La temprana orientación de un gran maestro universitario, Caracciolo Parra León, lleva al joven Rafael Caldera —egresado del Colegio de San Ignacio— a estudiar la obra de Andrés Bello. Fue para Caldera una revelación. De allí salió su ensayo sobre el gran humanista, premiado por la Academia Venezolana de la Lengua en 1935, libro aun vigente.

Sus maestros jesuitas habían cultivado en él el interés por la literatura, el ensayo, la expresión conceptual pulcra. El encuentro con la obra de Bello lo hará madurar en su propia faceta de humanista, que no descuidó ni en los difíciles avatares de la vida política venezolana. Por eso su atención a las fuentes de lo que llamará la Sociología Venezolana —y, en general, su cultivo de la Sociología—, su lectura apasionada de la literatura del país, en especial las novelas de Rómulo Gallegos, su labor tesonera en la Comisión editora de las Obras de Andrés Bello como luego en la creación de La Casa de Bello y en la organización de cuatro congresos internacionales por el bicentenario del sabio caraqueño.

Académico de Ciencias Políticas y Sociales, fue también individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua.

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