentido si no se hiciera intérprete de todos los venezolanos.

Quiero llevar las mejores relaciones con el Congreso de la República. Quiero procurar el entendimiento leal y diáfano, con absoluto respeto para sus diferentes posiciones, con las fuerzas en él representadas. Quiero reiterar el llamamiento que formulé la víspera de las elecciones para que cerremos las heridas, para que olvidemos los agravios, para que pongamos el interés común, lo común del gentilicio y de la aspiración venezolana, al servicio de las esperanzas, de los anhelos y de las necesidades de nuestro pueblo.

Quiero hacer un llamado especial a las fuerzas económicas, para que entiendan que el momento es de optimismo y no de pesimismo, de progreso y no de retroceso, de aliento y no de desaliento; que es el interés del país el que les pide que lleven adelante su afán creador. Tengo la convicción de que resulta indispensable y necesario que el proceso de la producción se estimule, se incremente, para que el mismo beneficie al mayor número. Por esta razón, a quienes la representan, a quienes actúan en el campo variado de la actividad económica, les pido que una demostración de confianza en Venezuela, de confianza en su pueblo y de confianza en su próximo gobierno trascienda, y en forma tal que la economía no sufra la menor dilación ni ofrezca lugar a la menor duda, sino que continúe hacia delante para provecho del país.

Y al pueblo le reitero mi preocupación fundamental: sé que estamos profundamente obligados a él: con la gente que vive en las barriadas pobres, con los que se encuentran marginados del proceso social, con los que todavía carecen de ocupación estable, con lo que están esperando una vivienda que les asegura el texto constitucional, con los niños, con los jóvenes ansiosos de nuevos y más amplios horizontes, de nuevos y más amplios caminos. A todos les reitero que la vivienda, el deporte, la educación, la promoción popular, el estímulo a la juventud para que sea siempre fuerza creadora e impulsadora del progreso nacional, constituirán una preocupación permanente de mi acción al frente del gobierno. Les digo a los representantes de los organismos sindicales que las garantías plenas que la Constitución les da y que las leyes les garantizan, serán interpretadas siempre con amplitud, con plena conciencia de lo que las mismas significan y con reconocimiento por lo que han hecho por Venezuela a lo largo de estos difíciles años de experimento democrático. Quiero además que Venezuela ocupe un lugar distinguido en el mundo; que en el concierto de las naciones se la aprecie por su estatura, por su entidad, por su postura y que ella siempre, tal como el preámbulo de la Carta Fundamental lo establece, contribuya pacíficamente a los esfuerzos de todos los pueblos por la paz, por la libertad, por la consolidación de la democracia y por la realización de la justicia.

El Presidente en ejercicio, Raúl Leoni y el Presidente electo, Rafael Caldera, en el acto de proclamación de este último.

Vamos a empezar un breve período de transición. Son tres meses difíciles, tres meses durante los cuales el doctor Raúl Leoni es el Presidente de la República. A este eminente venezolano le corresponderá en la historia, entre otros títulos, el excepcional de haber sido el primero a todo lo largo de nuestra historia que entregue pacíficamente el poder a un Presidente electo por el pueblo y que ha conquistado su elección desde las filas de una oposición leal e insobornablemente democrática. Quiero manifestarle al Presidente Leoni, con el reconocimiento de los venezolanos por su conducta, que viene a redondear y a culminar el proceso de su período presidencial, que el Presidente electo no le creará dificultades, ni pretenderá interferir en los meses que faltan para que culmine su gestión política y administrativa; y al mismo tiempo quiero decirle a Venezuela que estoy plenamente seguro de que el Presidente Leoni sabrá interpretar esta difícil circunstancia, difícil sobre todo por las características en que se desarrolla y por la falta de un estatuto legal que regule la situación transitoria que ahora se abre: el doctor Raúl Leoni será incapaz de adoptar posiciones que puedan entrabar, perjudicar o comprometer la gestión que me toca realizar como Presidente de la República en el próximo período constitucional. Hemos sido amigos de muchos años; hemos compartido responsabilidades, presidiendo ambas Cámaras Legislativas.

No es fácil a veces llevar en forma armónica la bicefalia que el Congreso supone. Como Presidente del Senado el doctor Leoni y yo como Presidente de la Cámara de Diputados, elegidos por partidos distintos y que habían contendido lealmente en el proceso electoral, supimos mantener el mutuo respeto, la mutua colaboración y el mutuo decoro de nuestros cargos en beneficio de la autoridad del Congreso y de los intereses nacionales. Por ello, de una manera clara y leal, estoy absolutamente convencido de que la actual experiencia nueva para Venezuela que se abre con este breve período de transición, lo sabremos llevar adelante, él como Presidente en ejercicio y yo como Presidente electo que simplemente debe prepararse para entrar al ejercicio de tan alta magistratura.

Todos los candidatos que han participado en el proceso electoral tienen en este momento de mi parte el más sincero reconocimiento. De manera especial he de agradecer al doctor Gonzalo Barrios, al doctor Miguel Ángel Burelli Rivas y al doctor Luis Beltrán Prieto Figueroa su presencia en este acto, que también enaltece a la República, que también fortalece a las instituciones democráticas, que también llena de auspicios favorables la iniciación de una nueva etapa en la vida del país. Yo estoy seguro de que ellos y las fuerzas políticas que los respaldan y las demás fuerzas políticas contendientes en el proceso electoral y los demás participantes en el mismo, sabrán entender que por delante está algo que a todos nos atañe, que es Venezuela, y que ese algo es a lo que hemos dedicado devotamente largos años de lucha de esfuerzos y de sacrificios.

Deseo formular en este instante una petición al señor Presidente de la República, doctor Raúl Leoni: le quiero rogar el disponer que los actos de transmisión del mando se realicen con entera sobriedad republicana. No creo que debamos gastar sumas cuantiosas en celebraciones aparatosas cuando son tantas y tan graves las necesidades del país. Entiendo que daríamos un buen ejemplo y que estimularíamos la fortaleza del sistema democrático transmitiendo el mando con la sencilla severidad con que lo hacen las más sólidas y las más genuinas democracias. Por esta misma circunstancia le ruego comunicar a los gobiernos amigos con representación en Venezuela, nuestro deseo de que se abstengan de enviar embajadas extraordinarias, que nos obligarían y nos comprometerían —de acuerdo con la cortesía internacional— a agasajos que quizás no entrarían dentro del espíritu de la transmisión tal como en este momento la concibo. Le ruego al señor Presidente hacer comunicar por órgano del Ministerio de Relaciones Exteriores a los países amigos, mi personal deseo de que acrediten para el acto de la transmisión del mando a las misiones permanentes que tienen en Venezuela, para que de esta manera, sencillamente, con el júbilo popular, con la sencillez venezolana y con la sinceridad democrática, nos sea posible realizar en forma sobria este acto trascendental de la vida de nuestro país.

No pienso viajar al exterior durante los meses que faltan para mi asunción a la Presidencia de la República. Tengo la obligación de dialogar con todos los sectores del país. Tengo que estudiar, analizar e interpretar a fondo los resultados electorales. Tengo que indagar qué fue lo que quisieron expresar los venezolanos a través de los variados matices de la elección del 1° de diciembre. Tengo que hablar con los sectores económicos. Tengo que hablar con los sectores laborales. Tengo que hablar con los sectores universitarios. Tengo que hablar con los investigadores científicos. Tengo que dialogar —y quiero hacerlo— con todas las fuerzas políticas.

Por eso mismo quiero invitar en este acto, que cierra el proceso electoral, a los sectores responsables y especialmente a los medios de comunicación social, a que abramos una pausa política, a que hagamos un paréntesis en la lucha, a que nos acordemos de que ya vamos hacia mediados de diciembre y de que les demos a todos los venezolanos la comprensión del deseo merecido de descanso, de alivio que sienten en este momento, para que una vez pasado el período navideño podamos entregarnos de lleno a la resolución de aquellos problemas que para marzo de 1969 tendrán que verse solucionados. No implica ello el que yo pretenda negar a la prensa, a la radio, a la televisión, que tan generosas han sido conmigo, la información, las opiniones que ellas consideren; pero les ruego que me ayuden a que el debate político decaiga, entre en un paréntesis, en un cierto remanso, a que nos olvidemos un poco de las cuestiones que puedan estimular controversias y a que nos aboquemos a celebrar en todos los hogares de Venezuela esta gran fiesta anual. Yo quiero que ahora sientan todos el júbilo de la gran jornada que hemos realizado y cuya estupenda culminación lo constituye este acto pedagógico, extraordinario, ejemplar, en el cual Venezuela está nuevamente mostrando la majestad de su estatura, ante sus hijos y ante las naciones hermanas.

Quiero enviar a todos los hogares una palabra de aliento, de optimismo, de alegría y de fe. Quiero que estas navidades sean unas navidades alegres. Estoy seguro de que con ello interpreto el deseo del Presidente Leoni, estoy seguro de que con ello interpreto el deseo de todas las fuerzas políticas y sociales aquí representadas. Quiero en este solemne momento de mi vida invocar para mi pueblo, como lo hace la Constitución, la protección de Dios Todopoderoso para que marchemos hacia delante en paz y armonía y decirles a todos los venezolanos que les deseo unas pascuas muy alegres y un feliz año nuevo 1969.

Proclamación de Rafael Caldera por parte del presidente del Consejo Supremo Electoral, Manuel Rafael Rivero.

Discurso de toma de posesión del presidente Rafael Caldera (1969. Primer Gobierno)

Rafael Caldera fue juramentado como Presidente de Venezuela el martes 11 de marzo de 1969.

Discurso de toma de posesión como Presidente de la República

Caracas, 11 de marzo de 1969.

¡Sé cuánto envuelve el juramento que acabo de prestar! Tengo noción exacta de la magnitud del compromiso. De su cumplimiento penden esperanzas encendidas en los corazones de incontables venezolanos.

No puedo ignorar la importancia trascendente de este acto, sobrio y solemne. Desgarra mitos. Supera interpretaciones negativas de la vida venezolana. Abre presencia a un cuadro nuevo de realidades positivas.

Me entusiasma interpretar el anhelo de cambio que impulsa nuestra dinámica social. Ese cambio palpita en las aspiraciones de todos los sectores. Renovación, adopción de sistemas y estructuras cónsonas con las exigencias actuales, aumento de eficacia, inquietud juvenil cuya canalización es factible y cuyo fermento convertido en hálito de transformación se deja sentir en todas partes, sin que escape a ella ningún aspecto de la vida nacional.

El reto que enfrenta Venezuela en este instante podría sintetizarse en los objetivos fundamentales a lograr:

La paz política y social, para superar la angustia y la zozobra y para encontrar convergencia fecunda a la pluralidad democrática.

La promoción del hombre, a través de la libertad, para realizar la justicia.

El desarrollo económico y social, para impulsar la marcha vigorosa del país y vencer la marginalidad.

Poner todos mis esfuerzos en la superación de ese reto está envuelto en la promesa rendida ante el soberano Congreso. Cumplir y hacer cumplir la Constitución y Leyes de la República supone entregar todas mis energías a la faena de realizar los altos fines expresados en el preámbulo de nuestra Carta Fundamental y en las afirmaciones de su articulado.

He de empeñarme, no sólo en garantizar a cada uno el derecho a la vida, a la salud, al trabajo, a la libre expresión de las ideas, a la participación efectiva en la dirección de la comunidad, sino también en el acceso a la educación, la vivienda, la seguridad social, el estímulo de la familia como célula fundamental de la sociedad, el mejoramiento de las clases populares, el hacer del trabajo la base del progreso, el lograr que la economía esté orientada al servicio del hombre, el contribuir pacíficamente al afianzamiento de la paz y la vigorización de las instituciones democráticas en el concierto de las naciones y hacer cada vez más de nuestra patria ejemplo de solidaridad, dignidad y fortaleza interna.

A estos fines se encaminará la acción del nuevo gobierno, con la ayuda de otras ramas del Poder Público, de las instituciones y del pueblo. La magnitud de la empresa no puede acobardarme. Cuento con la fuerza incontrastable de la legitimidad constitucional y con el respaldo vigoroso del país nacional. Tengo el apoyo invalorable de las Fuerzas Armadas Nacionales, firmes en la institucionalidad democrática e inquebrantablemente leales al ordenamiento jurídico, como lo demostraron con su comportamiento ejemplar en el proceso cívico que hemos vivido. Me propongo llevar con el Congreso las más respetuosas y cordiales relaciones, de las cuales se desprenda una obra fecunda en beneficio de la colectividad. He sido miembro de tan alto cuerpo durante largos años y sé por experiencia que mucho se puede realizar cuando por sobre las diferencias partidistas logra predominar el interés del pueblo a quien se sirve y representa. Garantizaré un clima de respeto al Poder Judicial, cuya función estimo como de una alta prioridad, y le daré el estímulo y la cooperación necesarios para que esté en las mejores condiciones de cumplir sus elevados fines. A los legisladores y jueces ofrezco, pues, la leal disposición del Ejecutivo Nacional para un concurso armónico, enderezado hacia la obra por hacer.

Nuestra generación enfrenta el desafío de colocar a Venezuela a tono con lo que ocurre de grande, de útil y de justo en el mundo. Necesitamos competir en el terreno de la inteligencia, que es el terreno de la investigación científica, del avance tecnológico, del ascenso cultural, de la organización de una sociedad moderna. Necesitamos descubrir nuevas energías, no sólo en la naturaleza, sino también en el hombre. Necesitamos de cada habitante de este país sus reservas creadoras para la obra común. Necesitamos que el venezolano pueda dominar la naturaleza que lo rodea, pero necesitamos que pueda dominar también las relaciones sociales para hacerlas más justas y para que sea más feliz la vida de todos.

Necesitamos despejar supersticiones, prejuicios, complejos, espejismos mentales y psicológicos, quietismos y alienaciones. Necesitamos un esfuerzo mancomunado, una bondad generalizada, un fervor colectivo y una mística encendida para ganar el tiempo perdido. Los venezolanos estamos en deuda con nosotros mismos y con la humanidad. Superar ese pasivo es un compromiso de todos, porque es a todos el desafío planteado. Ninguno puede esquivar su aportación. Todos debemos cumplir con ese deber.

Para emprender el rumbo, reitero mi confianza en el pueblo venezolano. Tenemos un gran pueblo. Un pueblo inteligente, apto para aprender los más complicados procedimientos de la técnica y para asimilar la más alta cultura. Un pueblo bueno, presto siempre a convertir en forma de vida permanente los usos y costumbres más enaltecedores de la civilización. Un pueblo que ha mostrado alta madurez para ejercer los atributos del sistema democrático, para escuchar con respeto la cálida exposición de encontradas ideas, para respaldar con sencillez republicana la vigencia de las instituciones. Un pueblo que luchó, esperó y sufrió por conquistar la libertad y está decidido a mantenerla. Un pueblo que tiene conciencia de la dilatada amplitud geográfica y espiritual de la patria y aspira a ver en ella indestructiblemente la solidaridad y la concordia. Al pensar en él, bien podemos decir con el Libro de la Sabiduría:

En verdad, Señor, que en todo engrandeciste a tu pueblo y lo glorificaste, y no te desdeñaste de asistirle en todo tiempo y en todo lugar.

Asumo el deber de servirle desde un honroso y delicado puesto. Le he prometido trabajar para que un cambio favorable ensanche sus posibilidades de vida; para que lleguen hasta todos, sin discriminaciones lacerantes, las posibilidades efectivas de una existencia humana y progresista. Cambio sin odios y sin frustraciones; cambio sin exclusiones en el origen y destino del afán creador y sin marginamientos en el proceso constructivo. Cambio consciente de la realidad, enmarcado dentro de lo posible y ajeno a aventuras ruinosas. Cambio inspirado por un amor apasionado y ferviente a la patria venezolana.

Con mi fe puesta en Dios y mi recuerdo para aquellos que se fueron pero que nos dejaron la memoria de su afán solidario, me dispongo a andar a pie firme esta etapa decisiva de mi vida. Decisiva, por cierto, también para el país, por razones de coyuntura histórica. Por eso invito a todos, sin exclusión ninguna, a luchar por la paz, por la promoción humana, la libertad y la justicia, y por el desarrollo económico y social que plantea a nuestra generación un reto que no podemos ignorar.

En primer término, tenemos que luchar por la paz. Desde el momento de mi elección he puesto empeño en hablar sólo el lenguaje de la armonía y de la humana convivencia. Me he esforzado en no agraviar, injuriar ni ofender a nadie, individual ni colectivamente. Me propongo mantener esa actitud. No quiero que salga de mis labios combustible para hogueras destructivas. En medio del debate inevitable y conveniente de una democracia pluralista, aun en los momentos en que los ánimos suban de punto y las controversias se agudicen, quiero sostener una línea de conducta elevada y serena, cual conviene al Presidente de todos los venezolanos.

Estoy convencido de que el anhelo de paz política y social predomina de lleno en nuestra comunidad nacional. Al mismo tiempo, lo acompaña una honda necesidad de seguridad personal y familiar, de orden público sólido, de garantía efectiva en el goce pacífico de los derechos fundamentales. Este anhelo y esta necesidad brotan de lo hondo de todos los hogares, sin distinguidos de ninguna especie.

Una de mis primeras tareas se encaminará a satisfacer aquel anhelo y esa necesidad. No será tarea fácil. Habrá que avocarse a los diversos aspectos del problema de la delincuencia, reorganizar con seriedad los cuerpos policiales, atender la raíz misma de tan grave desajuste social. «El Gobierno del cambio» tiene empeñado el compromiso de atender con preferencia a este deber primario. A ello se orientarán arduos esfuerzos, para cuyo éxito solicito de antemano la disposición comprensiva y la cooperación de todo el país.

Tengo clara noción de las diferencias entre el hampa que azota nuestras ciudades y áreas rurales y los brotes de violencia organizada como fruto de determinadas concepciones ideológicas. Aunque a veces hayan marchado juntas, considero importante su diferenciación. Sin mengua de la firme energía que desplegaré en todo instante para defender la estabilidad de las instituciones contra cualquier acción insurreccional, estoy dispuesto a ofrecer a quienes se lanzaron por aquel camino y persisten en él, la oportunidad de rectificar. Ni las autoridades civiles ni las Fuerzas Armadas tienen interés en prolongar escenas de violencia que a nadie han favorecido y que sólo han ocasionado daños a ciudadanos pacíficos, a humildes campesinos, a oficiales o suboficiales en el cumplimiento de su deber militar, a venezolanos sencillos que prestan como soldados el servicio como una contribución irrenunciable a la integridad e independencia de la patria y a los mismos protagonistas de la aventura. Mi propia determinación, conforme con mis convicciones y antecedentes, de enfrentar sin vacilación cualquier hecho contrario a la paz pública y al orden constitucional, me da mayor autoridad para abrir en esta coyuntura el horizonte de una sincera pacificación. Hasta los más reacios reconocen que no hay en Venezuela circunstancias propicias para el éxito de un movimiento insurreccional y que quien tenga fe en sus convicciones debe irradiarlas dentro del ordenamiento legal.

El presidente electo, Rafael Caldera, y el presidente saliente, Raúl Leoni.

El presidente del Congreso, José Antonio Pérez Díaz, al imponer la banda presidencial a Rafael Caldera.

Al cesar definitivamente la confusión entre la delincuencia común y la violencia de origen político, erradicada ésta cabe lograr el concurso de todos para reducir aquélla a sus niveles mínimos. Frente al hampa no hay posibilidad de tregua. Los cuerpos de seguridad deben recibir sólido apoyo en su lucha contra el crimen.

El nuevo Gobierno se empeñará en que los mecanismos preventivos operen en darles rendimiento y corrección absoluta a los aparatos destinados a reprimir los hechos delictuosos, en obtener el funcionamiento eficaz de los mecanismos judiciales y correccionales y acometer una acción positiva contra las causas sociales del delito.

Considero como el primer factor para el afianzamiento de la paz el caudaloso deseo de armonía que inunda el ambiente y estoy dispuesto a aprovecharlo y fomentarlo. Quiero una patria amplia para todas las gentes que en ella moran o vengan a compartir nuestros afanes. Quiero servir al provechoso entendimiento entre el capital y el trabajo, con cuyos representantes he mantenido y mantendré un diálogo esperanzador. Quiero que existan siempre las más cordiales relaciones entre el Estado y las distintas expresiones, organizadas o no, de las creencias religiosas; con la que representa el credo mayoritario, enlazada en la génesis y el devenir histórico de nuestra nacionalidad, y con las demás iglesias y comunidades. Les aseguro, no sólo el respeto a la libertad de conciencia y de cultos que reconoce la Constitución, sino el estímulo y asistencia a sus obras sociales y educacionales, sin mengua del papel y responsabilidad del Estado en esos campos.

La tarea fundamental en los años del período que comienza es la del desarrollo. Por algo se ha dicho, en documento excepcional de nuestro tiempo, que el desarrollo es el nuevo nombre de la paz. Los altos objetivos humanos están en definitiva sujetos a la transformación de la realidad económica y social.

Por ello, no inspirará la acción del Gobierno una preocupación simplemente económica sino, en forma simultánea, una preocupación social. El norte de los programas lo constituirá un orden social dentro del cual las oportunidades de empleo sean accesible; los servicios de agua, cloacas, calles, luz y teléfono lleguen a vastas áreas periféricas; la vivienda higiénica esté al alcance de las familias más humildes; la educación, la salud, la recreación, el deporte, los progresos de la cultura y los beneficios de la seguridad social constituyan una efectiva posibilidad común. En la ordenación del gasto público se tendrá presente la inversión más provechosa para los más necesitados y se propenderá a la progresiva incorporación y constante ascenso de los sectores populares a la dirección de la vida social, para realizar una efectiva democracia de participación.

Sé que para acercar estos objetivos al plano de las realizaciones es indispensable promover la actividad económica. Sé igualmente, que los solos recursos del sector público no bastarían para atender las exigencias del desarrollo. Estoy dispuesto a estimular la iniciativa privada para que cumpla dentro de nuestro proceso dinámico las grandes tareas que le corresponden. Haré el mayor esfuerzo para que los capitales, nacionales o foráneos, encuentren alicientes para inversiones sanas, de carácter reproductivo, dentro del respeto a nuestra soberanía y del fortalecimiento de la economía del país. Me esforzaré en mantener una política fiscal y monetaria sana. Como el petróleo es la fuente más importante de financiamiento de los programas de desarrollo, me esforzaré en armonizar el ritmo necesario de expansión de la industria, el aseguramiento de los mercados y la defensa de los precios con los requerimientos inmanentes de la nación y los derechos de las futuras generaciones. El nuevo Gobierno continuará las negociaciones sobre contratos de servicio para la explotación de nuevas áreas, y promoverá una gran consulta nacional, seria y ajena a intereses parciales, para que todos los venezolanos aporten sus ideas a la dilucidación del sistema mejor y más factible para sustituir el régimen de concesiones en las importantes áreas donde aquéllas se vencen a partir de 1983.

Sobre la perspectiva económica hay una firme atmósfera de optimismo, dentro y fuera de Venezuela. Nuestra demostración de madurez cívica y de solidez institucional ha contribuido a que se nos reconozca como una de las naciones con mayor derecho a un gran progreso.

Por otra parte, el incremento demográfico empuja nuestro destino con fuerza explosiva; y el Censo de 1970, que será dirigido a lograr un verdadero inventario de nuestras posibilidades y evaluación de lo existente, presentará un cuadro esencialmente dinámico de nuestra realidad social. No debemos, pues, perder un solo instante.

De allí la urgencia de revisar el gasto público. Reorientarlo hacia las prioridades impuestas por nuestra situación y objetivos, dentro de una firme actitud de sobriedad. De allí también lo ineludible de elevar a óptimos niveles la honestidad administrativa. La pulcritud y la eficiencia serán condiciones indispensables para desempeñar funciones en la Administración Pública. Sin contemplaciones se actuará contra las transgresiones.

El Gobierno funcionará como un equipo coordinado, homogéneo en sus propósitos y planes, aun dentro de la variedad que una concepción democrática amplia garantiza a sus integrantes. Los mecanismos gubernamentales se harán funcionar con la eficacia impuesta por los más avanzados sistemas tecnológicos, que aseguren la rapidez y precisión exigidos en la toma de decisiones en un país moderno. Todo ello forma parte de la reforma administrativa que se emprenderá sin tardanza, para dejar a un lado estructuras arcaicas, incapaces de marchar a tomo con la transformación del país y de la mentalidad de sus habitantes.

Me esforzaré, por otra parte, en fomentar una verdadera conciencia conservacionista del patrimonio nacional. Es necesario que los venezolanos abandonemos ya la actitud inconsciente de despilfarrar o permitir la destrucción de bienes cuya pérdida no se justifica. Quiero invitar a los hombres y mujeres responsables a coadyuvar, con celo permanente, en la vigilancia contra el deterioro de cualquier tipo de bienes de la herencia común: desde las grandes obras de ingeniería hasta las plazas, edificios y caminos; equipos mecánicos o instalaciones que después de puestas en servicio van dejando perderse para tener que hacerlas de nuevo, y especialmente árboles y ríos, gas natural u otras riquezas, renovables o no, que son legado generoso de la naturaleza. Se prestará preferente atención a las observaciones y denuncias con que colabore la ciudadanía, para lo cual se impartirán instrucciones desde el nivel jerárquico adecuado y se ejercerá permanente control sobre su cumplimiento.

En los últimos treinta años, las migraciones internas y el crecimiento urbano han sido impresionantes. Las grandes metrópolis, en especial Caracas, reclaman inmediato una acción eficaz. Millones de personas van abriéndose paso a fuerza de continua lucha y habitan en barriadas populares cuya magnitud crece en forma veloz. En el corazón de esas barriadas vive gente animada de una gran voluntad de superación. Han invertido esfuerzos y recursos cuya totalización llegaría a sumas gigantescas. Si se hubiera planificado a tiempo el desarrollo de esas zonas y orientado esa fabulosa inversión, tendríamos allí uno de los rubros más importantes de la riqueza nacional. Hoy el problema sea hecho muy complejo. Tengo conocimiento de la situación que se vive en esos barrios. Hay casos en que se trata de atender, por lo menos, necesidades perentorias cuya satisfacción no debe esperar plazos de diez o veinte años, aunque quizás estos resultarían vertiginosos, si se atiende a las expectativas actuales. En algunos pueden hacerse obras de remodelación de carácter más o menos permanente. En otros, la reubicación puede ser inevitable; pero reubicar supone ofrecer una alternativa inmediata; no hacerlo sería contrario a la justicia y hacerlo supone poner planes en marcha sin demora.

Atender el clamor de los barrios populares será una prioridad inmediata. Un ambicioso programa de vivienda popular será preocupación central del «Gobierno del cambio», cuya idea es la de que no se trata únicamente de construir habitaciones y de impulsar su construcción por el sector privado, sino de lograr conjuntos aptos para la vida humana, no sólo en la ciudad sino en el campo, cuyos pobladores esperan la mínima atención que les permita mantenerse en él y aminorar el éxodo rural.

 

No perderé de vista, en cuanto al desarrollo, que para ser integral y armónico debe ser regional. La conciencia de la regionalización en Venezuela se ha acentuado en los últimos diez años. El estudio de factores geográficos, políticos, demográficos, económicos y ecológicos define las regiones como unidades de características y exigencias determinadas. Uno de los primeros actos del nuevo gobierno será el de acoger, al menos como criterio provisional, una norma de regionalización acorde con los análisis hechos, para impulsar la preparación, creación y funcionamiento de órganos apropiados para el desarrollo de las regiones respectivas.

Prometí al pueblo del Zulia adoptar sin tardanza los pasos necesarios para que una Corporación de Desarrollo Regional se dedique, con autonomía y recursos suficientes, a planificar y ejecutar programas para atender los problemas urgentes de esa región, que aporta con sus recursos naturales la cuota más alta a la riqueza nacional. En los próximos días será presentado a las Cámaras un proyecto de Ley, que estoy seguro acogerá con beneplácito y despachará con prontitud el soberano Congreso de la República. Entre tanto por vía de las facultades ejecutivas, se creará una Comisión preparatoria y se la dotará de medios adecuados para que sus iniciativas puedan irse realizando aunque sea parcialmente.

El caso del Zulia no es único. Todas las regiones esperan una acción consciente y fecunda, capaz de impedir el funesto desnivel que se produciría si la acción oficial se concentrara exclusivamente en algunas. Hacia éstas afluirían incontenibles los recursos humanos de las otras, con lo cual se crearían o agravarían problemas que superarían los logros obtenidos. Por ello, la acción coordinada del Desarrollo Regional a través de una concepción nacional armónica, es un requerimiento urgente que el «Gobierno del cambio» se esforzará en atender.

La formulación de programas precisos para el desarrollo industrial, para el auge de nuestra minería, para el impulso a la electrificación, para la revitalización de la industria de la construcción, para el fomento de la pequeña y mediana industria y del artesanado, para el desarrollo agropecuario hacia formas de productividad cuyo rendimiento permita acceder a mercados externos, para la ejecución de una verdadera reforma agraria integral que incorpore efectivamente al campesinado a una economía moderna y promueva las grandes posibilidades de este sector humano logrando una más amplia distribución del ingreso, para el incremento del turismo doméstico e internacional, para la intensificación de la economía pesquera y para una explotación racional, científica y honesta de nuestra riqueza forestal, para la construcción de obras de infraestructura con sentido económico, incluyendo una red completa de autopistas y vías, aeropuertos y puertos, para la modernización de nuestro sistema de comunicaciones, responderá a concepciones nacionales plasmadas a través de la acción del Gobierno y de los programas de desarrollo regional.

Rafael Caldera durante su discurso ante el Congreso Nacional.

 

Sin mengua del papel de irradiación que a los centros energéticos compete, propiciaré una descentralización capaz de agilizar los trámites y resolución de asuntos que requieran la orientación, autorización o asistencia del Estado.

El reto que nos plantea el subdesarrollo nos obliga a buscar, ante todo, la promoción del hombre. Siempre he pensado que la primera riqueza de Venezuela, por encima del petróleo y del hierro.de sus tierras y ríos, es su riqueza humana. Tenemos un material excelente que reclama un gigantesco afán por promoverlo. El rescate del talento, perdido por falta de oportunidades en los sectores de menores ingresos, es una urgencia inaplazable.

La educación ha de ser tarea nacional de primer orden. Los esfuerzos del sector público y del sector privado han de concurrir aquí con mayor razón que en cualquier otra actividad. Los sistemas han de ponerse a tono con los profundos cambios de mentalidad operados en el mundo, para servir más eficazmente a las necesidades del país. Todo lo que se haga por armonizar criterios y zanjar diferencias a fin de lograr una regulación adecuada redundará en beneficio directo del futuro nacional. La actividad que se despliegue para lograr el rendimiento máximo de las inversiones actuales y de las que irá reclamando en forma creciente el desarrollo demográfico y socio-económico será agradecida para siempre.

Tenemos, pues, la obligación forzosa de encontrar rumbos de coincidencia para las corrientes más importantes y representativas del pensamiento. Ofrezco al servicio de este objetivo mi mejor disposición de espíritu, reanimada cada vez que levanto mi vista para proyectarla hacia los horizontes de grandeza que todo venezolano puede ver con sólo extender su mirada hacia las posibilidades nacionales. Esa visión sacude nuestras fibras más íntimas y nos hace considerar fácil el vencimiento de todo lo pequeño y mezquino ante el imperativo ineludible de un gran destino patrio.

Deseo fomentar decididamente todo lo que lleve a la educación y a la ciencia a incorporarse por nuevos rumbos a las exigencias del país. Considero inaplazable un vigoroso estímulo a la investigación científica y tecnológica en los institutos dedicados especialmente a ella, en las universidades, en los centros de investigación de institutos autónomos o de empresas particulares. «El Gobierno del cambio» atenderá sin demora la necesidad de una política de la ciencia. Estoy convencido de que el desarrollo nos impone la necesidad de manejar cada vez con mayor maestría nuestros recursos básicos; de abrir nuevas posibilidades a la industria petroquímica y a todas las demás manifestaciones de iniciativa nacional; de preparar un personal capacitado para asumir en forma técnica la dirección y ejecución de nuestro desarrollo industrial, de la reforma agraria y del desarrollo agrícola, pecuario, forestal y pesquero; de realizar las grandes obras de infraestructura que está reclamando el país nuevo en cuya construcción andamos empeñados y de conquistas para el hombre venezolano esa mitad del territorio nacional que en el Sur espera impaciente su presencia y su arraigo. Tenemos que formar el personal que estas actividades necesitan.

Un gran aliento de libertad será el motor para la promoción del hombre. Creo en la libertad como la mejor condición de ascenso humano. Soy uno de los redactores de nuestra Constitución y la suscribí con la convicción de que ella puede y debe cumplirse. Cada vez me convenzo más que nuestro pueblo superó las fases iniciales dentro de las cuales, apenas salido de un sueño secular, pudo ser susceptible a dejarse encandilar por el brillo de palabras sonoras o por el juego de encendidas consignas. Vivimos en una sociedad madura, donde predomina el análisis y es fina la percepción de los matices y donde, sobre todo, se ha hecho forma de existencia la pluralidad de las ideas como posibilidad siempre presente de escoger. La libertad es el motor que en cada uno determina el poder de avanzar. Ella será siempre motivo de respeto y fuerza de adelanto, mirada con especial simpatía e interés desde los cuadros del nuevo Gobierno.

En esa promoción del hombre, como es justo, miraré con cálida simpatía el estímulo al arte y la cultura, en cuyo impulso debemos estimular también la libertad creadora y ofrecer a las capacidades las oportunidades de realizarse plenamente.

Se atenderá de modo preferente a la juventud y la mujer. La mujer, que ha tomado conciencia de lo que representa como posibilidad de orientar y de influir en la vida de la sociedad a través de su inagotable reserva de emoción creadora y de su fe en los altos valores de la vida. La juventud, a la que veo como formidable potencial, capaz de ser aprovechado para las más nobles empresas y para las más grandiosas construcciones. Creo firmemente que estamos obligados a demostrarle que nos ocupamos de ella para abrir sinceramente vías anchas a sus inquietudes creadoras. El nuevo Gobierno espera ofrecerle más efectivas y abundantes oportunidades de educación y de trabajo, de formación, de recreación, de deporte y cultura, para que se incorpore de lleno a la dinámica optimista que es el motor de nuestro futuro nacional.

Y con ello, a través de la promoción del hombre y de la libertad creadora, marcharemos con paso firme a la justicia. Habrá que hacer frente a los problemas planteados por la Seguridad Social en sus aspectos administrativos, habrá que abrir canales para una mayor y más firme participación del trabajo en la formación y distribución del ingreso nacional y para una mayor participación de la población activa en el trabajo. Cuento con la madurez alcanzada por el movimiento sindical, firme en la defensa del régimen constitucional y consciente de su delicada responsabilidad para que sus conquistas revistan solidez siempre más recia, y con la cooperación ofrecida por órganos internacionales de la calidad y prestigio de la Oficina Internacional del Trabajo, que en este su año cincuentenario presenta abundantes ejecutorias, y con la cual me unen viejos y estrechos vínculos; y de las otras organizaciones y organismos dispuestos a prestar su colaboración en actividades que representen mejoramiento de los pueblos.

La preocupación por el progreso del país me hace mirar favorablemente el ensanche de nuestro horizonte internacional. Sin menoscabo de las relaciones tradicionales con los pueblos de este Hemisferio, las cuales aspiro a fortalecer y orientar hacia las mejores formas de decorosa amistad y colaboración fundada en la justicia social internacional, pienso que hay madura conciencia en la opinión sobre el establecimiento de relaciones con estados de organización política y signo ideológico diferentes de los nuestros, pero cuya presencia en el mundo y cuya influencia en las relaciones económicas no podemos ignorar. Es justo que, tratándose de aquellas cuya formulación doctrinaria discrepa de la concepción que inspira nuestra Constitución, el establecimiento de relaciones se condicione a requisitos cuya aceptación estimaríamos como prenda de buena voluntad y cuya fijación está admitida por los usos diplomáticos. Por otra parte, sin desconocer el alto fin que movió a Venezuela a no continuar relaciones con gobiernos surgidos en el continente por actos de fuerza contra mandatarios electos por voto popular, considero necesario superar aquella posición. Aun manteniendo la esperanza de lograr un acuerdo hemisférico que ofrezca fórmulas para solucionar casos similares, cuya incidencia deseamos sea cada vez menor, la revisión de nuestra posición se impone por la realidad. Venezuela no puede continuar confinada, sin relaciones con pueblos vinculados al nuestro por obligante fraternidad.

La misma preocupación del desarrollo y la convicción sobre el común destino nos hace ver con simpatía los esfuerzos constructivos para adelantar la integración de América Latina, como instrumento de su gran desarrollo futuro. No sólo en el campo económico, sino en el campo múltiple de la vida social y cultural. Sé que características peculiares de nuestra situación económica, el celo por la estabilidad de nuestro signo monetario, el temor de comprometer progresos logrados y de ver en peligro conquistas sociales de los trabajadores, han provocado serias preocupaciones sobre pasos propuestos dentro de la Asociación Latino Americana de Libre Comercio en relación al Pacto Sub-regional Andino. Estimo que los planteamientos respetables del sector privado deben ser considerados seriamente y que en materia tan trascendental deben marchar de acuerdo el sector público y el sector privado, ya que ambos, conjunta y no separadamente, integran la economía nacional. Pero soy optimista en cuanto la posibilidad de superar obstáculos y de encontrar fórmulas que, sin demoras inconducentes, pongan a nuestras patrias en el camino de fortalecer a la que por razones intemporales y por precisiones de nuestro tiempo es y será la gran patria común. Tengo fe en la capacidad venezolana y sé que llevaremos a la mesa soluciones positivas, proposiciones desprovistas de dogmatismo o de prejuicio que descarten todo complejo aislacionista de la mente de nuestros interlocutores y de la nuestra propia; para revelarnos como somos: un pueblo consciente de su destino, solidario con los pueblos hermanos, convencido al mismo tiempo de que esa solidaridad peligraría si en vez de vías abonadas por la madurez de la experiencia nos lanzáramos por simples caminos de buena voluntad o de imitación fiel de lo hecho en otros continentes en circunstancias diversas. Venezuela aspira a ir y está dispuesta a ir al proceso de integración con miras elevadas, orientada por el criterio de que cualquier paso en falso retardaría y obstruiría, en vez de facilitar y adelantar, el proceso de integración.

Por supuesto, que nuestras relaciones con el mundo se inspiran en los principios de respeto a la dignidad del hombre y a lo no intervención derivada del reconocimiento a la independencia de cada pueblo. El mismo deseo de paz de nuestra política interna nos anima en la esfera internacional. Repudiamos los hechos de agresión y estamos dispuestos a defender y mantener nuestros atributos soberanos. Partiendo de esta firme e inequívoca posición es como abrimos la ancha puerta de nuestra buena voluntad. Y en cuanto a la recuperación de las tierras de que fuimos despojados en nuestra región esequiba, el nuevo Gobierno recibirá el legado del Acuerdo de Ginebra, pues el próximo año terminarán las reuniones de la Comisión Mixta. Hacia el vecino pueblo guyanés nos mueven sentimientos fraternos y desearíamos llegar con él a fórmulas de cooperación para el desarrollo común; pero reiteramos la firme decisión de defender los derechos de Venezuela, cuya singular trayectoria pacífica en la vida internacional no debe servir para desconocerle o negarle lo que le corresponde a la luz inextinguible de la justicia y la verdad.

Los seguidores del nuevo Presidente colmaron la avenida y calles adyacentes al Palacio de Miraflores.
Afueras del Palacio de Miraflores momentos antes de la llegada del nuevo Presidente.
El presidente Caldera recibe a las afueras del Palacio de Miraflores a sus seguidores.

La política internacional de Venezuela, alentada por el deseo de contribuir a la paz, a la libertad y a la amistad entre las naciones, de elevar el patrimonio cultural y tecnológico y buscar su difusión entre todos los pueblos, se orientará también decididamente hacia el impulso del comercio exterior. Veo allí una necesidad vital e impostergable. La dependencia de un solo producto tiene causas variadas, pero la falta de mercados retarda sin duda las posibilidades de desarrollo. Iniciativas interesantes nos animan a esperar buenos frutos para una política de comercio exterior sistemática, inteligentemente orientada a lograr una economía de exportación, mediante la acción de una diplomacia cada vez más consciente de los intereses nacionales y de su propia responsabilidad. Este acicate contribuirá a mover activamente la reforma de nuestro servicio exterior.

El primer deber del nuevo Gobierno será proceder a la evaluación de los recursos con que cuenta para enfrentar los problemas. Habrá que precisar la situación en que se hallan los recursos fiscales, el monto de los compromisos contraídos y la medida en que se hayan consumido las diferentes partidas del nuevo presupuesto. De ello será informada la nación, teniendo presente la influencia del gasto público sobre la economía del país. Al presentar cualquier situación, se plantearán las medidas para impedir, sin incurrir en recargos tributarios ni manipulaciones monetarias, cualquier paralización o retardo de los pagos y planes de la Administración, que repercutiría negativamente en una economía cuyas perspectivas son ampliamente promisorias. La colectividad debe confiar en que el Gobierno no permitirá que la marcha progresista del país sufra perjuicio por cualquier circunstancia accidental y estoy seguro de su cooperación para vencer cualquier momentánea dificultad.

Después de azarosos procesos de inestabilidad e incertidumbre, ya se han cumplido dos períodos completos de gobierno emanados directamente del voto popular. Al ilustre venezolano doctos Raúl Leoni le ha correspondido la distinción histórica de haber sido el primero que hace la entrega pacífica del poder a un sucesor, electo por el pueblo, después de una campaña electoral de oposición.

El hecho mismo, por su novedad, ha puesto de relieve la falta de un instrumento legal adecuado para regular el breve pero delicado lapso comprendido entre la elección y la trasmisión de poderes. Creo conveniente llenar este vacío. Respetuosamente me atrevo a recomendar a las Cámaras Legislativas la adopción de un texto legal orgánico, razonable y previsor, aprovechando la experiencia lograda, con lo cual contribuiría a asegurar mejor para el futuro la marcha de nuestras instituciones democráticas.

La tarea que tenemos ante nuestros ojos, sin exageración ni dramatismo, es de dimensión impresionante. Pero puede cumplirse y estoy seguro de que se cumplirá. Para ello es preciso mantener encendida la esperanza y dispuesta la voluntad en el ánimo de los venezolanos.

Hace siglo y medio éramos apenas un puñado. No llegábamos a un millón de habitantes, dispersos en un vasto territorio de más de un millón de habitantes, dispersos en un vasto territorio de más de un millón de kilómetros cuadrados. No se había descubierto el petróleo. No teníamos caminos, ni telégrafo, ni surcaban el cielo los aviones. Sin embargo, la voz de un hombre incomparable despertó en nuestro pueblo el ideal y su emoción lo hizo recorrer distancias legendarias y escribir las páginas más brillantes de la historia del nuevo mundo.

La voz de aquel Hombre, que a través de los siglos se nos hace menos igualable, más inalcanzable, aunque también más presente en nuestra conciencia, ha vuelto a resonar con acento mesiánico. Desde la modesta casa que Zea comparó con la choza pajiza donde el fundador de Roma echara los cimientos de un imperio, ha resonado nuevamente su eco. Pasmados recorremos la cronología de aquella campaña, preanunciada el 15 de febrero en Angostura, en un discurso, y culminada el 7 de agosto en Boyacá, en una batalla decisiva. Hace menos de un mes se conmemoró el Sesquicentenario de la profunda y encendida oración, donde Bolívar vio la patria a través de las próximas edades y se sintió arrebatado al observar «con admiración y pasmo, la prosperidad, el esplendor, la vida que recibió esta vasta región».

Su vibrante mensaje está vigente. El pidió a los legisladores «conceder a Venezuela un gobierno eminentemente popular, eminentemente justo, eminentemente moral, que encadene la opresión, la anarquía y la culpa. Un gobierno que haga reinar la inocencia, la humanidad y la paz. Un gobierno que haga triunfar bajo el imperio de leyes inexorables, la igualdad y la libertad».

Tenemos una cita de honor con él ante la historia, para esforzarnos en realizar su ideal. No se trata ahora de campañas heroicas hacia paralelos lejanos, sino de realizar dentro de nuestras fronteras hacia afuera el desarrollo, sobre la base de un orden institucional como el que sus palabras de bronce definían.

Hagamos lo nuestro para corresponderle, aun rebasando la medida de nuestras limitaciones. Ahora somos diez millones de habitantes; el petróleo nos asegura, todavía, por muchos años, un volumen considerable de recursos; hay vías que cruzan nuestro territorio y debemos construir muchas más; tenemos a nuestro alcance los medios que ofrece la tecnología. Es tiempo de escuchar la voz de Bolívar.

Mantengamos inquebrantable fe en el sistema democrático, para cuyo funcionamiento acaba de mostrar nuestro pueblo una estupenda madurez. Recordemos que el cumplimiento de las reglas puede ser incómodo en determinadas circunstancias, pero permite asegurar el equilibrio e impulsar el avance en medio de la oposición de los contrarios. Y confiemos en la ayuda de Dios, que no la niega a los que se la piden con limpia y sincera voluntad.

Se la pedimos para Venezuela, para su pueblo y para su gobierno. Y comprometemos, como lo hicieron los fundadores del Estado, el sagrado de nuestro honor nacional, a la empresa de servir con denuedo, en beneficio de todos pero especialmente de los más humildes, guiados por la justicia e impulsados por la libertad hacia el progreso, la solidaridad y la paz.

 

Audio del discurso:

 

Las Fuerzas Armadas están al servicio de la Democracia (1969)

Rafael Caldera ante las Fuerzas Armadas 1969
El presidente Rafael Caldera entregando el sable a los nuevos oficiales en el Patio de Honor de la Academia Militar de Venezuela.

Las Fuerzas Armadas están al servicio de la Democracia

Discurso de Rafael Caldera en el patio de la Escuela Militar, en la graduación de los nuevos oficiales que egresan de las Escuelas Militares del país. En la ceremonia de graduación coincidieron las promociones José Gregorio Monagas, Antonio Ricaurte, José Heriberto Paredes y Batalla de Ospino. Caracas, 7 de julio de 1969.

 

Es hermoso símbolo la celebración en los mismos días en que se conmemora la fecha nacional de Venezuela, el grado de los nuevos oficiales que egresan de las Escuelas Militares del país. Ello implica la presencia de la juventud con su entusiasmo, con su decisión, con su coraje, con su fortaleza, con su espíritu ansioso de horizontes en las Fuerzas Armadas, organizadas y mantenidas por la República para sostener la independencia y la integridad territorial de la nación y la vigencia plena de la Constitución y de las leyes. Sangre joven y dinámica que llega cada año al seno de las Fuerzas Armadas para aportar –ella también– con rectitud, con decisión, un principio renovador, a tono con la dinámica transformadora de Venezuela.

Las Fuerzas Armadas responden a un país que lleva en sí una fuerza pujante de transformación. Por esto, a medida que la nación toma mayor conciencia de su destino, de su responsabilidad y de su compromiso con la hora que vivimos y con los tiempos que nos apremian y que están por venir, sus Fuerzas Armadas Nacionales demuestran esa misma vitalidad con sentido dinámico, con conciencia plena de los nuevos deberes que cada momento impone sobre los venezolanos, individual y colectivamente, dentro de su función característica y en el marco de su propia misión.

En la tarde de hoy hemos visto, en ceremonia emocionante, cómo después de varios años de estudio, regidos por disciplina y responsabilidad, egresan de sus escuelas, para integrarse al servicio activo dentro de las Fuerzas Armadas, representantes de nuevas promociones. Todos hemos podido sentir vibrar nuestra emoción en el simbólico acto en el cual el uniforme de cadete ya no se viste más y se reemplaza por el uniforme de oficial, momento en que los nuevos hombres de nuestras Fuerzas Armadas advierten que recae sobre ellos, para toda la vida, una responsabilidad trascendental.

Esa estrella ganada a través del estudio y de la disciplina simboliza mucho para cada uno de ustedes, para cada una de sus familias, que quién sabe a costa de cuántos sacrificios han sido artífices de esta culminación. Representa mucho también para la Patria y para sus Fuerzas Armadas, pues en la tarea que tenemos por delante en la Venezuela de hoy y de mañana, sabemos que nuestros esfuerzos resultarían vanos y que edificaríamos sobre terreno inconsistente si no contáramos con la presencia activa de las Fuerzas Armadas, constantemente renovadas, respondiéndole al país entero por el orden, la libertad, la paz y la convivencia.

Hoy, los nuevos oficiales, a través de un juramento inolvidable, entregan a esa grave función, a esa trascendente responsabilidad, el sentido de su vida. Esta tarde sentimos aquí que el esfuerzo que también la República ha puesto en su formación está correspondido por la decisión inquebrantable en cada uno de los nuevos oficiales de comprender y de practicar los deberes que su conciencia militar les impone, los cuales se basan, fundamentalmente, en la vigencia ordenada y cabal de las instituciones republicanas.

Para los nuevos oficiales empieza una etapa llena de ilusión y de entusiasmo, pero también erizada a veces de duras exigencias y de graves tentaciones. Es largo el transcurso que debe recorrer la vida de un hombre en el trecho que nace con la primera estrella hasta alcanzar el primer sol sobre sus hombros. Es toda una existencia. Los años de la escuela han terminado. Empiezan ahora las exigencias del servicio; en ocasiones exigencias rígidas, en ocasiones exigencias que llevan al ánimo de muchos la tentación del abandono y la renunciación.

Debe verse muy lejos la meta, debe sentirse a veces muy duro el silencio del esfuerzo diario ignorado, aunque fundamental para la marcha de la Patria. Entonces es cuando la formación recibida, el juramento prestado, el recuerdo de una tarde como ésta, única en la vida de un hombre, les ayudará a mantener la perseverancia como virtud fundamental y a recordar que la disciplina constituye signo de orgullo en la conciencia de un hombre libre, porque, como dijera en sus elocuentes palabras el Inspector General de las Fuerzas Armadas, es necesario saber obedecer para poder aprender a mandar.

Por delante de nosotros está, señores oficiales de las nuevas promociones, una etapa fundamental en la vida del mundo, una etapa fundamental en la vida de Venezuela. Entre el momento en que ustedes reciben la presilla con su primera estrella y aquel en que los primeros y más afortunados reciban el primer sol que los sitúe en la jerarquía de General, ocurrirán en el mundo muchas cosas. En esa etapa tenemos la obligación de recoger el reto que los tiempos nos lanzan, de trabajar muy duro para responder a nuestro pueblo, para responder a la familia venezolana, para responder a los imperativos del desarrollo y de la justicia. En esa labor –a veces a ustedes les costará creerlo– la tarea abnegada, diaria y silenciosa de cada uno de ustedes en el puesto de servicio, será un eslabón indispensable, pieza fundamental para que pueda lograrse el éxito que todos necesitamos y exigimos.

Caldera ante las Fuerzas Armadas
El presidente Rafael Caldera junto a la primera dama, Alicia Pietri y el alto mando de las Fuerzas Armadas Nacionales.

En Venezuela, una de las características fundamentales de la conciencia democrática del pueblo es la identificación que se ha logrado entre el país y sus Fuerzas Armadas. Es la convicción recíproca que existe de que la libertad, la dignidad del hombre, la justicia, los programas de desarrollo, la transformación progresista de la República, serían imposibles si las Fuerzas Armadas no estuvieran paso a paso y momento a momento, respondiendo a la misión que les incumbe.

Pero, al mismo tiempo se da en el seno de las Fuerzas Armadas la convicción más grande y plena de que su deber, su función, su dignidad, la satisfacción de la profesión a la cual se ha dedicado la existencia, no tendrían su plena realización si no se mantuviera el orden democrático basado sobre la dignidad de cada hombre, sobre la libertad de cada ciudadano, sobre el respeto de los derechos de todos, y sobre el compromiso de trabajar infatigablemente por el pueblo.

Estas ideas, señores oficiales de las nuevas promociones, estarán siempre vigentes en el ánimo de ustedes. Y en el momento en que algún susurro venenoso, por parte de aquellos que no pudieron encontrar caminos claros para satisfacer ambiciones, quisiera apartarlos a ustedes de la senda del deber, estará presente el juramento prestado, estará presente el orgullo de ser miembros de las Fuerzas Armadas de Venezuela, y estará presente la satisfacción inmensa de ser ciudadanos de una patria libre, de una patria que guarda con celo el decoro conquistado a través de los años por el sacrificio, por la abnegación y por la devoción de las grandes mayorías nacionales.

Señores subtenientes y alféreces de navío de las promociones «José Gregorio Monagas», «Antonio Ricaurte», «José Heriberto Paredes» y «Batalla de Ospino»:

Esta tarde, en nombre de la República, por mandato de la Constitución que me inviste con la honrosa responsabilidad de comandar las Fuerzas Armadas Nacionales, he puesto en las manos de ustedes, como símbolo de la responsabilidad que les entrega la República, el sable que caracteriza su nueva dignidad, su nuevo grado de oficial. He podido apreciar en el rostro de cada uno de ustedes la inmensa emoción, la emoción profunda de este acto simbólico; pero puedo asegurarles que yo también he sentido una emoción análoga. Al entregarles ese sable, he sentido como si estuviera renovando el juramento de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes del país, de defender la Patria y sus instituciones a riesgo de todo, hasta de entregar la vida si fuere necesario.

Al entregar ese sable he sentido renovar un compromiso, un compromiso del magistrado civil que por la voluntad del pueblo comanda las Fuerzas Armadas Nacionales, esas Fuerzas Armadas representadas por ustedes. He sentido renovarse la fe de todos los venezolanos humildes, que le han dado su vida y su aliento a las instituciones, en virtud de las cuales hemos celebrado un acto tan hermoso y solemne como éste.

Para ustedes, la entrega de ese sable representa además la entrega de las armas, que la República coloca en sus manos para defenderla: para defender la justicia, para defender la libertad, para defender la paz, para defender las instituciones, para defender el progreso legítimo, que arranca de las leyes y de la sinceridad en el cumplimiento del deber.

Esa entrega del sable representa también la confianza que la República pone en ustedes al entregarles una función de comando, en virtud de la cual van a tener bajo sus órdenes a otros ciudadanos nacidos en esta misma tierra y también partícipes del derecho y del deber de hacerla grande, próspera y feliz.

Con la entrega de ese sable y con el juramento que han prestado, confío en que ustedes, señores oficiales de las nuevas promociones, sabrán que los hombres que el pueblo va a confiarles, para que bajo sus órdenes cumplan el servicio militar, son seres humanos como ustedes, son compañeros en una labor creadora; y que las armas, que en nombre de la República, el Gobierno Nacional pone bajo la custodia de ustedes, son armas que jamás deben usarse para mancillar la justicia, sino que siempre servirán para darle lustre a Venezuela, para darle lustre a sus Fuerzas Armadas, para defender la justicia y la libertad, y para, con ellas, manteniendo la independencia y la integridad del país, hacer posible el progreso que lleve esa justicia y fecunda paz a todos los venezolanos de buena voluntad.

Rafael Caldera Fuerzas Armadas
El presidente Rafael Caldera durante su discurso a los nuevos oficiales.

 

Audio del discurso: